martes, 13 de agosto de 2013

Líneas de luz que vienen y van

Adoré esa noche. Fue mágica y créeme cuando digo que la guardo para el recuerdo.
No estabamos juntos, pero ten por seguro que era lo único de lo que teníamos verdaderas ganas.
Tú con demasiado sueño, no yendote a dormir por mí, para no dejarme sola, para hacerme reír de nuevo.
Yo con frío, frío porque no te tenía todo lo cerca que quería, porque extrañaba tu cariño más allá de las palabras escritas a través de un desvencijado pero eficiente teléfono móvil.
Terminó mi serie y tu canción, entonces salí. Quería sentir aún más frío por si así volvías, quería ver las estrellas. En camisón y con una sudarera verde abrigada me abandoné en los brazos de la oscuridad. La noche era maravillosa. Tu intentabas otra vez que la sonrisa no se cayera de mis labios y yo mientras, miraba al cielo buscando algo. Muchas estrellas, muchos brillantes pegados en el firmamento impedían que alguien como yo sintiera miedo.
No miré el móvil, seguía buscando hasta que al fin la encontré. Larga, esbelta, impresionante; la estrella fugaz cruzó el cielo a gran velocidad en una milésima de segundo. El tiempo suficiente para pedir mi deseo y que fuera yo su única dueña hasta millones de años después.
Te lo dije, que la había visto. Tú solo quisiste saber mi deseo. Pero si te lo decía jamás se cumpliría...Intentaste sacármelo, convencerme. Te conformaste cuando te dije que siempre pedía imposibles ya que aquello que teníamos jamás lo sería. Insististe, diciendome que debía pedir cosas probables, que sí se llegaran a realizar.
Pero igualmente, ¿para qué malgastamos deseos pidiendo cosas que sí se puedan llevar a cabo con el tiempo? Por ello yo siempre pido imposibles porque se que si se cumplen, creeré aún más en ellas.
Los ojos se te cerraban y no querías quedarte dormido sin despedirte...Me dijiste adiós y en la distancia me mandaste un beso que llegó a mi frente como una ráfaga de aire gélido de verano. Mi sonrisa se encendió por última vez antes del nuevo amanecer.


Skyscrapers

Una vez conocí a una pequeña que vivía en los rascacielos más altos de la gran manzana. Nunca había salido de allí. De hecho, yo la encontré al visitar aquellos impertérritos edificios.
Para descubrir el mundo no necesitaba descender unos doscientos pisos de altura en una bestia inhumana de cristal y acero, ella tenía otro método, otra manera.
Cada mañana cuando el sol asomaba por el primero piso del edificio ella comenzaba a bajar escaleras hasta llegar a la mitad. En aquella planta siempre econtraba lo que quería, desde deliciosas bolas de chocolate recubiertas de una divertida película de colores, hasta papel y lápiz, su firma.

Era una pequeña extraña aunque risueña. No recuerdo haber visto desaparecer su sonrisa desde el día en que la conocí. Decía que no le gustaba el blanco, que contrastaba demasiado con aquellas chucherías de colores y nunca me atreví a preguntar por qué nunca había salido de aquellas inmensas pareces para conocer el mundo, aunque se podía intuir algo solo mirandola a los ojos. Esos ojos azul intenso como los de los océanos que jamás vería, cansados, felices de vivir aunque fuera con limitaciones.
Nunca usaba el ascensor. Decía que los polos iguales se repelían y ella no iba a ser menos.
El cabello le caía por encima de los hombras, suave y sedoso. Los dientes, inmaculados hacían un esfuerzo por alegrar la vida de todo aquel que se encontraba con ellos. Una de sus manos, demasiado cansada; la otra infinitamente fuerte. Era la que la guiaba.

Fue por casualidad. Aquel día yo estaba en la planta 100 de un gran rascacielos de Nueva York cuando buscando el móvil en el bolso se me derramaron todos los m&m's que escondía en el interior. De pronto vi a una chica curiosa que arrastraba cautelosa una silla de ruedas arrastrandose por el suelo para recuperar el último que quedaba por recoger el de color rosado.
-Es como yo. Se llama Rosa.- Me dijo devolviéndomelo.
La primera impresión mía fue que esa niña era maravillosa y me sorprendió ver que hablaba mi idioma.
Con rapidez la chica cogió folios de papel, lápiz. Escribió algo en uno de ellos y acercandose a una ventana abierta al final del pasillo lo tiró sonriendo. Así es como ella conocía el mundo. Cada mañana hacía una pregunta y dejaba que el viento se la llevara. Al llegar la tarde ella cansada, terminaba de arrastras la pequeña silla de ruedas por las escaleras hasta llegar a su habitación y en su mesa de noche encontraba la respuesta a cada una de las preguntas.
Confieso que aquel día la ayudé a subir, nos convertimos en amigas y me dejó leer aquella pregunta.
-"¿La chica de los m&m's será mi amiga?"- Rezaba el papel arrugado que ella misma había tirado.
En el reverso se encontraba la respuesta. "Mila será tu mejor amiga".

Me pareció algo sorprendente e inexplicable, algo mágico, aquella forma de vivir. Ella tenía todo lo que necesitaba y por supuesto, desde aquel día me tuvo a  mí.


Querido orgullo:

No pretendo que me lo devuelvas todo. Solo a él. Solo que dejes que se separe de ti; lo estás matando.
Vas a hacer que se quede solo, que no le quede nadie y no puedo permitirlo.
Prometí que no iba a dejar de quererlo nunca, y no voy a hacerlo, por muchos años que pasen, por mucho que llueva. Y de eso me di cuenta antes de perderle para siempre.
Es alguien por quien vale la pena luchar, levantarse cada mañana, sonreír...y tú me lo has quitado.
Has hecho que las risas se terminasen, que nos tirasemos las cosas a la cabeza, que nada de lo que pasó importe ahora. Has hecho que se fuera tan rápidamente como apareció.
Me dijo que quién era yo, que no era nadie; y tenía razón; sin él, no soy nadie.
He borrado todos sus mensajes, tirado otras tantas fotos y obviado los regalos.
Por tu culpa él ha decidido separarnos con un punto y final y sin explicación alguna.
Solo queda una cosa por quemar...todos nuestros recuerdos juntos que poco a poco irán saliendo del corazón y pasando por la cabeza hasta que ellos decidan por si solos volar legos y dejarme ser feliz a mi manera.

Carolina

i can't help falling in love with you

¿Te has dado cuenta? Solo hablamos bien cuando la ideamos, cuando decimos cómo será y que quieres que yo la busque. Si, al amor de tu vida. Como si no fuera bastante secar tus lágrimas demasiado avergonzadas y sanar las heridas de mi corazón.


Solo pasa la vida..

Pasa que cuando te acostumbras a algo y ese algo desaparece, lo extrañas, lo echas en falta.
Cuando poco a poco te vas abriendo a ese alguien entra tonterías y madrugadas alocadas, entre sueños demasiado perfectos; sientes que queires algo más, te das cuenta de que realmente lo necesitas.
Pasa que cuando le das a ese alguien la mano y él, se toma con cuidado todo el brazo sientes como si lo conocieras de toda la vida, sabes que le quieres.
Al menos estás tranquila, tienes la certeza de que esa persona que te acompaña en los momentos más locos seguirá junto a ti el resto del camino  que aún te queda por andar. Tienes miedo, esta claro, pero al menos es una de las pocas personas que cuando ve que una piedra se interpone en ese trayecto, te toma la mano, te aparta y te guía a través de un atajo para despues llegar al mismo lugar.


No sueltes mi mano

                                                      Indiana, 1972
 Jackie, Leah, Yung, Matt, Karen, Ollie riendo...

Miraba el colorido impreso esperando vislumbrar en esa foto algún vestigo de los chicos de aquel verano.
Únicamente el pie de foto era fiel a la historia que tanto la había hecho soñar durante las cálidas noches, querer esconderse en su lugar, apiadarse de ellos...
Decirle que no crecieran, que pararan el tiempo. Entonces todo eran risas. todo diversión. No se atisbaba ningún ápice de aburrimiento entre los rayos de sol que iluminaban sus rostros. Eran tiempos en los que el unico dolor era el de las rodillas por caer al suelo si corrías demasiado deprisa, tiempos para soñar en los que lo más importante era no soltarnos las manos.

Miles and years ago.

Aquella noche fue extraña. Ninguno de los dos tenía sueño, pero sí muchos sueños por cumplir.
Cada uno en un lugar distinto, tumbados en sus camas separados por miles de kilómetros y compartiendo un mismo sentimiento. La nostalgia. Eran ellos volviendo a hablar como antes, como siempre.
Destaparon sentimientos que ambos sabían desde años atrás y que nunca debieron ser dichos.
Ella lo había querido, quizá demasiado. Le había dolido tanto dejar atrás todo aquello...
Él igual, pero de otra forma, mucho más cariño, solo amigos.
Insistía en que necesitaba una chica como ella, que fuera capaz de entenderlo.
Ella mientras, con sonrisa amarga, dándose cuenta de que ya no era igual, que jamás sentiría lo mismo, lo animaba. Le decía que en poco tiempoaparecería aquella que le pararía el corazón, la que cortaría su aliento.
Ambos a oscuras, en las calurosas madrugadas de verano donde todos los secretos terminan siendo revelados.

lunes, 29 de julio de 2013

I believe in fairies. I do. I do.

  
Los echo de menos a todos, mucho.Con cada uno de ellos fui aprendiendo un poco más cada día. Peter me enseñó desde niña a perseguir mis sueños, a luchar contra piratas, a hacer el indio y a perseguir sirenas. Me enseñó a creer en las hadas y en mis cuentos. Me enseñó a volar con ayuda de polvos de hadas, me enseñó a dormir soñando, a coser mi sombra y yo a cambio le enseñé la importancia de un dedal.

Frodo me enseñó a cruzar tierras, a que los grandes perfumes vienen en frascos pequeños...Con el aprendí la importancia de aquel anillo, el que mi madre guardaba bajo llave en el segundo cajón de su tocador, el que nunca me dejaba tocar.
Edmund quería hacerme ver que no es más rico el que más tenía y que con poco se puede ser feliz, él y Lucy me enseñaron a viajar a dimensiones paralelas a través de las desvencijadas puertas de mi armario. Sabía distinguir el olor a naftalina, tapar el fondo del abismo con los abrigos más gruesos, correr por la alegre primavera en compañía de criaturas maravillosas.

Alicia quería que supiese preparar el té, soplar las velas todos los días de "no cumpleaños", perseguir al conejo del reloj y que no se me ocurriera bajo ningún concepto enfadar a la reina de corazones y, mucho menos, pintar sus rosas blancas de color carmín.
Campanilla me hacía cosquillas cuando susurraba algo en mi oído, Yasmín me enseñó el mundo ideal y a viajar por el lejano oriente...
Por último, Harry. Él me enseñó el valor de la amistad, me enseñó que los amigos de verdad se pueden contar con los dedos de una sola mano. Me enseñó a cruzar los dedos tras una promesa, a confiar en el destino, aluchar contra mis enemigos, a usar la escoba, la varita. Me enseñó nuevos deportes, nuevas inquietudes. Me enseñó eso de que quien algo quiere algo le cuesta, a amar la navidad, la nieve, los bailes y los secretos, me enseñó a llorar y a sonreír.

Un vodka con hielo, que me lleve al cielo

Era la reina. Su sonrisa cambiaba el mundo, todo era felicidad por donde ella pisaba.
En aquel entonces ella era la tentación, y vivía arriba. Decía que los caballeros las preferían rubias y por ello su pelo se volvió plateado, del color del sol.
Amaba cantar, lo llevaba en la sangre, era su esencia, su pequeña particularidad. Tanto era así que susurró al oído de uno de los más grandes un maravilloso feliz cumpleaños.
Era más grande aún que su tierra. modelaba pasarelas, cambiaba a menudo de ropa arguyendo que debía de estar perfecta.
Le gustaba posar, cambiar de sonrisa aunque nunca de mirada, siempre la misma mirada sensual bajo una capa negra de fino maquillaje. Siempre llevaba algún diamante entre sus joyas, estos, según ella, eran los mejores amigos de una chica.
Era una humilde chica que tras las cámaras siempre tenía un príncipe.
Irremediablemente sumida en una depresión profunda se hundió demasiado, ella no quería tocar fondo pero lo hizo. Demasiado alcohol cada noche, demasiados químicos.
Unas cuatro de la madrugada, casi cinco; tremendamente viejas para percatarse de lo que estaba sucediendo. M se fue, se marchó demasiado lejos.


domingo, 28 de julio de 2013

Un domingo cualquiera

Era lo típico que se podía hacer un día como aquel. No levantarse hasta tarde de la cama, tener apagado el móvil, llevar puesto el pijama durante todo el día. Desayunar tostadas, mojarlas en el café, abrir la ventana y mirar el transcurso del tiempo, el paso del tiempo. Encender la televisión, barrer el pasillo con ella puesta pero sin escucharla, solo para no sentirte sola. Ver películas antiguas, leer revistas viejas, buenos libros, bajar los escalones de dos en dos y salir a la calle con una sudadera a comprar el pan en el establecimiento pequeño de la esquina, siempre llevando botas, pisar charcos.
Era de esos días en los que nadie prestaba atención  y lo encontrabas realmente divertido, no porque te parecieran vidas vacías, sino porque te sentías como una mirona, una pequeña cotilla que entraba sin avisar en los domingos de aquellos que tenías cerca.
Cada domingo te gustaba imprimir una foto, lo considerabas como tu pequeño diario. Yo fui el único que llegué a verlas, cuadernos enteros llenos de memorias y recuerdos que habían marcado tus días, tus domingos.
Te veía desde la ventana del tercer piso, la del edificio de enfrente. Cada fin de semana te llegaba un girasol con una nota. Lo dejaba el cartero en tu portal y tu siempre lo recibías con una sonrisa, sabías quien lo enviaba y yo también. Te veía reir.
Hasta que uno de esos domingos, uno cualquiera decidí dejar de esconderme tras notas escritas deprisa, dejé de estar detrás de cada flor amarilla para ponerme delante, delante de tu portal, de ti, de tu ventana.
Eran tus domingos hasta que llegué yo para convertirlos en nuestros.

si te pasara algo, no me lo perdonaría


Por un momento se olvidaron del mundo, solo estaban ellos. Ellos abrazados, ellos respirando, ellos queriéndose; y el mar. Parecía mentira pero aunque la experiencia no les acompañaba, tenían la certeza del más sabio, el cariño más inocente y la vida mejor aprovechada que jamás nadie hubo soñado.
Dejaron atrás todo.
Se conformaban con mirarse cada mañana al despertar a los ojos. Los de ella intensamente azules, los de él, profindamente marrones.
Ella no recordaba la última vez que se había puesto un vestido, no se acordaba de cuantas fueron las velas que sopló durante su último cumpleaños junto a su familia.
Él no recordaba cuantos tebeos reposaban en su adusta biblioteca, no recordaba la última vez que había visitado la tumba de su madre, aunque si que la tenía muy presente.
Cada noche miraban al cielo, esperando una respuesta, un plan pero, este nunca llegaba.
Ellos solo recordaban aquel camino imposible, el que les llevaba al lago azul, el lago de las sorpresas, de los secretos.
Recordaban vagamente días anteriores como una vida pasada, una lancha, una fiesta que los condujo a los dos al mar, la borda de aquel barco y tantos que dejaron atrás que siempre estarían ahí.

¿qué más?

Y que me abraces lento...Que bailes conmigo todas las lunas llenas, que me susurres al oído que me quieres, que no tenga que cansarme de ti.
Me he dado cuenta de que siento algo por dentro, ese algo que hace que sea así contigo, con todos.
Quiero saber si tu sientes lo mismo, quiero que cuando entre en el mar de mis sueños tú estés cogiendo mi mano, que cuando cuelgue el teléfono suspires, que me quieras siempre, pero sobre todo, que me quieras cerca.
Que sonrías porque estas feliz...


sábado, 27 de julio de 2013

Te quiero con te de tequila, y cerca


Noche abierta, costa resuelta. Mucha música resonaba por encima de tantas risas. Eran cinco, cinco incomprendidos de la vida, cinco elementos, cinco sonrisas perdidas.
Jake estaba en el primer bar de la transitada calle. Ela intentaba abrir torpemente el pestillo de un ruidoso local al que había entrado. Mason, al final de la barra, miraba insinuándose a la guapa camarera, Anne, que se recogía el pelo en un voluminoso moño dejando algunos mechones traviesos bailar al son del ruido.
Por último, Charles.
Charles entraba por la puerta lentamente, con pesadez. No tenía ganas de nada, las cosas no le iban muy bien y quería perderse en aquel líquido fuerte con la única compañía de limón y sal. Te quiero, Tequila; se dijo mientras se sentaba en la barra dispuesto a pedir.
Jake miraba a todo el que se sentaba y en seguida Charles le cayó bien. Serían los hombros caídos que le comunicaban compasión o la mirada perdida la que hicieron que se acercara a él. Tendría unos veinte años igual que Jake. Vestido con camisa ligeramente abierta, el pelo despeinado, parecía alto, perdido, olvidado...
-Hola.-Saludó Jake.- Tienes pinta de necesitar un trago.
-Puede.
-¿Ella?- Quiso saber el joven refiriéndose a los desengaños amorosos.
-Bingo.
Jake pidió un par de chupitos de tequila para ambos.
Mientras tanto, una joven de mirada atigrada con el pelo por los hombros curiosamente rizado bajaba del baño y se acercó a donde los jóvenes.
-Anne, ponme uno de esos a mi. Lo necesito.- Le dijo a su mejor amiga.
-¿Los conoces?- Inquirió la joven camarera.
- Aún no.- Le susurró al oído la joven con un intento fallido de la única sonrisa de la noche.
-Hola chicos.- Saludó ella con el chupito en la mano izquierda.
-Hola...¿te importa?- Espetó Charles molesto.
-Soy Ela, encantada.- Ignoró con picardía al joven.
-Yo también necesito un trago, las malas rachas ¿sabéis?
Enseguida tres completos desconocidos se convirtieron en amigos, amigos de penas, de soluciones unidos por un vicio efímero.

Mason llamó la atención de la camarera.
-Perdona, puedo decirte algo.- Susurró a su oído cuando esta se acercó.
Ella asintió divertida con la cabeza, hacía tiempo que no sonreía con tanta espontaneidad.
-He intentado evitarlo, pero no puedo hacer más que decirte la verdad. Eres la chica más bonita que he visto en mucho tiempo y necesito saber tu nombre.
-Puedes llamarme Tequila, aunque mi nombre es Anne. El apodo viene del nombre del bar, yo soy la dueña.- Respondió.
Eran las tres de la mañana cuando, después de servirle una copa a aquel joven que le había preguntado su nombre, el bar se había ido vaciando y Anne comenzó a cerrarlo.
La madera crujía bajo los pies de la joven cuando comenzó a apilar las sillas. Ya solo quedaban su amiga, el joven del nombre y los dos que estaban con Ela.
Anne cambió la música, esta era lenta, melodiosa, le gustaba relajarse así antes de subir a su destartalado piso a dormir unas pocas horas.
Sin darse cuenta la joven balanceaba los pies y una mano se agarró a su cintura invitándola a bailar. Mason retiraba el pelo de los ojos de ella.
-Llevaba días viniendo a tu bar, siempre viéndote cansada, falta de felicidad y me lo he propuesto Anne, me he propuesto hacerte feliz...
-¿Cómo puedes estar tan seguro de que soy yo a la que buscas? ¿Cómo lo sabes si no has conocido ni a la mitad del mundo?- Preguntó ella mirándolo a los ojos. 
-¿Nunca has estado segura de nada?¿Ni has mirado a alguien a los ojos sabiendo que querías seguir mirando a esa persona cada mañana todos los días de tu vida?
-Nunca antes me había pasado...
-¿Antes?
-Antes de ahora, antes de estar delante tuya, antes de darme cuenta de que no te llamas Mason sino Matthew, antes de saber que eres el chico del que estuve enamorada hace tiempo y que ha vuelto después de unos interminables años fuera...
-Tenía que empezar de nuevo, Anne.
-Y yo dejarte intentarlo Matt.
Se unieron a los otros tres en la primera de tantas madrugadas de vivirían juntos aquel club de los incomprendidos. 

A veces la vida te da sorpresas, te une bajo una fina línea, bajo un momentáneo techo. Habrá muchas personas que estén de paso pero también, encontrarás a otras que sin razón aparente se unirán en lazo fuerte al camino de tu vida y no te dejaran caer. Aquella noche cinco personas comenzaron un mismo camino en el bar de la esquina sabiendo que serían uno de los pocos para siempre que realmente duran.

Ingenuidad ante el espejo

Y tú, tan ingenua, te calzas unos tacones, te pintas los labios de rojo, te despeinas el pelo, te subes la falda y sales de casa dispuesta a  tumbar el mundo.
Madrugada calurosa, y tú de bar en bar, apurando una copa tras otra sin apenas sacar una moneda de tu cursi, brillante y barato bolso del Blanco.
Todos te quieren, todos sonríen, todos te invitan, te incitan a probar distintos sabores para un mismo fin. Luego, no recuerdas nada. El alcohol y ellos te han jugado una mala pasada. "Mamá tenía razón cuando te dijo que tuvieras cuidado" La advertencia vaga por tu entumecida cabeza cuando ya es demasiado tarde.
Haces un intento de abrir los ojos, pegajosos.
Te los restriegas intentando en vano recordar y manchas sin querer de negro rimel unas inmaculadas sábanas que no te son conocidas. Asustada te palpas el cuerpo. No hay restos de aquel ceñido vestido azabache que llevabas la noche anterior. Poco a poco te vas dando cuenta de que un rayo de sol entra por la ventana cercana a la cama, y tienes miedo, miedo de haber perdido "tu noche", miedo de haber malgastado tu vida por un simple capricho de una estúpida niña mimada. Entonces te da por mirar tu espalda, desprovista de cualquier prenda que denote civilización y, al girar, lo ves. Un él que nunca has visto en tu vida yace tumbado boca arriba durmiendo a tu lado. Es guapo. Sus ojos dejan ver cansancio, las líneas de su rostro lo hacían parecer más mayor de lo que en realidad es; pero ahora después de tener un inesperado flashback de "tu noche" solo te apetece correr y llorar.

Ella

Ella sola se retiraba con cuidado y con ayuda de un trozo de papel los restos de la barra de labios. Se descalzó los kilométricos tacones nada más entrar por la puerta de casa y procuraba hacer el menor ruido posible. Se sentía bien. Estaba sudorosa,  cansada, incluso necesitaba unos pies nuevos; porque verdaderamente los pies la estaban matando; pero a pesar de todo estaba feliz.
Había bailado con muchos, visto a muchas amigas y el recuerdo de otra noche de verano se iba archivando en su cabeza mientras, dando traspiés, subía las escaleras.
De pronto se ruborizó al recordar lo más bonito de la noche. Aquel beso robado era el culpable de su sonrisa.


martes, 23 de julio de 2013

Si el tiempo me miente le diré que él no existe.

Todavía me siento volar, todavía siento que mis pies ni siquiera rozan el suelo y no sé explicar por qué. Todavía siento que me queda mucho por vivir y que nunca podré decidir si soy así del todo. Todavía no se porque te sigo echando de menos, porque cada noche recuerdo aquel verano, siempre juntos de la mano. Todavía quedan luces en el cielo, muchas estrellas y fuegos artificiales de esos.
Todavía recuerdo cuando me dijiste que ibas a quererme siempre, todavía sigo esperando a que desaparezca tu recuerdo. Todavía...tantas cosas a quemarropa, tantos nervios perdidos y un solo abrazo. Todavía sigo esperando tantas explicaciones que nunca llegaron y dolieron.


Pero...


-Pero para siempre es mucho tiempo ¿no?
-No lo sé. Es lo que oímos cada vez que las cosas duran.
-¿Y estaremos aquí para siempre?
-Tampoco sé eso...
-¡Joe! No sabes nada..
-Si que sé, se que el partido de esta noche lo ganará el madrid y que cuando estoy contigo me lo paso muy bien.
-Y yo, pero lo ganará el barcelona, eso seguro. Entonces, ¿para siempre?
-No digas para siempre, di para cuando decidamos ir al cielo, cuando dejemos de compartir risas, cuando los mayores ya no estén y solo quedemos nosotros, cuando queramos pasar una noche de locura, cuando encontremos novia, cuando crezcamos, cuando no permitamos dejar de ser amigos. Para cuando dejemos de creer que el para siempre nunca termina y que nunca jamás siempre estará en la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.
-¿Y eso como lo sabemos?
-Nunca lo sabremos, Toni.

Me dices que es absurdo, pero tu también sonríes

-Dime una cosa. ¿Crees que el sol se esconderá para no verte llorar?
-Pero si el sol no esta vivo.- Dijo él.
-Claro que si.
-Así no consigues animarme.-Susurró él con un vestigio de sonrisa secando sus lágrimas.
-Pues estás sonriendo. Soy tu mejor amiga desde hace años y creo que por eso me merezco un abrazo...
-Anda ven aquí.

Desde luego, desde entonces y para siempre.

Solo te digo que ojalá te enamores. Ojalá pierdas la cabeza por él. Que veas lo que se siente, lo que se pierde. Eres débil y tienes miedo. Que reconozcas cómo te sientes cuando literalmente no te importa nada más y el mundo se te viene encima, cuando ves que él te olvida, que no siente lo mismo, que ya ni siquiera te habla.
Dime que se siente cuando solo quedan recuerdos, cuando únicamente buscas ilusiones perdidas, explicaciones compartidas. Espera, no me lo digas, lo sé.
 

La ciudad se quedó dormida


Era algo mágico. Cómo se movían las aguas entre susurros y murmuros, cuántos secrtetos quedaron escondidos entre los ladrillos de aquellos longevos edificios. Todos los sueños que una vez fueron sin más. Solo quiso sentirse viva, viajar, reír. Sentía como si llevara toda la vida sentada en el mismo banco de la misma plaza inmensa viendo pasar sueños, viendo pasar sonrisas. Le encantaba perderse entre calles sin salida, ver miles de rosas por los suelos, ellas que una vez curaron tantas heridas.

Se sumergió en el canal, allí nadie la buscaría y solo entonces decidió que jamás se marcharía.

domingo, 21 de julio de 2013

Donde acaban los sueños

Quisiera saber donde quedaron los aquellos te quiero que nos decíamos a todas horas. Aquellas interminables charlas, aquellos abrazos.
Es difícil intentar olvidar lo que fuimos cuando cada día escucho aquella canción tan nuestra en todas partes, cuando cada rincón de mi estúpida habitación me recuerda a ti y a pesar de todo solo me salen buenos recuerdos de los labios; cuando todos y cada uno de los lunares de mi espalda llevan tu nombre y apellidos. 
Y aún me pregunto si llegará el día en que los dos digamos lo que sentimos realmente el uno por el otro, sin ataduras y con el corazón entre las manos. Me pregunto si llegará el día en que volvamos a ser nosotros.



Let her go

Entonces se le heló la sangre. Era de nuevo aquella canción, la que tanto le había gustado a ambos. Siguió su rastro, el rastro de una melodía de la mano de una guitarra, el rastro de una voz que intentaba expresar todos y cada uno de sus devastados sentimientos únicamente en unos cuantos acordes que resonaban en aquel angosto pub irlandés, el rastro de su voz.
Su nombre estaba bien elegido. Pasajero de la vida, pasajero de tantos barcos perdidos, de tantos trenes a los que no llegaría a subir y de aquellos que le quedaban por coger.
Las lágrimas brotaron desesperadas de los ojos de ella por ver al fin al autor de la ansiada melodía, después de los llantos y las despedidas que jamás serían una solución aceptada. La barba le daba un aspecto descuidado y los ojos entrecerrados dejaban ver los vestigios de su sufrimiento. Lo quería tanto.
Ella solo quería oír aquellas palabras de nuevo. Su vestido continuaba intacto tras el desesperante viaje en avión y la interminable carrera a contrarreloj para decirle que no, que no podía dejarla ir. Que había cometido un error y que ellos estaban hechos para estar juntos, siempre, el uno con el otro.
Él simplemente se fue.


domingo, 7 de julio de 2013

La vida se mide en momentos

Hay una cosa de a que sí que estoy segura. Estoy segura de que me vas a tener aquí siempre. Puede que pases malos momentos, que haya veces en las que lo único que necesitas es estar sola pero incluso en esos momentos, quiero que recuerdes que gracias a ti mi vida cambió. Gracias a tus sonrisas aprendí a ser un poco más optimista, a contar con las personas y a reír.
Quiero que sepas también que puede que a veces no sea todo lo que necesitas, que puedo resultar pesada. Si es así solo cállame. Porque tu con tus ganas de vivir la vida te has convertido en la persona más importante de la mía.
Gracias por todas y cada una de tus mañanas, gracias por tus ánimos, por tu cariño.
Es uno de esos momentos en los que necesito que estés conmigo pero también sé que cada persona es un mundo así que... ya sabes, si necesitas un abrazo, un levántate dormilona, una tarde de compras o mi silencio solo tienes que llamarme porque, te repito: Siempre estaré aquí.


a A.

¿Te quedas?

Aquella noche, tras la fiesta la gente que de verdad quiso se quedó en la enorme casa para más tarde contemplar el amanecer. Laura buscaba a Víctor con la mirada. Allí estaba. Deseaba que se le acercase y le hablara pero sabía que iba a ser imposible. Víctor por otro lado pensaba en su sonrisa. No había hablado con ella en toda la noche, no sabía si podrían arreglar las cosas. Tenía ganas de ella. Era demasiado orgulloso y cabezota pero supo que tendría que ser él quien diese el primer paso, o la perdería para siempre. Llevaban semanas sin hablarse por culpa de su ex novia, con la que cortó la noche anterior. Ella lo había liado todo y argumentó que pasaba más tiempo con Laura y en cierto modo sabía que tenía razón. Laura siempre fue su "ella", siempre había estado ahí y la primera vez que la vio se enamoró perdidamente de la que ahora solo era su mejor amiga, y aún no sabía si continuaría siéndolo tras aquella noche. Pero nunca había tenido el valor de decirle lo que sentía, era mucho lo que perdería si ella lo rechazaba. Aunque había llegado el momento. Se acercó a Laura aparentemente tranquilo con una sonrisa en los labios. "Todo saldrá bien..." Se dijo.
-Laura...
-Hola.-Susurró ella agradecida de que se hubiese acercado.
-¿Cómo estás?
Hubo un silencio incómodo.
-Víctor, ¿realmente crees que todo se va a arreglar con un "cómo estás" después de llevar un mes sin hablarme?- Preguntó Laura con la voz quebrada.
-Pequeña, déjame que te explique...-Quiso empezar.
Laura quería arreglar las cosas, pero en ocasiones hablaba demasiado y aquella fue una de esas ocasiones en las que no puedo contenerse.
-No quiero que me expliques nada. Es tarde ¿sabes? Tarde para hablar, he intentado por todos los medios que me perdones, fue un malentendido. Creo, incluso, que le he dado más importancia de la que realmente tenía y solo porque te quiero. Te has convertido en mi mejor amigo, hemos pasado muchos buenos momentos juntos pero esto ha sido la gota que colmó el vaso. No sé lo que somos ahora, ni siquiera sé si fuimos algo...
-No digas eso, nunca lo digas.- La interrumpió el joven.
Pudo ver que las lágrimas traicionaban a Laura atravesando furtivamente sus mejillas.
-Es que...no puedo más Víctor, no sabes cuanto te he echado de menos, cuanto he necesitado que estuvieras conmigo y bueno no voy a decir que no me hayas hecho daño porque sería mentir.
-Lo sé, y lo siento. De verdad. Debí venir nada más pelearnos porque ahora sé que no puedo perderte por nada del mundo. Fíjate que hasta perdí a Blanca por no perderte.
-¿Me estás echando la culpa?- Preguntó ella dolida.
-¡No! Al revés- Exclamó el joven desesperado.- Te lo estoy diciendo por... par darte las gracias, por estar a mi lado siempre, por abrirme los ojos...Mira, a lo mejor no debería decirte esto. Tengo miedo...
-¿Miedo?¿De qué?¿A qué te refieres?- Laura se estaba poniendo nerviosa y un escalofrío recorrió su espalda.
Víctor quería decirle que la quería. Quería confesar cuánto tiempo había estado enamorado de ella y cómo la había echado de menos. Víctor no quería perderla. "Ahora o nunca" Se dijo.
-Laura, Blanca tenía razón. No sé...he perdido la cuenta del tiempo que llevo loco por ti. De las veces que no me he atrevido a darte un simple beso en los labios. Sé que soy un egoista por querer romper así nuestra amistad, sé que fui tonto por enfadarme así contigo, por separarte un mes de mi pero, entiéndelo, no soportaba verte con él. Te quería solo para mí. Blanca intentó en vano sacarte de mi cabeza, ayudarme, por eso empezamos a salir. Y...eso es todo.
Víctor la miraba a los ojos mientras poco a poco sus palabras iban resquebrajando las finas pero intensas lineas de la amistad. Ya estaba, lo había fastidiado todo, pero lo que le dijo era completamente cierto. Miró hacia donde se encontraba la luna, reina de su cielo y esclava de miles de promesas versadas. Admiraba su silencio y su porte pero necesitaba respuestas. Bajó la vista esmeralda hasta sus pies, los que hacían que se cayese siempre, los que lo dirigían, siempre a traición. "Moveos" Les dijo, "Laura no va a contestar"

Se dio la vuelta dispuesto a marcharse, a observar otro de muchos amaneceres que contemplaría sin ella. Una sonrisa amarga rindió culto a tantos recuerdos demasiado valiosos.


Pero Víctor no se atrevió a marcharse, no de nuevo.

-Solo dime que quieres que salga de tu vida y lo haré, será la última promesa...
-Te quiero.-Susurró la chica.
Él se tomó unos segundos para procesar la información. ¿Habría entendido bien? No, seguro que no. No era la primera vez que su corazón le jugaba malas pasadas.
-No puedes irte ahora.- Continuó Laura.- Porque entonces si que sería egoista. No me dejarías decirte que estoy enamorada de ti y ni cuantas veces he necesitado un beso de esos que...
Demasiado tarde.
Los labios de Víctor ya habían encontrado los suyos y la estaba besando.
Al menos, la pelea les había servido para darse cuenta de hasta que punto se querían y para ser capaces de decirselo.
Ambos sabían que no durarían una vida pero intentaron que aquel amanecer juntos fuera el primero de muchos.




IF THEY...THEN YOU

Somos demasiado insignificantes para hablar de la vida, sin embargo, lo hacemos constantemente. Decimos que es dura, decimos que pasa, que no regresa, que se nos escapa de las manos inexpertas, que solo hay una; y tiene gracia.
No la conocemos de nada. No sabemos si es un él o una ella, si cada día tras un beso, se despierta. Si es tranquila, si es traviesa. No sabemos siquiera si pasa o si está quieta.
Solo sabemos caminar a ciegas, seguir un camino lleno de piedras y hacernos heridas. Solo sabemos intentar y fracasar, sabemos aprender de los errores, poco a poco hemos aprendido a querer, a confiar en nosotros mismos, aunque al final eso termine pasando factura.
Sabemos que si miras al cielo cada noche, suele salir la luna. Sabemos que una sonrisa vale su peso en oro, que no nos gusta estar tristes, pero nos pasamos la mitad de la vida de esa manera, sin saber hacer otra cosa que arrepentirnos por lo que nunca hicimos, por lo que quisimos ser y no fuimos.
Sabemos que hay personas que llegan para quedarse y otras que simplemente están de paso. Y ¡qué gracia! Otra vez la vida de por medio..Por saber, sabemos muy poco.


domingo, 26 de mayo de 2013

Miss you

Me gustaría pensar que bajo toda esa capa de superioridad y de dureza, bajo esa pose estás tú realmente. Eras ese que me decía que me quería en los momentos más insospechados, que estaba pendiente de mí 25 de las 24 horas del día, que me demostraba cada segundo que siempre he valido algo. Que me enseñaba a ser feliz y a contar con los amigos. Eras el que me sacaba las mejores sonrisas, pero también las lágrimas más amargas cuando decides que no sabes perdonar, que eres un cabezota y un puto orgulloso; cuando no quieres volver a dirigirme la palabra y yo lo único que necesito es que las cosas vuelvan a ser como eran antes.


Demasiado perfecta para ser real

Fue una fracción de segundo. Solo una. El desvencijado taxi se calentaba al sol y ella corrió a abrir una de sus puertas traseras. Una ráfaga de viento voló su pelo, sus ojos viajaron hacia los míos y se congeló el tiempo. Intensamente verdes, yo solo pude pensar en ella, mirarla a ella.
Después el taxi se alejó con ella vestida de rosa en su interior. Probablemente la esperaba otro él, aunque eso no hizo que su perfume se fuera de mi mente. Y no la he vuelto a ver.


domingo, 12 de mayo de 2013

Ayer

Todo era más fácil cuando no dolía, cuando solo me preocupaba de tenerte el tiempo suficiente en mis recuerdos. Todo era más fácil cuando las lágrimas no escocían mis ojos, eran solo de alegría. Cuando íbamos medio en broma, medio en serio. Antes de que las palabras se cargaran de sentido, de sentimientos, antes de que los dos supiéramos realmente lo que estábamos haciendo.


¿recuerdas?

Y al final lo has hecho. La has llamado princesa. Le sacaste su mejor sonrisa. Le dijiste al oído que la querías, solo a ella, a nadie más.
Aún me pregunto en ocasiones si recuerdas nuestros momentos. Si no te arrepientes de haber dejado atrás nuestra oportunidad, esa tan única. Pero, esta claro que no; y aunque siempre habrá algo, mejor no decir nada.

Algo de luna y pocas estrellas

Vivir enamorada de un momento y no querer quererlo es algo demasiado intrincado para una cabeza con ideas tan enrevesadas.
Tomas las dos mitades de una vida y quieres tirarlas y echar a correr...Escapar sin más que tus dos piernas y el viento dándote demasiado fuerte en la cara.
Una de las mitades tiene ese algo que te encanta que, aunque fueran solo cinco amaneceres a su lado tiene un hueco demasiado grande en tu iluso corazón. Bastó una sonrisa para que la sangre hirviese por tus venas. Bastó un despertar con un "despierta dormilona" para querer repetirlo todos los días de tu vida pero tú, lo sigues negando. Lo niegas porque no quieres quererlo; lo niegas porque hace daño, porque duele sentirse nada... Quieres coger esa mitad pero sabes de sobra que tus dedos no llegaran siquiera a rozarla.
La otra mitad acompañaba aquellos cinco amaneceres, surgió de casualidad, un golpe demasiado fuerte y un mismo camino.
Al principio el afecto era poco pero, con el tiempo te has dado cuenta de que estás enganchada a todo lo que te hace sonreír porque quieres ser feliz y esa mitad es la causa y el efecto principal de tu inocente sonrisa. Llevas esa mitad agarrada muy fuerte entre las manos torpes de enamorada, tu cabeza no sabe que decir ni que pensar, no atiende a razones.
Sin embargo, te encuentras con un muro que no te deja continuar tu camino, que te impide ver la luz,
Sobre las piedras del muro una frase dice: "SI QUIERES ALGO DÉJALO IR. SI VUELVE ES TUYO; SI NO, NUNCA LO FUE."
No quieres hacerlo, no quieres abrir las manos y dejar que la otra mitad se desvanezca pero, sabes que es libre y que tiene que elegir.
No sabes si esta vez volverás a perder el tren como tantas otras veces y ahora abres las manos.
La mitad se eleva y estás en ese momento en el que "si quieres, puedes" pero dejas que ella elija.
Dos mitades, dos bolsillos y dos llaves de repuesto para un único corazón que solo quiere otra sonrisa.




martes, 26 de marzo de 2013

Se quitan las ganas

Quizás este sea mi castigo: por alejarme demasiado, por no demostrarles cada día cuánto las quiero y lo mucho que significan para mí.
Quizá...no, seguramente, tenga yo la culpa. Echo de menos aquellos días en los que nos faltaban horas del día para contarnos las cosas, en los que las tardes colgadas al teléfono se iban convirtiendo poco a poco en rutina, aquellas madrugadas en las que la noche no existía, tampoco el sueño, e íbamos tejiendo paso a paso nuestro futuro.
Por eso cuando ahora me paro y pienso solo hay vacío, muchas sonrisas en fotos, muchos buenos recuerdos, pero de lo de antes si algo queda, está bien escondido.
Cada una de ellas era y es especial a su manera, únicas y mías.
Siento que me las estoy perdiendo, que hace ya tiempo que partió el tren y por más que me busco no me encuentro.
Ya no llaman, no hablan, no hay cualquier cosa que contar como antes, ya no acuden en tu ayuda ni están ahí siempre...No creo ni siquiera que les apetezca verme, o eso parece. Y duele. Duele no por el hecho de que nada sea lo mismo, era algo que ya sabíamos que ocurriría, sino por sentirse excluida, sentir que sobras, que se complementan solas, que no pintas nada, que no queda nada.

A ellas.

domingo, 10 de marzo de 2013

Demasiados años

Las casualidades de la vida hacen que volvamos a encontrarnos. Pasan años y años sin saber nada el uno del otro. De repente al encontraros tras haber sido testigos de vidas diferentes, completamente paralelas, sientes algo de nostalgia.
Alguien que entonces era tan importante en tu vida, se separó de ti. Siempre ha estado en tu memoria, siempre te ha sacado una sonrisa su recuerdo de aquellos tres años juntos. Pero entonces era lo único que antes conocíais. Era vuestro mundo. Solo vuestro.
Pasó el tiempo e hizo que eso cambiase, no os volvisteis a ver. Uno, dos, tres...hasta ahora, doce años después.
Empiezas a pensar si fue cosa del destino que tanto cariño acabase por las buenas o simplemente tenía que ser así.
No has podido escuchar su nueva voz aún, ni siquiera sabes si te recuerda pero al menos lo has visto, sabes que es él.
Añoras aquellos tiempos cuando lo único que os preocupaba era no quedaros en blanco en la función del colegio. Tú de caperucita roja; él, de lobo. Y tantos recuerdos vuelven a tu mente...Aquel collar entre las manos de un niño cuya mayor ilusión era enseñarle a su amiga lo que había hecho y que aquello era mágico porque brillaba en la oscuridad. Era su regalo de despedida y aún lo conservas.
Todas vuestras risas, las tardes en las que hacíais algo juntos, los juegos, los abrazos...
De repente lo echas de menos. Crees que es algo absurdo porque no es coherente, porque no encuentras explicación racional para lo que sientes.
Vas poco a poco recorriendo esos años perdidos en tu memoria. Qué has hecho, cuánto has cambiado; vas viéndolo crecer y sientes que realmente duele no haber estado a su lado. Siempre sonríe, va cambiando el rostro, la estatura los tipos de sonrisa, el cariño, las amistades...Ves que tenéis la misma afición aunque tratada de manera diferente, ves que se ha alejado demasiado y en lo único que piensas es en cómo hacer para volver a recuperarle.


a G.

viernes, 1 de marzo de 2013

Pestañas bailan al son de unas manos serenas


La vida es señorita de compañía. No espera que la descubras, si no que que se presenta por si sola dándose la bienvenida. No hace favores sin antes esperar que la reciban. Alguna vez suele coger por sorpresa pero, lo bueno que tiene es que siempre es ella misma.
Puede que se haga la dura, que tenga experiencia de sobra y que los piropos no le lluevan pero habrá alguno rondando que realmente sepa tratarla como se merece. Alguno que entienda que para vivir necesita ganarse la vida, que no la juzgue por lo que necesite si no por cómo es cuando está con él. Que le regale sonrisas y le susurre al oído todo lo que haría falta para que el mundo de los dos sea perfecto.
Puede que ella al principio se sienta reacia a escuchar todas las cosas bonita que su él tiene por decirle, puede que nunca llegue a ver como se nublan sus pupilas al son de música de otros bares de madrugada. Puede que se desvista demasiado deprisa y no sienta frío cuando sus pies descalzos la nieve pisan pero, son muchos engaños, muchas mentiras, otras tantas lágrimas ahogadas en los tequilas. Muchas madrugadas sola con el oído puesto bajo la almohada y aún así seguía oyendo los gritos que le daban antaño. Solamente necesita tiempo, que de vivir se encarga ella.

Desarmado en tres minutos

Mucha palabrería, de hecho enamoras a todas con esas frases que salen de tus pícaros labios, nos atontas con susurros infrigiendo la distancia de seguridad permitida, demasiado cerca para resistir.
Tienes fama de rompecorazones pero, el único corazón que has roto es el tuyo por alejarla de tu lado por miedo, por impotencia, por soberbia y orgullo. Italiano, los más cabrones...en tres minutos "solo tre minutti" de la mano de Negramaro que sonaba en aquel radiocasette al que le quedaba poco tiempo de vida. No quisiste hablar de ti, tampoco ocultaste que tu corazón segía desoladamente vacío desde que la echaste de tu lado. No supieste mentirle bien, puesto que cuando ella se fue, supo mirándote a los ojos que siempre la habías querido. No quisiste dejar la puerta abierta. Nadie más llenaríatu corazón impalpitable con estúpidas rabietas de niña ni juegos para sacarte de una realidad oprimida. Eran demasiados sentimientos para algo tan roto Por eso lo único que valía contigo eran las palabras que susurrabas a los oídos de muchas pequeñas princesas, que siempre creían estar enamoradas de ti. Un par de flores tan pequeñas que eran incapaces de significar algo tan grande como lo que querías expresar. Supe que habías estado llorando, supe que se acabaron ya hace tiempo las verdades y que noches antes habías limpiado vuestras lágrimas amargas del suelo para intentar en vano encontrar a otra de nuevo.
Tiraste vuestros recuerdos, las entradas de cine que tan cariñosamente guardabas, todos y cada uno de los mensajes con los que te despertaba sonriendo cada fin de semana. Sabías que acabaría y entonces te recreaste en aquel momento. Tan suyo, tan vuestro. La música demasiado alta para oír tus pensamientos, la abrazaste con fuerza, ella te dijo que te había echado de menos. Tu le respondiste con un beso.

sábado, 16 de febrero de 2013

Copias mal para verlo bien

-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme del mundo
-No desenamorarme de él.


Es dificil ser ambicioso en un mundo como el nuestro. Es difícil tener ideas propias con fundamentos que no se desmoronen con un estúpido soplo de viento, ni siquiera con un argumento contrario que solo busque desmentir. Es difícil querer ser feliz y tener razones para serlo, pero realmente es muy sencillo. Es tan sencillo que asusta. No puedes vivir en un mundo de guerra peleándote con los que te rodean, no puedes cubrir las heridas que ni tu mismo causaste, no puedes sonreirle siempre a los problemas y tampoco pretender ser perfecto. Siempre se te escapará algo. Pero por poder puedes hacer todo lo que este en tu mano para cambiar aquello que no te guste. Piensas que sabes poco de ti pero, no.
Sabes que estás vivo gracias a tus padres, que te gusta estar con tus amigos, que te levantas temprano y te acuestas demasiado tarde. Sabes que puedes pensar libremente y te amedrenta adentrarte demasiado en tus recuerdos. Los recuerdos son salados, dulces, unos duelen demasiado, otros no deberían borrarse nunca. Pero son solo recuerdos. Sabes que te gusta vivir al límite pero sin embargo, te da demasiada vergüenza hablar en público. Sabes que deberías hacer demasiadas cosas, pero te abrumas de pensarlas.
Alguien te comentó una vez que el secreto está en vivir enamorado y es lo que ella hace. Por eso la quieres, por eso y por millones de cosas más que eres incapaz de explicar con palabras. Las palabras son mágicas pero, cuando se trata de ella, inútiles.
Esa carta que encontraste bajo la estantería te hizo decidirte, fue algo increible. Sabías que estaría en aquel lugar, a esa misma hora. Solamente hiciste que la casualidad se aliara con la realidad para que todo saliera a pedir de boca. Nunca supiste realmente quién era su él, y porqué escribió tantas veces aquello de no desenamorarse del mundo. Tan solo supiste al encontrar aquel trozo de papel con sus palabras que la necesitabas y que deseabas ver su sonrisa una vez más antes de que fuera otra ella, en otro lugar, a otra hora y con otra edad...

lunes, 11 de febrero de 2013

se puede solo pero también acompañado

Puede que me este muriendo por dentro y quizás mañana no pueda decirte que te quería por encima de todo. Solo puede, pero aún me quedan muchos amaneceres que presenciar sin tí.

desentendiada de lo no entendido

Los descubrió por casualidad. Ella con el ánimo por los suelos. Ellos, su melodía perfecta. Él se había ido y a ella le quedaba lidiar con la vida que él arrasó cuidadosamente antes de marcharse.
Eran cinco, pero solo uno de ellos consiguió devolverle la sonrisa. Demasiada sonria y unos ojos muy azules. Una voz demasiado dulce. Ellos le susurraban al compás de pocos acordes todo lo que ella quería oír. Quería ser útil, ser todo lo que necesitaba su él- Y eso era lo que ellos le proponían.
Los cinco jóvenes inesperados eran su vía de escape, un suspiro de aire fresco para salir adelante y sentirse viva tras aparecer en un mar de llanto.
Entre ellos había una pantalla y unos cuantos miles de kilómetros, también algunos años, pero para ella siempre estaban cerca, en sus oídos, en su cabeza, en sus recuerdos y en sus ideas.

Parachute

Formando castillos de arena se encontró con su sirena

Hoy es de esos días en los que sin saber porqué te sientes extrañamente vacía. Eres reacia a aceptar que has fastidiado muchas cosas y que por eso sientes esa decepción profunda en tu corazón. Se quitan las ganas y no sabes cómo, pero tienes en la cabeza la idea de que quieras o no, hay que seguir adelante. Quiérele porque al final se dará cuenta de todo, pero no dependas de él. Si pasa esto estarás perdida.
Es como una jodida enfermedad en la que la cabeza quiere explotarte, no te sientes a gusto con nada ni con nadie y no te parece bien ninguna propuesta. Dices que estás cansada para evitar sentirte triste en voz alta porque en este momento sabes que nadie te comprende y lo último que necesitas es dar pena. Si además el corazón te falla, solo porque lo notas raro; y el rubor de las mejillas te traiciona dejándose ver cuando debería estar enterrado; te compadezco. Sufres la enfermedad más dolorosa: enamoramiento loco y dogrodependiente. Aunque la superes y le hagas frente siempre quedarán secuelas.

simplemente.

Esos dos ojos tristes os miraban. Querían huir, frenar aquella impotencia, querían sentirse queridos y levantar sonrisas.
Mientras, dos figuras seguían abrazadas en el atardecer frío de febrero, susurrándose cosas al oído, cosas de dos, de las que solo ellos eran cómplices. La cabeza de él apoyada suavemente en los hombros de ella, en reposo. Las manos cogidas tras unos brazos entrelazados con cariño infinito. Los pies colgaban del borde de la mesa, y en el cielo, la luna comenzaba a salir...traviesa.

no suenan sino las lágrimas

Tú tan mío, yo tan nuestra; él callado, no demuestra. No quiere cumplir promesas, y se calla si le besas.