domingo, 7 de abril de 2019

Cobardía no es sólo nombre de mujer.

Y tú le dices que se lo crea.
Que vas a prestarle tus ojos para que lo vea.
Porque ellos han sido testigos del poder de la magia.

Le dices lo bonita que es, lo linda que se ve en todo estado de la materia.
Le pides que se quiera igual que tú has conseguido quererla:
Con los ojos cerrados y alguna huella grabada con los rescoldos de una hoguera mal apagada.
La invitas a quererse más lento que las fases de todas las lunas de las que fuisteis testigos.
Le cuentas que es necesario que te escuche porque guardas la verdad más absoluta bajo la manga de la sudadera.
Y ella con el mismo pretexto juega a agrandarla para hacerla suya.

Le dices que te mire a los ojos.

Pero no le dices que te has dado cuenta tarde, ni que lleva tiempo apareciendo en tus sueños.
Solamente rodeas sus curvas en un abrazo y te percatas de que ha dejado de llorar.

No le cuentas cuánto admiras sus tripas hechas corazón,
ni le susurras cuánto vas a echarla de menos.

Y ella te mira. Y captas un brillo diferente, menos distante.
Y te cuenta todo lo que le queda por hacer.

Y tu no puedes hacer otra cosa que escucharla, deseando,
en silencio, que vuelva a incluirte en cada uno de sus planes de domingo y vida.

Y ella se ríe.
Y algo se estrella contra tu sexto sentido.
Algo que te la pinta como un ser de otro puto planeta y
Te recuerda que tú al encontrarla has desmontado
la teoría del Big Bang pieza por pieza.

Y te pide que te quedes a cenar, mientras hace trizas el reflejo de un ocaso sobre las olas del mar.

Tú le preguntas que cuántas noches necesita y ella te sorprende con un ‘todas en las que se encuentre tu vida con la mía’.

Y caes.
En su red, en sus locuras, en el eco de su risa, en sus imposibles, en los surcos de lagrima seca que aún la delatan-culpable de querer ser feliz.
En la cuenta.

Caes en la cuenta de que plantó una semilla que le venía grande entonces, y al dejar llorar al cielo, esta os ha regalado algún que otro fruto en forma de amor cobarde.



(Ignacio Montes y Blanca Parés- Los amores cobardes)

sábado, 9 de marzo de 2019

Aires de cambio


Ahora que ha cesado la tormenta de arena que amenazaba con arrasar la tranquilidad relativa de unas redes demasiado sociales.
Ahora que, al parecer, terminó el sentimiento desgarrador de esas veinticuatro horas de duelo y las infinitas pancartas  que ayer se alzaban al cielo, descansan en el camión de la basura; me dio tiempo a reflexionar.

Y voy a decir lo que pienso, porque me siento libre dentro de mi papel como persona para gritarlo- que ojalá traspasara pantallas.

Mi mensaje tiene destinatario.

Ayer fue el día internacional de la mujer y somos muchas las que tenemos fe ciega en la igualdad. Perdonadnos a las que no la sintamos de manera tan ferviente, pero esto no quiere decir que me nos neguemos a un cambio continuo ni a que queramos volver al pasado.

Partimos de la base de que queda aún mucho por hacer.
Soy de las que piensa que el miedo debería ser una especie en peligro de extinción.
Que la violencia domestica, de género, de cualquier tipo o forma debería entrar a formar parte de nuestra historia y posicionarse tan lejana como la propia mitología griega.

Pero puse mi corazón en una balanza y flotó en linea recta abogando la misma igualdad que se exigía ayer por las calles.

Por una parte me siento feliz.
Porque miro atrás y se ha conseguido mucho.
Porque soy mujer y me encanta.
Porque adoro sentirme guapa y me enorgullece que mis padres me hayan empujado hacia un mundo de oportunidades, de construirme entre valores y sueños, de perseguir ideales y tener actitud crítica ante lo que interpreto como moral.

Por eso nunca me sentí menoscabada ni menospreciada por el hecho de ser mujer, pero leí que Serguéi Polunin pensaba que la mujer usurpaba el mundo y me eché a temblar.

Serguéi es un bailarín de ballet ucraniano al que admiro profundamente en su arte.
He aquí mi incomprensión.

¿Cómo demonios puede ser tan opuestos tu baile y tus verbos, Sergéi?
Llevo tiempo desatando los nudos de mi lucha interna.
Me encantaría que lo que queda de rencor no volviera a resurgir de sus cenizas.
Que todo aquel que piensa que la mujer no vale nada, o que su importancia reside en una barra de labios y algo de rimell mirara el mundo desde nuestros ojos.

Os aseguro que si fuerais capaces, el mundo sería precioso.

Pocas veces encontré un baile más etéreo que el tuyo, Serguéi.
Juro que he creído verte volar cuando tus pies se levantaban constantemente del suelo.
Te considero una de esas pocas personas capaces de sintetizar las dimensiones de un todo en tres sencillos y volátiles movimientos.
Me emocioné cada vez que comprobé como hacías tuyo cualquier papel.

Por eso no comprendo que intentes renegar del de la mujer en la historia, que es tan tuya como nuestra.- siendo consciente de la adoración que sientes por tu madre, y el sacrificio que ella hizo cerrando los ojos fuerte para verte brillar desde lo más alto del cielo.

Explícame tus motivos.
No puedo más que cubrirme con la pena que me provoca que eso que dices.
Y que ésta me aleje de manera casi instantánea de tus pasos de baile y despegue mis ojos de la hipnosis que producen los tuyos.

No hablo de miedo a que tu idea de mujer usurpadora tome forma y comience a hacer mella en una sociedad que andaba abriendo los ojos.
Por si no te diste cuenta, somos muchas y no estamos solas.

No creo que nunca llegue a quemarse el último cartucho con olor a miedo.
Tampoco hablo de que tu criterio diste un abismo del mío.

Me siento muy orgullosa de mi papel en mi vida.
Y soy mujer, ¿tanto te duele reconocerlo?

Ignoro por qué la biología tuvo a bien hacernos de manera diferente pero pienso que en ello reside el secreto de la vida: en que dos mitades de un entero puedan regalar su aportación al mundo y completarlo- en el ámbito que sea.

Por eso, al verte bailar no quiero dejar de mirarte a los ojos.
Continúa, aunque sea para ti, pero atrévete a escucharme.
Me quedan cosas por decir, y quizás nunca me enseñaron a vehiculizarlas a través del ballet.

Podría unirme a esa lucha tan ruidosa y hacer emanar tus náuseas pero prefiero seguir admirando tu baile, continuar con el aplauso cuando salga el telón, pero hasta aquí nuestra relación profesional.

Después voy a prestarte mis ojos.

Tal vez así decidas cambiar de idea.

En cualquier caso- decidas escucharme o no, decidas comprendernos o no.-, gracias:

Porque personas como tu provocan que, con su repulsión en grado superlativo, crezca nuestra fuerza.



miércoles, 6 de marzo de 2019

Intensus

¿Te has escuchado?
Te llamas intenso cuando no me conoces, ni sabes que tu descripción perfectamente podría ser mi apellido.

Te leo e imagino tus palabras desnudas de toda intención y destino.
Y me da vértigo recrearme en las comisuras de unos labios a los que aún no pongo voz.
Y me estremezco con la idea de perder lo que llegó con la lluvia.

Creo distinguir ese marcado acento de la otra orilla por la que no paseé -donde ojalá  contar con los eones necesarios para perderme.
Y me prometo a mi misma que contemplaré esa luz algún día porque siempre quise guardar un pedazo de Argentina en el lado izquierdo de mi corazón.

Tampoco lo sabes, pero me enamoro tan rápido de un “vos” que cuando quiero darme cuenta intento cambiar de lenguaje para que se me pegue algo de esa forma de vida tan vuestra.

Lástima eso de decir adiós antes de coincidir.
Y no viajar con un equipaje de dimensiones suficientes como para adhesionar otra vida en calidad de “frágil”.

Gracias por verme de esa manera tan bonita y saber escoger las palabras que lo definieran.


Perdona si te culpo de arañarme el alma.


a N. Para cuando regreses a Mar de Plata.

sábado, 23 de febrero de 2019

Vacíos repletos

Si es cierto eso de que 'dos personas que se hacen reír tienen derecho a todo'...¿puedo pedirte algo?
Prométeme que si algún día ella se va de tu lado, o tu amor se borra con restos de mareas pasajeras vas a volver.
Prométeme que si se extingue vuestro fuego inmenso volverás a reír conmigo,
como en aquellas madrugadas pero en nuestra versión mejorada.

Cuando conoces a alguien que quiere colorearte la vida sin salirse de los bordes, pasa que se apaga el piloto automático de tu cabeza y dejas de pasar por tus días mecánicamente, de puntillas y sin darte cuenta.
Empiezas a percibir que fuera hace más frío de la cuenta, que hay vida más allá de tus heridas.

Hay veces que este tipo de personas están de paso, que llegan para dejarte respirar; volver a coger aire como bocanada o placa luminosa sobre la salida de emergencia en el garito veintisiete.
Otras vienen para quedarse, para ser brújula de una vida que creías a la deriva.

Lo primero fue lo que me pasó contigo.

Fueron algo más de cuarenta y ocho horas llenas,
de la felicidad más explosiva que haya experimentado nunca.

Me has hecho reír hasta creerme morir, has dejado que mis ojos vuelvan a brillar hasta el nivel 100 y que nuestros pulsos jueguen a un duelo de disparos a quemarropa,
siempre dentro de los límites de mi decoro y tus ataduras.

A pesar de ello debo darte las gracias por hacer que el vértigo se torne huracán.
Me has regalado un pedazo de ilusión efímera.

Y mi cabeza se llenó de dudas entonces, justo a la hora del adiós.
La maldita se colmó de pájaros queriendo recoger tu vuelo y el eco que dejó tu risa sobre el hueco de mi cuello.

No sé si volveremos a vernos.
Aunque he de confesarte que pondré todo lo que esté en mi mano para que las casualidades vuelvan a juntarnos.

Gracias por compartir tu alegría conmigo, por buscarme y encontrar todas mis cosquillas.
Gracias por dejar la cuenta de mis lunares a medias.

a C.
(Steve McQueen y Jean Shrimpton)

viernes, 15 de febrero de 2019

Sobre no saber cuando parar

Que quiere morirse, dice. Que no puede más, que está cansado.
Dice que no está hecho para la vida por mucho que ésta la trate bien.

Lo escucho intentando dejar la mente en blanco, o al menos mi faz.
No quiero que huela mi miedo, ni mi inseguridad ante el abismo que me plantea.

Y lo miro con detenimiento.
Me pregunto qué le habrá llevado a estar así. Qué le duele o qué le pesa.
Y luego se lo pregunto a él.
Cómo si me leyera la mente, pone una mano sobre la mía y trata de tranquilizarme. Que nadie lo entiende, que no ha encontrado aún las palabras para describir cómo se siente pero que necesita desaparecer.

Me cuesta creer que una persona con unos ojos tan vivos ande buscando su propia muerte.

Releeo las confesiones anteriores que tengo ante mi. Lo ha intentado en innumerables ocasiones y siempre le sale mal.
Considero que la palabra tentativa es un eufemismo para su dolor.

Que a lo mejor, no sé expresarme, susurra; pero yo no quiero estar aquí. Quisiera dejar de existir.

Y yo, quiero saber si hay algo después, si persigue a la muerte para buscarle las cosquillas o como simple aventura.
Y él me dice que cree que no, que la persigue por tratarse de su felicidad.
Y me agarro a esa creencia para intentar sacarlo a flote.

-¿Crees o estás seguro?- Le pregunto.

-Lo sé. Pero entienda mis dudas, siempre que digo que quiero morir y no hay nada detrás me dicen que no es posible. Que si lo deseo con tantas ganas será porque espero un tiempo mejor en cualquier otra parte.

Y se funde la llama de mi esperanza. Estamos en una estancia luminosa pero, para mi hemos descendido poco más que a los infiernos.

Luego me da las gracias por nada, y se marcha con la promesa oculta de no volverme a ver.
Detrás le sigue muy de cerca otra vida a la que se encuentra vinculado, pero ésta no ha ocultado sus ojos vidriosos al escucharlo.

Yo me quedo vacía: Intentando adivinar por qué hay quienes se agarran a la vida con uñas y dientes y ésta decide arrancarles la segunda oportunidad y decide abandonarles a la peor de las suertes. Y por qué, otros como él tiran gasolina sobre el miedo y se quedan a golpe de cerilla de prender la continuación de sus días.


Sol naciente- Claude Monet

domingo, 27 de enero de 2019

Desesperanzado

Las luces del cielo están en modo ahorro de energía.

Dentro intentamos crear un astro lumínico artificial que nos aleje del gris.

Fuera el frio amenaza con quitárnoslo todo, con barrer la poca esperanza de cambio que albergan nuestros corazones.

Dentro seguimos estando en alguno de los trópicos- soñando con pasear por todas las playas sobre las que clavamos alguna bandera. Todas aquellas con nombre de paraíso.
Y más adentro, aún más, solo quedan los restos marchitos de una antigua primavera, las ala rotas de un vuelo fallido, y un par de gigantes dormidos con ganas de más.

También se consumió la última vela de la discordia dejándonos adivinar el final de toda historia:
una maleta repleta de fotografías con caras veladas y un billete de ida hecho añicos donde no se lee el destino.

Por eso todos los viajes comienzan los lunes, porque de una u otra manera siempre consiguen baldear los restos de gris de los suelos.
Con el propósito de tragarnos y escupirnos lejos de aquellos lugares donde amamos la vida.

Pero hoy, aunque el juicio del lunes nos amenace, quisimos hacer coalición con los rebeldes. Planteamos sobre el domingo un campo de batalla para defender el último reducto de felicidad.
Sacamos las fotografías veladas de la maleta, y perseguimos los negativos.
Volvimos a llenarla de aquello que nos hizo sentir, y de algunas sonrisas.
Compramos un billete de ida nuevo- esta vez, con destino a casa.

Porque a veces es necesario alejarnos un par de pasos para recobrar el sentido, la cordura y la perspectiva.

Y estos días contados cometieron el error de olvidar quienes éramos y eso de que vinimos para quedarnos.

(A Coruña)

Un intento de historia sobre ojalás

Y te pienso como desorden, como día que poder saltar del calendario o silencio impasible.
Me castigo por mi instinto animal, por las vueltas de tuerca para tratar de sacar una historia de la nada fundada sobre ojalás.

Tengo que agradecerte que soplaras sobre los restos de una cabaña de paja en ruinas, que sacudieras parte de mis dudas y me hicieras verme bonita.
Me alegro de haber compartido contigo aquella madrugada, y uno de mis mejores sábados teñidos de domingo.
Me alegro de haber cruzado la prueba de fuego sin haberme quemado nada excepto las palmas de las manos y los labios.

Pero tras la exaltación,
después de la caída libre de los niveles de serotonina,
tras las despedidas,

me sentí vacía.
Y sucia, y lasciva.

Me sentí una nada de dimensiones inabarcables y sumergí la cabeza un par de minutos en el pozo más profundo.

Supongo que supe responderme a mi misma:
Las cosas suelo hacerlas con el corazón, y cuando este falta, queda atrás una parte de mi indispensable.

Por tanto, la de aquella noche, no era yo del todo.
Mi parte animal salió del paso amordazando a la racional y ejerciendo el beneficio de la duda.

Es cierto que reí mucho.
Busqué puntos para unir tus líneas y disfruté.
Pero si para ello debo volver a sentirme nada prefiero
dejar las ganas aparcadas en doble fila con las luces de emergencia encendidas.
Y doblegar a lo salvaje.

Quiero arrojar luz sobre las oscuridades que me quedan y evitar sacarle punta al recuerdo.

Hiciste que lo olvidara momentáneamente pero él es caprichoso y regresa a su antojo.
Terminó de arrancar los restos de tu persona de mis labios y arrojó a la hoguera tu perfume.
Cerró la puerta tras de ti, desde un cuarto sin ventanas.

Con todo el poder que pudo entregarle mi recuerdo.


Amantes envenenados

Al veneno lo llaman la muerte dulce.
Dicen que cuando lo pruebas no sabes cuándo será tu último suspiro.

Que empiezas a perder visión, y a sentir que tu alma despega de tu cuerpo en dirección inversa al cielo quedando a bajo mil pies de los tuyos.
Dicen también que te fallan las fuerzas para recoger los pedazos de ti,
pero que aún así lo intentas.

Y luego tu vida se apaga. OFF.
Tu cabeza se desconecta,
y todo lo que recordabas desaparece.

Los corazones unidos al tuyo comienzan a sangrar por los poros que tejieron tus colmillos al dejar huella.
Y te arrepientes eternamente de sentir curiosidad sobre lo ajeno, de querer conseguir tan solo dos gotas del maldito veneno y haber pecado de exceso hasta llegar a conocerlo.

Y vuelves a arrepentirte.
Dices de no volver a hacerlo, te escuché incluso suspirar y arrodillarte con tal de volver a poner el contador a cero.

'No queríamos morir' Te dijo el miedo.
Y juro que no he conocido abrazo más sincero.

Y a tientas, con la cabeza autómata, sin posibilidad de freno de cualquier parte de tu cuerpo buscas de manera irrevocable su censura.
Rastreas hasta dar con la tecla de reinicio.
Y que los precipicios sean la fuerza de la naturaleza que más decida sobre un posible nosotros.

Pero sientes tu cuerpo vacío, y tu mente  reinventa el color blanco roto cada vez que se mete en la dichosa lavadora destartalada.

'Vamos a reinventarnos' Te gritó la pena.

Y entonces nos concedieron un último deseo.
El de mirarnos por última vez a los ojos. Escapando de una sala de la que nos invitaron a salir de manera desordenada. Devolviéndonos los daños colaterales de días que creímos nuestros.

Haciéndonos prometer que no volveríamos a ser jamás.

Así fue como nos convertimos en amantes envenenados.

Amantes, porque tuvimos la fortuna de poder tutear al amor.
Envenenados, porque cometimos el pecado mortal de probar la adicción trago a trago.

Y entonces quedamos bautizados, pero separados por siempre.

A lo Bonnie and Clyde con la desdicha de haber pasado de banco en banco
consiguiendo robar sólo un par de lágrimas de los ojos que nos olvidan.



viernes, 28 de diciembre de 2018

Rei dos meus ollos

No sé lo que supone para ti acordarte de mí- y me sorprende que lo hagas.
Ni sé lo que sientes cuando me llamas de la forma que sólo tú sabes.

Pero a mí se me ocurren mil y un motivos para borrar todos los kilómetros que hay entre los dos cuando te escucho llamarme así entre la gente.
Porque cuando me llamas reina me significa que alguna vez vestí las mejores galas y que fui dueña y señora de algo tan maravilloso como tu corazón.
Que me llames reina hace que quiera quedarme a vivir en el instante en que rompes a reír.
Hace que quiera mandar a la mierda toda barrera susceptible de ser saltada para llegar a mi objetivo.
Hace que tú seas el único sueño que me ronda las ideas.

Cuando me llamas reina me haces contemplar que en un pasado no muy lejano fui la princesa de nadie.
Y crees en mí, fuerte. Y crees que puedo con todo. Y haces que yo me contagie de tu alegría exultante y termine por creérmelo también.
Cuando me llamas reina me dejas llorar a mis anchas y me dices que las de hoy ya no llevan corona pero que a mí eso ni siquiera me haría justicia.

Has depositado, sin saberlo, la confianza que necesitaba para dar la útilma orden a mi cerebro.
Y no has dejado de hacer enroque cuando viste venir el jaque mate para que las vistas fueran bonitas incluso con la torre en ruinas.
Has hecho que me crea eso de que el cariño es tan verídico como nosotros y que quererse demostrándolo no está sobrevalorado.

Ojalá coincidir pronto contigo de nuevo, en esta misma vida.
Y decirte de una vez por todas que yo no quiero ser reina de nada si no tengo tu sonrisa para gobernarme el alma.


                Leslie Rose y Kit Harington

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Cuento de navidad.

Diciembre siempre fue mi mes preferido pero aquella noche el fin de año inminente me saturó y necesitaba volver a poner en paz mi alma. Necesitaba silencio- cosa que, en una casa tan repleta de vida como la mía, se me antojó imposible.
Bajé las escaleras a toda prisa con el abrigo en la mano. El ascensor iba muy lento y yo necesitaba aire y fundirme en la inmensidad de la noche, y lo necesitaba en aquel instante.

Dejé que el portón me diera su estruendoso adiós y me senté en el banco de siempre. Estuve tentada a colgar un cigarrillo entre mis labios pero me recordé que aquella maldita droga era el primer punto en la lista de propósitos para el año que se nos echaba encima.
Pensaba en respirar hondo y relajarme cuando los vi.

Ella era la viva imagen de un muñeco de nieve demasiado colorido, lo cual no casaba con sus ojos. Era lo único que dejaba al descubierto de su persona y sólo supe adivinar desolación.

Primero me asusté, pensé que él iba a hacerle algo pero me obligué a esperar y; minuto y medio más tarde seguían en el mismo punto.
Ella lo miraba con el miedo con que se increpa a lo perdido y él con la sensación agridulce de estar paseando una pena por el paraíso. Parecían conocerse de años atrás aunque algo me decía que habían cambiado.

Él tenía el pelo desgreñado y una barba de dos días. Las solapas de su abrigo le tapaban el cuello y las gafas de pasta negra no me dejaban adivinar si la pequeña muñeca de nieve intentaba encontrarse con el mismísimo Clark Kent.
Mis nervios fueron desapareciendo poco a poco cuando la vi atreverse a cortar la tensión de alguna manera.

Yo sonreí en silencio: estaba tan cerca de la extraña pareja como para sacarle punta perfecta a mi vena cotilla.

-Creo que ha llegado el momento.- comenzó ella.- Deberíamos poner las cartas sobre la mesa. Y las balas. Y la artillería pesada. Por eso te he llamado. Gracias por venir…También creo que deberías empezar a hablar tú, si quieres.
Te prometo que esta vez mi única tarea será escucharte. Suelta todo lo que has callado. Vacíate. Me gustaría que te sintieses en casa de nuevo. Y, por favor, deja de mirarme como si sólo hubiéramos coincidido en una parada de metro. Cuéntame que te pasó por la cabeza la tarde que todo sonó a roto.

La escena dejó de ser monólogo y los ojos de ella vaciaron el miedo para derramar sus ganas.

-Yo… no lo sé. Te quería ¿sabes?- Él no la miraba, estaba concentrado el bullicio de la ciudad.-Más de lo que fui capaz de admitir. Parece que he madurado, porque me estoy atreviendo a decírtelo sin querer llorar. Es algo bueno, ¿no? No sé explicar el motivo. Simplemente, tenerte cerca, me hacía sentirme yo. Un yo que fui descubriendo desde cero contigo. Un yo que veía la vida de manera crítica, y estaba dispuesto a cualquier cambio activo. Y, la otra parte de la balanza…mi corazón. Te lo regalé, joder…Era tuyo y terminó en la basura. Jamás pensé que dejar de latir por alguien iba a doler tanto. Contigo me pasaba lo siguiente: te escuchaba reír (reírte de mi, de hecho), y el este músculo iba por el metro noventa y cinco de los cien lisos. Me acariciabas y juro que no he conocido rincón más bonito. Te quise pero no debí hacerlo muy bien porque no fue suficiente para que siguieras conmigo. ¿Cómo querías que me sintiera? Me dolió. Pasé por todas las fases del duelo una y otra vez. Ni recuerdo el número de veces. Hasta que decidí matar tu recuerdo. No podía seguir viendo tu sonrisa tan lejos de mi y no sentir…rabia. Me preguntaba continuamente por qué… Y creo que me equivoqué. Te odié tanto… pero más a mi por la autodestruicción. Y aún guardo mis reservas.

-¿Tus reservas…?- alcanzó a murmurar ella.
-Si. Ya sabes que siempre me alegra saber de ti pero, una cosa es eso, y otra acceder a que nos veamos…Porque, no sé si a ti te ha pasado, pero a mi al verte me ha llovido TODO lo que viví contigo. Y no necesitaba recordarlo, y más el dolor, para ser exactos.

El rostro empapado en lágrimas de la joven se crispó. Estaba deseando gritar.
Aquello era una olla a presión a punto de estallar y yo ya me había olvidado de tener una familia preparando una cena de gala en el octavo.

-Si no te importa, voy a empezar por el final… He conseguido dejar la pared de mi cuarto inmaculada de tu recuerdo. Tapé los agujeros de todas las chinchetas que marcaban las todos los sitios donde fui feliz contigo. Arranqué tu sonrisa de mi ventana. Los restos de ti ahora caben en una caja. Y eso es algo que no termino de aceptar porque alguien que me hizo sentir tan grande no debería ser recordado de manera tan escueta. Por eso quise verte. No me gustaría dejar pasar otro año para resolver lo que me pasa contigo. No puedo recordarte mejor porque he saltado de golpe varios capítulos de nuestra vida juntos. La parte de madurar, los preliminares, las madrugadas…Y ahora me vienen con el cuento de que si la audiencia, la publicidad, las cifras… Ya paro de aburrirte, porque sé que nunca te gustaron. El resultado de todo esto es una televisión apagada por impago de las facturas de luz, un helado derretido sobre la mesa y una serie que no continuará porque las criticas la tildaron de mediocre.

-¿Qué cojones dices?- Clark Kent comenzaba a desesperarse.

Pero yo me había dado cuenta de lo que ella pretendía. Hacía tiempo que no escuchaba a alguien darle tantas vueltas a una idea. Engalanarla sin decir absolutamente nada. Soltar indirectas vestidas de tul para que él siguiera tirando de su lengua. Apunté mentalmente la estrategia de la muñequita de nieve.
Lo tenía en el punto que quería, con la electricidad palpable entre los ojos, a un beso de distancia y con mucha verdad aún por revelar. ¡Bravo!

-Digo que te quiero. A lo mejor no es lo que necesitas oír. Igual piensas que soy una egoísta, que no te mereces esto pero déjame decirte por qué si. Voy a tirar de que es navidad, de que llevábamos años sin entendernos, de que la vida cuando termina de ser puta, es cuando empieza a doler… Voy a tirar de todo para pedirte otra oportunidad. Por la que no me diste cuando quise explicarme. ¿Cómo demonios le dices al amor de tu vida que te sientes fuera de la relación? ¿Cómo le dices que no te gusta ser espectadora? Que lo vuestro era el papel protagonista…
Intenté decírtelo muchas veces. Darte los motivos que me “pedías” en silencio. Quise contarte que el tedio estaba comiéndose nuestra rutina, que las ganas estaban a cero y que necesitaba que me dieras un único motivo para seguir luchando por aquello.
Perdóname…porque al final no tenía tanta confianza contigo como para decirte cómo me sentí. Y eso. Que llevo mucho tiempo intentando compartir este cariño con alguien. Y ese alguien llevaba tu nombre. Perdona también por eso.

Creo que el último lunes de diciembre se paró en seco, rendido como yo ante aquella estampa. 

Ella, vaciada, soltó el suspiro y se dio la vuelta para marcharse. Se iba así…

Él se había quedado igual de gélido que la noche con la diferencia de que ahora eran sus ojos los del miedo, el daño y los reproches.
Y ella que estaba dispuesta a salir de nuevo de su vida después de ponerla patas arriba.

Sentí pena por ver acabar aquella historia así pero él actuó todo lo rápido que le permitió el corazón.
Creo que el suyo ya jugaba en otra liga, había dejado los cien metros lisos para principiantes y se había atrevido con las maratones.
Lo vi agarrarla por la muñeca y acercarse a sus labios peligrosamente.

Y el tiempo volvió a pararse. 

Estaba viendo una jodida película y mi corazón aquella última noche era un poquito más grande. Fue el beso más bonito que he visto nunca.

-No voy a dejar que te me vuelvas a escapar, no otra vez. Ahora estoy dispuesto a aprender de mis errores. Y no, para tu desgracia, yo no he dejado de quererte nunca. Me vuelves…

-¿…loco?- Entonó ella coloreando sus mejillas.
-Cállate, idiota.- Bromeó.- Si vuelves a escaparte de esa manera un treinta y uno de diciembre no me hago responsable de mis actos.

-Te echaba de menos…pero vamos a ir lento, ¿te parece?

-Señorita, creo que deberíamos ponernos al día. Contarnos todo lo que nos hemos perdido de la vida del otro, y luego ya vemos…pero, prométemelo.

-¿El qué?

-Prométeme que a partir de ahora vas a confiar en mi.

Luego los vi marcharse de la mano. Y para cuando subí repleta de amor ajeno y maldiciendo entre dientes a la soledad en me esperaban con la copa de champán en la mano. Fui hasta mi habitación e hice añicos la lista de propósitos de año nuevo. No iba a ser yo quien creyera que aquella lista tendría un futuro. El futuro sería mío.


Al año lo recibí con un pitillo en los labios, colmada de abrazos y risas y una nueva historia que contarle a las amantes de la novela rosa. Y a ellos, en silencio, les deseé mucho tiempo de confianza y la recuperación de todo lo perdido.


domingo, 9 de diciembre de 2018

La tarde veintitrés

¿Sabes aquello que te dije la tarde veintitrés?
Te preguntarás a qué viene todo esto.

Volverás a callarte eso de cómo puedes estar tan loca, y tú seguir regalándome el caso.
Y querrás saber qué es lo que me come por dentro cómo para volver a llamarte
después de todo este tiempo.

Te echaba de menos.
Y en mi defensa, debo decir que nunca has salido de mi vida.
Te guardo en formato resueño. Un sueño repetido hasta la saciedad.
Ese que has tenido demasiadas madrugadas.
Uno en el que vuelves a ver a quien quieres y te olvidas de la parte onírica.

La veintitrés fue la tarde de la merienda interminable- la que se nos juntó con Catalina sin quererlo.
Aquella tarde en la que los gustos de uno y de otro se entrelazaron a la fuerza y no dejamos de reír.
La tarde de mi vestido verde, y mis ojos más negros de la cuenta.
La tarde de tu sonrisa tímida de más.

Aquellas horas coincidimos en que cada persona era un mundo
y que costaba mucho hacer colisionar dos planetas si orbitaban juntos,
pero a mi se me fue la cabeza, como de costumbre,
y te confié mi otra teoría:

Creía que en cada lugar en el que empiezas de cero vuelves a encontrar a todos los tuyos reflejados en otras vidas.
Como si necesitaras un elenco para completar el guión de la tuya, y aunque la escena cambie y el decorado de un giro de 360 grados,
la vida continuaría tal y como la dejaste.
Y los tuyos vuelven a ser los de siempre con un poco menos de kilómetros de diferencia.

Entonces volviste a decirme que soñaba demasiado.

Pero me ha parecido encontrarte en los ojos de otro. En su risa tímida y en su ilusión.
Has sido la prueba de que mi teoría no era humo del todo.

He conocido a alguien que me recuerda mucho a ti y creo que tengo miedo de creer enamorarme.
De tirarme al vacío de la ilusión y que vuelva a doler como antaño.
Pero lo que me da aún más miedo es dañar.
No sentir con la misma intensidad y no estar a la altura.

Y he vuelto a despertarme con el domingo mientras me llovía un rayo de lucidez.

Mi teoría vuelve a desmoronarse. Carece de base estable sobre la que sostenerse.
Eres tú en otros ojos, pero esa vida no es más que un espejismo.
Son mis recuerdos de ti proyectados en otro.

Hace tiempo también te dije que eras un ser único e irremplazable.
Que sería difícil encontrar a alguien como tú.
Y eso es de las pocas cosas sobre las que puedo presumir tener razón.

Por eso me pasaba por aquí.
Quería saber si estabas bien.

(Ryan Gosling- Blue Valentine)

Entresijos.

Con la ilusión de las primeras veces pero sin mucho que decir.
Porque hay veces que sentir es más fuerte y no es estrictamente necesario
eso de verbalizar las emociones.

La vergüenza vino derretida y el gato que comía lenguas ya descansa bajo la cama.
Y aquí está la loca loca de los domingos:

Con las pestañas sin poner y las luces apagadas.
Y veinte planes zurzidos en la más bonita de las madrugadas.

Con los ojos vestidos de legañas y muerta de miedo.
Con el alma envuelta en un abrazo de nadie.

Con la lluvia queriendo entrar por la ventana.
Y tú sin dejarle espacio.

Con los ojos de la gente jamás puestos en un nosotros.
Porque los dos enteros nunca sumaríamos las mitades
necesarias para completarnos.

Con las ganas exprimidas,
pasando por todas tus heridas y colándose hasta las mías.

Porque no puedo prometerte que vaya a quererte siempre-eso corre a cuenta del corazón.
Pero si puedo inventar cuarenta y ocho horas de felicidad contenidas
en un beso.
Aunque digas que te aburres cuando llegas a mis labios.

Y después puede que todo empiece y nosotros acabemos.
Que el tiempo se rinda ante la perfección de lo imperfecto
y se cubra los ojos para no vernos.

Con la sonrisa puesta desde un sueño profundo y un buenos días nada lunes.
Y tu fragancia sobre mi almohada, yo que sigo echándola del cuarto con la boca chica.

Así es como me gusta esperarte desde que te conozco.


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Tensando cuerdas

 ¿Hasta cuándo se puede tensar una cuerda?
¿La soltarías si ves que está a punto de romperse?
¿O continuarías tirando?

Yo la soltaría- pensando fríamente- aunque soy algo más de impulsos.

En realidad tendrían que darse muchas casualidades juntas para que la soltara.

Quizá no se rompería, pero quedaría dada de si. Y me sangrarían las heridas de las manos.

Igual que no puedes apagar un incendio presionando con los dedos la cerilla que lo provocó.
Y tampoco reducir la sal en tu vida si solo sabes sacudirte las penas cuando vas por el tercer tequila.

Si quieres saber si romperías la cuerda fíjate en un ejemplo: Un sistema cerrado de tu entorno en el que puedas verte reflejado.
Tómalo y analízalo como mejor sepas.

Y si no encuentras nadie a quien mirar, míralos a ellos.

Que no se dejan, que se han hecho alérgicos a las despedidas
pero han terminado por soportarse en silencio.

Fíjate en el.
Que la idealiza, la idolatra y la venera.
Que se cree enamorado, que si le falta el aire se olvida de respirar,
que qué bonito el mundo si ella le dice un sí.

Nada más lejos de la realidad.

Vive enamorado, si; pero de la idea que tiene de ella.
Exprime los segundos intentando hacerla feliz como si no tuviera otro propósito.
Dice que la quiere bien pero, tiene que pasar de puntillas sobre su relación para que esta no se le escape.
Debe sacrificar su felicidad para que ella se tiña de triste un poco menos.

Si es eso el amor quiero que lo pongan en el dorso de la caja cuando lo compre y que al pagar me aseguren eso de que puedo devolverlo si no estoy satisfecha.

Pero cuando crees que ya has definido al malo de la película y que el género del drama no va demasiado contigo la miras a ella.

La miras siendo ella.
La ves queriéndolo a su manera, poniendo pros y contras en una balanza, sabiendo que en el combate pujó en secreto por el odio prometiéndose antes al amor.

Mírala esforzándose por hacer lo correcto mientras todo le sale al revés.
Fíjate en ella, queriendo recuperar el abrazo de siempre y la confidencia,
al mismo tiempo que quita la mano que se arrastra hasta sus bajos fondos.

Porque no quiere, no debe.
Porque se están haciendo daño y luego...
Luego la cerilla se hará fuego y las llamas escaldarán a ambos sin poder poner remedio.

Pero ella continúa tirando de la cuerda, y vuelve la cara para no verlo cuando se rompa.
Cuando se gasten los besos, y su abrazo deje de ser.
Cuando se sequen las pocas lágrimas que quedan por derramar.

Mírala haciéndose trizas y gritando al aire su palabra amiga. Buscando desesperada el empujón que le permita acabar con el miedo y lanzarse al vacío.

Que claro que lo quiere pero no así.
Que no está enamorada pero no puede vivir sin él.
Ella quiere que vuelva su mejor amigo.

Pero cómo le dices a alguien que el abrazo ya no es al amor lo que un descosido a un roto.
Y que los finales pueden ser felices pero no todas las personas de ese final lo son.
Que siempre quedará alguien peor.



(I don't love you- My chemical romance)

¿Ilu...qué?

Y para quererme antes deberías comprenderme.
Deberías saber que la cosa viene funcionando así desde tiempos inmemoriales:
yo primero, y el mundo, después.

Lamento decirte que yo, no soy sólo yo.
Soy con todo aquel que alguna vez me quiso porque le dio la gana.

Tienes que entender que me encanta ilusionarme, asúmelo.
Que quizá viva un poco en las nubes.
Que tengo en la cabeza un exceso de sueños no resueltos pero, ¿y qué?
Soy bastante feliz, con mi mundo de arco iris. Y hasta él, se ha teñido de gris algún domingo.

No considero que por eso- lo del mundo de arco iris- haya dejado de crecer física o mentalmente- aunque me confieso amante incondicional de la inocencia de Peter.
En todo caso, al contrario:
Las ilusiones son un arma de doble filo, pueden caer en gracia o romperte en pedazos.

Soy de las que prefiero agarrar ese 50% de posibilidades de arriesgarse y terminar ganando.
También pienso que las ilusiones van aumentando su extensión con el paso del tiempo, al igual que pueden cambiar de dimensión.

No niego que hay ocasiones en las que el corazón duele demasiado, que el corazón se derrama con la lluvia.
Pero he aprendido a vivir con ello y a dolerme mejor.
Porque cuando una de mis ilusiones se torna realidad me siento plena.

?Has experimentado alguna vez esa sensación?
Si, hablo de alineacion de astros, de treboles de cuatro hojas marchitandonse en los bolsillos y de semáforos en verde por sistema.
Hablo de salir in paraguas en mitad de una tormenta; de ser gilipollas, pero que te de igual mientras sea un estado transitorio de tu conciencia.
Estoy hablando de creer que el karma y tú jugáis en el mismo equipo.

Creo que ha llegado el momento de que dejes de alimentarte de las ilusiones de los demás, de que abandones la autocrítica y le des una oportunidad a la vida. Ilusiónate.
Odiándolas en voz alta no vas a conseguir que se evaporen ni que las mías pierdan su realismo mágico.
Mira en tu ombligo y si quieres, después te enseño a ser feliz conmigo.



sábado, 10 de noviembre de 2018

Se pararon las horas.

El día que lo mataron nadie lloró.
Mandaron prenderlo y segaron una luz imposible de contener.
Se dice que después de eso, no puso un pie sobre el cielo.

El día que exhaló su ultimo aliento el lorenzo volvía por la puerta grande para derretir la jornada.

Y aquella luz de blanca silueta huyó con el sello de un tiro a bocajarro sobre el corazón.
Y cesó el tictac de su reloj de bolsillo.
Como si fuera el único que auguraba un final no escrito.

El día que se lo llevaron el río fluía ajeno a todo;
y Catalina, no supo cómo despedirse de quien tan bien le había llorado.

Los puñales descansaban inmaculados sobre una alacena, para no volver a ser culpados.
Y lo llevaron a matar.

¿Cuántos cuartos valía una vida entonces? ¿Y una pena?
Dependía de tu cuna.

Federico alcanzó la muerte en vida mientras se arrancaba el corazón a tiras.
Sangraba sus heridas sobre el papel y curaba con tinta el daño hasta quedarse sin aliento.

Una vez le abandonó ese aliento, cayó preso en la desidia, y el dolor dejó de ser insoportable.
Aprendió a no querer desaparecer, a dar vueltas en una noria sobre su misma tristeza para sacar a caballo una alegría ilusoria.

El derramamiento de sangre a destiempo no sirvió para dejar de llorar los rotos.
Tampoco sirvió para que Yerma volviera a ver vida tras su mirada, ni para que las Alba se sobrepusieran a la pérdida.
Tampoco, para que la novia dejara de teñir de sangre su vestido abrazando dos corazones y siendo prisionera de su alma.

Sus palabras volaron más allá del mar.
Y aún cerrando los ojos, llevamos muchas lunas derramando unas lágrimas que no nos pertenecen.
Todo por no dejar que quien amaba muriera de pena.
Todo por no saber escuchar la voz del desaliento y creernos dueños de todo lo que ambicionamos.

(La Novia- Inma Cuesta)



martes, 6 de noviembre de 2018

Ponerse guapa para ellos.

Lo hacía de manera inconsciente pero era algo que me volvía loco.
Se mordía el labio y se paraba mi tiempo.

Cuando pensaba, después de cada risa, cuando iba en serio y también en el óbito de cada broma.
Sus dientes secuestraban algo que yo codiciada y me era imposible explicar por qué experimentaba tanto cambio.

Creo recordar que era su sola presencia.
Cuando la sentía cerca, el vello de mi nunca se erizaba.
Mi cabeza me alertaba de que el peligro me rondaba y ese sexto sentido-que aún conservo- nunca llegó a equivocarse.

Era bonita de todas las maneras pero, mi preferida era así, sin maquillar.

Como cuando le gritaba el mundo que parase, que ella se bajaba y se la veía tan seria que siempre me acercaba para impedirle cualquier forma de salto al vacío por miedo a verla desaparecer.

Me gustaba disconforme con el mundo y siempre dispuesta cambiarlo.
Su atuendo más bonito era su piel; ella que siempre menospreciaba su piel por vicio- pero lo cierto era que lejos de ser perfecta, encajaba milimétricamente con las huellas de mi mano.
Debí ser conquistador de su geografía en una de mis vidas pasadas y cuánto lamento no recordarlo del todo.

Siempre tuve mis preferencias, fue algo que me enseñó en el tiempo que compartimos: a tener dos opciones pero marcar solamente una como favorita-y así lo hice.

Aunque lo verdaderamente sorprendente era verla acicalarse para ellos.

Quien la conozca no podrá negarme que verla ponerse guapa para la sociedad era una fantasía.

Cuando teníamos planes yo siempre fui el último en comenzar a prepararme el primero en acabar.
Daba igual como estuviera; sus rituales no me los perdía por nada del mundo

Primero escondía la piel-esa de la que os hablaba.
Pude sentirme exclusivo al ser de los pocos que la conocía al desnudo.-
y cuando no quedaba ni rastro de ella al descubierto me sonreía través del espejo.
Se mofaba de mi cara de tonto con los pies colgando de la cama.

Luego, con un pulso preciso, delimitaba su mirada hasta cambiar de lo humano a lo divino y sus párpados brillaban según el color de lo que llevara aquella noche.

Finalmente, para hacerle algo menos de justicia disimulaba con un poco de rimmel- yo que sabía que aquellas pestañas sin un gramo de petróleo habían provocado accidentes, me lo guardaba para mi.

Entonces escondía todos los tarros en el segundo cajón de la derecha, se soltaba el pelo y me miraba directamente.

Por muchas noches que hubiera vivido aquella escena nunca estaré preparado para ese huracán que eran sus ojos jugando a no ser los mismos.
Mi aliento me abandonaba entonces y lo sigue haciendo cada vez que la recuerdo.

Y luego volvía a morderse el labio y se paraba mi vida.

Hay algo más que ella me decía siempre,  que le gustaba eso de ponerse guapa para ellos.
Nunca me cansé de preguntarle quiénes eran ellos y ella olvidaba mi pregunta y me decía que las historias de verdad siempre quedaban más bonitas contadas en imperfecto.

Llevaba mucho sin recordar poco sentido que tenía para mí aquello.


Y hoy, creo que por fin lo he comprendido todo.

(10 razones para odiarte- Heath Ledger, Julia Stiles)

lunes, 29 de octubre de 2018

Lunes consternado

Será que todos mis personajes se llaman como tú y tu recuerdo es una prolongación más de mi memoria, o que hace ya tiempo que me abrazo a mi misma intentando recordar cómo era eso de sentir.

Será que el otoño duró dos paradas de metro y el invierno nos amenaza crudo, con los brazos en jarra, recriminándonos estar destruyéndonos los ideales.

Pero hoy me siento triste y un poco vacía.

Es un lunes ebrio de gris; lunes incapaz de unir los puntos en una línea
o de cantar mi canción favorita con el volumen a todo trapo.

Estoy triste porque no me sale la voz y mi cabeza se da de bruces con la realidad.
La misma que desprecia por no ceñirse al plan de supervivencia y quedarse a la altura de unos pocos elegidos.

Me siento triste porque echo de menos a muchos de los que se convirtieron en estrella.
Me arrancaron un par de charlas instructivas sobre el ser o no ser y sobre los dedos helados durante los inviernos.
Me arrancaron alguna que otra merienda y uno de esos besos sonoros que somos incapaces de describir sin sonreír.

Triste por no saber valorar hasta lo peor.
Porque me enseñaron a mirarlo del revés, a sacar partido y comenzar un nuevo juego- pero hoy no estoy preparada para ello.

Triste, porque no sé que me falta y creo que tiene algo que ver con los puntos finales.
Necesito puntos finales sobre las madrugadas.
Pausas donde coger aire y reanudar el sorteo de vicisitudes al que creo estar sometida.

Solo tengo veintidós pero no he conseguido en todo lo vivido casar cabeza y corazón.

Porque si pienso con la cabeza, mi corazón se apaga.
Dice que nunca le dará la razón. Que es egoísta y nada gentil. Dice que piensa demasiado- como si pudiera tener alguna otra sorprendente función.

Pero pensar con el corazón hace que la primera estalle y entonces, nada.
La cabeza me ha dicho que reniega de la pasión, que sólo nos trae disgustos y llantos eternos.
Dice, sabiamente, que nos hace débiles.

Y cada vez que sucede esto- accidente de intereses en la travesía de mi persona- debo poner todo de mi parte para arreglarlo.

Vuelta al reinicio de las funciones mentales:
-Apréndete de cero a gestionar lo que duele
-Piensa antes de actuar
-Quiere en la medida justa
-Evita toda forma de sentimiento
-Levanta la mano para pedir la palabra
-No esperes nada de nadie

A lo que mi desbocado corazón responde a gritos. Se siente ninguneado, y no le culpo, siempre fue mi preferido y para concentrarme debo ignorarlo.

Hace un rato que no lo escucho. Seguro que se lo encuentran enfurruñado entre los charcos: Olviden comentarle todo lo que les confesé. Sé que subiría todas las plantas con las pulsaciones a cien hasta mi puerta y me sacaría del orden mental que llevo un rato tratando construir.

sábado, 27 de octubre de 2018

'No te duermas'

Te tengo que decir algo.
No te duermas. No todavía, al menos.
No te duermas, porque aunque nos encanten los sueños podemos hacerlo mejor en este universo paralelo que es nuestra realidad.
No te duermas que no he terminado de contarte los lunares. Que nos queda el culo de la copa de champán y yo llevo toda la noche entretenida con el tuyo.
Porque dormir está sobrevalorado.
No te duermas porque para dormir debemos estar cansados, y tú y yo tenemos batería de emergencia por si saltan los fusiles de querernos lento.
Iba por lo mucho que me gusta despertar y encontrarme tus ojos. Que adoro nuestros domingos por la tarde, y las noches de los viernes. Que voy a echar de menos esos miércoles de beso en la frente.
Que eres especialista en encontrarme las cosquillas cuando ni siquiera yo sabía que las tenía.
No te duermas. Aún no.
Tengo que decirte algo. Y como siempre me pasa me voy por las ramas y tus pestañas terminan siendo partícipes de una colisión frontal hasta tu subconsciente
No quiero que te vayas. Hasta que deje de respirar rápido, hasta que se duerman mis sueños. Luego eres libre de pasar todas las noches locas que necesites y de volver por la mañana.
Lo siento. Te lo prometí, pero no he podido evitarlo. Me he enamorado de ti.
Lo que no sé es cuando se te ocurrió que creerme las promesas era tu opción de vida. Cuando yo siempre defendí que tales retos estaban para romperse.
Eso era todo. Te quiero. Y qué bonito suena el hasta mañana desde tus labios.


sábado, 20 de octubre de 2018

Por conocerme mejor que yo.

Quería darte las gracias.
No por las cosas que no hicimos y que se cierran en forma de lista interminable, ni por las veces que dejamos de vernos.
Lo cierto es que miro atrás y me da nostalgia el recuerdo.

Quería agradecerte que me supieras entender desde el minuto uno.
Sé que ni siquiera llegamos a dar aquel paseo en globo, que no te adiviné paseando por el Trastevere, ni llegamos a sentir juntos el color de las islas griegas;
pero te reconozco que lo que soñamos juntos fue inmenso.

Quería darte las gracias de la mejor forma que conozco por ser la única persona que, aún viviendo en la sombra de mi vida, ha conseguido que persiga todo aquello en lo que creo.
Gracias por ser la persona que se empeñó en que me esforzara por cambiar lo que estaba mal de mi vida y que pelease con uñas y dientes por ser yo.
Aún continúo en esa construcción de mi yo, pero tu sentaste mis bases.

He de decir en mi defensa que no quise hacerte daño, que mi cariño no era lo suficientemente bueno para alguien como tú.
Lo que necesitabas era que te quisieran fuerte y bien.

Tú me enseñaste a quererme un poco mejor. Brindo por las veces que se me olvida.

Gracias porque es muy gratificante poder ser solamente tú misma en la realidad que sorteamos;     tanto que cuando el mundo me sobrepasa con sus mil caras,
cuando las luces se apagan, y la lluvia no deja ver ni siquiera la calle vacía; me acuerdo de ti.

Sé que estás ahí y necesitaba que lo supieras.
Y de nuevo otro gracias, el último.
Por estar siempre.
Y por hacerme creer que mis palabras pueden llegar a buen puerto.

No olvides que te quiero.














(Alex Maruny,Charlotte Vega- El club de los incomprendidos)

martes, 9 de octubre de 2018

Sentirse sinestésica

Tengo el corazón sordo.
Late a destiempo y se niega a escuchar cualquier consejo que le convenga.
No sabe aceptar las opiniones de otros y hace caso omiso a las críticas constructivas.
Dice que no va a cambiar- que de nada vale ya.
Que tiene la lengua propia y que la libertad es de lo mejor que probó jamás.

Tengo las manos mudas.
Que no se atreven con el verbo entrelazar, les asusta acariciar
y andan demasiado nerviosas como para dejarme parar
y pensar.
Rehuyen toda forma de vida, se esconden entre los pliegues internes de mi vestido verde.
Visten y desvisten las líneas de mi cuerpo como autómatas- malditas desagradecidas.
Pero por más que lo intento, no les sale la voz, me hacen señas para mostrar cuánto odian cantar y se hacen las serias cuando sienten el impacto de fulanita de tal.

Tengo los labios al borde de la hipotermia,
sintiéndose como un iceberg sin fisuras, a caballo entre lo occiso y el brillo de lo congelado.
Tienen miedo de gritar tu muerte, de que vuelvas desde la otra vida y además
te quedes callado.
Dicen que el gusto no es suyo, que qué significan los besos y con cuántas heridas puedes dejar de ser preso.
Dicen que ladran más que muerden y que pasan sus horas muertas- que son todas- tarareando a algún corazón agónico entre ironías.

Fuera me gritan hasta las estrellas.

Huele a hierro de heridas abiertas y de cabezas que rodaron lejos.
Huele a quejas de aquellos que se sintieron culpables por vivir.

Siento latir mis oídos.
Se rebelan ante la noche y agradecen el refugio sobre las teclas negras del piano.
Se cobijan entre tus dedos pidiendo con susurros una última caricia.
Se dedican a querer lento, a llorarle a todos los tangos.
Bailan persiguiendo los pasos de su mejor versión.
Luego pegan un salto al vacío disponiéndose a seguir todos los acordes que nos lleven rumbo a Roma.

La aventura llegará cuando mis sentidos y yo queramos escapar de ella.
Y debamos decirle a una loba que se siente reina y madre
que sólo estamos de paso pero que pensamos robar todos los corazones
que aún queden respirando dentro.

Que nos enseñaron que robar estaba mal pero que todo lo que ayudase a sobrevivir era bienvenido.

Y esto, esto de llevarlos a Roma huyendo de tu recuerdo es cuestión de vida o muerte.


Golden tears- Gustav Klimt



lunes, 3 de septiembre de 2018

Los septiembres siempre sorprenden.

Puede que no sea el día. Que no sea el momento ni vaya a llegar el instante adecuado.
O puede que llegue, te haga mil pedazos y tu sigas como si nada. Sin saber si saliste alguna vez de aquel abrazo.
Septiembre nos acerca algunas estrellas más y nos invita a abrazarnos a nosotros mismos con fuerza.
Fuera, las noches de verano tocaron fondo. Pero esta, tiene algo.

Ya no queda cera por quemar sobre ninguna mecha, ni música como la de antes.
El sol se ha despedido más temprano y las nubes se han empeñado en estropear el poco verano que le queda a nuestros huesos.
Nos da miedo, como cada septiembre, volver a sumergirnos en la rutina.
-Una rutina que al principio atemoriza, luego se vuelve adictiva y al final se abalanza sobre nosotros como si fuéramos el último ser vivo del planeta.-
La noche lleva mucho transcurrido y ella se adentra en la oscuridad de la madrugada como si fuera el mejor de los viajes. Cuenta con una compañía variopinta pero tiene la mirada algo perdida. Él se le acerca y la agarra de la cintura.
Danzan con pasos torpes un par de canciones estridentes. No escuchan a dos que se pelean a voces, tampoco que sus corazones han metido cuarta en la autopista del quizás.
El espacio entre ambos pasa a ser innecesario y saborean la victoria en forma de besos furtivos.
Nadie quiere pensar que es tarde, ni que la canción que está sonando lo hace por cuarta vez.
Nadie ve tampoco a la pareja hablando en idioma beso al final de la barra.
Han dejado de bailar. Se sienten colonos en una tierra que no les prometieron. Salieron a disfrutar y se han encontrado bajo un ron con hielo.
El alba despunta pero a ese bar aún le quedan estrellas, y septiembres y algún que otro culo de botella sobre el que leer entre líneas.
Ella, haciendo alarde de sus cuentos de niña, huye en busca de los amigos que se escaparon minutos antes. Juega a sentirse Cenicienta. Pero no pierde un zapato de tacón, sino unos labios que comenzaron tratándola de usted y han terminado por invitarla a bailar.
No se lleva su nombre pero sí la marca de sus dientes; no se lleva su perfume, pero sí sus ganas.
Y corre calle abajo con el carmín llegándole a los ojos.
Él no va a volver a verla, pero esta noche no va a ser la primera que soñará con tropezársela en el metro. Sabe que es una dama del sur y que su sonrisa estaba acostumbrada a las madrugadas.
Ella se preguntará en algún momento si siempre sabe tan bien sentirse bonita por una noche.