jueves, 31 de mayo de 2018

La risa de los niños no siempre suena a música

Y siento.
Porque sentir es eso de que algo se te mueve por dentro ¿no?
Sentir que puedo y sólo pienso en eso.
Hace años, con mi ayuda, mermaron mi capacidad de quererme.
Me encasillaron dentro de un estereotipo desaventajado y decidieron apartarme de lo que ellos conocían como sociedad.

Puede que hoy sea una más, y que la crueldad infantil por contagio no conozca límites.
Pero me hicieron caer en lo más hondo.
No veía solución posible para la negación hacia mi persona.
No era capaz de vislumbrar ningún atisbo de luz.
Sólo me salió derramar lágrimas y esperar.

Fue una suerte que no me diera por cortar por lo sano y hacer desaparecer mis miedos para siempre.
Porque ahora, dentro de mis taras, soy feliz.
Soy una persona a la que le cuesta superar los baches, como si estos no estuvieran hechos para mi. Y que no sabe, tras veintidós años, gestionar sus ansiedades.

¿Que si perdoné?
No entiendo muy bien que tenía que perdonar.
Estaban disconformes conmigo y me lo hicieron saber- aunque de mala manera, eso si.

Perdonar, considero que si.
Porque a los que no merecían mi perdón, les faltó tiempo para salir huyendo. De los fugitivos solo queda una pequeña y preciosa cicatriz a costa de los daños.

De aquellos que se quedaron, los que se merecían mi perdón los he querido incluso más. Porque creo que todos estamos hechos de oportunidades y nos equivocamos en innumerables ocasiones por el camino.

Olvidar no se olvida. Se convierte en parte de tu existencia. Hechos que van a terminar definiendo más o menos la personalidad que te define.
Te agarras al clavo de 'lo que no te mata te hace más fuerte' y quema; pero la vida continúa.
Y con el paso de los años te das cuenta de que tus miedos se vuelven marcas en la piel que vas a acariciar con las yemas de los dedos para sacar fuerzas de flaqueza.
Que puedes agarrarte a la fe, a los rezos, a clamar al dios que más cualidades te reúna.
Pero lo que consigas tú, vas a hacerlo por ti mismo, y eso no te lo puede negar nadie.


(Katherine Langford- 13 Reasons Why)

domingo, 6 de mayo de 2018

Ma mère

Que aunque pienses que no, es que si.
Que aunque digas nunca, sé que será siempre.
Que aunque tengas días malos, sabes que habrá mejores.
Y aunque la vida no me deje acabar la tuya,
nuestros caminos comenzaron unidos y acabarán de la misma forma.

Que tienes que concentrarte, Caro.
Que va a salir bien.
Que no hagas más ruido.
Que recojas.
Que te quiero mucho, ya lo sabes.
Que ya queda poco.

Que si no te lo crees tú, aquí estoy yo.
Para creer en ti todas las veces que flaquees.
Porque eres mi hija y eso una madre lo sabe.

Estas son algunas de las perlas con las que mi madre va construyendo mi collar.

Pretende dejarle algo de protagonismo a la suerte, pero en secreto se cree eso de que voy a ser capaz. Desde el segundo cero que eché el primer aliento ha sido el fuel de mi motor.
Ese que a veces se empeña en atrancarse y que pone en marcha de nuevo sin ningún esfuerzo.

Ella sabe que mis palabras y mi cariño infinito son mi mejor gracias.

Gracias por creer en lo increíble de mi persona, por hacerme a tu imagen y semejanza. Por se bonita por fuera, pero mucho más por dentro. Por ser una de las personas más maravillosas que ha tenido a bien crear el universo y guardarlo en secreto.
Porque sé que tu día son cada vez que te llamamos a gritos, o las llamadas interminables al teléfono. Porque sé que tus días somos nosotros.

Gracias por regalar tu vida, a cambio de nuestra sonrisa y por hacerlo tan bien, aún pensando que en algún momento pudieras fallar.

Gracias por ser siempre a nuestro lado.
Te quiero.



"Perdón por los bailes"

Amanda sobrevivía con miles de kilometros de por medio, dos mitades de un corazón y muchas dudas.

Disfrutaba de su nueva vida lejos de casa pero cada tarde se pegaba al teléfono verde a la misma hora esperando escuchar la voz de Jorge desde su Madrid.

Fue la misma rutina hasta el día sesenta y tres.

La tarde del día sesenta y tres la voz de Pablo Milanés le arañaba las entrañas, y sobre la mesita que había junto al teléfono encontró un trozo de papel doblado en seis.

Cuéntale que te perdiste entre la gente cuando llegaste al Malecón y yo tuve la suerte en tropezarme con tu mirada.
Que olía demasiado a mar
y eso te arrastraba al pasado.
Cuéntale lo feliz que fuiste aquellos veinticuatro primeros días del verano.
 
Y cómo reflejabas las sonrisas sobre cada luna delantera de los almendrones. 
Cuéntale que perdiste el pañuelo amarillo que te regaló y el miedo a la oscuridad.
Debieron de ir en la misma dirección porque
me dijiste que después de eso sólo eres capaz de ver estrellas en el cielo, aún con el sol bien alto.
Dile que ya no echas de menos el frío,
y que has aprendido a bailar el danzón de la mano de un tal Pablo.
Que tiene unas manos que no cambiarías ni por todos los pesos del planeta.
 
Y que ya te gusta la piña, colada y con absorbente.
Que ahora eres más de ordenar los vinilos de boleros antiguos en la tienda de la esquina.
Que lo de ordenar tu vida pasó a ser una asignatura pendiente en la suya.
Cuéntale lo bien que se está en La Habana.
 
Cuando llame, si es que vuelve a hacerlo, dile lo que has descubierto.
Dile que el secreto de la vida reside en que lo difícil es soñar bonito.
Y lo fácil, conseguirlo.
Te espero para cenar,
te quiere
 
Pablo
Desde el día sesenta y cuatro Amanda ya no recuerda a Jorge.
Baila todas las tardes pisándole los pies  a Pablo para que no se olvide de ella. Se dejó de mitades de corazón y le dio los restos al joven de la sonrisa perfecta.
Ha decidido quedarse a vivir en sus caricias.
Se niega a olvidar todas las alegrías que le hizo vivir desde el día en que la enseñó a bailar.
Desde el día en que le susurró al oído los secretos de la felicidad compartida.





A la chica triste

Busco a la chica triste,
a la que ha perdido la sonrisa y la luz de la mirada.
a la que ya no le apetecen helados, ni el color de la risa.

A la chica que fue en un pasado no tan lejano.
Es a ella a quién busco.

A la que se empeñó en romper su corazón a pedazos a base de autoengaños y de arrancarse a tiras el cariño.
No le pido que vuelva si no es lo que quiere, pero me gustaría que me regalara de forma desinteresada algunos porqués.

Que conste que no la conozco. No sé más que su nombre y su aspecto actual.
Dicen que antes sonreía, que era magia.
Que rezumaba belleza por los poros de su piel
pero que ahora tiene la boca repleta de hiel.

No la conozco pero la siento- y lo siento.

Al mirarla, me da la impresión de que no está hecha de ganas, que los minutos la sobrepasan.
Siento que se desmorona llegando a solas a la superficie de sus ojos.
Que a las velas de su alma se les acabó la mecha,
y ya no prenden.
Y ella tampoco aprende.

La busco para preguntarle si no le gusta vivir en sociedad, para saber cual es el significado que ella le da a la palabra vivir.
La busco porque quiero saber si es verdad que profesa fe por esas a las que llama amigas
y que la están destruyendo gota a gota.

Todo esto desde el marco de lo ajeno.
Desde una ventana lejana y bajo un sol de primavera.
Llevo tiempo viendo como nacen nuevas flores.

Sin embargo, la suya, no hace más que marchitarse.





miércoles, 18 de abril de 2018

Tres veces miedo

¿Cuántas veces son las que queremos y no podemos?
¿Os habéis parado a pensar en los impedimentos?
¿En lo que nos hace evitar y desatender una cuestión que ocupa gran parte de nuestro momento vital?

Porque querer, no es necesitar.
Querer- tan sencilla como palabra
y tan difícil como dimensión- lo hacemos todos.

Todos hemos querido desde que tenemos uso de razón.
A alguien, o algo.

Todos queremos de manera indiferente en nuestro día a día pero somos pocos los que nos paramos a intentar encontrarle sentido.
"te quiero"
Con todo lo que implica, según quién y a quien se dice, según dónde y cómo sea la intensidad, estas dos palabras tienen un sinfín de significados.

Desde el desorden más caótico de un bebestible a la manera más profunda de destapar los sentimientos.

Querer algo. Quererlo ahora, quererlo ya.
O no querer nada, gracias.

Confundimos tantas veces el querer con la necesidad que a la hora de la verdad lo usamos como un único late motiv.

Y ahora, regresemos a los impedimentos.
Evitamos porque no nos vemos capaces, porque no nos sentimos suficientes, ni pensamos que daremos la talla.
Pero, ¿quién es el juez supremo que nos marca la suficiencia?
¿Y en qué se diferencia esto del conformismo?

El conformismo suele ir ligado a la comodidad, a lo que nosotros llamamos zona de confort.-
Y ay quien nos saque de aquella.

Ahora está de moda hacer oídos sordos al corazón.
Sentir es de cobardes, o eso dicen. Ahora se lleva la indiferencia y el todo vale.
Y, perdonadme, si no me lo trago.

Me puedo tragar el orgullo, las contestaciones, las opiniones que distan de mi moral, pero no este naderío intenso que pretenden imponerme bajo la mentira del haz lo que quieras.

No me dejan hacer lo que quiero cuando pretenden que pase de lo que siento y eche la venda a los ojos. No me dejan cuando me ven más bonita maquillada de más y jugando a ser doña perfecta.

Me niego.

Puede paralizarme el miedo, es cierto. Me pasa mucho,
Que intento darle voz al corazón pero no sale nada de mis labios.
Y lo peor es que no sé a qué se debe este temor irracional.

Y mi corazón se cansa, cada vez más. El otro día no me dejaba dormir.
Decía que no había nacido mudo y que yo no le daba alas para perseguir sus sueños.

Si.
Mi corazón es mecánico, y sus sueños, aéreos.

Por eso, ante todo, quiero aclarar algo.

Sé que somos muchos, y muy diferentes.
Sé que no todos quieren, y no todos saben querer.
A otros lo de dejarse querer no va con ellos porque el daño previo anda consumiéndoles las entrañas.

Y sobre todo, sé que tengo miedo.
No sé a que, ni como quitarlo. Así que si alguien ha sentido alguna vez que no encajaba en ciertos aspectos de su mundo que me levante la mano. Así, de noche, a oscuras. Seguro que a mi me deslumbran sus ideas. Seguro que ellos si saben de lo que hablo.

Intentaré poner de mi parte, darle cancha al corazón para que no se canse
demasiado.
No voy a meterlo en una caja perfectamente precintada y a decir que no siento.
Porque lo hago.
Y duele a veces.

Pero qué bonito cuando sale bien.
Las pocas ocasiones.

En que quieres y encima puedes.



















(Effy Stonem- Skins)

viernes, 13 de abril de 2018

El arte de volar

En el preciso momento en el que has cuidado de alguien y lo has escondido de lo malo del mundo para que crezca feliz y completo, estás atado a esa persona.
La cosa se agrava cuando lo has visto crecer.

Has intentado enseñarle, a pesar de los errores, lo que entendías como moral. 
Le has enseñado a querer, a caer con estilo y a equivocarse.
Le has enseñado que puede que las risas no curen las heridas pero si cicatrizan el alma
lenta y paulatinamente.
Y así, como todo lo que parte de ti y sientes de verdad.

Por esta razón es muy difícil deshacer los nudos que te amarran a esa persona.
Es vertiginoso:
pensar que  tu comodidad idílica pueda desvanecerse.
Pero es del ser humano lo de preocuparse,
y resulta indispensable que la otra persona pueda izar el vuelo por si misma.

Ahora entiendo a mi madre. Todas las veces que ha venido detrás, y las que se ha puesto delante.
Cada noche sin dormir esperando el último mensaje,
el cambio y corto de las despedidas; ese
"Mamá, estoy en casa. Buenas noches" Adornado con algún que otro beso virtual.
Cada noche a la espera de venir a buscar a esa parte de la que se niega a desprenderse.
Cada agarrada de corazón con la falta de noticias.

Puede que sólo sea signo de que el tiempo pasa,
y yo con él.
A mi, personalmente, me gusta llamarlo experiencia.

El momento en que tienes que "dejar ir" para que vuelva.
La persona de la que hablo, la que forma parte de mi vida, y tiene una parte no despreciable de mi corazón es mi hermano.
Ha surcado por primera vez un cielo nítido a solas.
Ha querido correr por entre las nubes sin ayuda y lo ha conseguido.
Hoy desaté un par de nudos de esa cuerda cuando descolgué el teléfono para desearle buen viaje y aún así no pude evitar preocuparme.

Supongo que son las cosas del querer.
Como siempre nos han dicho papá y mamá:

Que disfrutes y tengas cuidado.

Hermano tras volar conmigo

domingo, 8 de abril de 2018

De tus miedos y los míos.

Ya no sé si es normal.
O sólo me lo parece.

Sólo conoces mi mejor sonrisa.
Solo te atreves cuando te encuentras mis ganas locas sobre la cornisa.
Me gusta que seas observador, que busques con la mirada,
de todo y por nada.

Siempre te paras en el brillo de mis ojos. Una vez dijiste algo sobre lo bonito del color.
Y yo te grabé en la retina como una tonta.
Observador, paciente, risueño y algo inexperto.
Y al fin y al cabo, quien soy yo para para derretir el hielo que engalana tu sonrisa.

Entonces notaste que algo no iba bien, que yo estaba triste y el brillo del que hablabas no terminaba de reflejar todos tus sueños.
Quisiste acercarte en formato abrazo y algo te lo impidió.

Luego,
como cada vez que me choco con tu vida, la mía se incendió.
No cabía más rojo en una misma sala de espera.
Tampoco más llamas sobre el pedazo de cielo que nos encajaba.

Es normal que no te acerques más.
Peligro, líquido inflamable.
Y tú no eres amigo del fuego. Nunca lo has sido.

Es normal que tengas miedo, si los míos también van en tu busca.

Miedo a lo que pueda pasar, a conocerme más y no querer quedarte vivir;
o por el contrario, a querer cavar tus últimos días sobre mi cintura.

Sigue jugando a tener miedo que me encanta que aparezcas de repente.
Tan tú convirtiéndome en un signo matemático con ambiciones.
Eres bocanada de aire en medio de las mil tormentas, eres papiro demasiado bien prensado e inmaculado.
Y no te imaginas las ganas que tengo yo de ser vida ahogada ansiando ese último suspiro.
Ni te haces a la idea de que soy una lunática con mil gotas de tinta que llorar
todavia.


jueves, 29 de marzo de 2018

Arréglatelas para bajarme una luna llena

Seré solamente de aquel que consiga bajarme la luna llena.
No pido todas las lunas, ni todas sus fases.
Solo pido una noche, una luna, y que sea llena.
Seré de aquel capaz de alzarme con versos para ponerme a su altura.
De aquel que se olvide de respirar porque siempre haya cosas más más importantes que ser consciente de los alientos.
Seré de aquel que encuentre la puesta de sol más espléndida y cuente con el arrojo necesario para traérmela en un bote de cristal.

No soy de regalar mi corazón. Tampoco soy amiga de la seguridad porque nunca me ha llamado lo suficiente.
Seré, por tanto, de aquel capaz de abarcar mis miedos en un abrazo.
Del que no le haga falta decir te quiero cada vez que escucha mi respiración porque sea algo que yo ya sepa.

Nunca he sido de nadie. Y quizá éste sea mi mayor miedo. Que no haya nadie dispuesto a ser por mi.
No creo en las medias naranjas. Ni somos frutas ni somos mitades.
Somos enteros.
Defectuosos, puede ser, pero enteros al fin y al cabo.
Somos de quién nos cuida, de quien nos baja la luna una noche, y de aquellos a quienes llamamos hogar.
Somos fragmentos de un globo que lejos de volar, flota.
Un globo inestable y frágil que puede estallar en cualquier momento.
¿Que de qué color es el globo?
Azul.
Un azul que no conoce de cielos ni de océanos.
Un océano que pretende "llegar a ser" algún día- como nosotros.
Y mientras tanto;
No somos.

Pero confío en que algún día lleguen esos ojos que me dejen ser entre entera y defectuosa cuando me encuentre cara a cara con la luna llena.


lunes, 26 de marzo de 2018

La puta no tan rosa

Y creces.
De pronto. 
Como despertar de un sueño, sobresaltada y con perlas de sudor sobre la frente.
Te das cuenta de que el rosa de la vida no es tan rosa, ni las cosas tan bonitas.
Que todo el mundo cuenta con su propio agujero negro con problemas y que la mayoría los esconde bajo una sonrisa y un “todo va de maravilla”.
Que los que te rodean no saben salir de sus propios pozos de descordura, por lo que-por muchos consejos que pidas, pocos van a servirte realmente.
Que intentas ver el lado positivo, lo bueno en lo peor, la suerte.
Y solo eres capaz de ver tu rostro de bruces contra un trozo de asfalto caliente de Arizona a más de cuarenta grados.

Te olvidas del síndrome de Peter Pan porque ya no te quedan manos para sostener tu mundo. Te olvidas de tu sonrisa y de lo bien que sonaba aquella canción en la radio porque en este momento quieres dejar de existir.
Sin decir nada
Ni adiós, ni huella,
ni tan siquiera recuerdo.

Te das cuenta de que no existe lo bonito, pero tampoco lo feo.
De que existe la vida, a secas.
Y a ella no le hacen falta adjetivos,
tiene alergia a los pronombres y se pelea con los adverbios.
Caes en que jamás te dio los buenos días.

Te das cuenta de que por mucho que busques en mil comedias románticas, en otros cientos de libros de Moccia, nunca vas a encontrar lo que buscabas.
Y de que no se puede vivir siempre con ilusión.

Arranca esa ilusión de tu pecho, lo antes posible. No la abraces, no te hagas su amiga, abandónala a su suerte en el primer motel de carretera que encuentres al pasar.
Sólo. Sola. Solemos...Solíamos.

Solíamos ser felices. Solíamos ser.
Todos juntos.
Y hace tiempo que ya no.
Y por mucho que vuelvas, que caves un socavón en el pasado, no vas a encontrar el punto que le dio la vuelta y escribió “ya no” sobre vuestras cabezas.

Y a pesar de todo. Soy de las tontas que quiere abandonar a la ilusión pero la abraza más fuerte.
Que quiere dejar de creer en el amor, pero lo lleva por bandera. Que quiere creerse que el amor se termina pero se siente reacia a creerlo.

El amor no se termina. Se transforma. Se enmohece, se destartala.
El amor, como todo, hay que cuidarlo, día a día.
Poner de nuestra parte para que las curvas se vuelvan rectas.
El amor hay que sentirlo y evitar el fatídico cambio al odio, al tedio a la rutina, a la desazón.

Pero la mayoría de las veces, eso se olvida.

Los sentimientos se guardan bajo cientos de recuerdos imborrables y los caminos comienzan de nuevo, como las oportunidades, pero esta vez separados.


jueves, 8 de marzo de 2018

Latidos corrientes


Autodestrucción. Auto porque es a mi misma. Porque me gustaría correr, llegar a tu portal y decirte que te has convertido en una de mis personas favoritas.

Luego si quieres vuelvo por dónde he venido o mejor me invitas a pasar y te explico a lo que me refiero.
Luego si quieres le pedimos a este gris que nos deje de llorar.

Autodestrucción. Porque veo mi vida rozando tus ganas y me dan miedo las colisiones frontales.
Siempre me dio pánico cruzar las calles más lento de la cuenta y eso, por muchas sonrisas que me enseñes al otro lado de las rayas de cebra, no va a cambiar.
Autodestrucción porque mi cabeza regresa a ti- o soy yo, sin querer admitirlo.
Porque suena Quique (Fiesta de luna llena) y me recuerda a ti.
Porque Compostela esta bonita de todas las formas pero lo que hace bajo la lluvia debe ser cosa de brujería.
Y a mi, que me encanta quejarme por vicio, me gustaría compartir sus calles con tus pasos.

No te asustes, ni salgas corriendo despavorido.
Sólo te digo que me apetece chocar risas contigo sobre los muros de piedra, y que necesito que reboses un poco de tu alegría irracional sobre mi alocada cabeza.
Tranquilo. Que no te pido la vida, ni el corazón en un cofre, como en los cuentos.

Te pido que las despedidas duren un par de minutos más, y tres de esos encuentros de repente sin sabernos estar.
Te pido que te vayas para un rato y no muy lejos, y que me recuerdes.
Que nunca dejes de hacerlo: eso de conseguir que un día absurdo y abrumador se torne maravilloso.
Que lo arregles todo con tus parches de “ya veremos” y que las cosas te sigan saliendo igual de bien.
Pásame por debajo de la mesa algo de eso a lo que llamas suerte.

Puede que sólo te parezca una loca de remate por mirar más a las estrellas que a mi presente, pero es que el pasado dolió y no quiero bajar más la cabeza.
Y si, confieso que me acerqué a ti porque me dijeron que tú también creías en la magia.

Me gustaría saber cual es tu truco favorito , y si eres de los que sacan conejos blancos de la chistera.
Me gustaría saber qué piensas sobre el verbo volar. Pero eso ya me lo cuentas con menos luz, y entre tú cerveza y mis carcajadas.

Yo soy más de trucos propios.
Ayer, por ejemplo, después de tropezar por enésima vez con tus ojos espanté a las mariposas azules y tiré el ultimo as que guardaba bajo la manga.

Ahora me apetece eso de dejarse llevar.
Así que, permíteme tomar prestada tu filosofía del ya veremos.
No tardes, te espero donde siempre.

sábado, 3 de marzo de 2018

Dos caras

Miles de almas unían sus voces por alguna causa honorable. Corazones henchidos bajo sonidos que se hacían llamar música, luces de mil colores y de cualquiera de los gustos inimaginables.

Y al mismo tiempo, a no sabemos cuántos kilómetros, ella caminaba tranquila.
Los pies le pesaban como plomo.
Las ganas se le habían terminado,
exactamente igual que los cristales hechos añicos de la última copa,
a oscuras, y por lo suelos.

Aquel sitio, de día, vacío de vida, y lejano a todos los ruidos de la noche, se le antojaba extraño.
Él ya no estaba al fondo de la barra con su sonrisa de fiesta, pero se había dejado la chaqueta.
Debió olvidarla con tanta prisa y tantas ganas de roces con aquellos rizos rubios.

En aquellos lugares era donde ella se daba cuenta de las dos caras de la vida.
La animal y la racional.
Pero no entendía por qué la luna era todo instinto y el sol pensaba de más.

Los pies seguían pesando y ella era reacia a compartir el sonido de sus pensamientos con una multitud que no terminaba de verla aunque la mirara, por eso siempre llevaba puestos los auriculares.

Su padre le había dicho muchas veces que la vida te tatuaba lento y bien, que no hacían falta ni medias tintas ni tintas enteras. Que te dejaba marcas como cicatrices que luego eran difíciles de borrar hasta para el olvido.
Por eso su sonrisa se asomó de madrugada cuando levantó partes del alma negra que le cubría los hombros.
Justo ahí. Tenía la primera de las cicatrices. No le dolía, aunque puede que si lo hiciera hacía unas diez lunas; pero le traía de vuelta unos tiempos en los que lejos de sentirse plena, fue feliz con poco.

Y no sabía cómo atesorar cicatrices, no le importaba dormir de menos soñando más, si con ello el corazón se le hacía más grande que las ideas.


Radiohead siempre fue buena opción

Y no sé si te has dado cuenta de la felicidad que desprendes cuando la miras.
O de las ganas que le tienes.
Ganas de más.
De abrazarla para no soltarla, de seguir adivinando su sonrisa bajo todos los soportes de tu cabeza.
No sé si no te has dado cuenta- o no te la quieres dar- de que la has convertido en tu salida de emergencia.

Y cuando fuera oscurece y todas las puertas se cierran
se te olvida por donde entraste,
no consigues regresar a casa.
Y la ves a ella.

Ella, que siempre quiere dar lo mejor de si, por muchas nubes que aparezcan.
Ella,  que escapó del sur para volver algún día, y te ha robado el norte.
Ella, con aroma a primavera.
Y tú contando los días para volver a verla.

No lo sé, si la cuenta no ha caído en ti, o quieres que nosotros te abramos los ojos.
La cuenta de los bailes que le debes, de las noches que le juegas o la de todos los bares donde olvidasteis la última cerveza.

Y tú te has quedado prendado de la carrera de su pelo,
y no sabes cómo frenar el murmullo incesante que te ronda la cabeza.

Por eso, y por todo lo que podría venir.
No la frenes y...
Como a ella le encanta 'déjala que vuelva'

Richard Gere, Julia Roberts- Pretty woman

jueves, 15 de febrero de 2018

Los amantes con rotos

Fuera llueve la madrugada.
No hay flores en su papelera. Ni mensajes de buzón.
No hay bombones bajo la puerta, ni caricias a media estrella.

No los quiso. Renegó de todo aquello que materializaba el amor. Y no porque odiara todos los catorce de febrero. El odio no se llevaba bien con la adoración. Y ella era una enamorada empedernida.

Siempre pensó que su error era esperar demasiado de la vida, de los retazos que la rodeaban.
Siempre pensó que los cabezazos contra la pared eran enseñanza y las piedras sobre el camino eran pasatiempos para llegar a aquella playa.
Pero su mayor error no fue más que dar el doscientos por ciento de si misma. Echar el alma en cada suspiro y no guardarse nada para los restos. Dar de más en un mundo que la quería de menos.

Y allí sigue. Hablándole a la luna. Pensándolo bajo la cortina de agua que lloran las nubes. Demorándose en sus ojos grises, como el tiempo en sus días menos remotos.
Sigue queriendo sin querer, y regalando lo mejor de si porque no se lo enseñaron de otra forma. Sigue recomponiendo bajo la luz de un par de velas los pedazos de corazón. Se le han derramado intentando colocarlo en la repisa más alta.

Y confía.

Es hora de entregarse a los sueños. De perseguirlos bajo las sábanas, y de construirlos cuando llegue la mañana de mañana.
Otro catorce escapando sin hacer ruido y extrañando la presencia de los amantes con rotos.
Otras flechas que un ángel semidesnudo nunca tirará.

Y más besos. Más roces de labios sobre sus ojos grises en medio de ninguna parte.

En mitad de ella, pero lejos, él la piensa. De todas las formas posibles. La piensa piensa libre, la quiere niña. Pero hace ya mucho que se siente triste.
Fuera no llueve.
Se siente lobo, aullando a la luna un vuelve que no termina de hacerse eterno.
Descubre las marcas de sus rodillas, los surcos bajo sus mejillas persiguiendo a su reflejo.
Debería haber previsto aquel adiós. Las estaciones, fueran del tipo que fueran, nunca debieron escribir la palabra fin.
Y el suyo fue un disparo a quemarropa, a bocajarro y a mandíbula batiente.
El suyo fue un te quiero murmurado.
Demasiado bajo como para que la vida le perdonara los pecados.


martes, 6 de febrero de 2018

Mañanas de martes reconstruyendo heridas de domingo


Cómo puedes convencerte a ti mismo de que todo va a salir bien si sigues la línea; si te esfuerzas, lo disfrutas y trabajas.
Cómo convencerte de que vales algo, por mínimo que sea.
Cómo, que algún alma paseante de la tierra tiene un hueco para ti en su compendio cabeza-corazón.

Te dicen siempre que no hay que preocuparse, que todo llega; aunque luego pase.
Te dicen que estés tranquila pero, ¿y si no llega? ¿O si marcho antes de pasar por la casilla de salida?
Perdonen mi osadía pero vivo con ese miedo impreso sobre las heridas.

En descontadas ocasiones intento actuar acorde a los bombeos de mi corazón.
Tal vez el problema resida en la ambición inmensa de mi pequeño motor.
Mi cabeza, por el contrario, siempre reprende esta conducta de la manera más recta, estricta y racional.

Pero, díganme:
¿Cómo se vive sin intensidad? Sin que te dejen.. ¿Cómo se vuela sin alas o se baila sin pasos? ¿Cómo demonios se canta sin tono, ni timbre, ni formas?

Como yo, encerrada, al sur del norte; como yo con ojos cerrados-a corazón abierto, recordando mi antiguo pero aplastante miedo a la oscuridad.

Hoy, a domingo, lucho contra todos mis fantasmas. Y reconstruyo una épica batalla en la cabeza grita y araña, batida en duelo contra el corazón, que deja ir su último suspiro.
Pero luego, el humo de los sueños que me sobrevuelan se expande, lo abarca todo y me maldigo mil y una vez por dejar las ventanas de par en par: porque se me escapan. Esos sueños corren sobre el alféizar sin darme opción a perseguirlos.

Y mi cuerpo los observa impasible. 

Por un lado se aferra a aquello de “si amas algo, déjalo libre” y por otro soy un cúmulo de órdenes implícitas que no finalizan su cometido. Y sobre mi cerebro descansa un ‘cerrado por vacaciones’.

Y ahora en todos estos domingos de matices grises, es cuando más tiempo me da a echar de menos a mi yo de ayer.
Mi yo segura de sí misma. Mi yo incansable, soñadora e imparable. Extraño su forma de vislumbrar la vida: querida, feliz y decidida.
Con esto no quiero restarle pedazos a mi felicidad actual. Lo soy, aunque este domingo ceniciento me tilde de lo contrario.
Sólo me refiero a que a veces, la riqueza de mente y experiencia que intenta nutrirme desde hace ya algunos años me hace sentirme cada vez más diminuta.




viernes, 12 de enero de 2018

Extrañar el mar.

Y de repente me sobrevuela un recuerdo entrañable.
Uno de ti y de mi, a mil kilómetros de mar.
O llegando a tierra, no estoy segura.
Me gustaría que si te cuento este grabado de memoria en tres o cuatro líneas me regalaras algún porqué.

Por qué me pellizca el corazón ese recuerdo.

Recuerdo que llevaba mirándote cada dos olas y la tormenta tropical nubló nuestros sentidos.
Nunca supe si fueron las vistas desde proa o los excesos los que me llevaron a adorar todas tus imperfecciones.

En tu defensa he de decir que siempre me pareciste una incógnita a despejar. Siempre que me paré a mirarte, miles de ¿...y si? me bailaban lento.

Tu sonrisa no era menos amplia que la mía y el paraíso nos respiraba por los cuatro costados.
Me dijiste que adorabas el mar. Pero que lo preferías más frío y ahora,
el frío tonto y este recuerdo te han devuelto a mi memoria.

Me acerqué a ti todo lo que pude y te llamé por tu nombre completo.- Aún no sabes que odio los nombres completos.
Te parecerá una tontería pero me transmitiste mucha confianza cuando te escuché reír.

Me dijiste que no. Que parase. Y yo sin entender.
Que aquellas letras que jugaban bautizarte eran demasiado serias. Que así solo te llamaba tu padre.
Entonces mi sonrisa abarcó océanos.

Y  tu nombre de pila quemó mis labios al salir.
Pero esta vez la sonrisa oceánica fue la tuya. Y luego nos llovió un deshacer de kilómetros y tres o cuatro maletas. Un regreso para otra marcha.

Espero que estés disfrutando de tus ciento ochenta  días en cualquier otra parte pero me apetecía deciente que echo de menos seguir conociéndote y que desearía tener tu sonrisa oceánica cerca para sacudir mis miedos.

a Q.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Desórdenes emocionales

Cómo demonios les dices que salgan de tu cabeza.
Cómo planteas a alguien con quien existes que te abandone a tu suerte sin llevarse la experiencia.
Te han reñido, te han escondido. Te han ayudado a convertirte en pequeña, más pequeña.
Te han abrazado con el don de la invisibilidad en la alcoba del no saber.
Han reído contigo escondiendo puñales a la espalda.
Y lo peor es que tú lo sabías desde el principio.

Sabías que el dolor se servía en plato frío. Que las llamas nunca te han quemado.
Sabías que el viento y el tiempo no querrían ayudarte si no te atrevías a soltar las manos de ellas.
Tú y nadie más sabía que en la vida no había peores compañías.
Que el compartir se volvía amargo y los días, eternos.
Sabías que dolía pero también supiste aguantar el dolor.

El problema llega cuando no puedes seguir viviendo una mentira. Ni quieres.
El problema son ellas, y tú, que por convencimiento las sigues queriendo. Son ellas que no te dejan solas pero tampoco te viven como mereces.
El problema llega cuando para de llover y no te queda más remedio que levantar la cabeza. 
Y las dudas atraviesan poco a poco el inexperto corazón que revolotea en tu pecho.
El problema lo tienes tú, que no te basta con ver oír y callar; que ansías sentir y gritarlo desde lo más alto.
El problema...
Si todos ellos fueran el problema los habrías solucionado hace tiempo.

Aquí, ahora, en este instante...el único problema es que sigues encerrada en tu interior, estrellando todas tus ganas contra el muro de tu cabeza.

Y ellas, las abominables inseguridades que te coronan no van a soltarte las cadenas.

Llevas años preparando el plan de fuga, millones de engranajes que encajan a la perfección con los esquemas, a la espera de una última pieza.
La pieza con forma de llave, la que pondrá fin a todo sufrimiento y te dejará volar.


La pieza que sin quererlo, guardas en lo más profundo de todo corazón, deseando la libertad.


martes, 12 de diciembre de 2017

Llamas.

Me han pedido que me exprese. Que diga lo que me hace sentir bien. Y tu sonrisa ha volado por mi mente.

Me resulta tremendamente difícil esto de elegir. Yo, que me declaro más cambiante que las mareas.
Hoy no iba a ser la excepción que confirmaba la regla.

Ha amanecido gris. Fuera casi hiela y de nuevo no he sido capaz de sacar ni una mano, ni la oreja.
Un septimo está demasiado cerca como para morir y demasiado lejos para tocar fondo.

Toca crisis existencial.
Toca preguntarme qué es lo que prefiero.
Si volar o rozar espuma del mar. Si sentirme maravillosa o maravillada.

Y es que cariño, desde que llegaste a mi vida, has conseguido que sea más curiosa que nunca. Que viva en una eterna pregunta.
Que cambie más de ganas que de tangos, que me haga un lío como un ovillo que nunca terminó por desenrollarse
y no sepa como salir.

Veo la oscuridad en el fondo de mi mirada. Me apetece ser tuya o de nadie.
Ser tuya, no como objeto ni como posesión,
sino como sentimiento compartido.

No sé si esto es un juego del destino- que se ríe a nuestra costa- o si eres tú el que quiere reírse de mi en todas las costas en las que nos encontramos.

No sé porque juegas con mi corazón trillado y me llamas por mis apellidos.
A que vienen esos besos en la esquina de mi hombro si no es con propósito de enamorarme.

Pero claro, me olvidaba que a ti también te han hecho daño en un pasado, que los segundos no  pasan solos delante de mi puerta y que tu sonrisa a pesar de las heridas, es la más bonita de toda la ciudad.

Me olvidaba que estoy en el norte, que fuera va a llover siempre, pero que contigo me aparece el sol por la mejor de las esquinas.
Me olvidaba que sabías cantar lo que sientes, y pensar lo que siento.
Que siempre aciertas, y que aún no es demasiado tarde.


a J.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Ana

La loca de los domingos tiene a Hozier rasgándole el corazón. La música sobrepasa el volumen de los vendavales.

El temporal le trae de cabeza, y no encuentra mejor excusa que un café para ser eternamente feliz durante tres minutos.

Se ha calzado las botas de agua porque el norte no cesa su llanto para no terminar de salir y ha vuelto a adorar sus interminables domingos.
Ella, que quería saltar charcos, solo patalea viendo las carreras de gotas de lluvia sobre el cristal.

Gotas, farolas y oscuridad que se entremezclan para formarle la más bellas de las postales navideñas ante el escritorio.

Hoy se sentía peleona y rebelde. Hoy lucía una corona algo anárquica y su pelo sólo quería volar.
Hoy no se puso demasiado cerca, por temor a no ser suficiente. Y su modo despeinado ha invadido toda la casa.
La bautizaron como Ana, y ha venido a hasta el norte para desatar la guerra.

Ríe en silencio y va al contrario que el tiempo. Le busca la luz a lo oscuro de la manera más ilusa y esconde las ganas tras las pupilas.

Quiere contarle al mundo que está preparada.
Que en eso del amor, nadie nació sabiendo y que ya ha desperdiciado demasiadas oportunidades.

Quiere susurrar al oído del primero que le escuche que las noches son para los valientes, que el mundo pertenece a los que siguen creyendo en la magia y que los días a su lado pasan como los segundos, desfilando incansables.


martes, 5 de diciembre de 2017

Luz


Y estando en medio de ninguna parte solamente escuché 'I'm going back to the stars'.
Y te miré. De repente me sentí sobrevolar miles de kilómetros y un par de océanos para verte triunfar como siempre quisiste.

Yo de regreso al Lunario a contemplar las vidas pasar entre telones de escenario.
A adivinar la flor en la piel de todos los que te vieron conseguirlo.
Y declararme uña de la carne que le pusiste al sentimiento.

Volvíamos a la magia, y como dijo Izal, a sus efectos especiales.
Regresábamos al cajón desastre de tu ropa con la mía;
al frío de las tormentas de verano;
y al calor de la lumbre cuando ahí fuera se te helaba de todo,
menos el corazón en mis manos.

Me quitaste el auricular y aún con voz susurrante pude recoger tus palabras.

Y me encantó darme cuenta de que los mi vida y las caricias no estaban del todo perdidos.
Y al escucharte solo supe abrazar
(te).

Contigo no vuelvo a las navidades pasadas porque ya no nos quedan, pero si a las anteriores, y de la mano del famoso pero olvidado fantasma que dejó de ser etéreo.
Ese que una vez decidió hacerse poeta para sangrar todas sus letras.

Nunca nos hemos sido y sin embargo quererte es demasiado fácil. Tener el privilegio de compartir vida con alguien que ilumina la tuya, el más bonito de los regalos.

Por eso te pido, que aunque sea difícil, que aunque no quieras querer:
no me sueltes.

Sé que no eres de esos pero, no te vayas.

Quédate.
Si quieres para un rato, porque hueco en mis recuerdos tienes para toda la vida.

-a J.

Disconforme incesante

Vivamos como vivamos y lo mucho o poco que dure esta vida, nada va a parecernos suficiente.
Nunca.
Somos por definición seres inconformistas.
No queremos cesar en engaño ni frenar los efectos, y si estos nos llenan, mejor.
Aunque nos ronde eso de que nada en exceso es bueno, tampoco terminaremos de creérnoslo.

Debe existir el exceso de risas. El exceso de alegrías y el de felicidad.
He pensado muchas veces en nuestra fecha de caducidad. El  día en que nos de por dejar de respirar.
Y me gustaría saberla- y así organizarme y decidir qué vivir y qué saltar. Pero sobre todo para poder agarrarme al clavo ardiendo que me de la gana- si este me promete un 'te quiero a mi lado'.

Pero por otro lado, nos miro y pienso que mejor dejemos hacer de las suyas a la casualidad.
Somos gentes, humanidad errante, destinada a equivocarse y a grabar a fuego esos errores.
A aprehender.

Pedimos clemencia al dios de los mil nombres, según los labios que se dignen a llamarlo, o el alma que le susurre.

Entonces,
¿Quién se ha tomado la estúpida molestia de tejer los destinos de estos seis mil millones de vidas? Y de otros tantos ojos desconocidos que se empeñan en sobrevivir en contra de todo sistema?
¿Quién puso la primera piedra del universo?
¿Quién vio encenderse las estrellas?
¿Quién decidió organizar las notas que alumbraran la primera melodía? La que hizo bailar y disfrutar a la más cándida de las mentes.
¿Cuándo empezamos a querer?
¿Y por qué , si nos movemos por ensayo y error, no nos hemos arrancado el corazón de cuajo y hemos dejado de lado al amor?

Son seres complejos estos humanos.

Se debaten entre el existencialismo y la fantasía, entre lo místico y lo terrenal. Ponen peros a la razón y buscan los límites del alma.
Defienden la realidad pero se pasarían las horas flotando sobre las nubes.

Y este sentimiento de disconformidad incesante no se detiene.
Es un devenir constante de energía que nos envuelve.
Son las luces de una llama con mecha eterna; espuma de unas olas que nunca terminan de romper; o las canas incipientes que muestran que el saber está en más en los años que en los daños.

Somos la última pieza de un puzzle que se cayó bajo el armario del salón.
Continuamente pregunta sin encontrar jamás la respuesta.


(Anne Hattaway)



martes, 21 de noviembre de 2017

Memorándum.


Voy a contártelo todo.

Lo que hay detrás de un punto y aparte.
Las noches que no nos fuimos.
Y las lágrimas.

Detrás de ese andrajoso punto final está mi vida.
(Y supongo que también la tuya.)
La que dejaste a la deriva de un domingo, a la suerte de nadie.

Están los soles a pleno pulmón, y los sábados entre copas.
Detrás de mis puntos y aparte descansa mi pelo- algo más largo y claro de lo que creías recordar.
Están los lunes incompatibles con todo ser viviente, y los miércoles de bocanadas de aire.

Hay alguna función de teatro estrenándose en todas las localidades donde dijiste mi nombre.
Y un sinfín de canciones.
Canciones para cada edad, para cada época, hora y rincón.
Canciones que nos transportan a una antigua primavera.
Lo que hay de tras de un punto y aparte son las ganas de volver a empezar, los recuerdos que nos construyen como las piezas de un mecano y los restos de esas historias
que nos empeñamos en revivir.

Detrás de esa pausa fatídica están las canciones de Quique González.
Y detrás de cada acorde, nosotros.
Queriendo jugar con fuego pero con el miedo de que la quemadura sea mas grande que la vida. Queriendo saltar pero temiendo caer. Queriendo arriesgar sin tan siquiera jugar.

Queriendo ser todo sin sernos ya nada.


Detrás de cada punto y aparte, te guardo los besos que te faltan desde que nos dijimos adiós.
Y el carmín ya nunca se despega de mis labios.

a M.

martes, 7 de noviembre de 2017

Noches suicidas con nomeolvides.

Me dijeron una de esas noches que si yo era de las que medía la vida en sonrisas. Y no pude más que hacer un truque con una de las mías. Y recoger dos tuercas que habían rodado de mi corazón.

Le debí parecer un tanto risueña con las luces apagadas.

La sonrisa es un elemento que va ligado a la felicidad, aunque no siempre la signifique.

Que nos decora los sentimientos, que maquilla lo miserables que llegamos a sentirnos por minucias. Y que a veces, sólo a veces, se dispara hasta nuestros ojos. Y nos delata. Y protesta por no salir más a menudo. Porque sólo puede salir acompañada, porque no conoce la libertad. Porque libre es demasiado bonita como para dejarla suelta.

La sonrisa es el único elemento de nuestra anatomía que no pasa frío si la paseas desnuda por los inviernos. Y que mientras menos ropa, más maravillosa luce.

Me preguntaron que de dónde había sacado mi sonrisa con la única excusa de los fluorescentes sobre fondo negro. Fue una de esas noches suicidas. Una de esas noches en las que te persiguen las pestañas, te asfixian anillos infinitos que engalanan tus caricias, y te oprimen en el pecho- a punto de estallar- todas las palabras que lucharon valientes por salir de tus labios.

Noches suicidas. Noches en las que las sonrisas se disparan solas. En las que no atienden a razones y se declaran culpables de la luna.
Noches en las que ya han dado por finalizada sus penas de muerte y le guiñan a la vida.

Esas son las noches en las que pierdes hasta la cordura. Agarras la nueve milímetros del cajón y la ansiedad te hace comprobar el cargador una última y maldita vez.
Maldita porque no quedan balas.

Te las ha cambiado el tiempo por cicatrices bajo las costillas y por pétalos azules. Nomeolvides.
Y rápidamente te desmoronas. Pero tus sonrisas siguen quemando hectáreas de tristeza.

Aquellas estúpidas flores azules se conocen todos tus amaneceres bajo el marco de su puerta.
Aquella fue una de esas noches.
Y yo contesté que si. Creyendo haber dejado atrás el infierno de los te quiero.

-Mido la vida en sonrisas desde que te has ido. No sé por qué no se me había ocurrido antes. Las tuyas siempre me llegaban a los ojos...

Y me miraste raro, impasible, como queriendo decir algo inteligente al sinsentido de mi cabeza, como queriendo no ser tú y no quererme así.

-Y tú, cariño.- Te dije- No has dejado de medirla en pétalos azules.

Y me lanzaste todos los pétalos con los que una vez pedí tu regreso.
-Nomeolvides.- Dijiste.

Y no lo he olvidado.
Ni a las noches suicidas.
Ni a ti.


sábado, 21 de octubre de 2017

Por culpa de Van Gogh

'¿Que tendría el loco de Vang Gogh para hacerse  tan famoso? No me parecen tan bonitas sus pinturas. Tiene una forma de mover el pincel extraña. Como dejando pegotes. Tiene unos colores que no se corresponden con la realidad. Si además estaba loco. Y mira...parece que vivía flotando.'

Hasta que se dio cuenta del detalle que conseguía embelesar a todos. Fue consciente de que a aquel loco le rindió culto el universo.
Todo ello viendo la vida pasar.

Ella pasaba cada día por la misma calle. Siempre se encontraba el bullicio de la vida universitaria, y se afanaba en pensar lo peor de la gente. Quizá incluso pecara de desconfiada.

Era detallista, pero muy excéptica.
Pensaba que todo tenía un motivo, causa o efecto; que todos los problemas venían con su solución y que los números irracionales que le habían enseñado en la escuela formaban parte de una antigua leyenda china. Ella necesitaba hechos, facciones elucubradas dentro de la realidad.

¿Pero hasta donde llegaba esa realidad? ¿Qué era lo que separaba lo real de lo ficticio?

Entonces fue cuando se dio cuenta de que la culpa la tenía Van Gogh.
No todos podíamos percibir la misma realidad. Si no seríamos la mejor definición de maquina perfecta. Y seríamos todos exactamente iguales, y a su alrededor reinaba el caos y la diversidad.

La culpa la tuvo 'La noche estrellada' colgada con mucho acierto sobre la esquina superior izquierda de uno de los bares menos transitados de la ciudad. Era poco transitado pero estaba lleno de cristaleras.
Era de buena tarde cuando ella pasaba por la calle de siempre y vio en el interior del bar un hombre menudo y canoso con dos platos y un vaso vacío. Miraba hacia el techo y ella se acercó con la curiosidad de quien no quiere continuar su camino. Pensaba encontrar una televisión repitiendo las mismas noticias de la maldad humana luchando contra el cambio climático.
Y se sorprendió.
Pocas cosas podían sorprender a una mente tan ordenada y calculadora como la suya.
Donde esperaba el televisor descansaba 'La noche estrellada'. Esa pintura que tanto odio le había despertado en el pasado por escapar a su razón.
En aquellas tres de la tarde de un otoño triste la enamoró.

Y le hizo darse cuenta de que hasta el caos encuentra un orden en la razón. Y que esta es la mejor de las aliadas si se junta con la locura.
Y ella aprendió entonces a amar, a adorar el arte y a volverse loca entre un sinfín de realidades.

La noche estrellada- Vincent Van Gogh 1889

Siempre tú

Llevo tiempo sin pensarte. Precisamente, porque no me queda tiempo.

Por más que atrase las manecillas del reloj, o pretenda vivir en un pasado lejano no te da la gana de dejarme tranquila.

Me pasa que pretendo vivir en el pasado, y se me olvida el presente.

A veces lo intento. Digo lo de arrancar tu recuerdo de mi pensamiento. Me prometo que eres feliz así, y que yo lo soy más. Tampoco es que sin ti sea infeliz. Pero dime entonces por qué demonios tienes el don de la omnipresencia a miles de kilómetros y dos años de distancia.

Otras veces me doy por vencida, me digo que mañana será otro día. Pero ese mañana no llega nunca. Porque cuando no me acuerdo yo, te apareces tú.

Y así. Todo el tiempo.

Encontrándonos en esa fina linea del no querer querernos, y querer no querernos nunca que sólo se materializa en la nube de mi cabeza.

Que puede sonar a locura-y seguramente lo sea, pero es mi locura.

Toda mi locura se resume en un .

Mi locura eres tú idealizado, tú perdido, tú demasiado perfecto para ser real- perfecto de más, tú a kilómetros de mi en el sur, tú lejos pero cerca, tú igual de cabezota, tú sin planes, tú de noche, tú y tu sueño permanente, tú eternamente enfermo, tú con tus abrazos a la espalda, tú feliz, tú dándole vueltas a la cabeza y por último
tú, sin memoria.

Mi locura eres tú. Siempre tú.

Y el día que deje mi locura aparcada bajo mi ventana dejaré de ser yo.

-a M.