domingo, 21 de agosto de 2016

Santiaguiño

Y hoy amaneció gris.
Con lo que a mi me gustan los domingos, y amanece como na terriña.
Y eso hace que la extrañe aún más de lo que imaginaba.

Hoy no quiso entrar el sol por mi ventana.
Hoy no quiso despertarme, y optó por dejarme dormir cinco minutos más.
Creo que quería que siguiera soñando.

Y el día comienza con morriña, sin que dure la fiebre de sábado noche un domingo por la mañana.

Confieso que cada verano que vivo, se supera aún más.  Que las emociones se tornan gigantes y no sé parar molinos. Que de locuras, tengo la cabeza llena.

Creo que es porque he aprendido a vivir intenso (la clave, de sol del sur)

Suena 'Hey Daydreamer' de Neil Heilstead y mi corazón quiere contarlo.
Contar los días que quedan hasta que llegue septiembre; los días, para volver a pisar norte.
Quiero contar(los) días que quedan para volver a ver llover.

Que no todo sea perseguir gotas de agua en el cristal de mi ventana. Que también nos de por amar la vida y hacer lo que nos dicte el corazón.

Que nos de otro año más, por vivir.
Y aprendamos a volar.
Que las luces del teatro sean las últimas en apagar nuestra función.
Y seamos de los que sigan mirando cada mañana las torres más altas de la catedral.

(Compostela)

Cierra los ojos

No sé- puede que a lo que realmente tenga miedo, es a enfrentarme al blanco,
al vacío inmenso que se me presenta delante cuando no encuentro respuestas a tanta pregunta.
A pensar.
Y mientras mis ánimos decaen al ritmo de melancolías de cantautores- lejos- hay una vida que se apaga. Que no va a volver a encenderse, pero que siempre brillará junto a la luna desde hoy.
Algo más cerca hay dos que se pelean, porque quieren. No se dan cuenta de que cada minuto que se pierde no se recupera jamás, y que la ley del corazón es la de dolerse.
Y su doctrina, el querer (mal o bien).
Y al otro lado del mundo, se agarran al último aliento.
En Rio de Janeiro muchos rozan el oro, otros resoplan, para llegar a un último esfuerzo, a una meta impuesta o soñada. Y  están los últimos: los que lo consiguen, los que a base de esfuerzo  y trabajo obtienen algo por lo que ser reconocidos.
Otros, lo ven todo desde fuera. Desde la felicidad ficticia de lo compartido, desde no saber si existirá un mañana.

Estamos en el verano de dos mil dieciseis, según los expertos, uno de los más calurosos desde hace cientos de años. Pero hay quiénes siguen teniendo frío.
Que dicen que durante el verano, los polos se derriten, pero los nuestros hace tiempo que dejamos de disfrutarlos como simples helados.
Que tenemos en nuestras manos, las llaves del universo.

Sigo teniendo miedo. Mucho. Porque soy consciente que hemos entrado a jugar con la vida al escondite.
Y en ello, ella siempre fue la experta.
Que no gana quien pierde, gana al último al que se encuentra.

(Amanece en Conil de la Frontera)

Cuánto dura un recuerdo

Aparecerte.
De la nada, siendo todo.
Aparecer para cortar respiraciones, disminuir distancias y reavivar recuerdos.
Olvidar olvidos; hacer como si no existieran, solo durante las milésimas de segundo que dura un saludo.
Despedirte, despedirnos.
Pero no volver la vista atrás.
Aunque duela,
Aunque el corazón grite, y el alma arañe.
No volver aunque el que me lo pida seas tú, ni mirándome a los ojos.
Aparecerte en sueños, en ilusiones, en salidas del sol a rastras, cada mañana por la ventana de mi habitación.
Pero no, esto no siempre será sur.
Allá por casa, sigue lloviendo.
Y tú no vuelves.
Y yo no miro atrás.

























Rincones de Málaga

lunes, 1 de agosto de 2016

Segunda estrella a la derecha.

¿Crees que para mi ha sido fácil? Respóndeme.
Tan sólo quería hablar contigo. Mirándote a los ojos. Sin pantallas de por medio, ni malditas distancias.

¿Crees que no han sangrado las heridas contra todo pronóstico?¿que no duele?
Quema.

Lo difícil de sentirse perdida un único instante de tu tiempo, de sentirte lejos, es que eso puede disparar el ritmo de las vidas de los que te rodean.
Corren el riesgo de querer romper con todo, y con nada.
Querer seguir siendo y dejar de ser. Seguir queriendo y querer odiarlo.
Corren el riesgo de querer evitar el dolor.

Sentirte perdida lo único que me provocó fue un periodo frenético de vida intensa, sin frenos, para evitar pensar en ti.
Lo reconozco: lo he evitado;
te he evitado.
Pero no conscientemente. Sólo me salió así.
Me salió a flote el frío invierno, y me agarré a sus copos nevados en pleno verano.

Nunca te fuiste, y si te soy sincera, tampoco creo que vayas a hacerlo.

Desde que te conocí, desde aquella tarde de octubre, en que compartimos cuatro risas viendo un partido de fútbol, supe que ibas a quedarte.
No me arruines esa sabiduría, ni nos des por vencidas, por favor.

No necesito más 'lo siento', más palabras cariñosas- las palabras son sólo eso.
Sólo necesito que no te vayas, que te quedes conmigo.

Y a lo mejor me has echado de menos, pero lo mío fue el doble.
Que no quiero que una persona que solo me había regalado momentos maravillosos, se esfume así. Poco a poco- diciéndonos hoy tres, mañana dos (palabras).

Si vas a salir -si quieres hacerlo-, que sea por la puerta grande.

Tu juegas a extrañar con Ed.. Pero yo no quiero llorar más, así que lo intento con Dani Martín.
Aunque en realidad, valdría cualquiera. Los hemos compartido todos. A cualquier hora del día.

T e   e s p e r o.





domingo, 31 de julio de 2016

Por el último día del resto de mi vida

No recuerdo cuanto tiempo pasé pensando sobre la arena. Ni soñando despierta.
En aquella playa siempre habia perdido el sentido de las horas. Los minutos a veces volaban, pero otras- en silencio- eran eternos.
Ya iba siendo hora de despedirse. Y entendí las palabras que por aquel entonces me susurraron sobre el odio y la aversión hacia las despedidas.
Y recuerdo que juré no haber vivido mejor comienzo de verano que el de aquel año. Después de un año que había querido acabar conmigo por el norte; el sur me había recibido con la mejor de sus sonrisas y con miles de vidas con las que cruzarme. Algunas de ellas venían con garantía (garantía de que iban a durar siempre).

Recuerdo que hundí los pies en la arena.
Aquellos granos con complejo harinoso que amenazaban con no soltarse nunca de los dedos de mis pies.
Que miré de frente a mi presente. A mis dudas, y les planté cara.
Que me desvelé con el pasado.
Y me cuestioné qué sería de mi vida las horas próximas.
Y que nada, en absoluto, era lo que parecía.
No recuerdo haber visto unos colores más vivos que aquel treinta de julio contemplando la puesta de sol. La última.
Ni un deseo más ansiado, colgado sobre mi cuello en forma de gargantilla.

Era cierto que algunos podían pensar que era una nimiedad, que los colores podían conseguirse con simples mezclas y había cosas más importantes, que el tiempo era inútil perderlo.
Pero para mi, observar aquello con mis propios ojos, y tener el privilegio de compartirlo con los míos era la definición de felicidad.

Luego podían venir muchas noches de fiesta, muchos bailes e infinitos pies de repuesto, pero aún no había experimentado nada como aquel pequeño instante de felicidad que guardo en mi memoria.


lunes, 11 de julio de 2016

Imprescindible

La primera vez que te vi no supe pensar en nada.
Eras un paisano más, perdido en tierra de nadie, que habías venido persiguiendo un sueño, y eso se merecía, como mínimo, mi admiración. Y me diste más motivos para pisotear fuerte eso que dicen de que Málaga y Sevilla se odian a muerte.
Luego, a lo largo de una sola noche, y junto con los demás, os ganasteis mi cariño. A pulso.
La gente, la que no te conoce, puede pensar que no eres más que una percha, una cara bonita, todo eso en unos kilos de arte.

Pero yo, ahora que tengo el gusto, la risa y el privilegio de conocerte, aseguro que no saben bien lo equivocados que estuvieron si alguna vez lo pensaron.
Te digo, y sabes bien que me gusta ponerme tonta cuando escribo, que eres todo corazón.
Y que ha llegado la hora de darle de nuevo las gracias a Compostela porque contigo, con vosotros, me llegó otro regalo más.
Espero que como mínimo queden cuatro años compartiendo vida, antes de que nosotros le tomemos el pelo a ella.
Que queden muchos momentos, y cada cual más único. Que sigan lloviendo goteras, y abriles de feria, agobios de biblioteca y por supuesto noches de fiesta.
Que busquemos sol inexistente por las cuatro esquinas de cada piedra.

Estoy segura de que esto, no es más que un bache en el camino. Un bache de los que a ti te gustan, de los que agarras fuerte y derrapas en las curvas.
Y que sepas, que yo, como todos los que te quieren, vamos a estar delante y detrás. Siempre.

En muy poco tiempo te has convertido en uno de esos imprescindibles de la vida. Y ojo, como decidas escaparte.
Necesitaba decírtelo, para luego meterme contigo tranquila
Va por ti, sevillano.

miércoles, 22 de junio de 2016

Acércate descalzo

Llega la noche, y con ella tus miedos.
Todos.
El de no saber empezar, el de olvidar.
El de terminarte.
Terminarte durmiendo, terminar soñando, terminar(nos).
El miedo a no aprender a volar lo suficientemente alto.
El miedo a ahogarte.
El miedo a estar cerca de mi.
El miedo a perderme.

Ese es mi preferido, permite que te lo diga.
Me gusta que le tengas miedo al vacío de mi.
Me enseña que significo algo.

Vuélvete.
Vuélvete y te cuento los lunares.
Cierra los ojos fuerte, y no te vayas lejos,
que me quedan muchas estaciones por verte.

Que me ha llamado la noche, de tarde.
Confesó que nos tenía ganas, así que no vamos a darle motivos.

Vuélvete y divido tus sonrisas, que hoy vamos a llevarnos bien,
Que vamos a dejar de lado las diferencias
y vamos a comer mundo, sin modales y de frente.

¿Ya te has dado la vuelta?
Voy a contarlos.
Por ti, por mi, por mis compañeros
y las noches que prometimos.
Por cada estrella que no llegamos a ver,
porque las luces de neón lo cubrían todo.

Luego, más tarde
cuando al fin termine de unir puntos,
de modelar cordilleras en tu espalda,
seremos nosotros.

Es lo que mejor se nos da de esta
historia.















("Closer"- Natalie Portman, Clive Owen)

martes, 21 de junio de 2016

'I love London - Crystal Fighters'

Y pararte a mirar en una línea de metro las vidas que confluyen en la siguiente parada.
E imaginarte todos los que compartirán contigo la vista hacia un mapa, una puerta de salida- o de entrada.
Pensar en cuantas personas a lo largo de 24h pueden sentarse en el mismo sitio en el que ibas de madrugada. El mismo sitio, pero a distinto tiempo- a des(tiempo).

Intentar adivinar el ritmo de la vida.
Y querer visualizarla a cámara lenta.
Sin siguientes paradas, sin claustrofobia, sin prisas, sin botones, sin mapas por puntos, sin controles.
Querer perderte, para encontrarte.

¿Cómo puedes sentirte sola en una ciudad con ocho millones y pico de habitantes?
¿Cómo te sientes cuando experimentas esas sensaciones?
Vacía. Fuera de lugar. Mucho más lejos de las fronteras de lo desconocido.
'Es como estar en un universo paralelo'
Al menos yo.
Lo he experimentado.
Es una soledad distinta.
Caminas junto a millones de pies y sientes que no notan tu presencia. Que puedes plantearte hacer el ridículo más espantoso porque no te mirarán. Ni una sola vez.

La capital londinense no deja de sorprenderme cada vez que vuelvo a pisarla.
Han sido cuatro días de viaje frenético. En los que el tiempo ha pasado lento y rápido.
Cuatro días que han dado  para mucho, pero me quedo con el recuerdo de un atardecer de sábado, un 18 de junio. Y lo guardo como una de las experiencias más maravillosas que he tenido el placer de compartir: Verlos a ellos.
Chris Martin y sus chicos. Coldplay.
Se hicieron esperar, pero mereció la pena cada segundo, cada minuto y cada hora por ver lo que presencié. Por vivir lo que viví, y de la manera en que lo hice.
No puedo hacerles justicia con mis palabras aunque lo intente.
Fueron dos horas de acorde tras acorde. Una melodía llevaba a otra hasta que conseguimos unirnos cerca de cien mil voces, y sus luces para acompañarlos.

Entonces Chris nos regaló su risa. Fue la más sincera de todas.

Como todo lo bueno, el concierto llegó a su fin. Y con él, llegaba la separación de miles de vidas compartidas en ese instante. Muchos hablarían de aquel concierto en días venideros. Y de todos los demás.
Otros se quedarían con la energía que transmitieron.
Pero yo me quedo con la magia. Magia fue lo que descubrí aquella tarde-noche en Wembley.
Me quedo con ella y la sensación de felicidad en la que flotaba cuando salí.

De Londres he regresado con el corazón dividido.
Me gustan sus aires de grandeza, su gente, su eterna manía de ir en contra del mundo (al contrario de todos), me gustan los músicos del metro, la guardia real,  me encanta Candem, y adoraría cruzar ese andén nueve y tres cuarto desde King Cross cada septiembre. Adoro saber que realmente no puedo perderme aunque quiera.

Pero odio sus prisas. Prisas por llegar, por terminar, por comer. Prisas por vivir. Pienso que las prisas arrastran los pies, te comen el día y no te dejan tiempo para disfrutar de las pequeñas cosas.





(Coldplay en Wembley, 18 de junio)


jueves, 9 de junio de 2016

Gastas ganas

(Maxwell Jury)

Lo escucho como sintiéndome un poco más alejada del mundo, de los problemas.
Si no nos enfadáramos, no me entrarían ganas de vivir en concierto.

Deberíamos enfadarnos menos.
Hace poco leí que hacían falta muchos más músculos para fruncir el ceño que para sonreír.
También descargar la ira contenida sobre algo o alguien- aunque relaje- consume muchas energías.

Max Jury es mi confidente cuando a ti te da por desaparecer.

Quisiera calzarme los tacones esta noche y sentirme brillo de luna.
Sentarme en un banco en  mitad de la calle y reír a carcajadas.
Hundir los pies en la arena.
Quisiera volver a cubrirme los ojos con las manos,
y que al retirarlas estuviera tu sonrisa.

Pero si no. Si todo fuera tan fácil.
Si las peleas no fuesen motor, ley y orden,
Tú no serías tú, 
y no te habrías enamorado de mi.

No nos enfadaríamos nunca, la vida sería aburrida.
Y no habríamos llegado a ser.

Así que moléstate conmigo las veces que lo necesites, si prometes traer de vuelta tu sonrisa y que esto continúe siendo un cambio continuo.

Sonreír al vacío

Y sin venir a cuento.
Contigo en mi cabeza, me han llovido todos los buenos momentos.
Me han entrado unas ganas locas de bailar. De comenzar el día temprano, y tirar de las sábanas al sol, para que se despierte de una vez, y abra la veda.

Estamos exprimiendo la primavera, tensando la cuerda que pone sus límites.
Pol quiere reventar los altavoces de mi portátil y me invita a ser amante de las cosas imposibles.

Ahora mismo mi corazón se ha colocado en la salida. Se revuelve nervioso mirando fijamente la línea a rayas.
Esperando el tiro, preparado para correr, dos maratones, una carrera de obstáculos, y regresar contigo a cuestas. Me ha dicho que puede. Que lo va a hacer el solo, que tenga fe y confíe.
Es cierto que debo darle manga ancha, aunque en esto del querer ninguno podemos pecar de expertos.

El verano se hace de rogar, pero el calor, 
por el sur, ya hace tiempo que se quedó a vivir.

Y de nuevo, quiero convertirme en la sirena del mar muerto a la que canta Pol. Siempre quise ser sirena. Adoraba tanto el mar, que se me hacía imposible imaginarme fuera de él.

Hacía tiempo que no sonreía por nada, que me costaba ser feliz. Pero hoy no. Ella está un poco más lejos, pero nunca creí en el imposible de no volver a verla.
Solo cuatro meses, y parece que pasó una vida. Pero por ti, abuela.
Hoy sonrío por ti.



martes, 7 de junio de 2016

Mi seguro de vida














Los días pasan demasiado rápido.
Y las noches son...curiosas.

Lo curioso de esas noches,
en las que tanto presumí disfrutar,
es el maldito momento en que más te recuerdo.

Y ya no, no disfruto,
sólo duelo.
También sueño;
aunque esto último ni si quiera  lo recuerdo.

No quedan estrellas que no rememoren
qué pudimos haber hecho
para salir ilesos,
para no ahogarnos, ni caernos.

Se acerca el verano y sé, que será estupendo.
Aunque no termine de serlo sin ti.
Verano.

Porque en aquella despedida te llevaste
algo de mi contigo.
Y no termino de encontrarme.

Soñé que éramos la solución que tanto necesitaba el mundo.
La solución al ruido de las puertas,
la solución al crujir de mis pestañas,
y al dormir de tus aceras.
La solución a uno y a todos los problemas.

Pero olvidé que de los sueños, uno siempre despierta.

Y por más que quiera no se me borran
los recuerdos de tus palabras:
aquel espero que estés segura.

¿Segura? ¿De qué, exactamente?

Segura de no quererte, de querer más
de extrañarte mal.

Segura del cómo diablos te va,
segura de la distancia.

Sentirme segura de que si esto no es amor,
no tengo cómo llamarlo.

Segura de que en la próxima luna
quiero que bailes conmigo.

Estoy segura de ser insegura,
de serlo mucho.
Insegura de mi.

martes, 31 de mayo de 2016

La intensidad del dolor será directamente proporcional a tu implicación emocional

A base de darme fuerte contra un muro he aprendido que no podemos depender de las personas. Es triste, pero es así.
Ni intentarlo.
Grábate bien hondo eso de "depende de ti" porque va a ser tu ley a partir de ahora.
No depende de nadie más, que tu alrededor te afecte.
No depende de los demás que seas feliz.
Tu eres el que da el pistoletazo de salida en la carrera de la vida- de la tuya.
Los demás pueden ponerte obstáculos, adelantarte o quedar detrás.
Pero una vez que llegues, tu puesto es solo tuyo. Y eso depende enteramente de ti.

Será que estoy acostumbrada a sentir con la gente y por eso cuando llegan los jarros de agua fría me cogen siempre de espaldas y bailando. Pero esta vez, decir que me cogió desprevenida es quedarse muy corto.


Dime cómo hago ahora para borrarlo todo.
Quisiera tener a mi alcance ese botón. Un resorte que haga volvernos a conocer, a reencontrarnos por primera vez y dejar de ser. Ni empezar.
Miro las sonrisas, los momentos recopilados contigo, las cartas y seguidamente mis dedos  se desplazan hacia la herida. La has ido dibujando poco a poco. Y ahora escuece.
Dime qué canciones son las que tengo que escuchar ahora. Las de antes ya no m valen porque cometí el error de compartirlas contigo.

Y así, con cosas como esta, se me quitan las ganas. Me da miedo el futuro próximo, la incertidumbre. Me dan mido los cambios si eso significa que mi vida pase de 100 a cero sin tener un motivo justificado.
Y después de tanto, de todas las veces que me ha pasado, sigo tomándomelo igual de mal. No aprendo.

Quizá me quedaré con algo tuyo. Tus letras. Era lo bonito de seguir escribiendo cartas. El romanticismo de la espera, las ganas de recibir, de enviar.
Lo bonito era que sabíamos que estaríamos con un siempre, la una por la otra.
Pero acaba mayo, y sin quererlo, también esto.


sábado, 21 de mayo de 2016

Tatuado

Tenía el mundo tatuado en la piel.
Como si la tinta grabada le recordarse de donde venía, y que camino tenía que seguir.

Lo tenía tatuado en un rincón al que solo los sueños eran capaces de llegar.

Los sueños, y yo.
Hace unos días que me dejó descubrirlo.
Éramos los privilegiados que tenían conciencia de su locura imborrable.

Algunos decían que ella era la de las mariposas. Que la cabeza se le iba más de la cuenta, y que las risas estaban aseguradas, si eran a su lado.

Pero yo sabía que ella era la única que veía la parte perra de la vida. Que se había hecho a base de rotos y descosidos, y que el color intenso de su mirada, contrastaba a la perfección con su forma de guipar al cielo, en blanco y negro.

Decía que sabía apreciar la belleza monocromada, que así, se disfrutaba más el tiempo.
Cómo si difrutar el tiempo no fuese un misterio en si mismo.

Pero, para mi. El mayor misterio era ella.

Lo sigue siendo.
Ella y su curioso tatuaje. Que algunas mañanas te parece mar, otras, tormentas.
Pero cuando llega la noche, y la luna no sale, se convierte en la más absoluta de las tristezas.

En unas letras que no servirían para instrucciones, unas palabras que se clavan hondo y unos besos.
Unos besos que me los quedo para cuando ella ya no esté.
Para seguir recordándola tal y como la contemplo.

En camiseta, sin nada más. A lomos de la primavera. Y con el tatuaje asomando por el lateral de una de sus costillas.

El pelo le cae sobre los hombros.
Dice que lo tiene demasiado largo, pero a mi me gusta de todas las maneras.
Y trasteando en el cajón de la mesa, junto a la ventana.

El día gris, igual que el humo del incienso que descansa junto a la puerta.
Y yo, intentando dar a cada segundo, con el misterio que encierra.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Resistente al olvido

Me gustaría ser tu resistencia al olvido permanente.
Como la primera vez que viste el mar.
¿Recuerdas?
Tendrías unos seis años, y siempre te habían contado cómo era,
pero tú ibas más allá. Necesitabas verlo.

Una buena mañana aprovechaste que estaba la abuela en casa,
le preguntaste si podíais ir de excursión.
"qué inocente" Pensaste.
Pero no, aquella señora tan bondadosa como entrañable quería que cumplieses tu sueño de niño.
Y tras dos horas de autobús, tus menudos pies pisaron al fin la tierra firme de tu nuevo paraíso.
-Este es nuestro secreto, ¿vale, abuelita?- Le susurraste al oído.- Mamá no puede saber nada.

Digo de ser tu resistencia al olvido como aquel recuerdo, porque sé que por mucho que ella falte, tú seguirás eligiendo siempre ese momento como vuestro, tu preferido.
Digo resistencia al olvido porque me niego a que me saques de tu memoria.

"Has entrado a formar parte de mi memoria implícita."
Me lo dijiste en domingo. Domingo tarde.
Ya sabes que esos días te lo permito todo y el mirador camufló tu confesión.
No me di cuenta hasta que llegué a casa de que esa era tu forma más bonita de decirme te quiero.
Fue al ver tu mensaje: "Memoria implícita, dícese de la memoria automática, de recuperación no intencional que resiste al olvido."
Y quise comerme a besos cada coordenada de tu perfecta geografía.

Porque, si me preguntases por qué te quiero, no sabría explicártelo, al menos con palabras.
Pero si me insistieras, terminaría por confesarte entre risas y bajito que te quiero por ser tú.

Porque ser tú implica tener el compañero perfecto de guerra de almohadas, que además se las da de pizzero amateur, y payaso en prácticas.
Ser tú implica iluminar tu vida, y las de los que te rodean con más intensidad que el sol del sur.
Ser tú significa continuar sin descanso, ver el lado fácil de las cosas y querer quedarse a vivir en cada parada de metro tras un beso rápido de despedida.
Ser tú son todas y cada una de las penas y alegrías que me trajeron tus brazos, abrazos y sonrisas.
Ser casa, tempestad y calma.

Ser tú no es hacerse viejo, es hacerse sabio y llamar a la experiencia amiga, pero seguir contando con el factor sorpresa.
Ser tú es ser yo contigo.

Y por eso te quiero.

("Before we go"- Chris Evans)

sábado, 14 de mayo de 2016

Desamor

Te has levantado melancólico.
Fin de Semana.
Y le das al contestador escuchando por enésima vez
su voz enlatada, tantos años después.

"Está sonando Thunderstrack en nuestro bar.
Hoy es noche de soltarnos el pelo y bailar.
Aprovecha, que está largo, 
y tu barba de tres días me trae de cabeza.
¿Vienes?
...
No conocemos frenos,
mientras yo canto subida a la barra,
tienes que hacer como que tocas la guitarra.
...
Nunca he sido de tenerme en cuenta,
siempre más de bromear.
Y contigo es tan fácil.
...
Siempre es AC/DC
pero, ¿y yo?
¿Nos vemos esta noche?"

Pero no la volviste a ver. Ni pisaste vuestro bar preferido de Madrid a las 3 de la mañana.
Te cuesta volver a aquel Thunderstrack,
tu barba peina canas,
y ya no te eclipsan sus piernas.

Noche cerrada de movida.
Entras por la puerta del garito de siempre.
Un par de cañas.
El día ha sido bastante intenso pero, te encanta tu trabajo.
Has aprendido a quererlo.
Un gran reto, teniendo en cuenta que sólo sabías quererla a ella.

Y te pones a pensar en la vida.
Dos hijos maravillosos.
Pero al amor no le diste oportunidad alguna.

Prometiste que seríais los dos.
Aunque te olvidaste.
No recordaste que a las promesas
se las llevaba el viento de la primavera.

Piensas en tu Thunderstrack, en los miles de mensajes que te dejó en el contestador y que tú nunca devolviste. Por miedo.
Y decides que ahora o nunca.
Que vas a llamarla.

Aunque se enamorase de otro,
aunque tú hubieras vivido hasta ahora dando tumbos
con dos balas más en la recamara.

Quieres vivir el ahora:
echando-más de la cuenta- de menos tus locos 20,
de más a alguna rubia que te recuerde a ella y
con los únicos que te quedan: los colegas.
Quién iba a decirte que la vida te trataría tan bien pero que te haría sentir tan sólo.
A eso sabía el desamor cuando te dijo entre lágrimas 'algún día llamará a tu puerta.'

La llamas y tras dos pitidos, descuelga.
Le dices de repetir el dúo una última noche.
Después ya veréis que pasa.

Adivinas su sonrisa, y te dice que te des la vuelta.


A R.F.




domingo, 8 de mayo de 2016

Recuerdo

Re cuerdo.
Cuerdo.

No estamos cuerdos.
Me he dado cuenta de que sólo los locos olvidamos.
Que tenemos el privilegio de borrar de distintas formas lo que una vez nos hizo daño. De que no guardamos copia de seguridad.
Los locos escribimos, como terapia, para dejar escapar un poco de nuestra locura, y sentirnos bien con nosotros mismos.
Aunque siempre quede una huella difuminada por la espuma del mar. Nuestra seña, nuestra identidad.

Los locos somos capaces de jugar sin pensar en las consecuencias, de tocar el fuego sin quemarnos, de querer más cuanto menos nos dan.
Somos locos de remate, de jaque.
Somos una torre que se tira por un God save the Queen, el peón que se sacrifica para proteger a su rey, y el caballo astuto que recorre tres pasos y retrocede dos. Saber retroceder a tiempo no es de cobardes.

Locos, los que Roxette les parece una buena opción para la nostalgia del domingo.
Los que amamos los domingos.
Los locos somos los que pisamos solo un tipo de baldosas sobre las aceras, o las blancas o las negras- y al mismo tiempo adoramos el gris como estado, sobre el cielo.

Los locos somos los que damos vueltas a la cabeza, paseando los olvidos de madrugada. Los que bailamos y reímos sin importar el porqué.

Somos locos si, contra todo pronóstico, contra toda inclemencia del tiempo, seguimos adelante- nos hacemos los cuerdos.


(A walk to remember- Shane West, Mandy Moore)

miércoles, 4 de mayo de 2016

Equinoccio

Y llega una ráfaga de viento frío. Demasiado para la tímida primavera que nos estaba dejando el abril.
El viento apaga las velas que encendimos anoche, y la esperanza.
El viento te llevó consigo.
Y la habitación se ha quedado vacía. Un vacío desolador que nadie podrá volver a llenar porque, entre quien entre, no serás tú.

Perdona por haberme enterado tarde y así, perdona por no haberte conocido más y que me duelas tanto. Perdóname tú, que puedes.
Que tu risa y tu alegría seguirán llenando de naranjas los atardeceres. Que por ti, tenemos que disfrutar ahora de las cosas buenas el doble.

Perdóname porque yo nunca podré perdonarme no haber estado ahí cuando ella me necesitó.
Y ahora es tarde, y sé que ella es fuerte, y que sabe vivir con más peso que ninguno sobre los hombros. Que se encargará que alegrarle los días para que a ellos les cueste vivir un poco menos.
Creo que lo de estar a su lado, lo necesito yo más que ella.

Y con el corazón desgarrado, con los sueños de madrugadas altas-sabor a sal de lágrimas-te deseo el mejor de los vuelos por ahí arriba.
Cuídalos mucho, y recuerda.
Que no te roben la sonrisa.


A S., esté donde quiera que esté



lunes, 2 de mayo de 2016

Mamá

Me gusta mucho dar las gracias. Pienso que es una palabra que, al menos para mí, tiene mucho significado.
Una palabra que se me escapa cada dos por tres. Y a ti te la digo poco.
Sencillamente hay sentimientos que no sé describir. Nunca me planteé ponerle palabras  a lo que siento por ti.
Pero creo que podría empezar por un gracias.
Gracias por haberme enseñado a leer, a dibujar, a jugar, a sonreír, por las tardes de barbies y de muñecas.

Gracias por todas las noches que robé tu sueño, por preocuparte, aunque no hiciera falta.
Gracias hacerme ver que todo problema tiene su solución, solo hay que encontrarla.
Por los mejores desayunos, por las mejores comidas de cumpleaños, por las charlas interminables, por los domingos al sol, por el cariño que siempre has puesto en todo.
Gracias por animarme a seguir, un poco más, por muchas toallas que me apetezca tirar al día. Por hacerme ver que puedo, y que los imposibles existen en según que cabezas.

Gracias porque, sabes hacer algo que a día de hoy no le he visto hacer a nadie: estar a mi lado, y al mismo tiempo a mil kilómetros de mi.
Gracias por tener ese don de la ubicuidad para que te sienta cerca. Gracias por tener tu corazón inmenso dividido en cinco partes, y aún así querernos al cien por cien a cada uno.
Gracias por ser mi superheroína favorita y multiplicar el tiempo para que todo pueda hacerse en un solo día. Gracias por ser como eres, aunque estés triste, cansada o harta. Gracias por tirar de todo y de todos siempre. Por ser madre 25 de las 24h que tiene un día, cada día de los 365 desde aquel 24 de febrero.

Como digo, esto es solo una pequeña parte del lugar que ocupas en mi vida. Y que me es imposible ponerle voz. Pero eso, que te quiero- desde el día que vi la luz.

Gracias por darme la vida, mamá.




sábado, 30 de abril de 2016

Evanescente

Se fue.

Desapareció de las miles de vida que tocaba con su arte cada día, sin dejar rastro, sin un último mensaje de contestador. Sin decir que iba irse, aunque sospecho que lo sabía. Que su estúpida brújula ya le había marcado el destino.

Se fue tras una bonita despedida. Tras miles de mensajes pegados de distinta manera en las paredes de mi habitación.
Y por más que busco, no consigo encontrar aquello que propició su marcha inevitable. Lo que la hiciera desaparecer.

Los mensajes, más que un adiós inminente, desprendían un 'voy a quedarme junto a ti el resto de mis días'.
Esto me hace cuestionarme si por algún motivo, desconocido para mi, le quedan días.
Y el corazón se me encoge.
¿Cómo no van a quedarle días si rezuma juventud por todas las esquinas de su sonrisa?

Algo estás haciendo mal, entonces-me digo. Puede que seas tú, que has cambiado. Puede que ya no la veas con los mismos ojos, y pienses que se aleja. Pero te sientes igual.

Decides que vas a dejar pasar el tiempo. Que, por una vez, se merece que lo dejes hacer y deshacer a su antojo.
Y la única solución provisional que dilucida tu cabeza es dejar la puerta entreabierta.
Entreabierta-para ver si ella regresa, si deja sus rarezas paseando por Madrid y vuelve con un montón de nostalgia.
Dejando la puerta entreabierta también invitas, sin quererlo, a pasar al tiempo.
Que pase, que se siente, y eche la tarde.
Que corran las horas.
Que tú hoy no vas a decidir nada.


jueves, 28 de abril de 2016

El graduado

El semáforo parpadea en ámbar y yo no quiero que cambie.
Bely canta  a ella baila sola. Siempre me apetece llorar esa canción en la que preguntamos si echarlo a suerte. Confiar en la suerte. Llegar hasta el punto de cederle tu camino y cumplir todas sus órdenes como si fueras un mando más.
Ámbar. Quiero que siga esa incertidumbre, ese "todo puede pasar" en el que reina el caos durante unos instantes. Que todos podamos cruzar y parar a nuestro antojo. Quiero que seamos de nadie.

La luna no quiere salir, aunque le avisamos que quemaríamos la ciudad.
El sol se resiste también a marcharse. A dejarnos del todo.

Y yo.
Yo no quiero sacarte de mi cabeza. Lo intenté pero me convertí en un daño colateral de tu vida. ¿Puedes sacarlos de mi vida? ¿Sacarme?
Has provocado un seísmo de nivel nueve en la escala Ritcher y ya no queda mucho que aprovechar, por decir nada. Sólo sé que estoy en el mismo sitio donde me dejaste, pero sin mirar al mar. Es el único que me reprocha las lágrimas y no quiero que me vea llorar.

Y de lejos, la noria quiere terminar de vestir de luces. Ajena a todo, ilusa, busca vivir su carrera rítmica y efímera a contrarreloj. Quisiera ser ella.
Quisiera que el limbo en el que me siento tan extraña como vacía tuviera sentido.
Quisiera que las cosas me importaran menos, que no fuera tan fácil hacerme daño.

Ayer vi que hay luz detrás del túnel, que todo tiene un final. Si me espera un final, por favor, que sea como ese. Que sea un final en el que me de la vuelta, y vea que el pasado maravilloso queda atrás y que vivo como me encanta, en gerundio-viviendo.

Ayer me di cuenta de que la vida tiene el sentido que queramos darle.
Que la suerte, no es más que una cara de la moneda, una broma en el camino, que a veces se puede convertir en piedra. Ayer comprobé que tú historia, la nuestra, la escribimos nosotros. Sé que tu prefieres el teclado, pero yo, hasta que llegue mi ansiado final, voy a seguir manchándome el anular de la mano izquierda de tinta azul.



miércoles, 27 de abril de 2016

Que no me roben el abril



Leer 'un invierno sin sol'
Y querer quedarme a vivir en cada rincón de su cabeza.

Y escuchar entonces los versos de Escandar en la mía. Gracias Artista.
Y querer ser yo la tinta de todos los besos que dio y los que le quedan.
Y sentirme pequeña, y a la vez inmensa.

Y no perder de vista el horizonte, ni bajo la lluvia.
Y bailar la lluvia, danzarla y susurrarle al oído lo bonita que esta cuando sale de fiesta.

Pero, no. Ahora no estoy visible. No disponible.
Llamémoslo ausente.

Ausente de toda soledad quebrada, distante de cualquier distancia y al otro lado de la fe, ahora apagada.
Lejana a cualquier cosquilleo que suponga mirar más allá de estas páginas.

Al fin y al cabo, la vida es eso ¿no? Levantarse tras la caída, sin saber si caíste bien, o solo caíste.

La vida es un leer entre líneas: líneas de periódicos, de libros, de revistas, líneas de poesía, de metro, de etiqueta y de expresión.

No me saquéis aún, que me quedan unas líneas por leer.
No me llevéis, que me quedo a vivir.
Y aquí, entre cuatro paredes dispuestas de la forma más desordenada, soy feliz.

Luego hablamos.

Y si,
tengo que darte las gracias.

Gracias por estar cogiendo mi mano en todos los momentos,
por hacerlo en los buenos, pero mejor aún en los malos y los peores.

Por tener siempre un "vas a poder" cuando mi mundo se desmorona.
Por cada palabra amable que maquilla mis agobios y le quitan importancia.
Por las risas que me sacas cuando es lo último que me apetece.

Gracias por tus llamadas; en diez minutos consigues lo que nadie en 24h:
Que se termine de arreglar un día.

Gracias por hacer que las penas se conviertan en menos penas y
la vida solo se vea a carcajadas.
Gracias por quitarle el gris al cielo y tener una tontería más con la que coronarte.

Doy las gracias por aquella noche de San Juan,
y por que hayas aprendido a confiar en mi.
Gracias por dejarme ser yo.

Lo confieso, te quiero un poco.


jueves, 21 de abril de 2016

Desacordarse

Nunca perder, nunca perderte.

Perdernos será otra historia,
de esas de madrugadas,
en noches de tanta luz, que se camuflan las estrellas.
En noches vacías de llanto y llenas de decibelios.
Noches de micro abierto
en las que sólo el mejor de los finales puede quedar en el aire.

Perdernos viviendo lejos, y tan cerca. Perdernos al norte siendo del sur.
Y que no importe este oeste lleno de almas repletas de tierra de desierto.
Subamos las cremalleras de las chaquetas de cuero.
Preparémonos, con Sidecars, para vivir en concierto.
Prepara tú el cóctel, yo ya llegaré con el hielo.

Que la juventud no nos hace más tontos, ni más indefensos,
pero si invencibles.
Invencibles contra castillos de arena, contra atardeceres de mil colores.
No nos damos cuenta pero, nos hacemos invencibles mutuamente,
el uno contra el otro.

Hace días escuchamos eso de que perder es otra forma de ganar.
Yo camino en la línea del 'es mentira'
y tú te grabas la cita a fuego lento, en las mejillas.

No, no estuvimos de acuerdo.
A la hora de la verdad, nunca lo estamos.
En esto consiste nuestra dinámica de grupo. Nuestra dinámica de dos.
"Desacordarse"

Preferimos el desacuerdo al olvido.

Desacordarse del tiempo que pasamos juntos, para volver a vivirlo.
Desacordarase del daño, y que luego duela más.
Desacordarse del número de escalones que llevan a nuestro hogar.
Y de nuestro hogar al cielo.
Para improvisar todo de nuevo.

En nuestro idioma, estar de acuerdo significaría perder.
Perder de verdad, sin que te quede nada más por lo que luchar.
Sin motivos, nicausas.
Sin efectos observados ni observables desde el tercer piso sin ascensor.

Cuando escuches está todo perdido de mis labios, date por vencido.
Nunca por perdido.

(Sam Claflin, Emilia Clarke - "Yo antes de ti")

miércoles, 20 de abril de 2016

Estás tú

Y luego estás tú, que conviertes en fiesta todos los domingos. Que sacas brillo a cada sonrisa a golpe de compás.
Estás tú, que desde que apareciste la vida hasta me parece bonita.

Siempre me empeñé en seguir el mismo camino, sin prisa ni pausa. En hacerlo todo solo y no compadecerme, ni dejar que lo hicieran por mi.

Pero ahora estás tú, que me has enseñado que hay más caminos además del principal, que me has enseñado el valor de un atajo y el significado de dejar pasar el tiempo. Me has enseñado que siempre se llega a donde te marca el destino, ya sea hoy o tal vez mañana.
Estás tú, que quitas el hipo a cualquiera que se deleite ilusamente con tu cintura, pero es que a mí me infartas la vida.
Eres la única que me enseñado eso de lo bueno si breve dos veces bueno.
Y ahora, desde que estas tú vivo todo el doble. Digamos que contigo, sólo vivo.
Que me llevas por los mejores caminos.
Que tengo ganas, y más ganas. De las de verdad.

Estás tú que conviertes hasta la cosa más nimia en un regalo.
Que con tus ojos gitanos se convierten en primavera hasta el más frío de los inviernos.

Fue verte aparecer bajo la escalera y que el sentido llegara a mi vida.


sábado, 16 de abril de 2016

'On air'

'Catch and release' de Matt Simons y otras canciones para escuchar en las esperas.
En las despedidas.
Canciones como esas que se me antojan bandas sonoras perfectas en las llegadas de aeropuerto, con nervios puestos y sin ellos. Con sensación de claustrofobia y ganas de perder de vista las alas que irónicamente te dejan surcar las nubes. Con ruidos de motor y colas interminables. Con o sin equipaje, siempre de mano.
Y mientras, miles de vidas paralelas se cruzan con la tuya, en un único punto. Un solo trayecto. Personas que tienen tu mismo destino y alguien esperando en llegadas. O no. Personas que viajan solas.
Y muchos sentimientos que quieren contradecirse. El miedo de no volver, la ansiedad del propio trayecto, la felicidad del reencuentro y las expectativas a flor de piel.
Y es verdad, que entre las vidas cruzadas dentro de un avión te encuentras de todo.
Están los que viajan por placer o por trabajo. Los que viajan por sentimiento, por echar de menos hasta el límite. Los que viajan por viajar, y no se cansan.
Y luego estás tú, que viajas para verme. Para constatar que disfruto y que vivo. Para compartir conmigo y no perderte ni un segundo de magia más.

Y las nubes y el sol se pelean por darte la bienvenida. Y yo también. He llegado antes de tiempo, para no perderme esa sonrisa ni un minuto más. Y 'copacabana' resuena fuerte.
Y de todos los que íbamos en el autobús, solo quedo yo, entre tanto gris, al que he aprendido a ver el color.
Y la espera no se hace eterna porque mi cabeza vuela igual que las alas que te traen hacia mi lugar.
Sí, mi lugar que por fin puedo compartir contigo.


(Aeropuerto de Santiago de Compostela- Lavacolla)

viernes, 8 de abril de 2016

Demasiado emocional

Muchos dicen que no es sano autistarse. Encerrarse en el irreal mundo de tus pensamientos usando como fortaleza los auriculares,
para que no se escape nada- y la música te invada, y te haga pensar.
Qué quereis que os diga.
Lo hago a menudo. No por nada, sino porque a veces mis propios pensamientos son más grandes que yo, y necesito extenderlos.
Me encanta caminar lento, sin un rumbo, y dejar que mis pasos lleguen solos a casa, habiéndose recorrido antes toda la alameda.
Me gusta hacerlo en compañía de Rayden, de Passenger, de Coldplay, de Fercán. Me gusta derretirme con el piano de Hames Blunt cuando llego al lugar desde el que mejor se admira la catedral.
Últimamente los días están siendo más fríos de la cuenta, y al contrario que la gente- que defiende que el frío congela neuronas- a mi me ayuda a pensar.

La vida se ve más bonita a las nueve de la noche en Compostela- con el horario de verano. En días como hoy, quizá demasiado fríos. En los que sales de clases con las que ya tienes una relación amor-odio asumida y te da por echar a andar, dejando que hoy trabajen tus pies.
Te encuentras con un par de caras conocidas por el camino. Y respiras hondo después de saludarlos. Y sonríes, pero no sabes por qué.
Te acaban de explicar que hay dos mecanismos fisiológicos de sonrisa- la fingida y la emocional.
Tú siempre has defendido que la fingida es más bonita, pero ahora te paras.
Y piensas.
La emocional.
La emocional es la que arranca el cariño a tiras, a rastras, a quemarropa. Y cambias de postura. Ahora prefieres la emocional, como buena caprichosa en que te has convertido.

Y te salta un mensaje de móvil. Con esto de las redes sociales ya no nos queda tiempo para soltar la última bocanada de aire antes de encerrarnos.

Rayden anuncia por facebook que está en Madrid. A kilómetros de ti. Sin embargo, con el boom de las tecnologías, te invita a que estés en Galileo a golpe de click.
Y tú aceptas, encantada.
Todo sea por seguir viviendo la magia de personas capaces de describirla con palabras.
Y lo escuchas pensativa, mientras te araña el corazón, y tú disfrutas del bullicio.
Disfrutas de la vuelta a casa mientras la luna trepa por las agarraderas para llegar alto. Y el frío te congela las manos.
"Hay dos tipo de personas: las que aman como estado y las que aman como filosofía"
Y te quedas con ese verso, y le das la vuelta. Del derecho y del revés. Ahora lo ves mejor. Siempre has ido de ir en contra del mundo. Y mientras Rayden se apiada de un país libremente silenciado, tú ves una pareja pasar. Montero Ríos. Más vida.
Mientras Rayden aclama a España, has llegado a la midas, estás en Alfredo Brañas.
Como automático, coges la llave, ascensor, tres pisos y tu puerta.

La reflexión de esta vuelta a casa es que eres demasiado emocional.

(Atardece en Compostela- Formas de  adorar el gris)

domingo, 3 de abril de 2016

Yo soy mi propio enemigo

Toda la culpa la tienen los domingos.
Primero de abril.
Y el 3 es un número precioso.
Los domingos son culpables del exceso de información acumulado de la semana, de que te quiera más de los límites de la cordura.
Los domingos son los culpables de que la concentración escasee y el supermercado esté cerrado por día de descanso.
Falta escasa media hora para que esta tormenta dominical llegue a su fin y a mi se me cae la casa encima.
Coldplay no ha dejado de sonar en todas sus versiones, y eso me relaja. Adoro su nuevo disco.
Necesito una buena dosis de chocolate, reír con ellas. Una fiesta- bailar hasta terminar sin pies.

Necesito otro domingo de ver amanecer dando tumbos por la playa.
Y otro bar que se convierta en nuestro.
Necesito sentir las pocas estrellas de Madrid sobre mis hombros y tus labios sobre los míos.

Porque no.
No aguanto más tardes de melancolía, más incertidumbre.
No aguanto más vida sin especias.

De lo único de lo que quiero arrepentirme es de no haber dicho las cosas a tiempo,
de no disfrutar lo suficiente todo lo vivido.


jueves, 31 de marzo de 2016

Compostela

Y ya me lo dijeron. En cuanto te enamores de esa ciudad, pasarás a sentirla tuya. A llamarla casa, hogar.
Y volverás a ella con ilusión y con la pena de dejar atrás a los tuyos. Y la echaras de menos cuando el sur se atisbe por el horizonte.
Y entenderás lo que hace la morriña paseándose a gusto por tu piel cuando vas al mar a mojarte los pies.
Y ansiarás estar alli, cuando te la recuerden.
Y cuando estés allí la odiaras con más fuerza que nadie.
Pero somos pocos los que entendemos la relación entre el amor y el odio.
Por algo decían que entre ambos hay solo un paso. 
Cuando te enamores de ella, de tu ciudad, el amor-odio será tu forma de vida.



No perder el color.


Qué bonito verlo desde fuera, desde una pantalla de cine, desde un escaparate, desde las cristaleras de una cafetería en plena nevada.
Sentirte orgulloso espectador
de un estúpido sentimiento,
como es el amor.

Bonito, alegrarse del cariño ajeno,
aún sin conocer a quienes lo están compartiendo ante tus ojos.

Tendríamos que pararnos a mirar, más.
Descubrir la intimidad de dos que se reencuentran al llegar el tren, en un aeropuerto, en plena calle.

Bonito saber que el amor se separa del odio por un paso de un pie del treinta y ocho.

Pero lo más bonito de todos, es compartir ese sentimiento, sentirte estúpida e ilusionada. Sentir que no te falta nada en el mismo momento en el que no te quedan segundos para aprovechar mejor tu vida. Saber que alguien te espera en casa, que cuando abres los ojos vas a ver una sonrisa dándote los buenos días, aunque se levanten malos.

último capítulo de mi historia contigo

Qué malo era que todo me recordase a ti.
Hasta las cosas que nunca pensé que asociaría a tu persona aparecieron y me recordaron que dejaste huella.
Una vez me dijeron que las personas somos como esas huellas. Que solo nos echamos en falta cuando ya no estamos.
A kilómetros de ti. A años luz de aquella vida que una vez se empeñó en cruzarnos.
Intenté leer, concentrarme en miles de palabras que no me sugerían nada.
No las entendía.
Lo único que pude pensar realmente era el último sueño en el que apareciste tú.
Y me cansé-
de soñarte,
de quererte,
de extrañarte,
de dolerme.
Me cansé de ser nosotros, sin ti.
Puede que extrañase lo que ya conocía, aquella rutina, saber que estabas bien.
Pero cerré el libro y quemé las dudas.




Apnea

'Referido a la supresión transitoria de la respiración.'

O eso ponía en el diccionario de la vieja estantería.
Fuera de quien fuese la colección de libros de aquella pequeña habitación, una cosa estaba clara: adoraba la filosofía, pero también la historia.

Por un momento sentí frío. Hacía casi un año que no entraba a aquella habitación. Y las circunstancias eran muy distintas a las de entonces. No estaba triste, no quería salir corriendo, y ella me llamaba desde la terraza.
Y me invadieron los recuerdos. Se agarraron a mi con las ansias de un ahogado, aferrándose a los restos de vida de aquella casa. Sentí envidia sana. De la sabiduría, del limbo al que se escapan aquellos que ven el fin de un camino, pero algo dentro me dijo que me tomara mi tiempo.

Hace tiempo que el corazón me bombea- unos veinte años- pero...desde hace algún tiempo, bombea como con menos fuerza. Esta, no sé, algo más vacío. Hasta él, que no es capaz de pensar, nota su falta.
Hay veces que pienso lo mucho que la echo de menos.
Pero yo sé que es mucho más que eso.
Es soñarle mal, y pronto. Echar a dormir en la oscuridad con lágrimas.
Y abrir los ojos, luego, deprisa- como con miedo.
Y no recordar el 'qué', enredarme en el 'cómo' y tropezar en el 'con quien', para encontrármela riendo al final de la escalera.


La vieja escuela

Te das cuenta de que has crecido cada vez que vuelves a casa por vacaciones.
Cuando vas a las quedadas con la gente de siempre, de antaño, con los que creciste como persona y te van contando sus logros personales, sus primeros pinitos en el desconocido mundo de la vida social.
Y la melancolía te invade.
Te das cuenta de que te has hecho mayor cuando ves que algunas de las chicas buenas que han convertido en las chicas más pícaras de la universidad, cuando ves a alguien que no fumaba con un cigarrillo entre los labios, echándose la culpa de ser fumador social.
Cuando extrañas tu vida de antes pero no la cambiarías por la de ahora, y no puedes evitar comparar.
Cuando vas a esas quedadas y no cierras la boca, porque siempre hay algo que contar o que te sorprenda.
Y vuelves a casa, esta vez a una hora decente, te escondes con el sol.
Regresas extrañamente feliz y con una foto de grupo más, un año más viejos, más canas y más arrugas de reír.
La mítica.

domingo, 13 de marzo de 2016

Luces


Y resuena Lagarto Amarillo en mi cabeza-"porque todos somos buenos los domingos por la tarde...".
Sigo pensando que soy una privilegiada, que vivo-si no en la más bonita- en una de las ciudades más bonitas del mundo.

A la bella Compostela le encanta vestir con agua, que las gotas resbalen por todos sus maravillosos soportales, y que la magia se cuele entre piedras mojadas. Compostela no se siente triste cuando los ángeles lloran. Le gusta jugar a ser única.

 Pero cuando salen tres rayos de sol, Compostela se convierte en guapa de verdad. Los días son fiesta y claro, nosotros tampoco podemos resistirnos.
Hoy he pasado el día, sin moverme de la que es ahora mi ciudad con un pedacito de mi sur.
Y cuando se iba el sol no he podido más que echarme a reír.

domingo, 6 de marzo de 2016

Frére et soeur

Esto es una carta para cuando tengas la edad suficiente.
No quieras adelantarte, ni jugar a ser mayor. Aún te quedan algunos años por disfrutar. Aunque cada vez menos.
Cuánto has crecido en tan poco. Y siento que me lo estoy perdiendo. Que me pierdo todas las excusas que le pones a ella cuando no quieres levantarte de la cama. Cuando no te hace falta otra cosa que la consola. O cuando te has dado cuenta de que te has enamorado.
Eres demasiado listo. Reparte algo de inteligencia para los que nos sentamos en una silla y no levantamos el culo para poder estar satisfechos de nuestros esfuerzos.
Eres mi rey de la casa. Y confieso que lo has sido desde aquel septiembre de comienzos de siglo, cuando viste la luz. Eres mi casa, aunque ahora esté a kilómetros de ella.

Como no hay instrucciones desplegables para el amor, o no venimos con un manual de "Cómo ser padre en 10 sencillos pasos", tampoco existe reglamento alguno para ser una buena hermana.
A pesar de ello, no me rindo. Lo intento cada vez más, contigo, con todos.

Intento que no me sientas lejos, quererte como mejor sé. Intento que sepas, con esto, que puedes contar conmigo. Y siempre has podido. Porque yo no me voy a dar la vuelta y voy a desaparecer. Pretendo quedarme a tu lado-mínimo- hasta que peines canas.
Quiero poder comer contigo los domingos, y que cuando todo cambie, aún nos compartamos unas risas y un baile. Que nos debamos millones de tardes de sofá, manta y peli.

Esto es otra de las formas que tengo para demostrarte lo que te quiero. Ya sabrás que soy mucho más de palabras. Que cuando se trata de ellas, me faltan folios en blanco. Que aquí suelto y escupo todo lo que no sé decirte al oído por miedo a que no me tomes en serio.
Y que eso, que te quiero.
No crezcas tan rápido, enano.

a G.

(Mark Hamill, Carrie Fisher- rodaje de Star Wars)

Heute bin ich blond


Hoy soy rubia. Lo he decidido.
Así caeré mejor a la gente. Me haré la tonta y todo será más fácil, más al límite.
Hoy veré llorar a los caballeros de los que hablaba Marylin entre diamantes.
Hoy seré carne de todos los cañones que quieran disparar al calendario. Hoy me teñiré el pelo por el mero hecho de sentirme distinta.
Puede que sea una tontería. Pero creo que hemos entrado en un mundo en el que lo único que importa son reglas sociales- ni siquiera escritas- que se rigen por una insulsa fachada. Las perfectas medidas, en la vida perfecta, aguantando unos andamios bajo tus pies. Sin que el maquillaje se desplace ni un milímetro bajo tus pestañas. Un mundo en el que no se ven las cicatrices de guerra, y se tapan las de cirugías estéticas. Un mundo 'perfectamente perfecto'.
Ya nadie quiere variedad, diversidad. No quieren cerebro. Rechazan las ideas y hemos pasado a vivir en el día de la marmota. Es muy triste que en lugar de progreso, vayamos en retroceso.
Hoy me pondré un escote que no tengo, la falda algo más corta y me reiré por todo como si no lo entendiera. Seguro que así caeré bien. Caeré...
Pero, como Cenicienta (también rubia), cuando den las doce, y la nueva semana de Marzo se abalance sobre mi, volveré a ser yo. Me habré demostrado a mi misma lo que ya sabía- que quedan personas respirando que piensan como yo.
Que pensamos que las costumbres son bonitas, que las tradiciones tienen magia y que la luna sale cada noche aunque nos empeñemos en invertir los días, por mucho tiempo que pase.
Pero, que lo distinto te regala una bocanada de aire, que lo diferente nunca aburre, y siempre hay algo nuevo que hacer. 
 Que en la variedad está el gusto.Y el gusto no es más que un sentido. Uno que sin los otros cuatro-originales- no es nada.


(David Rott, Lisa Tomaschewsky- Heute bin ich blond)

Límites difusos

Algo escuché de mis queridos Miss Caffeina y su nuevo disco, algo que va relacionado con mi felicidad pasiva.
Que es domingo y las ganas de no hacer nada rebosan por la bañera también ayudan.

He oído algo.
Algo que leer, que no sea obligación ni tampoco devoción. Que se trate únicamente de placer.
Algo de eso, del secreto de la felicidad.
Algo de que los cantautores arañan el alma y mi sonrisa se muere por morderte el labio inferior. Y las marcas bajo mis ojos indican que no te soñé suficiente esta madrugada.

Algo de que, contra las inclemencias del tiempo, no veo ni una puñetera nube coronando el cielo.
El salón está en modo post-huracán. La bombilla de uno de los baños gotea agua y no quiero encenderla por miedo a recibir mayores voltios que los que siento cuando noto tus caricias. Vecinos.

Algo de "rescátame" porque me siento muy perdida, escuchando Detroit. Querido Alberto, gracias por hacerme entenderlo todo y absolutamente nada a la vez. Gracias por las ganas locas de verte por agosto- ganas que le dejo al tiempo.

Lo de mirarnos está estupendo si tenemos en cuenta que desconocemos el límite de la tensión.
Sé donde quedará el rastro de tu vida en este instante.
Algo que me enseñaste tú.
A querer, a quererte.
Algo que me encanta.


Algo del afecto, creo.

De nuevo domingo y el psiquiatra me acaba de diagnosticar.

Sólo me pasa a mi esto de que la paciente pueda ir a la consulta en fin de semana. En fin.
Él sabe que son mis días más productivos, por eso me invita a casa a desayunar. Cree que así avanzaremos más.

No se equivocaba.

Lo ha descubierto.
Me dio un nombre bastante técnico.
"Señorita, tienes ambivalencia afectiva".
Le encanta llamarme señorita, es nuestra manera de mostrar el cariño que cogen dos confidentes, aunque sea por puro trámite. Por respetar la relación médico-paciente que, según dicen, siempre fue importante.
Al escuchar aquellas dos palabras lo primero que se me ha venido a la cabeza era lo musical que suena mi trastorno. Ahora tendremos que añadir otro nuevo a mi transitada historia clínica.
La cantidad de A que tengo que gastar para pegar las letras en una pared blanca, si las tuviera adhesivas.
Después me he centrado en la segunda palabra. Afectiva. Puede ser que tenga razón. Estaba segura de que sería algo relacionado con el afecto. Con el cariño, con los sentimientos que él me ha dejado siempre demostrarle y callar a mi antojo.

Le he preguntado de qué se trataba mientras me terminaba el croissant del desayuno. Pero creo que ya lo sabía. Nadie mejor que la persona que realmente siente para saberlo.

-No lo digas. Lo sé.- Lo interrumpo antes de que pueda desvelar nada.- Es como esto ¿no?
-¿Esto? ¿A qué te refieres con esto?- Quiere saber.
- Como lo nuestro.- confieso en mi momento de mayor lucidez.- Como sentir dos cosas al mismo tiempo. Como que te odio, pero a la vez te quiero.

Él me mira con los ojos llenos de nuestros recuerdos clavándome sus pupilas negras.
Quizá en un rato no sea yo. Al menos no de la que se enamoró. Quizá en un rato no recuerde lo mucho que me gusta bailar con Jack Savoretti, mientras mi psiquiatra me abraza con lágrimas en los ojos.

Me invita a desayunar cada domingo porque es quien se levanta antes de los dos. Hace cinco años que dormimos en la misma cama cada noche. Y no quiere separarse de mi por mucho que se lo haya rogado.
Es mi médico, si.
Pero también es el amor de mi vida, mi mejor amigo y la persona con la que siempre supe que querría pasar el resto de mi vida.
Me quiere todos y cada uno de los días, pero sobre todo los días como hoy. Los domingos. En los que mi cabeza, no sé por que, se empeña en irse a no sé dónde.

Conozco perfectamente esa ambivalencia afectiva. Y él tiene toda la culpa.
Lo quiero. Lo quiero hasta dolerme. Por cómo me mira- como si no existiera nadie más, por sus ideas, por sus miedos, por sus defectos.
Pero lo odio.
Lo odio con todo mi ser desde el día en que me diagnosticaron la esquizofrenia. Yo no podía parar de llorar y él se acercó a mi y me dijo: "señorita, ¿crees que si nada ha podido con nosotros, va a poder esta tontería?"

Cada mañana, a eso de las diez, mi cabeza se dispersa. E intento por todos los medios hacer que el odio que experimento sea mutuo. Que se vaya de una vez por todas. Y no vuelva a verle cada vez que abro los ojos al despertar.
Pero es inútil.

Es un hombre de palabra.
Es el hombre de mi vida.
Y yo, toda su locura.



(Johnny Depp, Juliette Binoche- Chocolat)