sábado, 30 de abril de 2016

Evanescente

Se fue.

Desapareció de las miles de vida que tocaba con su arte cada día, sin dejar rastro, sin un último mensaje de contestador. Sin decir que iba irse, aunque sospecho que lo sabía. Que su estúpida brújula ya le había marcado el destino.

Se fue tras una bonita despedida. Tras miles de mensajes pegados de distinta manera en las paredes de mi habitación.
Y por más que busco, no consigo encontrar aquello que propició su marcha inevitable. Lo que la hiciera desaparecer.

Los mensajes, más que un adiós inminente, desprendían un 'voy a quedarme junto a ti el resto de mis días'.
Esto me hace cuestionarme si por algún motivo, desconocido para mi, le quedan días.
Y el corazón se me encoge.
¿Cómo no van a quedarle días si rezuma juventud por todas las esquinas de su sonrisa?

Algo estás haciendo mal, entonces-me digo. Puede que seas tú, que has cambiado. Puede que ya no la veas con los mismos ojos, y pienses que se aleja. Pero te sientes igual.

Decides que vas a dejar pasar el tiempo. Que, por una vez, se merece que lo dejes hacer y deshacer a su antojo.
Y la única solución provisional que dilucida tu cabeza es dejar la puerta entreabierta.
Entreabierta-para ver si ella regresa, si deja sus rarezas paseando por Madrid y vuelve con un montón de nostalgia.
Dejando la puerta entreabierta también invitas, sin quererlo, a pasar al tiempo.
Que pase, que se siente, y eche la tarde.
Que corran las horas.
Que tú hoy no vas a decidir nada.


jueves, 28 de abril de 2016

El graduado

El semáforo parpadea en ámbar y yo no quiero que cambie.
Bely canta  a ella baila sola. Siempre me apetece llorar esa canción en la que preguntamos si echarlo a suerte. Confiar en la suerte. Llegar hasta el punto de cederle tu camino y cumplir todas sus órdenes como si fueras un mando más.
Ámbar. Quiero que siga esa incertidumbre, ese "todo puede pasar" en el que reina el caos durante unos instantes. Que todos podamos cruzar y parar a nuestro antojo. Quiero que seamos de nadie.

La luna no quiere salir, aunque le avisamos que quemaríamos la ciudad.
El sol se resiste también a marcharse. A dejarnos del todo.

Y yo.
Yo no quiero sacarte de mi cabeza. Lo intenté pero me convertí en un daño colateral de tu vida. ¿Puedes sacarlos de mi vida? ¿Sacarme?
Has provocado un seísmo de nivel nueve en la escala Ritcher y ya no queda mucho que aprovechar, por decir nada. Sólo sé que estoy en el mismo sitio donde me dejaste, pero sin mirar al mar. Es el único que me reprocha las lágrimas y no quiero que me vea llorar.

Y de lejos, la noria quiere terminar de vestir de luces. Ajena a todo, ilusa, busca vivir su carrera rítmica y efímera a contrarreloj. Quisiera ser ella.
Quisiera que el limbo en el que me siento tan extraña como vacía tuviera sentido.
Quisiera que las cosas me importaran menos, que no fuera tan fácil hacerme daño.

Ayer vi que hay luz detrás del túnel, que todo tiene un final. Si me espera un final, por favor, que sea como ese. Que sea un final en el que me de la vuelta, y vea que el pasado maravilloso queda atrás y que vivo como me encanta, en gerundio-viviendo.

Ayer me di cuenta de que la vida tiene el sentido que queramos darle.
Que la suerte, no es más que una cara de la moneda, una broma en el camino, que a veces se puede convertir en piedra. Ayer comprobé que tú historia, la nuestra, la escribimos nosotros. Sé que tu prefieres el teclado, pero yo, hasta que llegue mi ansiado final, voy a seguir manchándome el anular de la mano izquierda de tinta azul.



miércoles, 27 de abril de 2016

Que no me roben el abril



Leer 'un invierno sin sol'
Y querer quedarme a vivir en cada rincón de su cabeza.

Y escuchar entonces los versos de Escandar en la mía. Gracias Artista.
Y querer ser yo la tinta de todos los besos que dio y los que le quedan.
Y sentirme pequeña, y a la vez inmensa.

Y no perder de vista el horizonte, ni bajo la lluvia.
Y bailar la lluvia, danzarla y susurrarle al oído lo bonita que esta cuando sale de fiesta.

Pero, no. Ahora no estoy visible. No disponible.
Llamémoslo ausente.

Ausente de toda soledad quebrada, distante de cualquier distancia y al otro lado de la fe, ahora apagada.
Lejana a cualquier cosquilleo que suponga mirar más allá de estas páginas.

Al fin y al cabo, la vida es eso ¿no? Levantarse tras la caída, sin saber si caíste bien, o solo caíste.

La vida es un leer entre líneas: líneas de periódicos, de libros, de revistas, líneas de poesía, de metro, de etiqueta y de expresión.

No me saquéis aún, que me quedan unas líneas por leer.
No me llevéis, que me quedo a vivir.
Y aquí, entre cuatro paredes dispuestas de la forma más desordenada, soy feliz.

Luego hablamos.

Y si,
tengo que darte las gracias.

Gracias por estar cogiendo mi mano en todos los momentos,
por hacerlo en los buenos, pero mejor aún en los malos y los peores.

Por tener siempre un "vas a poder" cuando mi mundo se desmorona.
Por cada palabra amable que maquilla mis agobios y le quitan importancia.
Por las risas que me sacas cuando es lo último que me apetece.

Gracias por tus llamadas; en diez minutos consigues lo que nadie en 24h:
Que se termine de arreglar un día.

Gracias por hacer que las penas se conviertan en menos penas y
la vida solo se vea a carcajadas.
Gracias por quitarle el gris al cielo y tener una tontería más con la que coronarte.

Doy las gracias por aquella noche de San Juan,
y por que hayas aprendido a confiar en mi.
Gracias por dejarme ser yo.

Lo confieso, te quiero un poco.


jueves, 21 de abril de 2016

Desacordarse

Nunca perder, nunca perderte.

Perdernos será otra historia,
de esas de madrugadas,
en noches de tanta luz, que se camuflan las estrellas.
En noches vacías de llanto y llenas de decibelios.
Noches de micro abierto
en las que sólo el mejor de los finales puede quedar en el aire.

Perdernos viviendo lejos, y tan cerca. Perdernos al norte siendo del sur.
Y que no importe este oeste lleno de almas repletas de tierra de desierto.
Subamos las cremalleras de las chaquetas de cuero.
Preparémonos, con Sidecars, para vivir en concierto.
Prepara tú el cóctel, yo ya llegaré con el hielo.

Que la juventud no nos hace más tontos, ni más indefensos,
pero si invencibles.
Invencibles contra castillos de arena, contra atardeceres de mil colores.
No nos damos cuenta pero, nos hacemos invencibles mutuamente,
el uno contra el otro.

Hace días escuchamos eso de que perder es otra forma de ganar.
Yo camino en la línea del 'es mentira'
y tú te grabas la cita a fuego lento, en las mejillas.

No, no estuvimos de acuerdo.
A la hora de la verdad, nunca lo estamos.
En esto consiste nuestra dinámica de grupo. Nuestra dinámica de dos.
"Desacordarse"

Preferimos el desacuerdo al olvido.

Desacordarse del tiempo que pasamos juntos, para volver a vivirlo.
Desacordarase del daño, y que luego duela más.
Desacordarse del número de escalones que llevan a nuestro hogar.
Y de nuestro hogar al cielo.
Para improvisar todo de nuevo.

En nuestro idioma, estar de acuerdo significaría perder.
Perder de verdad, sin que te quede nada más por lo que luchar.
Sin motivos, nicausas.
Sin efectos observados ni observables desde el tercer piso sin ascensor.

Cuando escuches está todo perdido de mis labios, date por vencido.
Nunca por perdido.

(Sam Claflin, Emilia Clarke - "Yo antes de ti")

miércoles, 20 de abril de 2016

Estás tú

Y luego estás tú, que conviertes en fiesta todos los domingos. Que sacas brillo a cada sonrisa a golpe de compás.
Estás tú, que desde que apareciste la vida hasta me parece bonita.

Siempre me empeñé en seguir el mismo camino, sin prisa ni pausa. En hacerlo todo solo y no compadecerme, ni dejar que lo hicieran por mi.

Pero ahora estás tú, que me has enseñado que hay más caminos además del principal, que me has enseñado el valor de un atajo y el significado de dejar pasar el tiempo. Me has enseñado que siempre se llega a donde te marca el destino, ya sea hoy o tal vez mañana.
Estás tú, que quitas el hipo a cualquiera que se deleite ilusamente con tu cintura, pero es que a mí me infartas la vida.
Eres la única que me enseñado eso de lo bueno si breve dos veces bueno.
Y ahora, desde que estas tú vivo todo el doble. Digamos que contigo, sólo vivo.
Que me llevas por los mejores caminos.
Que tengo ganas, y más ganas. De las de verdad.

Estás tú que conviertes hasta la cosa más nimia en un regalo.
Que con tus ojos gitanos se convierten en primavera hasta el más frío de los inviernos.

Fue verte aparecer bajo la escalera y que el sentido llegara a mi vida.


sábado, 16 de abril de 2016

'On air'

'Catch and release' de Matt Simons y otras canciones para escuchar en las esperas.
En las despedidas.
Canciones como esas que se me antojan bandas sonoras perfectas en las llegadas de aeropuerto, con nervios puestos y sin ellos. Con sensación de claustrofobia y ganas de perder de vista las alas que irónicamente te dejan surcar las nubes. Con ruidos de motor y colas interminables. Con o sin equipaje, siempre de mano.
Y mientras, miles de vidas paralelas se cruzan con la tuya, en un único punto. Un solo trayecto. Personas que tienen tu mismo destino y alguien esperando en llegadas. O no. Personas que viajan solas.
Y muchos sentimientos que quieren contradecirse. El miedo de no volver, la ansiedad del propio trayecto, la felicidad del reencuentro y las expectativas a flor de piel.
Y es verdad, que entre las vidas cruzadas dentro de un avión te encuentras de todo.
Están los que viajan por placer o por trabajo. Los que viajan por sentimiento, por echar de menos hasta el límite. Los que viajan por viajar, y no se cansan.
Y luego estás tú, que viajas para verme. Para constatar que disfruto y que vivo. Para compartir conmigo y no perderte ni un segundo de magia más.

Y las nubes y el sol se pelean por darte la bienvenida. Y yo también. He llegado antes de tiempo, para no perderme esa sonrisa ni un minuto más. Y 'copacabana' resuena fuerte.
Y de todos los que íbamos en el autobús, solo quedo yo, entre tanto gris, al que he aprendido a ver el color.
Y la espera no se hace eterna porque mi cabeza vuela igual que las alas que te traen hacia mi lugar.
Sí, mi lugar que por fin puedo compartir contigo.


(Aeropuerto de Santiago de Compostela- Lavacolla)

viernes, 8 de abril de 2016

Demasiado emocional

Muchos dicen que no es sano autistarse. Encerrarse en el irreal mundo de tus pensamientos usando como fortaleza los auriculares,
para que no se escape nada- y la música te invada, y te haga pensar.
Qué quereis que os diga.
Lo hago a menudo. No por nada, sino porque a veces mis propios pensamientos son más grandes que yo, y necesito extenderlos.
Me encanta caminar lento, sin un rumbo, y dejar que mis pasos lleguen solos a casa, habiéndose recorrido antes toda la alameda.
Me gusta hacerlo en compañía de Rayden, de Passenger, de Coldplay, de Fercán. Me gusta derretirme con el piano de Hames Blunt cuando llego al lugar desde el que mejor se admira la catedral.
Últimamente los días están siendo más fríos de la cuenta, y al contrario que la gente- que defiende que el frío congela neuronas- a mi me ayuda a pensar.

La vida se ve más bonita a las nueve de la noche en Compostela- con el horario de verano. En días como hoy, quizá demasiado fríos. En los que sales de clases con las que ya tienes una relación amor-odio asumida y te da por echar a andar, dejando que hoy trabajen tus pies.
Te encuentras con un par de caras conocidas por el camino. Y respiras hondo después de saludarlos. Y sonríes, pero no sabes por qué.
Te acaban de explicar que hay dos mecanismos fisiológicos de sonrisa- la fingida y la emocional.
Tú siempre has defendido que la fingida es más bonita, pero ahora te paras.
Y piensas.
La emocional.
La emocional es la que arranca el cariño a tiras, a rastras, a quemarropa. Y cambias de postura. Ahora prefieres la emocional, como buena caprichosa en que te has convertido.

Y te salta un mensaje de móvil. Con esto de las redes sociales ya no nos queda tiempo para soltar la última bocanada de aire antes de encerrarnos.

Rayden anuncia por facebook que está en Madrid. A kilómetros de ti. Sin embargo, con el boom de las tecnologías, te invita a que estés en Galileo a golpe de click.
Y tú aceptas, encantada.
Todo sea por seguir viviendo la magia de personas capaces de describirla con palabras.
Y lo escuchas pensativa, mientras te araña el corazón, y tú disfrutas del bullicio.
Disfrutas de la vuelta a casa mientras la luna trepa por las agarraderas para llegar alto. Y el frío te congela las manos.
"Hay dos tipo de personas: las que aman como estado y las que aman como filosofía"
Y te quedas con ese verso, y le das la vuelta. Del derecho y del revés. Ahora lo ves mejor. Siempre has ido de ir en contra del mundo. Y mientras Rayden se apiada de un país libremente silenciado, tú ves una pareja pasar. Montero Ríos. Más vida.
Mientras Rayden aclama a España, has llegado a la midas, estás en Alfredo Brañas.
Como automático, coges la llave, ascensor, tres pisos y tu puerta.

La reflexión de esta vuelta a casa es que eres demasiado emocional.

(Atardece en Compostela- Formas de  adorar el gris)

domingo, 3 de abril de 2016

Yo soy mi propio enemigo

Toda la culpa la tienen los domingos.
Primero de abril.
Y el 3 es un número precioso.
Los domingos son culpables del exceso de información acumulado de la semana, de que te quiera más de los límites de la cordura.
Los domingos son los culpables de que la concentración escasee y el supermercado esté cerrado por día de descanso.
Falta escasa media hora para que esta tormenta dominical llegue a su fin y a mi se me cae la casa encima.
Coldplay no ha dejado de sonar en todas sus versiones, y eso me relaja. Adoro su nuevo disco.
Necesito una buena dosis de chocolate, reír con ellas. Una fiesta- bailar hasta terminar sin pies.

Necesito otro domingo de ver amanecer dando tumbos por la playa.
Y otro bar que se convierta en nuestro.
Necesito sentir las pocas estrellas de Madrid sobre mis hombros y tus labios sobre los míos.

Porque no.
No aguanto más tardes de melancolía, más incertidumbre.
No aguanto más vida sin especias.

De lo único de lo que quiero arrepentirme es de no haber dicho las cosas a tiempo,
de no disfrutar lo suficiente todo lo vivido.


jueves, 31 de marzo de 2016

Compostela

Y ya me lo dijeron. En cuanto te enamores de esa ciudad, pasarás a sentirla tuya. A llamarla casa, hogar.
Y volverás a ella con ilusión y con la pena de dejar atrás a los tuyos. Y la echaras de menos cuando el sur se atisbe por el horizonte.
Y entenderás lo que hace la morriña paseándose a gusto por tu piel cuando vas al mar a mojarte los pies.
Y ansiarás estar alli, cuando te la recuerden.
Y cuando estés allí la odiaras con más fuerza que nadie.
Pero somos pocos los que entendemos la relación entre el amor y el odio.
Por algo decían que entre ambos hay solo un paso. 
Cuando te enamores de ella, de tu ciudad, el amor-odio será tu forma de vida.



No perder el color.


Qué bonito verlo desde fuera, desde una pantalla de cine, desde un escaparate, desde las cristaleras de una cafetería en plena nevada.
Sentirte orgulloso espectador
de un estúpido sentimiento,
como es el amor.

Bonito, alegrarse del cariño ajeno,
aún sin conocer a quienes lo están compartiendo ante tus ojos.

Tendríamos que pararnos a mirar, más.
Descubrir la intimidad de dos que se reencuentran al llegar el tren, en un aeropuerto, en plena calle.

Bonito saber que el amor se separa del odio por un paso de un pie del treinta y ocho.

Pero lo más bonito de todos, es compartir ese sentimiento, sentirte estúpida e ilusionada. Sentir que no te falta nada en el mismo momento en el que no te quedan segundos para aprovechar mejor tu vida. Saber que alguien te espera en casa, que cuando abres los ojos vas a ver una sonrisa dándote los buenos días, aunque se levanten malos.

último capítulo de mi historia contigo

Qué malo era que todo me recordase a ti.
Hasta las cosas que nunca pensé que asociaría a tu persona aparecieron y me recordaron que dejaste huella.
Una vez me dijeron que las personas somos como esas huellas. Que solo nos echamos en falta cuando ya no estamos.
A kilómetros de ti. A años luz de aquella vida que una vez se empeñó en cruzarnos.
Intenté leer, concentrarme en miles de palabras que no me sugerían nada.
No las entendía.
Lo único que pude pensar realmente era el último sueño en el que apareciste tú.
Y me cansé-
de soñarte,
de quererte,
de extrañarte,
de dolerme.
Me cansé de ser nosotros, sin ti.
Puede que extrañase lo que ya conocía, aquella rutina, saber que estabas bien.
Pero cerré el libro y quemé las dudas.




Apnea

'Referido a la supresión transitoria de la respiración.'

O eso ponía en el diccionario de la vieja estantería.
Fuera de quien fuese la colección de libros de aquella pequeña habitación, una cosa estaba clara: adoraba la filosofía, pero también la historia.

Por un momento sentí frío. Hacía casi un año que no entraba a aquella habitación. Y las circunstancias eran muy distintas a las de entonces. No estaba triste, no quería salir corriendo, y ella me llamaba desde la terraza.
Y me invadieron los recuerdos. Se agarraron a mi con las ansias de un ahogado, aferrándose a los restos de vida de aquella casa. Sentí envidia sana. De la sabiduría, del limbo al que se escapan aquellos que ven el fin de un camino, pero algo dentro me dijo que me tomara mi tiempo.

Hace tiempo que el corazón me bombea- unos veinte años- pero...desde hace algún tiempo, bombea como con menos fuerza. Esta, no sé, algo más vacío. Hasta él, que no es capaz de pensar, nota su falta.
Hay veces que pienso lo mucho que la echo de menos.
Pero yo sé que es mucho más que eso.
Es soñarle mal, y pronto. Echar a dormir en la oscuridad con lágrimas.
Y abrir los ojos, luego, deprisa- como con miedo.
Y no recordar el 'qué', enredarme en el 'cómo' y tropezar en el 'con quien', para encontrármela riendo al final de la escalera.


La vieja escuela

Te das cuenta de que has crecido cada vez que vuelves a casa por vacaciones.
Cuando vas a las quedadas con la gente de siempre, de antaño, con los que creciste como persona y te van contando sus logros personales, sus primeros pinitos en el desconocido mundo de la vida social.
Y la melancolía te invade.
Te das cuenta de que te has hecho mayor cuando ves que algunas de las chicas buenas que han convertido en las chicas más pícaras de la universidad, cuando ves a alguien que no fumaba con un cigarrillo entre los labios, echándose la culpa de ser fumador social.
Cuando extrañas tu vida de antes pero no la cambiarías por la de ahora, y no puedes evitar comparar.
Cuando vas a esas quedadas y no cierras la boca, porque siempre hay algo que contar o que te sorprenda.
Y vuelves a casa, esta vez a una hora decente, te escondes con el sol.
Regresas extrañamente feliz y con una foto de grupo más, un año más viejos, más canas y más arrugas de reír.
La mítica.

domingo, 13 de marzo de 2016

Luces


Y resuena Lagarto Amarillo en mi cabeza-"porque todos somos buenos los domingos por la tarde...".
Sigo pensando que soy una privilegiada, que vivo-si no en la más bonita- en una de las ciudades más bonitas del mundo.

A la bella Compostela le encanta vestir con agua, que las gotas resbalen por todos sus maravillosos soportales, y que la magia se cuele entre piedras mojadas. Compostela no se siente triste cuando los ángeles lloran. Le gusta jugar a ser única.

 Pero cuando salen tres rayos de sol, Compostela se convierte en guapa de verdad. Los días son fiesta y claro, nosotros tampoco podemos resistirnos.
Hoy he pasado el día, sin moverme de la que es ahora mi ciudad con un pedacito de mi sur.
Y cuando se iba el sol no he podido más que echarme a reír.

domingo, 6 de marzo de 2016

Frére et soeur

Esto es una carta para cuando tengas la edad suficiente.
No quieras adelantarte, ni jugar a ser mayor. Aún te quedan algunos años por disfrutar. Aunque cada vez menos.
Cuánto has crecido en tan poco. Y siento que me lo estoy perdiendo. Que me pierdo todas las excusas que le pones a ella cuando no quieres levantarte de la cama. Cuando no te hace falta otra cosa que la consola. O cuando te has dado cuenta de que te has enamorado.
Eres demasiado listo. Reparte algo de inteligencia para los que nos sentamos en una silla y no levantamos el culo para poder estar satisfechos de nuestros esfuerzos.
Eres mi rey de la casa. Y confieso que lo has sido desde aquel septiembre de comienzos de siglo, cuando viste la luz. Eres mi casa, aunque ahora esté a kilómetros de ella.

Como no hay instrucciones desplegables para el amor, o no venimos con un manual de "Cómo ser padre en 10 sencillos pasos", tampoco existe reglamento alguno para ser una buena hermana.
A pesar de ello, no me rindo. Lo intento cada vez más, contigo, con todos.

Intento que no me sientas lejos, quererte como mejor sé. Intento que sepas, con esto, que puedes contar conmigo. Y siempre has podido. Porque yo no me voy a dar la vuelta y voy a desaparecer. Pretendo quedarme a tu lado-mínimo- hasta que peines canas.
Quiero poder comer contigo los domingos, y que cuando todo cambie, aún nos compartamos unas risas y un baile. Que nos debamos millones de tardes de sofá, manta y peli.

Esto es otra de las formas que tengo para demostrarte lo que te quiero. Ya sabrás que soy mucho más de palabras. Que cuando se trata de ellas, me faltan folios en blanco. Que aquí suelto y escupo todo lo que no sé decirte al oído por miedo a que no me tomes en serio.
Y que eso, que te quiero.
No crezcas tan rápido, enano.

a G.

(Mark Hamill, Carrie Fisher- rodaje de Star Wars)

Heute bin ich blond


Hoy soy rubia. Lo he decidido.
Así caeré mejor a la gente. Me haré la tonta y todo será más fácil, más al límite.
Hoy veré llorar a los caballeros de los que hablaba Marylin entre diamantes.
Hoy seré carne de todos los cañones que quieran disparar al calendario. Hoy me teñiré el pelo por el mero hecho de sentirme distinta.
Puede que sea una tontería. Pero creo que hemos entrado en un mundo en el que lo único que importa son reglas sociales- ni siquiera escritas- que se rigen por una insulsa fachada. Las perfectas medidas, en la vida perfecta, aguantando unos andamios bajo tus pies. Sin que el maquillaje se desplace ni un milímetro bajo tus pestañas. Un mundo en el que no se ven las cicatrices de guerra, y se tapan las de cirugías estéticas. Un mundo 'perfectamente perfecto'.
Ya nadie quiere variedad, diversidad. No quieren cerebro. Rechazan las ideas y hemos pasado a vivir en el día de la marmota. Es muy triste que en lugar de progreso, vayamos en retroceso.
Hoy me pondré un escote que no tengo, la falda algo más corta y me reiré por todo como si no lo entendiera. Seguro que así caeré bien. Caeré...
Pero, como Cenicienta (también rubia), cuando den las doce, y la nueva semana de Marzo se abalance sobre mi, volveré a ser yo. Me habré demostrado a mi misma lo que ya sabía- que quedan personas respirando que piensan como yo.
Que pensamos que las costumbres son bonitas, que las tradiciones tienen magia y que la luna sale cada noche aunque nos empeñemos en invertir los días, por mucho tiempo que pase.
Pero, que lo distinto te regala una bocanada de aire, que lo diferente nunca aburre, y siempre hay algo nuevo que hacer. 
 Que en la variedad está el gusto.Y el gusto no es más que un sentido. Uno que sin los otros cuatro-originales- no es nada.


(David Rott, Lisa Tomaschewsky- Heute bin ich blond)

Límites difusos

Algo escuché de mis queridos Miss Caffeina y su nuevo disco, algo que va relacionado con mi felicidad pasiva.
Que es domingo y las ganas de no hacer nada rebosan por la bañera también ayudan.

He oído algo.
Algo que leer, que no sea obligación ni tampoco devoción. Que se trate únicamente de placer.
Algo de eso, del secreto de la felicidad.
Algo de que los cantautores arañan el alma y mi sonrisa se muere por morderte el labio inferior. Y las marcas bajo mis ojos indican que no te soñé suficiente esta madrugada.

Algo de que, contra las inclemencias del tiempo, no veo ni una puñetera nube coronando el cielo.
El salón está en modo post-huracán. La bombilla de uno de los baños gotea agua y no quiero encenderla por miedo a recibir mayores voltios que los que siento cuando noto tus caricias. Vecinos.

Algo de "rescátame" porque me siento muy perdida, escuchando Detroit. Querido Alberto, gracias por hacerme entenderlo todo y absolutamente nada a la vez. Gracias por las ganas locas de verte por agosto- ganas que le dejo al tiempo.

Lo de mirarnos está estupendo si tenemos en cuenta que desconocemos el límite de la tensión.
Sé donde quedará el rastro de tu vida en este instante.
Algo que me enseñaste tú.
A querer, a quererte.
Algo que me encanta.


Algo del afecto, creo.

De nuevo domingo y el psiquiatra me acaba de diagnosticar.

Sólo me pasa a mi esto de que la paciente pueda ir a la consulta en fin de semana. En fin.
Él sabe que son mis días más productivos, por eso me invita a casa a desayunar. Cree que así avanzaremos más.

No se equivocaba.

Lo ha descubierto.
Me dio un nombre bastante técnico.
"Señorita, tienes ambivalencia afectiva".
Le encanta llamarme señorita, es nuestra manera de mostrar el cariño que cogen dos confidentes, aunque sea por puro trámite. Por respetar la relación médico-paciente que, según dicen, siempre fue importante.
Al escuchar aquellas dos palabras lo primero que se me ha venido a la cabeza era lo musical que suena mi trastorno. Ahora tendremos que añadir otro nuevo a mi transitada historia clínica.
La cantidad de A que tengo que gastar para pegar las letras en una pared blanca, si las tuviera adhesivas.
Después me he centrado en la segunda palabra. Afectiva. Puede ser que tenga razón. Estaba segura de que sería algo relacionado con el afecto. Con el cariño, con los sentimientos que él me ha dejado siempre demostrarle y callar a mi antojo.

Le he preguntado de qué se trataba mientras me terminaba el croissant del desayuno. Pero creo que ya lo sabía. Nadie mejor que la persona que realmente siente para saberlo.

-No lo digas. Lo sé.- Lo interrumpo antes de que pueda desvelar nada.- Es como esto ¿no?
-¿Esto? ¿A qué te refieres con esto?- Quiere saber.
- Como lo nuestro.- confieso en mi momento de mayor lucidez.- Como sentir dos cosas al mismo tiempo. Como que te odio, pero a la vez te quiero.

Él me mira con los ojos llenos de nuestros recuerdos clavándome sus pupilas negras.
Quizá en un rato no sea yo. Al menos no de la que se enamoró. Quizá en un rato no recuerde lo mucho que me gusta bailar con Jack Savoretti, mientras mi psiquiatra me abraza con lágrimas en los ojos.

Me invita a desayunar cada domingo porque es quien se levanta antes de los dos. Hace cinco años que dormimos en la misma cama cada noche. Y no quiere separarse de mi por mucho que se lo haya rogado.
Es mi médico, si.
Pero también es el amor de mi vida, mi mejor amigo y la persona con la que siempre supe que querría pasar el resto de mi vida.
Me quiere todos y cada uno de los días, pero sobre todo los días como hoy. Los domingos. En los que mi cabeza, no sé por que, se empeña en irse a no sé dónde.

Conozco perfectamente esa ambivalencia afectiva. Y él tiene toda la culpa.
Lo quiero. Lo quiero hasta dolerme. Por cómo me mira- como si no existiera nadie más, por sus ideas, por sus miedos, por sus defectos.
Pero lo odio.
Lo odio con todo mi ser desde el día en que me diagnosticaron la esquizofrenia. Yo no podía parar de llorar y él se acercó a mi y me dijo: "señorita, ¿crees que si nada ha podido con nosotros, va a poder esta tontería?"

Cada mañana, a eso de las diez, mi cabeza se dispersa. E intento por todos los medios hacer que el odio que experimento sea mutuo. Que se vaya de una vez por todas. Y no vuelva a verle cada vez que abro los ojos al despertar.
Pero es inútil.

Es un hombre de palabra.
Es el hombre de mi vida.
Y yo, toda su locura.



(Johnny Depp, Juliette Binoche- Chocolat)


jueves, 3 de marzo de 2016

"Tres tequilas"- Taburete


(Grupo Taburete: Willy Bárcenas, Joaquín, Antón)

Tráete un taburete a cada uno de los bares de Madrid.
Doy por hecho que esta noche te invito a lo de siempre, a ser mi ella y a dos tequilas más.
Quiero aprender a reír contigo.
Quiero volver a ser un amo del piano bar como esos que describí en la canción pensando solo en ti.

No me considero un niño de papá por querer a mi padre, y por querer encontrar un futuro que me haga disfrutar.
No me considero un músico más. Adoro la música- nada más.
No sé explicar el sentimiento que me recorre por dentro cada vez que Joaquín comienza con la guitarra y me toca a mi seguirle en voz. Cada vez que Antón me sonríe al cantar 'Mariposas' porque sabe que fue siempre mi preferida.

Es como ir siempre flotando, en el aire. Aún con avión. Con más ritmo y menos ruido de motores.

Y después, siempre volvemos a ser nosotros.
Se rompe la rutina y las canciones florecen con las primeras luces del alba, como cada verano.

Y ya nos tenemos ganas, pero aún nos quedan los últimos secretos.
Los últimos paseos de domingo por el Retiro y las penúltimas cervezas por Malasaña.
La última siempre la dejo para que sea contigo.

Año bisiesto.

No era domingo. Pero como si lo fuera.

La misma sensación de soledad y silencio entre los acordes de letras bonitas. El día después de un fin de semana de ensueño. Desde la primera hasta las últimas de las horas.
Después de haber pasado el día disfrutando del paraíso. Querida Galicia, me quedan tantos sitios en los que descubrirte. Siendo mar, siendo orillas, rocas, verde y hasta lluvia incansable. Me encantas.

Y no alcanzaré a entender porque la gente odia tanto los domingos, de verdad, que no lo entiendo.
Cada domingo me siento en paz con el mundo.
Desde hace poco, los domingo son por ella. Son para echarla de menos más fuerte sin terminar de dar crédito a que no vaya a aparecer en cualquiera de otras vacaciones, diciendo que tiene mucho que hacer.

Este fin de semana, la recordé más aún. Cómo le gustaba a ella la marina.
Lo disfruté por ti.
Bailé hasta quedarme sin pies, reí y canté hasta quedar afónica. Conocí almas que rápidamente me abrazaron el corazón. Y dormí de cansancio.
Y no salí corriendo por la puerta de atrás como otras veces.
No me moví del sitio, o quizá si. No lo recuerdo.
Lo que si sé es que llegué a la felicidad más plena olvidando por unas horas su nombre.
Definitivamente hay vida detrás de él, y de lo que fuimos.

Caía el sol sobre Compostela, porque cada 29 de febrero, los cielos no quieren llorar.

Vi catedrales más inmensas en aquellas playas, de las que veré nunca construidas por el hombre. Y un faro, que señalaba a ninguna parte. Su bombilla fundida no alertaba a ninguna amante de marinero.

Y yo me encapriché contigo de madrugada.
Y me dije que la vida sigue.

a K.

domingo, 21 de febrero de 2016

Turbulencias

¿Para qué mentirnos? ¿Decirnos que con el tiempo todo hubiera ido mejor?
Inútil.
Pienso en todo lo que vivimos y mis sueños se hacen algo más pequeños.
Me duele esa segunda estrella a la derecha, tatuada en el alma.
Pierdo grados, metros de altura y expectativas.
Se disipan por las esquinas de una habitación a oscuras.
Hace tiempo que perdí el miedo a la oscuridad,
y sin embargo,
mis temores son tan inmensos-que asustan.

Me da miedo volver a enamorarme. Enamorarme así.
Y también echarte definitivamente de mi vida.
Y mentirle a mi cabeza, decirle que mañana volverá a empezar el juego en el que tú y yo no somos nada.
No soy la misma que llamaba a tu puerta con sonrisa inocente para pasar unos minutos contemplando tu risa.
No la misma que cogió aquel avión para no volver, esperando que alguno de los dos diera un paso en falso y se declarara culpable.
Se declarara culpable de estar enamorado para hacer el sacrificio de vernos las caras una vez al mes- al menos. Solo quería eso.
Que vencieras tus miedos y volaras alto.
Pero no lo hiciste.
Y yo tampoco quise.

a M.

(Ryan Gosling, Rachel McAdams- El Diario de Noa)

sábado, 20 de febrero de 2016

Te guardo.

Te guardo. Como todo a lo que tenemos apego. Como todo lo que sabemos que no tendrá más uso que el de sacar sonrisas una vez al año desde un cajón. Como a una verdad a medias, que todavía no terminas de asumir.
Te guardo en aquella avenida señorial, junto a él.
En cada gramo de arena de la playa, en cada cactus de un 4F en el sur. Te guardo en cada tobillera y en cada colgante que sueñan en aquella caja de madera.
Guardo tu risa embotellada.
Desde que te fuiste he dejado de creer en los cuentos de hadas. Ahora solo soy capaz de adivinar finales. Volví al norte tras tu despedida. Y volví a dormir, no sin esfuerzo, pero esta vez, sabiendo que ya no estabas.
Aquel fue uno de los días más tristes de mi vida. Y el sentimiento fue totalmente distinto a cualquier otro que recordase la caja de mi memoria.
Siempre me dijeron que desahogarse era bueno, pero ¿tanto?
Aquel ocho de febrero gasté mis lágrimas.
Puede que tú ya lo supieras y no tuvieras miedo pero, abuela, ¿Qué hacemos nosotros ahora?
Me levanté y crucé el país. Desde entonces evito abrir los ojos a las 9.
Casi medio día, de tren en tren para llegar a verte por última vez. Si a eso se le pude llamar verte.
¿Por qué te has ido?
Me quedaban mil dudas que solo podían resolverse si era de tus labios.
Aquel fin de semana frío le di un beso al santo por ti.
Le pedí algo más de tiempo, lo único que no nos quedaba.
Para que te pusieras bien, pero ni eso ha bastado.
Luego amaneció gris. El cielo no ha dejado de llorar desde tu marcha.
Sencillamente, aunque me duela el alma, no me hago a la idea de no volver a verte, de no volver a escuchar tu risa, tus cariños y tus protestas.
No quería decirte adiós. No aún, por eso no tomé el cuerpo de Cristo. Desde un punto de vista egoísta, te quiso toda para el.
Yo también quería, abuela; quería ser egoísta.

Una iglesia repleta de gente, gente negra que acompañaba en el sentimiento.
Pero yo me pregunto, ¿en cuál de ellos?
¿Tristeza, pena, impotencia, desesperacion , falta o vacío?
Desprecié aquella multitud, que me hizo parecer vulnerable y es que, ante esto ¿quién se atreve a parecer fuerte?
Me lo he cuestionado todo. Que exista Dios, la vida, que exista una vida o un balcón desde el que vayas a mirarnos cada mañana a partir de ahora.

Me consuelo pensando que ahora tus alas tienen uso y la capacidad innata de volar alto podrá desplegarse.
Me consuelo pensándote a su lado. Seguro que después de tantos años separados te echaba de menos, como lo haremos nosotros ahora, estés donde estés.
Te quiero abuela.
Te quise desde el día en que abrí los ojos y lo haré siempre. Nunca lo dudes.

El día que escribí aquellas palabras Santiago vestía de gris. Y tú me faltabas.
Hoy, el sol se ha atrevido a asomar la cabeza. Y yo no paro de darle vueltas a estas líneas:
"Lo dicho, hoy hace un día perfecto
Y menudo insulto, después de todo
todos los días sin ti
deberían ser grises."

Y parece que quien lo escribió te conocía, 
Algo de razón tenía.
Yo solo pido que los ángeles sigan llorándote.

Algo curioso, en el momento más negro, yo no podía parar de escuchar tu risa.


     Ella.

sábado, 6 de febrero de 2016

Amnesia

Noches jóvenes en las que nadie era consciente.
Noches de carnaval. Disfraces.
Me encantaban aquellas noches. Eran las que nos daban otra oportunidad para volver a empezar. Para conseguir algo a cambio de un camuflaje de identidad.
Noches de luces, de música demasiado alta, y de risas mojadas en alcohol.

Bailes de madrugada destrozándonos las horas.
Y miradas que no se nos ocurriría regalarnos.
Martes en mi cama, y el reloj marca las dos.
Rompí todos mis esquemas pidiéndote que no te fueras.
Pero tú empezaste primero, sacándome a rastras de aquel lugar.

Me apetecía disfrutar de esto. No éramos nada- Nadie. Más que dos personas, una frente a otra dejándose querer, cometiendo el enorme error de enamorarse.
La vida salió a relucir, y yo me concentraba en silencio en el poderoso lunar de tu espalda.
No paraba de repetirme "nunca digas nunca" cuando nos vimos por primera vez.
Y supe que por muchos que llamaran a mi puerta, por muchas noches de perder la cabeza, nunca viviría otra historia como la nuestra.

a F.

Papá

Escuchar un disco antiguo. Cat Stevens.
Y que sea un sábado de lluvia intensa, a distintos grises a mil kilómetros de casa.
Escuchar ese disco de al menos una década atrás, asustándote del paso del tiempo-
Y viajar al pasado con cada rasgueo de guitarra.
Y querer aferrarte al asiento trasero de un mercedes antiguo, y volver a pelearte con tu hermanan pequeña.
Regresar.
Al momento exacto.
Con la nostalgia vendándote los ojos,
con papá cantando en el coche mientras nos hacía empezar la mañana con una sonrisa. Haciéndonos aprender letras imposibles en inglés. Queriendo que dejásemos de dormir.
Regresar a las películas de los domingos- con palomitas- a los paseos en bicicleta.
Desaprender a abrocharme los cordones, volver a arrastrar los pies al caminar, para que vuelva a enseñarme.
Que me peine sin saber y que me cepille el pelo.
Volver a los días de pintura y bricolaje, y a descubrir las canciones de la banda sonora de su vida.

Mientras los recuerdos no sean más que eso, - saca sonrisas- que sigan pasando por mi mente en orden.
Que todo sea eso. Volver a revivir buenos momentos con una reproducción de unos cuantos minutos.


viernes, 29 de enero de 2016

Pirata sin mareas

Pequé, me convertí en pirata. Después de tanto tiempo negando lo evidente caí al mas cruel de los abismos-mi mentira.
Y ahora me toca izar la negra. Dudo que esta vez me perdonen la vida.
Me siento patética, a metros de la puerta de nuestro rincón favorito y tú hace tanto que te fuiste.
Siento que aunque no quiera, aunque mi cabeza se niegue, mi corazón se empeña en dirigir mis pasos hasta tu habitación.
Me pregunto por qué pasara el tiempo, y por qué así. Me lo pregunto cada día del resto de mi vida desde que te eché de ella.
Me torturo y pienso lo feliz que serás ahora, adivino la ella que tiene que estar alegrando tus mañanas. Y rezo por que no sea así. Rezo porque me eches de menos y te hayas planteado volver alguna vez a verme como lo qué fuimos aunque sin caer en la rutina
Y te echo de menos, pero claro, ahora esta en mi condición de pirata negarlo todo.
Vivir bajo un infierno salado, ahora que ahogo penas en ron, al fondo de un vaso.
Ni me quiero, ni me hago caso.
Y surco por mi mente con cualquier velero de velas negras, esperando que las playas del Caribe me queden cerca.
Esperando para atracar en otro buen puerto y esta vez, no perder la cabeza.



A Pablo Benavente, desde el sur.

jueves, 28 de enero de 2016

Ena...enajenación

Ahora que han pasado exactamente mil lunas me siento con fuerzas para escribir nuestra historia, sacarle punta al recuerdo.
Ahora que han pasado mil lunas, contigo lejos,
digo que la nieve tuvo la culpa.
Y tres vueltas de la tierra sobre el sol desde que nos concimos.
Qué poco tiempo y cuánto sentimiento.

Ahora leo poesía, más que antes.
Mis lunas está repletas de rimas.
Estoy algo más loca que cómo solías recordar(me).
Todo verso que escucho o escribo tiene sentido.
Todo.
Pero no me preguntes el cómo o el porqué.
No sabría explicártelo, no a ti.
Contigo nunca sirvieron las palabras.

Ahora que el recuerdo da más vueltas que la luna,
que duermo despierta y sueño dormida
y que el suelo se empeña en movernos el culo
desde abajo, más de la cuenta
es cuando a las piezas de este rompecabezas les dan las prisas por encajar.

Y llega el momento en que la poesía pasa factura, y las noches de versos no son suficiente para paliar mi locura.
Y me siento tres veces en el mismo lugar a la misma hora, bajo las velas, de fuego y de barcos naufragados.

Me gustaría cantar bajo la lluvia en un enero no frenado a pesar de las plegarias de Vanesa Martín, llevar los labios rojo chanel como la ella de Luis Ramiro, respirar cada rincón de Madrid con Ojeda mientras me cuenta sus recuerdos de otras islas, mientras olvida a Begoña.
Me gustaría ser el culo de Marina, cantando Sabina con Suárez en aquella playa; o la estrella fugaz que busca Leis incluso entre las nubes de Santiago. Hacer de nosotros "una guerra de Granadas y Sevillas" mientras damos un disparo al aire y pensamos que vaya lío en que me meti por haber dudado. Moriría por ser la chica del vestido blanco a la que Pablo Benavente declama tanto, sintiéndose pirata al izar la negra sobre los escenarios acompañado por la guitarra de Fercán- aullando qué distinta está la casa desde que otra ella ya no está. Pidiendo un tacto y unos hostales que no llegan si no nos enseñamos a bailar.
Me encantaría ser la bendita suerte de Cantero o todos los futuros de Marwan. Elegiría ser cualquier prólogo de Salem o convertirme en el cinturón de asteroides de Sadness.
Me derretiría mezclándome con tinta de cualquier verso salido de las pestañas de Sesma, o de Buho, cualquier palabra de Sastre.
Me sentiría la simpleza más cotidiana de la vida de Defreds.
Y por ser, me gustaría ser todas las razones, los co-razones y las vidas despeinadas de Escandar. Adorarte es poco, querido Algeet.

Eso es todo lo que pasa desde que no estás.
Mi nueva rutina.
Estoy más sola y más acompañada que nunca desde que pasé a ser tu Nadie.
Desde que esos futuros cesaron de ser contigo y perdimos el significado del siempre donde quieras.
Pero claro, nos convertimos en esos que dejaron de ser.
Y ni yo fui  tu inspiración, ni tú mi cantautor.






domingo, 24 de enero de 2016

El mar

Juro que si vuelvo a verte amanecer cada mañana tiro mi vida por la borda y me quedo contigo.
Juro, y perjuro que me encantas.
Quiero más noches de vino contigo, mas casi besos en los que por miedo o compromiso nunca nos terminamos de rozar los labios.
Te cambio una noche de las nuestras por cada una de tus sonrisas.
La de no sabemos lo que estamos haciendo, la de te odio pero te quiero, la de me haces reir de verdad, la de te echaba de menos y la de no tanto, nos vimos ayer, la de te has colado en mi casa, la de te tenía ganas, y sobre todo la de 'no tengo palabras, pruebo a ver si acierto'. Y lo haces. Aciertas en cada tiro, sin tentar a la suerte. Pero mi preferida es la de me gusta mi yo cuando estoy contigo.
Me quedo con todas y cada una. Para mi y mis adentros, porque, en realidad, no me atrevo.
Es cierto, no soy valiente.
No sería capaz de confesártelo a la cara. Pero no es miedo, es temor al rechazo-creo. A no ser suficiente.
Ojalá pudiera decirte que me gustaría un presente y medio contigo, compartiéndonos los momentos- que siempre saben mejor en compañía.
Me encantaría decirte que siguieras haciendo rimas, pero que fueran sobre mis lunares. Que contigo me siento yo y me siento que puedo con todo, libre.
Pero no,
te estoy escribiendo, a unos dos mil metros del suelo, con unas alas falsas y con Andrés en los oídos, en mi 'vuelo migratorio rumbo al sur', a casa.
Esa tierra de la que tanto me hablas, de la que tan buenos recuerdos gastas.
Nos vemos en otra luna. En otro ecuador de un país pequeño que se desmorona, cuando la vida me lleve de vuelta al norte, gallego.

a F.

"Natalie Portman, Aston Kutcher- Sin Compromiso"

sábado, 9 de enero de 2016

Medicina para dos

"¿Se fía de mi?, tómese dos dosis de paciencia, mucha calma y pase a la consulta. Es hora de contarnos la vida."

Algunos me han confesado que he escogido la profesión más bonita del mundo.

Dicen que nuestros actos siempre tienen consecuencias -buenas o malas- y  que elegimos lo que queremos ser en la vida en base a lo que conocemos, a lo que nos han enseñado desde el día que aprendimos a decir mamá. Puede que tenga algo que ver, pero también creo que algo de la culpa es nuestra, por buscar lo que nos llena.

Puede que también venga al caso plantearse eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y que eso de ser responsables vaya con nosotros, de la mano de manera innata. Responsables de nosotros, de nuestros actos, de los nuestros. Responsables de poder con todo y de no cansarnos, de poder llegar al final. A la meta.
Pero algún día, entre tanta letra, tanto conocimiento y tanto estrés- que parece no acabar nunca- espero llegar a verlo.

Ver que ha servido para algo. Ese algo que me recuerde porqué escogí esta forma de vida y el curioso misterio de porqué si tuviera veinte vidas más, volvería a elegirla.
Me gustaría que, en un futuro no muy lejano, esa persona sonriera conmigo.
Que sonriera porque el sufrimiento ha desaparecido, que entre los dos, hayamos conseguido borrarlo.

Sentir con alguien. Es bonito ¿no?

Sentir que se te va la vida cada vez que esa persona te cuenta un problema, y que el problema se convierta en tuyo.
Sentir que eres viga entre tanto escombro y que vas (vais) a salir de esta.
Resonar.

Me gustaría poder despedirme de todos los alguien  con un 'hasta siempre' cuando cierren la puerta saliendo de la habitación por sus propios pies, y no volver a verlos.
Nunca.
Eso significará que están curados.
Significará que ha merecido la pena.



miércoles, 6 de enero de 2016

Ya vienen los Reyes Magos

Ayer me fui a las 3.14. Cerré los ojos y me prometí soñar pero sólo porque venian los reyes.
Soy de las que siguen creyendo, en ellos, en la magia. ¿Quién puede conservar la ilusión si piensa lo contrario?
Ayer llegué tarde si, pero dejé los zapatos en la entrada, llenos de caramelos y con algo de leche y galletas. Deseando que la carta que tengo guardada me la trajeran desde el principio hasta el final. Sé que la leerán de todas formas: son magos, y encima vienen de oriente.
Ayer, de vuelta, me hicieron compañía el mar y las estrellas.
Alguien se había dado cuenta de que era la esperada víspera y apagó las farolas de las calles.
A oscuras el brillo del cielo podía verse mejor.
Seguro que lo hicieron para regalar algo más de fantasía a los que realmente creen que existe algo que pueda traernos regalos, por el mero hecho de recibir. Por ser buenos y por ser navidad.
Y subí a oscuras las escaleras. Me puse el pijama y mientras me estaba abandonando en un sueño profundo escuché unos pasos. Mi corazón se aceleró pero yo, cerré más fuerte los ojos, con choque de pestañas incluido, eran ellos.


sábado, 2 de enero de 2016

Bo Nadal

Aún nos siguen sorprendiendo las tradiciones y sus orígenes.
Los karaokes hasta tarde de los sábados de Navidad, tras las meriendas.
Las doce uvas y quién las cuente, que no falta a las 23:50 de la última noche del año.
La quedada de la última madrugada para ver las estrellas. Y pedir sin hacerlo del todo, otro deseo más a cualquiera que sea fugaz. Siempre el mismo, por si llegara a cumplirse.
Cenas copiosas, llenas de sonrisas. Personas que sólo ves en esas fechas tan señaladas y a las que preguntas a la vida cómo que no os junta más a menudo.
La elegancia del negro. El brillo de las lentejuelas. La colonia. Las yemas de los dedos frías, pasadas las doce, y todo por sostener ese brindis de champán.
Las medias rotas, los tacones en la mano.
Ellos de traje. Más maquillaje que de costumbre, y corbatas que terminan sobre la cabeza. Chaquetas que las abrigan a ellas, mientras ellos pasan frío en camisa.
Bailes. Lentos, rápidos, torpes, ensayados, improvisados, pero bailes.
Noches que acaban en desayunos. Churros, por supuesto. Y ver las primeras luces de la mañana.
Cafeterías que, a uno de enero, madrugan para que otros puedan irse a dormir antes. Cafeterías abarrotadas y chocolates calientes que auguran un buen comienzo.

Y lo mejor son las risas. Esas con tu gente, a los que coges de la mano, y de alguna forma sabes que no vas a perder . Los que te pellizcan el alma, los que se dejan la voz contigo en cada canción de ayer y a los que prometes avisar al llegar a casa.
Y cada comienzo de año, lo mismo.


Tres nocheviejas; con o sin (tigo)

                                                                     a M.
                       (Miley Cyrus, Liam Hemsworth - La última canción)


Anoche todas las canciones cobraron sentido.
Te vi.
En el fondo lo sabía
Sabía que aquel sería el día-o la noche- que volveríamos a coincidir.
En la misma vida pero distintos.
Y me vino Andrés a la cabeza: "te conozco de siempre y llegaste hace un rato."
Si te digo la verdad me daba miedo encontrarme contigo de frente.
Me sigo culpando por todo. No sabía que fueras a reaccionar asi. Tan bien. Eso significa que eres feliz, y me alegro, de corazón.
Con una sonrisa amarga.
Claro que te eché de menos.
Claro que me alegró verte, mucho. Aunque no supiera cómo decírtelo.
Claro que me tembló la voz cuando me preguntaste si todo iba bien, pero el volumen demasiado alto y las dos copas de más se pusieron de mi parte, y no te diste cuenta.
No te voy a mentir, ni a decirte que en todo este tiempo no te haya soñado despierta y dormida. No te voy a negar que te quiera, te dije que te querría siempre. Y eso son cosas que se saben.
Y aquí estoy, a primero de enero. Debatiendo con cabeza y corazón si decirte que te echaba de menos, que me alegré de verte, o si mirar la luna, irme a dormir y callar para siempre.

El sueño me pudo, y la luna no quiso susurrarme al oído.

martes, 29 de diciembre de 2015

Martes de tus ojos mienten

Por volver a ver amanecer desde la esquina en aquel andén.
Los primeros de mes siempre fuimos más felices.
Por más lunas como esta, llenas.
Por vivir enamorada;
De la vida, de tu risa, de mi almohada cuando llegamos de la noche que nos debíamos sin dormir y no queremos hacer nada.
He visto princesas de cuento que llevaban la corona con menos elegancia que tú. Las he visto amanecer con la luna en el fondo de la botella.
Y las vi llorar, y pisarse el vestido.
Solo te digo que nunca es tarde.
Que siempre hay tiempo para una última bocanada de aire.
Que los cuentos son reales si sabes cómo contarlos.
Que hace tiempo que escuece el recuerdo, pero ya no duele.
Y yo no me llevo bien con el olvido-o mas bien al revés. Es él quien no acepta mis regalos, quien no me invita a olvidar mis recuerdos.
Solo me queda suplicarlo.
Desaparece, o hazme desaparecer.

   a K.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Un veintiuno

Me abandonó el otoño.
Y llegó el invierno a golpes de bruma cuando Tontxu me susurraba el 'que fue aquello' al oído.
Y me recordó que nos volveríamos a ver si ambos lo deseábamos muy fuerte, muy lento. Que los silencios entre nosotros siempre tuvieron sentido.
Y que dentro, me ha crecido un miedo inmenso a que me vuelvas los ojos cuando nos volvamos a encontrar.
Me recordó que los azules no sólo eran del cielo y que los pasados no son más que cimientos de un futuro incierto.

Realmente necesitábamos este cambio, cambio que para bien o para mal nos convirtió en distintos.
Ella ya nunca me llama los jueves por la tarde. No queda nada de las horas colgadas al auricular de teléfono. Hemos crecido y ya tenemos cosas más importantes que hacer.
Los del parque dejaron de responder a mis mensajes.

Pero he ganado.
Ganado en años, en experiencia. He ganado caras que le vi a la luna cada noche que la oí llorar.
He ganado visas nuevas de madrugada, risas sin sentido y compañía. 
He sumado nostalgia a los años, con los dedos de las manos, con las teclas del piano.

Y no dejan de ser cambios, que no requieren explicaciones, personas que un día te dieron tanto y te regalaron sentido y lucidez, y que hoy, viven.
Viven paralelamente a ti,  sin juntar un camino que te empeñas en continuar.
Y que puede que solo sientas que has cambiado tú. O que realmente haya cambiado el mundo bajo tus pies y tú...tú sigas dando los mismos pasos al levantarte a las seis.

(Barcelona, nit d'hivern)

martes, 15 de diciembre de 2015

Astronauta de tus lunares

Fueron mis prisas y mis ganas locas de tocarle el culo a la risa las que me han empujado a querer descorchar nuestros amaneceres y servirlos en una copa de caba.
Aquella noche de martes, heló.
Y tenías el cinturón de Júpiter amarrando por cada línea de tu cadera. Era mirarte y no acabar de ver tu silueta, de espaldas, como cada 15, en el reflejo de un espejo de tocador.
Tenías tantas ansias de beberte la brisa, que cuando el tren llegó al andén, a menos cinco, como siempre en hora, tú ya tenías el rumbo a Madrid. Y la polvorosa había volado de tus pies.

Puede que nunca sepa más que eso de ti.
Puede que tú no te conformes con tan poco que fui capaz de ofrecerte.
Pero para mí fue suficiente.
Suficiente para querer conocerte cada Abril de invierno, cuando el sol se debatía entre entregar su legado a las nubes, o salir corriendo.

Cada asteroide de tu inmenso planeta brillaba como una estrella sobre tu piel.
Y tú querías bajar a bailar, volar al sur y desenredar todos los recuerdos de un solsticio para colgarlos en tu propio árbol de Navidad.
Querías proclamarte libre. Poder pensar que los mil colores de tu paleta de acrílicos podrán tapizar el cielo de cualquier atardecer que pasamos juntos.

Eras de las que quería seguir a Amstrong dando traspiés con la venda en los ojos. (Qué manía-la tuya- de esconder dos espejos del alma.)
Amstrong.
Seguirlo a toda costa.Tanto a músico como a astronauta.
Siempre quisiste ser la balada triste de trompeta de sus tardes de otoño, y acompañarlo en el trayecto hasta la luna que durase mínimo diez años-luz.

Es verdad que te ofrecía poco. Pero es que las bombillas de mi cabeza ahora son de bajo consumo. Y tardan algo en dejar ver toda su luz. Perdóname por ello.

Pero he cambiado.
Estoy dispuesto a desempolvar aquella huella que planté en el rincón más descubierto de tu Júpiter.
No pienso perder la octava maravilla de mi mundo.
Y he decidido que de mayor quiero ser astronauta de tus lunares.
Y seguirte sin gravedad, por las calles de Madrid.
De Madrid al cielo.