sábado, 30 de mayo de 2015

Peligro de extinción

Mientras yo no estudio más que las palabras de lo que te corre por dentro tú intentas no dejar de saltar, no caer al vacío, curarte del todo.
Mientras no esté todo perdido y aún quede esperanza en color y en forma, sabré que estás vivo, por muchos kilómetros que nos separe la vida, por muchas veces que caigamos o que queramos perder la sonrisa, por mucho que falte o por tanto que sobre.
Que no hago más que recorrer pilas y pilas de palabras sin sentido y entre tanto, tú te debates entre la soledad y la oscuridad, sin saber todas las manos que están detrás de ti para no dejarte caer, mientras creas que se te va el alma.
Sí que puedes, tú lo sabes y lo sabemos todos.
Ahora ha tocado saltar más baches de la cuenta, correr más lento- quizás por pereza- y no ver el final del momento en que todo termine bien. Y la felicidad sea capaz de recibirnos con los brazos abiertos.
Todo lo que te recorre, cada rincón de tu efímera existencia tiene nombre de mujer, no se rinde nunca espera y es fuerte sin tan siquiera saber querer.
Esto es para que cada mañana sigas abriendo los ojos, para que tu corazón continúe el latido que te mantiene, para que la vida en vez de cerrar tus dos ojos sólo te guiñe uno con una sonrisa.



(James Franco)

lunes, 18 de mayo de 2015

Olvida que todo tiene sentido

Y cuando falta y nada sobra. Cuando se te ha borrado la sonrisa casi del todo, pero siguen quedando ganas como rescoldos de una hoguera de san Juan medio apagada. Cuando el aroma ya no llega y no se ilumina tu mirada. Cuando echas de menos, demasiado, mucho, tanto que hasta duele al respirar y te callas.
Millones de minutos de silencio por cada soledad sin compartir, por cada rincón en la oscuridad en el que te miras a un espejo vacío y se te ha olvidado la silueta de tu propio rostro, pero no del suyo.
De lejos te ha parecido volver a escuchar el sonido de las olas romper contra el vendaval furioso que arreciaba ayer la costa. Pero no era mas que las alas de tu curiosa imaginación que decidieron volar lejos.
Fuera, en la calle, los imberbes ya no se esconden, hay ladrones de sonrisas apostados el cada boca de metro y artistas callejeros de solo buscan encontrar a su princesa. Sin embargo, entre tanta complejidad se encuentra la belleza mas sencilla.
Sigues jugando a adivinar su sombra, a ganar en la partida ese as de corazones para tener un repuesto del que te robaron de madrugada.
Dejas a un lado el ruido y te concentras en el blanco. Cerca ves a dos imbéciles que se desgastan las ganas con los labios porque aún siguen creyendo que eso que late es amor. Rojo pasión.
Sigues esperando un tren que te lleve de vuelta a la comisura de su sonrisa y creer de nuevo que un sueño está para perseguirlo.
Sigues necesitando que el tiempo venga y te abrace por la espalda para apoyar su mejilla en el perfecto ángulo que forman tu cabeza y tu hombro. Llueve mucho desde que ese ángulo suspira vacío y las aguas se desvían de su cauce.



sábado, 9 de mayo de 2015

Así de tú

Desde la otra ventana del mundo y sabiendo que ni vas a leerme,
esta noche quiero gritar alto cuánto te quiero.

No es algo que haya surgido de un día,
no es un cariño sin bases ni fundamentos. 
Es un sentimiento que viene de lejos:
De entre las tierras de oriente y los más tempestuosos océanos.
Un cariño que trajo una noche de verano y que, aquí y ahora,
confieso mi deseo de que supere al infinito.

Me he propuesto describirte;
Lo que veo a la par de lo que llevas dentro.
Y he de decir que me siento completamente incapaz
sin que mi corazón se atreva a latir a más decibelios de la cuenta,
sin que las comisuras de mis labios se eleven a las nubes.

Aún te recuerdo al salir de entre las olas, bajo las estrellas. 
Aún recuerdo tus abrazos. 
Son de los que se quedan, sin remedio, anclados en mi pecho. 
Aún recuerdo la complicidad de nuestra mirada al recordar
recordar una hazaña tras otra,
o los múltiples bailes que disfruté con tu mano sobre mi cintura.
Aún nos recuerdo cantando nuestra canción con el brillo en la mirada.

No me atrevo a decirte toda esta verdad mirándote a los ojos
por miedo a que no la compartas, y vueles lejos.
Lejos de mi lado, más de lo que nos separa ahora.

Sé que eres mi rincón favorito de Madrid, mi isla desierta del pacífico
o sin duda alguna, mi noche Compostelana bajo la lluvia.
No me pidas explicaciones ni porqués, es como lo siento. Así.
Eres el que me saca a bailar cuando mis pies ya no pueden,
el que me susurra al oído todo lo que quiero escuchar para después cantarme la verdad entre risas- Eres mi canción y mi estación favorita del año,
mi helado a orillas del mar azul.

Eres el secreto mejor guardado de mi corazón.


a Él.




martes, 5 de mayo de 2015

Si quieres me olvido de todo, solo tienes que pedirlo

Pensaba que no era así pero, aun paso las madrugadas mirándote furtivamente a los ojos, esos de cristalino silencio que tanto echo de menos cada noche.
Vuelvo a mirarte y pienso que pude haber echo mal, me pregunto sin ceder porque no fui capaz de retenerte a mi lado, por qué me rendí tan fácilmente.
Y es que el peso del tiempo, el peso de los años y de los kilómetros mal repartidos no han sido capaz de borrarte de mis recuerdos.
En cada letra de canción, en cada acorde de guitarra me aguarda un recuerdo compartido con el que fuiste, conmigo.
No pasa un día, un efímero segundo sin que me pregunte por qué. ¿Tan difícil era amar sin medidas? ¿Dejar a un lado los prejuicios? ¿Ser feliz?
No era difícil, aunque tampoco sencillo.
Cada mañana, al despertar, con tu sonrisa mirándome desde el marco de una foto vieja guardada a tradición, me pregunto si serás feliz con ella.
Y no me malinterpretes, no quiero otra cosa que ver cumplido mi sueño, pero también me hubiera gustado ser yo la que te diera los buenos días, la que se olvidara del teléfono solo por pasar la tarde contigo, la que siguiera escribiendo cartas por el placer de que las leyeras con una sonrisa en los labios. Quisiera haber sido yo.
Ha pasado el tiempo, pero no las ganas.
Confiando que algún rayo de sol le de por entrar por mi ventana, sonrío, no es hora de pensar. Se acabó. Toca vivir.
Vivir con la esperanza de verme reflejada bajo tus pestañas.


jueves, 30 de abril de 2015

Por tres mil más mariposas


No sé si sentirme bien o sentir que estoy tirándolo todo por la borda.
Me atreví al fin a luchar contra las mariposas que se empeñaban en dificultar mi camino, en cortarme las alas de mantequilla, en lugar de ponerme a volar. Me atreví a susurrarle lo preciosa que es al oído.
Hace días que no la veo, y supongo que para ella la vida continúa.
Me atreví a dar un paso adelante para dar dos hacia atrás. Ni la conozco y ya la echo de menos.
No me atrevo ahora a mirarla a los ojos. Pero tendré que hacerlo. 
O eso, o perderé el tren que me lleva a su sonrisa.


No sé apartar su sonrisa de mi cabeza. Soy una chica curiosa, que siente debilidad por las casualidades y que adora las cosas bellas de la vida. Su aroma viene y va de mi memoria como una suave brisa de primavera.
¿Qué me pasa? No puedo ilusionarme así.
Fue una tontería, de película, pero necesito despertar. Necesito hacerme fuerte. Recordarme que mi corazón tiene dueño, y que un verano puede cambiar mi vida.
Sin embargo, no soy capaz de suprimir su "preciosa" de la esquina más recóndita de mi oído.
Me bebo los libros y los vientos por que aparezca antes de que el sol se ponga en nuestro lugar favorito. Entre páginas, y un silencio mudo cargado de sentimiento.
No sé si soy demasiado impaciente, o si la impaciencia amenaza con destrozar poco a poco mis ideas.


Ambos confiaron en las mariposas y sacaron a pasear sus alas de mantequilla. No les iba eso de perder trenes. Decidieron elegir un final feliz, de abril para volver a cruzar miradas.
Tarde del sur. Silencio y miles de personas invadiendo el rincón favorito de la ciudad de ojos verdes. Ella levantó la vista para verlo a su lado. Ni se había dado cuenta de que había llegado.
Él se disculpó.
Un "siento haber tardado tanto, te echaba de menos" sirvió para echar mano de la complicidad.
Una sonrisa bastó para un viaje de ida sin vuelta por las calles de Madrid, en negativos blanco y negro, bajo la complicidad de un vivir a fondo pisando baldosas.

domingo, 26 de abril de 2015

Libertad 8

Y no lo pensé. Simplemente disfruté el momento. Corrí hacia el muelle y me tiré al mar.
Quise saber qué se sentía siendo libre aquel atardecer, quise sentir la espuma de las olas bailando sobre mi piel. El sol dejaba San Francisco y yo quería jugar con la luna.

Sentí celos. Quise ser la ella que se había convertido en letras de canciones. Quise haber sido su último beso, su amor de estación. Quise ser su hueco en el sofá y a la que midieron la cintura con el ancho de un abrazo. Y no un ¨las segundas partes nunca fueron buenas¨

Nunca hubiera podido imaginar que serías mi segunda parte, que te encontraría de noche, y continuarías estando a mi lado al despertar por la mañana. Nunca imaginé que serías tú y te tendría tan cerca.
Y ahora que lo veo, que te tengo al lado solo miro y sonrío.
La de vueltas que dará la vida- de pie.





Enamorada de la luna compostelana

Ni siquiera sé si fui yo la única que se dio cuenta. Cuánta admiración le tienes. Cuánto lo aprecias, desde el mismo día que se cruzó en tu camino. El día en que insistió ayudarte en aquel concierto. No le hizo falta más que la ayuda de un violín para dejar sin palabras a cualquiera.
Tuvo miedo, como bien nos confesó. Miedo de que en la madrugada de domingo, no apareciera. Que todo se redujera a nada. Pero vi que tú lo animaste, intentaste que se viniera arriba.
Y vi ese gesto. Ese abrazo. Esa palmada de espalda. Le pasaste toda tu fuerza, tu fiereza y tu bendita suerte.
A Marino no se le caía la sonrisa, iba abandonando poco a poco el miedo a perder, y dejaba a un lado las mentiras para llenar de verdades su amado instrumento.
En una noche mágica en la que las voces sorpresas y el vello de punta fueron los protagonistas.
Una noche en la que Fredi rondaba por la barra del bar, buscando a la fugitiva de los labios rojos. Noche en la que Luis se deshizo de la sombra de ella rasgando las cuerdas de la guitarra.
Esa noche en la que tus ojos cobraron vida propia cuando le susurraste un "te amo" al oído con todo el cariño del mundo. Cogiste confianza rápido con nosotros, con ellos, y de  nuevo: estabas en casa.



Funambulista

Demasiado inexplicable ese sentimiento. Escalofríos, ojos de vidrio.
Ese ver brillar una mirada y sostener con los dedos torpes el corazón de otros tantos a tu alrededor-abril- noche helada de norte. Noche de Compostela, recitando que "aún quedaban estrellas".
Inexplicable, el poder decir que he compartido recuerdos contigo que me saben a tanto, que me llegan tan  hondo y que quedan grabados en mi retina. Algo tan simple, que asusta.
Que son tuyos, tuyos y míos para siempre.
Gracias por transmitir esos dobladillos de servilletas tan llenos de tinta con nosotros para acabar cantándolos a voz en grito bajo la melodía de tu maravillosa guitarra.
Gracias por quedarte desnudo, despojado de todo miedo, sin sombras, ni penas: sincero.
Gracias Diego, porque aunque no lo creas hoy has hecho realidad miles de sueños.
Con cada una de tus sonrisas y con tus sentimientos.
Los que poco a poco fuiste descubriendo para nosotros.
Gracias porque hoy puedo irme a dormir sin escuchar nada más que tu música sonando como un run run en mi cerebro.
Y quiero que se quede, que no se marche y que vuelva. Tiemblo cada vez que mi avispado subconsciente rebobina el casete de una noche atrás. 
Sin embargo, la habitación está en silencio; los pies, hechos polvos y la voz tocada, pero feliz: feliz de verte, de poder haberme cruzado en tu vida, en ese instante.
Feliz de ser Funambulista.

De veinticuatro a veinticinco: querido abril.


"Bendita mi suerte."

lunes, 20 de abril de 2015

Entre libros, suplico

Ella lo es, la ciencia que lo puede todo, la que nos quita y nos pone a su antojo. No somos más que sus serviles y dirigidas marionetas.
No me subestimes, me encantas, te admiro, te adoro. Sueño con que esta bonita cabeza se concentre y deje de escribir en automático algún día. Maldita cabeza, maldito automático al que le llueven ideas en los momentos de tiempo más inoportunos, cuando tus manos cuelgan entre un abarrotado calendario y un billete de ida con vuelta aún indecisa.
Bendita carrera, en la que tú o cualquier otro decide como y cuando llevar el testigo, de que manera pasárselo o quedárselo en plan egoísta.
Y ahora apelo al mismísimo ángel negro, a todos los santos, a mis pedazos de cielo que caminan entre las nubes, a la luna flamenca, a las estrellas del sur y a este viento frío del norte. Ahora pido que mi cabeza deje de ser esa montaña rusa desenfrenada en pleno mes de mayo. Que no pase al nivel cuatro el ritmo frenético de mi corazón y que la delicadeza calme los nervios que más de una vez han decidido jugar en mi contra.
Pido que dejen de aparecer voces que me llenen el alma. Pido que mis conexiones vuelvan a estar ordenadas por el curso de mis pasos, que el orden no se altere de aquí a un rato. Tampoco pido tanto.
Pido querer, quiero poder.
Quiero que esta pasión no se acabe tan pronto, que no le de por terminar con mi última respiración.
Pido saber y dar por sabido para después, poder soñar con tanto y a medias todo lo vivido.
Medicina automática, cabeza de enero, vuelve y me cuentas, que aún queda algo para otro febrero.



90


Divina.

Hace ya tiempo que decidí que quedarme en los noventa. Seguir amando al primero, y a quien me hizo darme cuenta. Hace tiempo que llegó el ocaso de los dioses y decidió no llevarme consigo. Dejarme aquí con dos copas de champan, en tacones y una cama vacía: Yo, sin abrigo.

Fue John quien me enseñó que el corazón latía más lento con una sonrisa, que se aceleraba con un baile.
Fue John quien me enseñó la mecánica del corazón.
Tras muchas caras, tras muchos cambios decidí quedarme allí.
Hace solo 20.Veinte años, y feliz.

Él me ha robado el mes de abril.

Nuevo día de la semana, nuevo lunes, nuevas oportunidades y yo aún sin dormir. Nueva voz en mi cabeza, nueva sonrisa de medianoche, de media vida. Y Andrés le acompaña, con la guitarra, como siempre.
Casualidades de la vida han hecho que te encuentre, que te encontrase aquella tarde, en aquel momento, y en el perfecto y preciso  instante. Han hecho que tenga una voz más con la que soñar mientras la luna decide salir a pasear.
Unos años más de experiencia que los míos, tampoco tantos. Más del norte desde la cuna, más de escribir sentimientos que de decirlos a oscuras.
Ha sido desde el primer momento, desde la primera palabra que te oí susurrar acompañada de un piano en esa bella melodía.
Nuevas experiencias de primavera, lunes de flores, de quedarse sin aliento a base de carreras, y tú conmigo, haciéndome sentir alguien, haciéndome sentir. Dejándome llevar, y siendo de nuevo yo.
Lunes de nuevo, vuelta a la bendita y repetida rutina y yo sin dormir. Y duele el amor, duelen los besos y los abrazos y un gracias por todo lo que queda por descubrir tras las palmas de tus manos.



A Fredi Leis

domingo, 19 de abril de 2015

Solo dime cuando

Tan lejos, como el día de la noche, como el norte del sur, como el ruido del silencio, como mercurio de venus, o Zeus de Tifón, como la fantasía de la realidad o como tú de mi y yo de ti.
Tan lejos y a la vez tan cerca. Sin saber ya si abrazarte fuerte para no soltarte o decirte adiós con lagrimas en los ojos. Tan cerca y a la vez tan lejos, sin saber si la distancia se disipará en cualquier momento o si es una gran losa atada con cadenas a mi tobillo.
Sin saber si volar o tomar tu mano, si hacerte reír de nuevo o perder mi sonrisa sin ti.
Sin saber si luchar por continuar u hondear esa inmaculada bandera blanca. Sin saber si somos o si fuimos, si seremos o si seguimos siendo. Tan cerca y a la vez tan lejos de todo, como enero de diciembre como mis penas de mis alegrías cuando me faltas. Como tú diciéndome te quiero al oído.

Aún no sé cómo, no sé el cuando, solo sé que te quiero y que por ahora he decidido no soltar tu mano, seguir luchando y ver el vaso medio lleno cuando faltes a mi lado.



(Laugh Out Loud, Miley Cyrus y Douglas Booth)
a M.

domingo, 12 de abril de 2015

Todo empieza sonriendo

Punto cero: un cruce de sonrisas, y ya te has ganado al mundo.

Y entonces continuaste perdiendo la cabeza por cada línea de su espalda. Sin saberlo ni quererlo te enamoraste de ella.
Puede que ya lo tuvieras planeado en secreto, puede que ella fuera cómplice de aquel hurdido plan de invierno que trajo la primavera.

Ahora estás con ella. Y sonríes porque sí, porque te da la gana, como siempre. Sin nada y con todo a la vez, sin poner nombres y rompiendo reglas y esquemas de los que, como vosotros, se amaron antes intensamente.
Tú,  que piensas que la vida se disfruta sobre ruedas y acordes de la guitarra acompañados de saltos de obstáculos. Tú que has encontrado a quien querer bajo tierra, en railes desenfrenados de metro, volviendo a casa, a quien querer de madrugada, a media voz y un domingo por la mañana.
Ahora te das cuenta de que nunca has sido como los demás, ni nunca lo serás.
Ahora te has dado cuenta de que lo que te diferencia del resto del mundo son tus ganas de vivir. Tus ansias de disfrutar el aquí y el ahora.
Ahora te has dado cuenta de las ganas que tienes de seguir disfrutando de tu vida: una vida enredada a su pelo durante el tiempo que el viento tarde en separaros.
Ahora te das cuenta que las letras, las palabras tienen un significado distinto y de que laten por si mismas.
Ahora, así, a la luz de un domingo, la quieres todavía más.




A J.

sábado, 11 de abril de 2015

Sigamos hablando en presente

Y de repente fue como si una gran losa de mármol cayera sobre mi alma. No me lo creí al principio. Lo hacías tan natural, tan humano que se me olvidó por un momento el peligro.
Puede que hiciera tiempo que no habláramos, que hiciera tiempo que nuestras vidas hubieran tomado caminos separados pero aquella noche-en que me llegó la noticia- dormí con el corazón encogido.
¿Cómo podía ser que la vida nos arrastrase de esa manera tan perra? Si, perra.  Es lo que siento, al mirarte a los ojos y saber que no puedo hacer más que estar a tu lado para remediarlo.
Por una parte alivia, ¿sabes? Puedo hablar de ti en presente, puedo hacerlo hoy y millones de años más porque lo sé. Sé que si no puedes tú con esto, no podrá nadie, absolutamente nadie.
Estoy contenta de que a pesar de todo, la sonrisa no se haya caído de tus labios. Estoy contenta de ver lo que consigues con un poco de ánimos y un par de fotos enseñando músculo, para que todos veamos que sigues bien y que aún no te vas porque nos quedan muchos momentos por vivir.
No me queda mucho más que decir. Sabes que puede que no pueda expresar mis sentimientos de otra forma, y que solo sirvan estas pocas palabras de aliento en la distancia para sostener tu mano mientras dure esta carrera de obstáculos. Sabes que siempre has sido el mejor saltándolos. Creo en ti, todos lo hacemos.
Adelante, una vez más- a por la siguiente carrera.

a P.

El eterno Peter Pan

Ella esperó una noche más a que saliera la luna. De nuevo sonó aquel fatídico interfono que la conectaba con el resto del mundo.
Simplemente deseaba que no fuera él de nuevo. Que no se plantara ante su puerta como cada madrugada con lágrimas en los ojos diciéndole tantos te quieros vacíos de sentimiento. Que no volviera a decirle que todo había sido un error-o varios- y que el perdón podía arreglar un corazón roto a base de tiritas.
Esperó a que sonase más veces pero no hizo caso. Aquella noche sería solo suya, como todas las que le quedaban por vivir. Suya, y de aquellos pequeños ojos azules que corrían por la casa sintiendo lejos al hombre incauto que llamaba a la puerta.



Ya se había cansado de no tener polvo de hadas para volar lejos a ese Nunca Jamás tan prometido. Se cansó de que fallasen las alas que la enseñarían a volar. Se cansó de tenerlo lejos y de que la segunda estrella a la derecha no se viera en los días de lluvia. Y se armó de valor para dejar de soñar, y poner los pies en el suelo. Se recogió el pelo y se vistió de su mejor sonrisa para salir a la calle.
Ya no más, por una persona que se había olvidado de lo lejos que quedaron los indios y las sirenas, ya no más para aquel  niño grande que se negaba a crecer. Un niño, al que ya hacia tiempo que quedaban mal las bermudas de Peter.
Un eterno Peter Pan.

a W.

Algo más de un siglo atrás

Ya no existen los amores apasionados, como los de antes. Tras vueltas y más vueltas a mi cabeza creo que ya he hallado la solución. Está en la esperanza de vida. Eso y que nos hemos cansado de que el amor deje de dar frutos.
Puede que antes no viviéramos ni la mitad de los años que derrochamos ahora. Pero era más intenso, eran solo tiempos de vivir, de aquel conocido carpe diem, de aprovechar ese, aquel y todos y cada uno de los momentos que se interponían en nuestro camino.
Antes, sabíamos a lo que íbamos, solo perdíamos el tiempo en cosas necesarias. La vida era corta, tanto que una injusta despedida podía llegar a la hora exacta del momento equivocado, y después nada.
Había pasión, había ilusión y una suave brisa de desenfreno cuando los ojos indeseados se mantenían alejados de los nuestros.
Puede que antes no viviéramos tanto, y viviéramos mejor.
Puede que simplemente haya cambiado la forma de concebir el tiempo, de pasarlo y hacerlo pasar. Era diferente.

No buscábamos ver pasar las horas ante un reloj de pared, salíamos a llenarlas para luego ni mirarlas a la cara al llegar a hurtadillas a casa.



(Orgullo y Prejuicio, Matthew Macfayden y Keira Knightley)

jueves, 9 de abril de 2015

Mientras el sol se caiga


Me pregunto cuando me acostumbraré a las despedidas. Cuando seré inmune a las lagrimas que, egoístas, me impiden decir adiós con una sonrisa.
Cuándo llegará el invierno y deje paso a la alegre primavera sin que tengamos que dejar de vernos.
Me pregunto si esta tristeza se queda solo por dentro, o si acaso se refleja en mis ojos.
Y es que a decir verdad, ellos nunca se separan de ti. Forman una parte inmensa de tu alma, que traspasa fronteras e inunda los corazones.
Me pregunto si algún día cambiará mi forma de echar de menos, más distancia, menos intensa.
Y todo esto me lo pregunto desde el recuerdo, repasando una por una las vidas que están ancladas a mi existencia, rellenando los vacíos de unos raíles de tren que amenazan con alejarme más y más de mis promesas.
Todo esto me lo pregunto sin interrogantes, viviendo, amando, gritando, cantando, bailando.
Me pregunto si mañana será mañana y tendremos que volvernos a encontrar.

a J y S.

lunes, 6 de abril de 2015

Aviones de papel

Mil y pico kilómetros por el aire. Tarde de abril, y el sol se esconde entre tanta nube de algodón. Hoy decidió no salir.
Abril de despedidas, abril de abrazos y de amor. Abril de Primaveras. Cruces de fronteras en vuelo. Demasiado alto para que mis pies toquen el suelo. Miles de vidas conectadas por unos pocos metros cuadrados con millones de historias, motivos y porqués diferentes.
Morriña galega llaman a eso de derramar lágrimas por las mejillas cuando quieres volver sin regresar, paradojas de la vida.
Cielo de abril bañado en infinitos colores, música en mis oídos. Me apetecía escuchar algo de los míos. Gracias Funambulista, acorde más de la banda sonora de mi vida.
Puede que sea porque no salgo de mi tierra, pero hoy, de una punta a otra, de sur a norte para llevar la contraria, me siento más yo. Bendito domingo de los de siempre.
Demasiada tierra de por medio. Nubes y más nubes de algodón.
A lo lejos, no tanto, Lorenzo amenaza con irse pronto a dormir, mañana madruga, conmigo.
Desde aquí arriba me siento inmensamente insignificante y a la vez tan reina de corazones, reina del mundo.
Sobre mi, solo llegan los años luz tardíos de una estrella. Me saludan. Hola, abuelos: os quiero.

Domingo. Cinco de abril. El sol se va, cerca de las nueve.



(Málaga-SDC)

domingo, 22 de marzo de 2015

Atrás en el tiempo

(Like crazy, Anton Yelchin y Felicity Jones)

-Yo estaba loco por ella. En secreto, pero lo estaba. De aquello hace tantos años...- Le cuenta a su hija mientras sonríe al recordar.- Nos conocimos en la universidad. Yo era el típico niño bien y un poco canalla que se reía de todo. No me faltaban amigos, la verdad. Hicieron falta un par de años para que ella se diera cuenta de lo que yo sentía en silencio. Quién diría que ella se enamoraría de mi. Al principio no quería acercarse, por más intento que yo hiciera, cuando le hablaba se coloreaban sus mejillas. Ella entonces tenía novio, llevaban bastante tiempo y se querían. 
Yo nunca fui de meterme en relaciones ajenas, así que dejé el tiempo pasar confiando en eso de que el roce hacía el cariño. La miraba al entrar en clase sin que ella se diera cuenta. Aunque no coincidíamos en muchas.
Poco a poco fui dejándole ver quien realmente era, lejos de toda pose a mantener. Hacía como que no entendía algo y le pedía que me lo explicara, me la llevaba a estudiar a rastras a la biblioteca solo para pasar un par de horas más a  su lado. Hacíamos juntos los trabajos. Ella.
Hubo un tiempo en que cualquier cosa que le decía le hacía gracia, entonces me permití ir a más. Mis amigos cada vez me protestaban más porque no los veía.
Llegó un día que ella no se presentó  a nuestra cita de biblioteca. Y me quedé estudiando hasta tarde. Eran tantas las madrugadas que habíamos pasado sobre los libros, codo con codo que se me hizo extraño. Me pareció raro que no apareciera. Eran las tres y media de la mañana cuando decidí llamarla por teléfono, sabiendo que lo tendría apagado.
Pero aquella noche fue distinta. Ella contestó al teléfono. Estaba muy triste. Decía que sentía no haber podido ayudarme aquella tarde. No me hicieron falta ni dos minutos para plantarme en su piso y decirle que bajara. Ella salió y pude ver había estado llorando. Creía saber porqué así que solo me acerqué a ella y la abracé con cariño. Ahí me di cuenta de lo indispensable que se había vuelto para mi. Dejé que se echara a llorar sobre mi hombro y por fin me contó lo sucedido. Lo habían dejado. Él había estado viendo a otra. Y ella no quiso continuar con aquella mentira.
Mi corazón se hizo un poco más fuerte sabiendo que quedaba un rayo de esperanza pero no dije nada. Simplemente me quedé allí por ella. Pasamos la noche viendo películas en el sofá. Sin realmente ver nada. Cada uno pensando en sus cosas. Los días siguientes me esforcé porque ella olvidara a aquel capullo. Si estaba triste, lo disimulaba a la perfección. Aunque de vez en cuando podía ver algo de tristeza en su sonrisa.
Continuaron  las tardes de biblioteca, las fiestas desenfrenadas y los viajes de fin de semana con  los amigos y con ella. Su risa era lo que me hacía no rendirme.
Fueron unas fiestas de San Juan. Un 24 de junio. Aquella noche había decidido que mis sentimientos dejarían de ser secretos. Ya teníamos la confianza suficiente como para que ella me tomara en serio. Poco antes de media noche me la llevé a la orilla, a hombros. Cómo gritaba. Parece que fue ayer. Me pedía que le bajara, riendo, decía que el agua estaría helada. Antes de que sus pies tocasen las olas la bajé. Ella se empeñó en mojarme y terminamos los dos dando saltos para no congelarnos en la hoguera. Pensé en decírselo. Había ensayado tantas veces aquel momento. Y justo entonces cuando la tuve delante no fui capaz de decirle nada. Ella se me quedó mirando como si supiera que iba a decirle algo.
Hice lo que me pidió el cuerpo en aquel momento. La besé. Al principio se sorprendió, pero luego se dejó llevar en mis brazos. Al fin pude decirle lo que sentía, desde el momento en que  la conocí. Sus ojos se iluminaron y me susurró al oído que no podría haber imaginado una forma mejor de comenzar el verano. El resto de la historia ya la conoces. Mamá te la cuenta siempre, ¿no?


a N.

Como locos.


Como dos personas sintiéndose una. Como las olas del mar susurrando a nuestro oído que no nos movamos de posición. Como la arena dando un giro a nuestros cuerpos.
Qué equivocados estábamos. Quien nos iba a decir a nosotros que terminaríamos así. Siendo mejores amigos, mejores amantes. 
Miro al pasado, reflejado en tus ojos y no me lo creo. No creo que ahora seas tú el responsable de mis sonrisas. No me creo que con un simple ¿vienes? mis pies se muevan sin querer.

Como un domingo en la playa, como un domingo tranquilo, de los de siempre cuando estoy contigo. Los domingos me da por llenar mi vida de palabras, por recordar y volver a acordarme de ti.
Te miro y no sé qué he hecho bien y qué no. Solo soy capaz de disfrutar de tu compañía, de tu risa y de más atardeceres de invierno cuando este llega a su fin. En la playa. Donde un día nos conocimos, donde pasamos de ser extraños a necesitarnos aún más fuerte que el paso del tiempo.

¿Quieres que te diga por qué?
Es imposible. Ni yo misma sé enumerar las razones por las que no me sale estar enfadada contigo más de dos segundos. Es algo tuyo, algo de tu carácter lo que me impide estar triste, lo que me saca las fuerzas de donde hace tiempo que se extinguieron aquellos rescoldos. Eres tú el que llegaste para romper todos mis esquemas, el que tiraste al mar mi metódica y aburrida vida para hacerla interesante. Y aún no entiendo cómo pude gustarte.
Eres tú el que me ha enamorado de la vida cada día un poco más, hasta el punto de querer conocer todos los misterios de su universo a tu lado.

-¿Crees que lo conseguiremos?.
-Juntos, seguro.

viernes, 20 de marzo de 2015

Hasta que las palmeras crezcan en la nieve

Ahora sé lo que se siente cuando procedes de dos mundos distintos, cuando encuentras el paraíso en dos lugares diferentes y tu corazón, y tu alma quedan divididas para siempre.
Sé lo que se siente cuando el paso del tiempo pesa sobre los hombros, cuando llegas al punto de no retorno y no puedes mas que limitarte a ser uno mas entre la gente.
Me conozco de memoria el significado de la palabra impotencia, las ganas de querer y no poder y las noches tal vez amargas en las que por mas que quiero no consigo encontrar tus labios.
Ahora, que sé el valor de una despedida o lo que significa la distancia, ahora que le ponemos precios a los besos, yo continúo con la tonta ilusión de recibir una simple carta.
Ahora que en uno de mis paraísos se atraviesa la estación seca, una de las mitades de mi no tan joven corazón no tiene frío. La otra mitad se hiela, lucha por aunar todos los copos que caen desenfadados del cielo, y hace tiempo que el calor se fue de mi otro paraíso.
Ahora pasan los años, como siempre y como nunca.
Y sé que algo ha cambiado. Las calles siguen siendo las mismas, misma vida, misma gente. Pero, en cuanto la luna sale a tu encuentro, tú te olvidas de que existo.
Entonces solo soy capaz de caminar sola y a la vez acompañada, sin luna, sin estrellas y sin ganas. La tristeza se ha empeñado en hacerme una visita de madrugada.
Le he dicho que hoy estoy cansada, y que se venga mañana.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Que me quiten lo bailao.


Últimas horquillas en tu pelo, últimos retoques para seguir bailando.
Pendientes largos con la falda al vuelo, tacones.
Y un escalofrío recorre tu espalda. Crees escuchar cuatro cuerdas punteadas en la oscuridad. Y esperas ver su sonrisa de nuevo. Y bailar como solo tú sabes, taconeando al son de la melodía de su guitarra.
Crees vislumbrar sus ojos verdes emocionados en la oscuridad. Esta noche él no canta, y mira que lo hace bien, pero solo quiere ver tu cuerpo moverse, hipnotizado.
Tu pelo le recuerda al atardecer de aquel dulce verano. Y una vez más su blanca sonrisa se abre paso, despacio.
Más acordes y ambos os dejáis llevar. Inexplicable sentimiento que solo experimenta la gente del sur. 
Al son de sus pasos, de los tuyos, al compás de la vida, el flamenco os marca el rumbo.

Reencuentro

Ya es hora de que vengas y me vayas diciendo que quieres estar conmigo. Que lo demás da igual, exista o no el destino. 
Ya estás viniendo aquí, ahora y dejándome sin aliento al darme vueltas bajo una luna llena. Puede que mi corazón haya aprendido a ir deprisa, a ser atrevido desde que te conoció, puede que sea una romántica empedernida más de esas que aspira comerse el mundo.
Pero ahora te toca a ti. Te toca coger mi mano y acariciar mi pelo con las yemas de tus dedos. Te toca deslizar tu brazo por mi espalda, lento y hacerme sentir bien.
Te toca estar cerca, muy cerca y que los suspiros se apoderen de nosotros.
Te toca ser quien me despierte cada domingo, quien me de los besos en la frente y quien me abrace cuando lo necesite, pero sobre todo cuando no.
Ya es hora de que seas aquel chico del que me enamoré, del que sigo enamorada.
Ya era hora de verte.


a M.

domingo, 15 de marzo de 2015

Vientos que me lleven de vuelta


Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, lo lejos que nos lleva y lo poco que deja a su paso.

Domingo sereno después del baile y el flamenco, tras esas noches de risas y bohemias.
El sol se esconde, corre a vestirse de horizonte y hoy prometo que algún día volveré a ver mi mar brillar. Volveré a caminar mis pasos hechos sobre la arena para perseguir imposibles y respirar la sal.
Hoy digo que mis ansias de sur se llevan muy dentro y que como las raíces no hay nada.
Sur.
Qué bonito sentimiento. Es pensar en unas pocas letras y que el vello de tu nuca se erice. Emoción. Es susurrarlo y arrancar a bailar por bulerías. Es encontrarlo y enfrentarte cara a cara con sus olas del mar paseando entre las cuerdas de una guitarra bien afinada.
Es arte, son risas, es la calidez de una mirada conocida aún sin haberse visto nunca.
Es la felicidad de un domingo completo, de un domingo sereno y en paz con el mundo.
Hoy, mis ansias de sur son más grandes, llevo a mi Andalucía más honda en el corazón y la siento más cerca, pero el sol se va de nuevo a soplar nuevos vientos del oeste.

sábado, 14 de marzo de 2015

Antes

Inventar que el tiempo se invierte y que el reloj da unas cuantas vueltas marcha atrás.
Hasta entonces. 
Cuando las sonrisas eran una parte importante de nuestra vida. Cuando no nos importaba que el mundo nos oyese reír porque nos daba la gana. 
Volvamos hasta el momento en el que el bote con los ahorros era para los viajes futuros, juntas recorriendo el mundo. Cuando aún quedaba valor para mirarnos a los ojos. Cuando éramos amigas y si el corazón dolía nos teníamos a nosotras. Cuando ser un paño de lágrimas no se cobraba: un tequila por cada duda- un tequila pero con ella. Con limón y sal.
Cuando se hacía de noche y podíamos hablar hasta que el sol volviera a salir sin prestar atención a las luces de la calle. Cuando ella no era un recuerdo más.
Cuando estaba contigo.


Llévame a un punto cero

Llévame a un punto cero. En el que no haga falta maleta ni necesite dinero. Llévame a la cima del mundo, el último peldaño del universo.
Haz que se apaguen las luces del cielo y que solo brillen estrellas.
Recorre con las yemas de tus dedos mi espalda, dibujando nuestro camino cruzado.
Deja las prisas, suéñame despierto, haz que me derrita cada vez que tus manos teclean el piano de mi estancia favorita.
Haz que la luna nos acompañe hasta en los días grises y que el sol pinte de colores las pupilas de tus ojos. Observa el mundo desde otro punto de vista, cambia de objetivo, de aumento: 100x.
Amplia tus horizontes, salta tus límites y llévame a bailar esta noche a un bar de carretera.
Dame vueltas hasta que mi mundo se caiga y todo cobre ese sentido que perdí sin darme cuenta, al enamorarme.
Frena mi corazón y déjalo libre.
Date la vuelta y recuerda. Sigue adelante y vive. 
Vive con ganas, sin miedos, conmigo. Pero vive.



domingo, 8 de marzo de 2015

Bienvenido


Emoción.
Sentimiento.

Abre la ventana de aquel domingo de ciudad y escucha el canto vespertino de esos pájaros. Fuera, huele a azahar, a desayuno con diamantes, a unas gotas de Chanel que trasladan a París y a unos rayos de sol.
Todo eso entra por la ventana.
Día de no hacer nada.
El pijama no pesa sobre su cuerpo y, ella da vueltas por la casa sin rumbo fijo.
Día de abrir cajas de recuerdos para ver alguna que otra fotografía vieja en blanco y negro y sonreír.

Día de escuchar a los Roo Payne mientras dejas pasar la vida: Domingo.

Mediodía y los rayos del sol sobre su pelo despeinado pretenden acariciarle.
Una suave brisa trae un suspiro más y ella mira al cielo. Siente un vacío dentro, un inmenso e inexplicable vacío incapaz de llenar con algo de chocolate y un baño a la luz de las velas.
Día en el que tras meses sin verlo, llaman a la puerta y ella corre a abrir ilusionada, encontrando de nuevo su sonrisa y un ramo de flores en el marco de la puerta esperándola.

Con M



Dimos vueltas y vueltas por las calles de Madrid hasta encontrarnos allí. En ese momento, en aquel rincón, en el pulmón de la ciudad de los dioses.

La vi de lejos y quise correr pero me contuve. Estaba atardeciendo en aquel marzo con olor a primavera. Llevaba el bolso repleto de regalos. Era su cumpleaños.

Ella seguía maravillada contemplando la magia de aquel sol de capital caer sobre las hojas de los árboles, como bailando. No me vio. Nos separaba agua- espejo de tanta maravilla de la naturaleza.
Y quise darle un abrazo. Uno de olvidase distancias, que la hiciera sentir como antes, siempre conmigo. Llegó la hora de correr.

No existen palabras exactas para describir lo que vi en sus ojos cuando se dio cuenta de que corría hacia ella.
Estábamos juntas de nuevo, después de algún tiempo. Cumpliendo diecinueve giros al sol.
Los amigos somos eso, apoyos incondicionales, pequeños botes salvavidas en un naufragio por una tormenta.
Y después, con la calma, llegan las risas.

Esto se acaba.

Velocidad, precisión y una vida llena de aventuras. Un giro de más, un pie fuera de sitio y el corazón se para- Ya está.
Miles de días junto a ella, miles de sonrisas compartidas para que mas manecillas de aquel reloj de pared- pared de tu corazón- frenen su paso.
Quédate con tu mirada tras el objetivo del mundo. Tu eterna mirada.

-Mañana iremos a comer fuera, ¿vale?- Le susurraste al oído a ella al levantarte de la cama ayer por la mañana.
Ya es mañana y tú no estás. Ella no ha querido levantarse de la cama, hoy no porque sabe que no vas a volver.
Malditas casualidades de la vida que te han cortado la respiración. Tú, que siempre habías sido el responsable de todas sus sonrisas desde la primera vez que cruzasteis las miradas.

Sigamos sumando ángeles en este maravilloso cielo estrellado de una noche de sábado. Alas nuevas tras tu espalda y treinta y dos jóvenes primaveras.
Al menos te acogerán bien. Creo que no te hará falta aprender a volar. Ya sabías, ella te enseñó.

"Querida Ana: 

La vida es injusta, es jodida y corre en contra del viento para dar donde más duele. Hoy por ti, y mañana por mi. Él no se ha ido, está contigo, a tu lado.
 Respira, coge aire y da un paso al frente. Él te quiere, y te seguirá queriendo hasta el día en que os reunáis de nuevo. Hasta que la luz del solo deje de verse en el horizonte. 
Sigue sus pasos, dejó sus huellas en la arena anoche para eso, para no perderte."

No olvides que te espero, no esperes que te olvide.- S


miércoles, 4 de marzo de 2015

Cuando todo era distinto, perfecto.

No quiero darle más vueltas a la cabeza.
Quiero que todo vuelva a estar como antes, antes de este suceso raro y extraño, antes de esta brecha.
Mira que siempre me dicen, lo que fácil viene, fácil se va.
Desconfiada de mí, o confiada- según como se mire- porque no quise hacer caso.

Quiero que vuelvas. Que traigas tu risa de nuevo, la pieza de este puzzle que habíamos construido entre todas con tanto esmero y cariño. Quiero volver a hacer planes contigo, las cuatro juntas, como antes.
Quiero hablar, y no parar. Quiero volver a verte dormir esas interminables siestas, saber como estás, entendernos con una mirada, secar más lágrimas y ser uno de los motivos de tu sonrisa. No pido más.

Hace días que nada es lo mismo, que todo ha cambiado. Y duele.
Quizá era verdad que con nosotras te faltaba algo, que no llegaste a ser nunca tú misma. Me parece que tenemos algo de culpa. Puede que no supiéramos entenderte del todo.
No me lo había querido plantear hasta ahora.
Puede que esto suene egoista, o que no tenga derecho a pedírtelo. Pero, vuelve por favor.


a O.

sábado, 21 de febrero de 2015

Havana Nights


Noche cualquiera del año.
En sueños, por supuesto.
He viajado allí tantas veces en sueños.
Flor en el pelo.
Noche cubana, vestido blanco y pies descalzos.
El hielo del vaso recorre las líneas de mis manos.
El fuego nunca ha quemado en tus brazos.
Más de un movimiento de cadera envuelve el ambiente. 
Unas luces tenues, de colores y la brisa marina completan la exótica atmósfera.
Pies, sin sol, al son de tus pasos.
Baile.

Primero uno, luego el otro.
Tu mano, en mi cintura, nunca bailo sola.
Mi brazo, sobre  la curva de tu  cuello y
mis dedos jugando con tu pelo.

Centímetros, y de nuevo un par de  metros.
Vueltas sin parar, sobre la arena.
De lejos, la espuma de las olas.

Y tu me coges al vuelo. Vuelvo a tener alas. La música continúa y las estrellas no aguantan. Comienzan a caer del cielo. Fugaces.
Pero yo ya tengo mi deseo: El ahora, justo en este momento, a unas tres de la madrugada incompletas, al otro lado del mundo con algo de atlántico bañándome los pies. Pero contigo.
Y se cae el tirante de mi vestido, y la flor se enreda con mi pelo y tú te acercas más-

Y nos rozamos los labios, sabor a limón.

martes, 17 de febrero de 2015

Ed

Caminar en días de invierno bajo la lluvia y que el sol no quiera salir. 
A pesar de todo perseguir la vida, perseguirla siempre.

Un nombre tan pequeño para una persona tan grande.
Y soplar una vela más- por él. Felices flores de la vida, felices veinticuatro. En otro idioma, en otra ciudad, tan lejos...
Y las cuerdas de una guitarra en la distancia llegan a mis oídos. Y vuelvo a emocionarme.
Su voz suele tener ese efecto en mi.
Y celebro su cumpleaños de la mejor manera que sé, que se le ocurre a mi enferma cabeza. Escuchándole, a él y a sus letras.
Puede que sea exagerado. 
Puede que nunca llegue a mirarle a los ojos realmente por algo más que la tinta impresa de una vieja fotografía. 
Pero él me entiende. Siempre lo hace.

Llueve en el norte, llueve en el sur- los ángeles vuelven a llorar.
Él, mi ángel de la guarda.
Gracias.


domingo, 15 de febrero de 2015

Naturaleza

Vila de Cruces, Pontevedra

Domingo de carretera para llegar al paraíso.

No más lágrimas. No más cielo.
Pies en suelo.

Quieres entender el juego de corazones. Corazones de febrero.
Quieres saber que los tréboles de cuatro hojas existen, quieres tenerlos, encontrarlos.

Sabes que las picas juegan con tus labios y que los ases no solo se guardan en la manga de tu chaqueta.
Sabes que las flores no solo florecen en mayo, y que los días pasan según la energía que hayas decidido darle.
Guardas abrazos rotos, fotos en  silencio, melancolías de otoño. 
Están bajo el colchón, con restos de monedas viejas.

Pasan las horas solas en el reloj y el mar no te susurra al oído.
Tus pies caminan solos.

El crujido de las hojas te transporta hasta aquel recuerdo. 
Cabeza traicionera, que sigue viviendo quimeras.

Amarillo, color de vida, color del sol.
No te vayas tan pronto.
Quédate conmigo,
por favor.

Terrones de azúcar

Esta mañana los ángeles no tienen más ganas de llorar. No quieren. Se les cansaron los ojos hace tiempo.
Esta mañana han decidido ir despacio, lento.
Esta mañana a las promesas se las lleva el viento, y en cada esquina, con cada muro de piedra, tropieza este nuestro frío invierno.
Primera nevada en Santiago. Termómetros bajo cero.
Sala de estudio y cabezas gachas, sobre miles de palabras por aprender, soñando ser un día alguien en quien confiar. Hasta que el tiempo se para y a un soñador que mira por la ventana le da por descubrir.
Nieve.
Nieve a las nueve.
Cómo algo tan insignificante puede hacer tan feliz a la gente. Cómo con unos copos caídos el cielo sacamos a pasear nuestras mejores sonrisas.
Hoy me he preguntado por qué, y luego he sonreído también.
No lo tengo claro, pero creo que es el misterio de la vida.