jueves, 30 de enero de 2014

Misma letra, mismo camino.

¿Qué fue de ellos? No pasaron más que de un "despierta dormilona", y ella abriendo los ojos para verlo sonreír. Se quisieron en secreto.
Ella arrancaba pétalos de margaritas, lo que no sabía es que a todas esas flores que arrasó les faltaba un pétalo.
Él la quería, y mucho.
Sabía que no podía decirlo y menos ahora. No era el momento, ni el lugar, y él tampoco era la persona indicada para ella. No sabía por qué pero sabía que si se delataba le haría daño y era lo que menos quería: dañarla.
No quería ver sus ojos anegados de lágrimas, no quería ver que nadie le rompiera el corazón ni si quiera él. No quería compartirla, quería que fuera suya y no del viento.
Quería ser el quien la sacase de la cama cada mañana y que de las prisas no quedara tiempo, quería abrazarla y poder decir que tenía el mundo en sus manos, pero no se atrevía.

Por eso cada mañana le dedicaba el primer pensamiento, por eso guardaba su foto bajo la almohada y le daba las buenas noches antes de irse a dormir.
Cada mañana podía verla pasar y le entraban ganas de correr tras ella. Cada mañana arrancaba una hoja más del calendario. Y llegó aquel día.
Siempre había pensado que san Valentín no es más que una inventiva de los grandes almacenes para hacer el agosto en febrero. Bueno, siempre. Lo pensaba antes de conocerla a ella.
Entonces ese frío día le pareció el único momento en el cual el podía por fin de alguna manera hacerle saber sus sentimientos.
Cogió una rosa, un trozo pequeño de papel. Escribió: te quiero pequeña dormilona. Ella lo sabría. Dejó ambas cosas donde pudiera verlas.

Ella las encontró fácilmente. Desdobló con cuidado el pequeño papel que acompañaba a la rosa. Lo leyó. Su corazón volcó. Sabía quien era. Sólo una persona le llamaba así. Había sido su único momento. 
Corrió en su busca. No le pidió explicaciones, no le dijo las ganas que tenía de besarlo, sólo lo abrazó. Él la estrechó entre sus brazos susurrándole al oído que se quedara a su lado.


Recuerdo pasajero

Y despacio te preguntas si puedes caer otra vez, caer de hacerte rasguños en las rodillas, caer de sentir el dolor y caer de nuevo.
Si, si que puedes. Hay días en los que todas y cada una de tus conexiones neuronales tienen ganas de reír, de pasarlo bien, ni se te ocurra atarlas, déjalas libres. Deja que vaguen entre las inmensidades de tu cerebro y deja que aprendan a perderse.
Hay otros días en los que esas conexiones no existen, sólo hay oscuridad. Eso y vacío.

Entonces recuerdas vuestros momentos, siempre, son tan vuestros. Recuerdas cómo te daba por acariciarle el pelo siempre que lo veías despertar y él te respondía con un beso. Recuerdas aquel regalo, que a día de hoy aún lleva en su muñeca. Aunque haya pasado el tiempo y se lo haya llevado todo. Él te necesitaba pero no supo decírtelo.
Ahora hay otra ella. Una que le llena de sonrisas las mañanas y él quiere creer que es feliz pero, entonces....¿por qué eres tú la primera que aparece en su cabeza cuando abre los ojos cada mañana? ¿Por qué no se acuerda de los sueños y si de las pesadillas? ¿Por qué susurra tu nombre con los ojos cerrados?
Aún os veis, en cada canción, en cada abrazo, vis a vis. Se te iluminan los ojos cuando lo ves por las escaleras, él saca de paseo su mejor sonrisa.
¿Lo mejor? Aún te abraza como antes.


domingo, 26 de enero de 2014

Se busca ángel

¿Cómo se ve todo desde ahí arriba? Yo aún no he ido a verla, no me he atrevido. No quiero ver como las lágrimas surcan sus mejillas. Aquí abajo todos te echamos de menos pero te has convertido en un héroe, eres un precioso ángel. 
Lleva varias noches lloviendo, sabía que eras tú. Le dijiste que todo lo que lloviera sería todo lo que la quieres y ella nunca lo olvida. También sabe de que después sale el sol.
Espero que  la veas sonreír, que te esfuerces por darnos cada noche nuestro beso antes de irnos a dormir. Eras tú el de los ánimos y ahora desde ahí arriba no podemos verte, no podemos o irte.

Ayer hizo una semana, me dijeron que algunos de los tuyos consiguen bajar, dejarse ver. Espero que hagas eso con ella. Hace unos días puso un anuncio en el periódico.

"SE BUSCA ÁNGEL-
Como ya sabeis las personas se van de nuestro lado inevitablemente y, aunque ahora estoy más acompañada que nunca me siento sola. Terrible y desconsoladamente sola.
Este anuncio es para llamar la atención de todos ustedes.
Mi ángel de la guarda se ha despegado de mis manos, quizá se puede comparar a cuando Peter perdió su sombra y se sentía perdido. Así me siento yo. Sé que se sabe el camino de vuelta a casa, pero no sé por qué no vuelve. Espero que no le haya pasado nada malo.
Por favor, llamad a este teléfono si en un día gris se ilumina el cielo de repente. Sabré que es él. Necesito que vuelva. Se le han olvidado sus zapatillas preferidas y darme el beso de buenas noches.
Si alguien ve sus ojos marrones entre las estrellas y demasiada luz reflejada sobre el mar, si alguien oye una risa maravillosa y ve que por algún casual se pone a llover sin haber nubes en el cielo que no dude en llamarme.
Os lo agradeceré toda mi vida, y la suya."

Por eso cada noche con este anuncio bajo la almohada busco tu estrella. Sé que puedes oírme así que, baja.






La vida cambia

Baja lenta, pesada y tediosamente repasando uno a uno los adoquines que quieren aspirar a algo en su disposición de calzada. Está triste, no sabe qué, pero algo dentro se ha roto. Ya no siente igual que antes, ya se decepciona menos o eso pensaba. Hoy es uno de esos momentos en los que el día termina dando pie a la noche y no quiere. Quiere que ese día sea para recordar y dure eternamente. Enconces se detiene. Claro que puede. Puede ser para recordar sin duda. Deshace lo andado y entra atravesando el gigantesco portón de madera maciza. Donde se han quedado todos, allí están. No quiere más tristeza. Quizá ese sentimiento le haya venido de la madrugada, no lo recuerda. De pronto se para. Entra en la cocina rústica poco a poco, con cuidado de no hacer ningún ruido. Palpando a tientas encuentra el frigorífico y lo abre. Mientras piensa qué quiere y como quiere hacerlo.
Si llegaron allí es porque él se ha encargado de organizarlo. Coge veinte botellines de cerveza mientras fuera, en el salón el alto reloj de pared comienza a marcar la hora con las desagradables campanadas...tres, cuatro, cinco. Son las cinco de la mañana. Deja los botellines de la te de la puerta de la azotea y sale al salón.
Que haría sin todos ellos. Sin todos y cada uno de las manos, los pies y los ronquidos que cuelgan de tantos colchones. Están dormidos, sus amigos. Personas con las que ha compartido todo y que pretende que se queden a su lado. Poco a poco los va despertando y les dice que salgan fuera. Ellos protestan al principio, luego piensan.
Salen uno a uno con los botellines de cerveza en la mano y miran al cielo. Es demasiado bonito para ser real, y él ha querido compartirlo con ellos.
Entonces ríen, se sienten bien, se sienten vivos.


Soledad, te tengo miedo.

Soledad, hace frío. No te veo, esta muy oscuro fuera.
 Me han dicho tantas cosas sobre ti que no se cuál creer. También se que lo mejor es descubrirlo por mi misma, pero tengo miedo. Te tengo miedo. 
No podría seguir mintiendo y decirte que estas sola porque no es así. Te lo llevas todo y no quieres. Eres tan egoísta. 
Acechas los sueños de la gente, a los débiles quieres convertirlos en ti y que dejen de tenerte miedo. Si lo consigues nunca vuelven. No tengo la menor idea de hacía donde los arrastrarás, de sí tienen compañía. Sólo sé que se van en la sombra durante la noche. Sólo sé que sopla el viento demasiado fuerte y que cuando las grietas de una vida se ahondan esta se rompe.
Quizá este sea el fino hilo entre la confianza y la enemistad, la traición.
Te han hecho tanto daño que dejaste de echar de menos, tienes tantas cicatrices que ya perdiste la cuenta.
No estás sola, pero si en el olvido.
Soledad, ¿a dónde has ido? Quería recuperarte, ya para siempre. Siempre, que irónico suena cuando todo termina por acabar. 
Me dijeron que estabas en el muelle, sola. Sobre las colinas, nada. Te he buscado tanto que sólo me queda esperar a que te de por aparecer.
¿Crees que algún día podremos llevarnos bien?


lunes, 20 de enero de 2014

Adiós.

Esto es porque te lo mereces.
No preguntes quien soy, importa poco. Solo quiero despedirme, debidamente. Para que sepas que no solo estaban junto a ti personas que te querían. También las que no te conocen estaban junto a ti y han aprendido a quererte.
Quiero que sepas que lo único que conocía de ti era un nombre repetido muchas veces, la pena de mi corazón y tus ojos sonrientes en una foto.
Han servido para que te eche de menos, para que una lágrima recorra mi mejilla presurosa.
Tus ojos se han apagado. Lo he sabido hace poco. Has decidido ir al cielo y por fin las alas han podido salir de tu espalda.
Ella no se preocupa. Sabe que la seguirás queriendo. Ahora está triste, pero no puedes reprochárselo. Tantos años de días negros, tantas sonrisas que se esforzó en sacarte, tantas flores que te llevaba, todo por verte feliz y por hacer que te olvidaras un poco más cada día de aquel inquilino indeseado que luchaba con fuerza por invadir tu cuerpo.
Luego llegaron más dificultades. A pesar de ello, todos estábamos ahí, directa e indirectamente. Ella te susurraba al oído lo bien que te quedaba el nuevo corte de pelo.  Cuando, en mitad de la noche, los terribles dolores querían entrar en tus sueños en forma de pesadillas despertabas asustado, y ella estaba durmiendo a tu lado, su mano nunca se ha soltado de la tuya. Incluso ahora. Se siente débil, incapaz, ya que tu eras el motor de su vida. Y te has ido.
Hoy se ha vestido de rojo. El color del amor, de la pasión, de la sangre, de sus labios. Tu se lo hiciste prometer, ¿recuerdas? Nada de tristezas, odias el negro.
A pesar de todas las veces que has intentado hundirte para no volver a salir, ella ha estado ahí para recordarte que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. En tu caso un ventanal. Que después de la tormenta llega la calma, y efectivamente. Has querido irte con los primeros rayos del sol. Le has pasado las manos por el pelo y has plantado en su frente un último beso, de despedida.
Ella ha roto a llorar.
Te quiere, tu lo sabías.
Sé fuerte, cuídala desde ahí arriba.


Uno más

Hoy en secreto añado una vela al suculento pastel de chocolate que llevo días preparando. Una más. La enciendo con mucho cuidado para que al soplarla el deseo surque los kilómetros, te encuentre y te de en la cara suavemente, como una caricia.
Hoy en silencio te deseo veintiuna primaveras junto a ella.
Hoy espero que disfrutes de tu día como si fuera el último.
Hace ya algunos años que te conozco así que, por favor, no me defraudes, como yo nunca olvido tus cumpleaños  a pesar de la distancia.
Es algo superior a mi, aunque sean tres años los que me llevo contigo, cada 365 días abro los ojos con el amanecer para recordar que te gustaba la música, lo bonita que era tu sonrisa cuando tontamente te pedían que te quedaras, cuando te saludaban.
Hoy vienen todos esos recuerdos de nuevo, con más poder, como cada 20 de enero.
Hoy te sigo queriendo. Pero no te confundas, es un cariño que saña del corazón y que sientes con todos los esquemas de tu desordenada cabeza. Es un cariño que dura más que una efímera existencia.


jueves, 16 de enero de 2014

Cuando quieren arrebatarte la vida a pruebas

Y hoy he dado de bruces en el suelo contra la realidad. Me he dado cuenta de cuanto puede cambiar todo si decides desaparecer. No quiero perderte, no podría.
Desde pequeños hemos compartido tantas risas, tantos recuerdos y secretos…
Dicen que solo son unas pruebas, pero a prueba me han puesto a mi esta tarde al preguntarme. Si estuvieras en su lugar, si no te quedara mucho ¿qué harías? ¿cómo te plantearías la vida?
He querido salir de aquel coche en marcha demasiado inconsecuente. No he podido. Me he hecho pequeña y el mundo se ha hecho grande a mi alrededor. He sentido la ferviente necesidad de buscarte entre tantos contactos de mi agenda, entre los que se van, los que van y vienen, y llamarte. Necesitaba o oír tu voz. Escucharte decir Carol estoy bien. No es nada. El que se queda, siempre eres tú. No me falles, no te vayas. Ni ahora ni nunca.
A ella la he oído llorar fuerte incluso sobre la lluvia por los pasillos de una casa demasiado sola, te quiere, no la castigues por ello; y a tu pequeña princesa no has tenido el valor de decirle cuanto la quieres sin motivo. Ella no sabe nada, sonríe feliz al verte mirarla. No podría dejarte estar con alguien que te mereciera menos. Yo no puedo reír. No sé mentir, y es que te quiero tanto…Desde aquel día que dijimos amigos para siempre, me has enseñado que con el paso del tiempo los amigos siguen sosteniendo tu mano.
Son unas simples pruebas, unos datos que pueden ponerte fecha de caducidad, antes de la cuenta.
Tu sabrás si quieres vivir la vida o pasarla con miedo, lo que si puedo asegurarte es que mi mano no se ha movido, aquí sigue junto a la tuya, en la distancia.
Pelis de miedo bajo una manta demasiado cansados para enterarnos, risas cómplices, helados demasiado derretidos, tu odio hacia el chocolate, las tardes de los veranos, llamadas interminables, las calles llenas de gente. Todo ello, todo lo nuestro te lo estoy guardando para cuando te vea, y decida que la realidad puede ganar la batalla pero podemos seguir luchando hasta que no queden fuerzas. Que el reloj nunca se para pero los sueños se hacen realidad. Que la vida se vive y las promesas se cumplen, que me tienes aquí.


miércoles, 15 de enero de 2014

365

Hemos cambiado.
Lo peor es que te has dado cuenta.
Tanto tiempo hablando de que no queríamos cambiar, tantas noches diciendo que queríamos que todo siguiera como antes pero, lo siento, es imposible.
En primer lugar porque lo nuestro nunca fue nuestro, fue del tiempo. Se lo quiso llevar todo a contrarreloj cuando aún no éramos más que un juego de niños.

Vamos a centrarnos en hechos, contrastemos pruebas, afirmaciones. Si tensas mucho un elástico este acabará por romperse. Según Murphy, si untas la tostada con mantequilla y mermelada y esta decide resbalarse de tus dedos, dará de bruces en el suelo por la parte pringosa y recién untada y te joderá el lunes. Si te levantas demasiado dormido por la mañana revisa los botones, seguro que llevas la camisa coja, o a lo mejor llevas cremallera., o ni siquiera tiene botones. Si recibes un golpe te duele, o no. Si llueve te mojas, a no ser que lleves paraguas. Pero para aquellos a los que les gusta mojarse bajo la lluvia, aquellos que se levantan bailando y para los que aún no han inventado un volumen lo suficientemente fuerte para sus ideas: para ellos va nuestra "no historia".

Como todo, lo que empieza tonteando acaba gustando; y claro, si los dos ponen de su parte, gusta. Gusta y mucho. Tanto como para poner un mundo patas arriba. Tu vida se convierte en una auténtica montaña rusa, subes, bajas, vienen curvas. Pero el mejor momento, con el que yo me quedaría desde luego es al terminar de subir la cuesta más alta. Esa que tarda demasiado en tu cabeza y que los latidos no te permiten escuchar el ruido de tu alrededor, esa en la que tienes los ojos tan fuertemente cerrados que duelen, pero decides abrirlos y disfrutar, entonces caes.
En un año da tiempo a tanto, y es que somos tan tontos...
Siempre se dice que la persona que realmente te gusta es aquella en la que piensas cuando te levantas y cada noche antes de irte a dormir, pues bien. Eras, tú. Es un "eras". No es un "eres" ni un "serás".
Después tenemos la evidente bipolaridad masculina, esa que hace que las mujeres seamos la querida montaña rusa. Un poco de litio, por favor. Eso si, sin perder el sentido del humor.
Te acercas a mi, lentamente. Yo como tantas otras veces-tonta de mi- decido que puedo compartir todo con cualquiera y ahí está mi error, donde la cago siempre. Confío mucho en la gente.
Volviendo con Murphy, si mi vida decide caerse cargada de mermelada y mantequilla, ¿también me daré de bruces contra el suelo? Seguramente si.

Por eso, después de esta confusa historia, en la que pasó lo que no pasó y nunca pasa lo que ha  pasado, decido ser yo. Simplemente me río, tiene gracia, no me enfado, eso es todo. 

domingo, 12 de enero de 2014

Las diez de la mañana entre estruendosos ruidos y uno de los pacientes debe tomarse la medicina

No hace tanto tiempo que nos conocimos. No tanto que nuestra historia fue demasiado fugaz, efímera. A decir verdad fue una de esas en las que se siente en unos días más que en toda una vida.  Menos de un verano. Noches jóvenes como nosotros en las que el bullicio quedaba sordo para dejarnos hablar. Aquellos atardeceres en los que tú te sentías cómodo y te daba por arrancar una flor y ponerla en mi pelo en esos interminables paseos por la playa. Todo eso aún pervive en el recuerdo. No sé cómo acabará, tampoco recuerdo cómo empezó todo. Solo sé que te quiero, que te echo de menos y que la distancia lo único que hace es unir más. Hace días que dejaron de llegar noticias del frente y tengo miedo. Miedo de perderte para siempre. No soy capaz de imaginar que esos días acaban y sin motivo. Cada día me asomo a la ventana de lo que queda del derruido hospital comarcal para ver si por casualidad aparece tu avioneta, reviso cada noche uno a uno los identificadores de todos y cada uno de los heridos que van llegando con el alma encogida y el dolor en el corazón.
Mike ya puede mover el brazo, James lo ha perdido del todo…Son tan injustas las heridas. Inversamente proporcionales a la grandeza de los heridos. No querría que te pasara lo mismo así que si esta carta te llega, si la carta termina su destino hacia ninguna parte y tú aún sigues respirando, vuelve. Vuelve, por favor. Mira dentro del sobre. La fotografía es la única que tengo nuestra. Quiero que la tengas y que la traigas de vuelta.



Rara.


Apretar uno a uno los dedos abrazando la almohada y dentro de la cabeza, vueltas.

Llevas unos días diferente, extraña. Sientes que no encajas y que nada de lo que formaba tu mundo te es conocido.
Y mientras tanto las vueltas continúan en tu cabeza. Cada dos por tres aparece un …y si a los que siempre le niegas la entrada. Están absolutamente vetados en tus pensamientos.
No sabes realmente que hacer para volver a sentirte como antes, feliz.
Quieres dejar de decepcionar y dañar a las personas que te quieren, dejar las borderías pero, no te sale.
Eso es lo que mas te duele.
Poco a poco vas arrancando los días del calendario, cada mañana una de tus canciones favoritas te saca de los sueños que tanto te gustan, eso en lo que todo vuelve a ser como antes. Demasiado temprano.
Pero llega hoy y decides que no te gusta dormir, que eres rara y que ser rara es increíble. 

sábado, 4 de enero de 2014

Demostrar significa querer con los labios

A veces las cosas no salen como uno quiere. Menos aún como uno las imagina. Es tiempo de soñar, soñar despierto, soñar dormido, tener metas que cumplir, perseguir deseos. No darles descanso, y si rienda suelta a los sentidos.
No la querías lo suficiente si permitiste que se fuera, ¿donde quedan aquellas madrugadas en las que sólo necesitabas verla?
Parece que te gusta mentirte a ti mismo, y aquí la única que dice la verdad es ella. Es ella a la que le encanta imaginar una sonrisa en tus labios cuando abres los ojos, por eso te despierta cada mañana, es ella la que se empeña en mejorar las cosas incluso cuando no hace falta. Pero no es a ella, es a ti al único al que engañas. Ella sabe que la quieres, quizá demasiado. Que pierdes la cabeza por sus ojos, que con sólo decirte que te quiere hace que quieras abrazarla, sin embargo ella se calla. Claro que siente, claro que pasa. Ella que tantas veces ha dejado las oportunidades por ti alegando que tu eres la más importante de su vida. Y le dices que no, pero ¿no a que?  Ella no te ha pedido nada, solamente te dijo la verdad.


viernes, 3 de enero de 2014

La vida es de repente

Mirándose a los ojos se contestaron. Se volverían a ver pero, ¿cuanto tendría que esperar?¿cuanto, para fundirse en un abrazo que los llevara lejos? ¿Cuanto, para repetir aquel único último beso?
Habían pasado tanto que el tiempo se había vuelto eterno, que los días eran horas y cuando llegó la hora de partir ninguno de los dos quiso separarse aunque tuvieron que hacerlo.
Ella lo miró como sólo observan unos ojos de enamorada, con detenimiento, con cariño, con aliento y esperanza. Él, con fuerza, con amor, con ganas de ella.
Ella le vio partir, tras el beso agitó la mano esperando en vano que aquel movimiento despejase su cabeza y los recuerdos se convirtiesen en polvo, volando con el viento.
Él limpió sereno una lágrima furtiva que quiso escapar a través de su mejilla izquierda.
Llevaba el pasador que a ella se le cayó en el baile escondido cuidadosamente en el bolsillo de la elegante chaqueta y ella, anudado al cuello portaba el pañuelo de seda asiático que el joven le había regalado gustosamente días antes.



jueves, 2 de enero de 2014

No sabes si será la última

Fue ella la que sin saberlo recopiló toda aquella belleza sobre la fina capa de polvo que se suspendía en la última mañana. Todo queda como el pasado aunque el recuerdo de aquel juego de luces vespertino continúa en su cabeza.


domingo, 29 de diciembre de 2013

2013 razones

Las horas pasan.
A escasas de que el reloj de las doce, de que haya un salto temporal y de que todo lo que hemos vivido en este último año se convierta en pasado, tu piensas.
No podemos arrepentirnos de nada, de nadie. Todos y cada uno de los recuerdos son eso, recuerdos. todas las personas que pasan por tu día a día son retazos de tu vida, que tú poco a poco intentas contemplar.
Podemos ser el mayor regalo en la vida de alguien, la peor pesadilla pero importamos algo en el momento que somos, que existimos.
Tic, tac, tic, tac. ¿Para qué inventarían el reloj? ¿No tenemos suficiente con ver el sol escaparse por el este cada tarde? Vemos el tiempo pasar en cada sonrisa, cada arruga de la cara, cada deseo cumplido y como cada año, trescientos y pico días que pasan, pero pasan lento y nosotros, vamos despacio.
El paso de este año lo has experimentado a través de dos ojos, solo dos. Ellos te han ayudado a ver todo cuanto estaba a tu alcance. Ellos han llorado, han sonreído, lo han visto todo, han callado, han tenido palabras inexistentes y lo han soltado todo.
La mente vaga lenta, no quiere abandonar lo que ya conoce aunque necesita seguir viviendo.
Aquí estás otra vez. Junto a personas que realmente te importan, que necesitan de ti, compartiendo trozos de fruta de tu color favorito, el de la esperanza; esperando nerviosa a que empiece el nuevo año. Y quien diga que no viajamos en el tiempo se equivoca. Miente. La felicidad que sientes por el hecho de que alguien se acuerde de ti, recibir un regalo, dar un abrazo a alguien que esperas que esté siempre ahí aunque no mereces pedirle que se quede.
Son doce, las manecillas del reloj, las horas, los meses y las veces quintuplicadas que has echado de menos a alguien.
Sin embargo, por mucho que los sentimientos cambien, que entren y salgan personas en tu vida, puedes decir que este año te acompañan todas con las que empezaste el anterior, el de tu número de la suerte: 13. Y más.
Por eso piensas, como tantas otras veces, en tus amigos, personas que han estado contigo, que te acompañan en un camino demasiado arriesgado, pero es solo tuyo.
Crees que puedes solventar dificultades andando siempre a su lado, y les coges la mano.
El corazón es otra historia, duele más, es más de piedra, por tantas otras veces en las que se ha hecho añicos. Decides ir despacio y más lento, bailar al son de una música abrazada a su cuello y parar ese instante sin que sea un sueño.
Te ha hecho daño, pero le quieres y no puedes evitarlo.







lunes, 25 de noviembre de 2013

Frío y fuera nieva.


Uno a uno van quedando en el olvido. Apilados descansan los jerséis en el fondo de un descomunal guardarropa de madera. Son todos distintos. Cada uno una lana, cada cual un recuerdo. Los recuerdos de un invierno demasiado feliz para ser cierto. El invierno en que sólo se preocupaba de ser feliz y el resto no importaba. El invierno de ella, de ellas, de él. El invierno de todos.
Poco importaba que fuera soplara el viento, que los dedos no se sintieran bajo capas y capas de abrigo, que lloviera, que nevara....
Importaba lo de dentro.
Entraban en las estancias, irrumpiendo cual caballos en batalla, siempre riendo. A veces era chocolate lo que esperaba caliente sobre la mesa, otras veces algo con hielo. Pasteles, cariño, amistad, sonrisas. Eran películas los domingos por la tarde acurrucados con una manta, eran tardes de chimeneas y recuerdos inolvidables. Eran llegadas de fiestas, de vestidos largos, guerras de nieve, de pasos parados....
Todo se guardaba en un inmenso armario, todo comprimido, recordando. Quedaban restos de cada caricia en cada gota de perfume, siempre diferente, que aún impregnaba la prenda. Quedaban restos de pegamento de alguna pegatina inocente que le hizo volver a ser niña. Guardaba bajo el séptimo, aquel que le regaló su padre; un pequeño diario que ya rara vez escribía. Bajo el tercero su pequeño cofre de los secretos. Una insignificante caja de madera que contenía dos entradas de cine demasiado arrugadas, un pequeño caramelo y un par de pendientes que nunca se pondría, sus tesoros.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La máquina.

Ahí está ella, frente a su copia. No hace más que preguntarse qué fue lo que hizo mal para merecer aquello. Fuera, amanece.
Ahora que se ha parado a pensar se da cuenta de cuanto han cambiado las cosas. La obra se vuelve en contra de su propio creador. No siente, no duele, tampoco llora.
Ella recuerda, una y otra vez. Recuerda aquel día que se quedó de fiesta demasiado tarde, que luego levantó con él por fin a su lado. Aquel fue el día más feliz de su efímera existencia. Efímera, si. Ahora le toca abandonar ese mundo hostil en el que le tocó vivir, decir adiós como otros tantos antes que ella. Dejarlo todo en manos de un puñado de cables perfectamente organizados para cumplir una función.
¿Te imaginas que algún día las máquinas nos reemplazasen? Recuerda la pregunta de él cuando nada tenía sentido, ella dejó pasar sin más la idea.
Ella se toca el pelo nerviosa, su copia le repite.
-¿Cómo te llamas? 
-yo soy tú, tú no existes.
De pronto se le hiela la sangre ¿ella es la copia. No lo entiende. Ella intenta llorar pero no le salen las lágrimas. Se le ocurre una idea. Va a dañarla de alguna forma, va a demostrar que no siente nada y que bajo ningún concepto son la misma persona.
Luego decide que no, ha llegado el momento de probar que ella es ella y que la copia que tiene enfrente no es más que una simple máquina.
Ambas están cansadas, han rememorado durante la noche tantas cosas para probar quien es cada una que ya no saben que hacer.
Por fin Diana decide levantarse. La otra Diana la observa impasible.
-Me llamo Diana, tengo veinte años y estoy enamorada de una de las mejores personas que existen. Nos queremos, estoy viva, nací del amor que se daba una pareja, tengo gente que me aprecia y soy feliz. ¿Quién eres tú?
La copia procesa toda la información. Se satura y ante esta confesión sólo tiene una alternativa.
-me llamo Diana. Cuatro, cinco, uno, uno, siete, tres, ocho, dos, cero, ce. Número de serie.
Es lo único que consigue decir antes de que sus ojos se apaguen por completo.
Diana sonríe pletórica, es ella. Nunca ha habido otra. Por muchas máquinas que haya en el mundo, por muchos avances, nadie desbancará jamás al ser humano. Y de pronto cae en la cuenta de que a ese montón de cables les hace falta algo: el espíritu de lucha, el mido a morir, la superación, el amor. Les hace falta vivir.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Tan lento, tan rápido

Por eso. Porque no pensaste que todo iba a acabar tan rápido. Aquel fue el motivo de que no le agarrases la mano lo suficientemente fuerte. De que sus dedos se escaparan de entré los tuyos. Estabas tan ciego que no te diste cuenta de que ella se iba convirtiendo poco a poco en una sombra etérea de tu presente.
Tuviste miedo. Tuviste miedo a perderla, a decirle para siempre, a enamorarte. Quisiste ser por los dos y ella se negó.
Desde la ventana veías caer la lluvia. Una voz profunda salía de aquellos molestos auriculares para adentrarse en tu cabeza. Se fue con el verano, con el sol.
Ahora hace frío, hay demasiado vacío. Una única farola ilumina una calle angosta que aún queda en tu recuerdo. 
Adele. Ella te entiende, ella pasó por lo mismo. No quisieron que fuera de nadie. Sólo que ella sabe que es fuerte, que ya no le harán más daño. Ha sabido seguir adelante. Sabe cuidar su melena rubia como signo de fortaleza, una vez que abre la boca los suspiros se escapan en forma de melodía. Un micrófono permite que su voz llegue más lejos, que la escuche él. Aquel que quiso decirle adiós. 
Simplemente mírala ahora, es feliz.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Estoy aquí, ¿recuerdas? Sonríe.

Seguramente no entiendes el significado de un para siempre. Estoy segura de que nadie es capaz de entender ese periodo de tiempo tan largo ya que nada es al final para siempre. Todo se acaba. Puede acabar bien, puede acabar mal o simplemente acabar, llamemoslo diferencias irreconciliables.
Tú lo sabes, desde que te conocí. Sabes bien que aunque no pueda garantizarte un para siempre te puedo asegurar un todo lo que dure mi vida. Sabes que estoy aquí, allí y donde sea. Sabes que tu eres una de las personas que de la nada has pasado a significar todo en mi vida y de verdad te agradezco todos los buenos momentos, todas y cada una de las sonrisas, todas las veces que sin quererlo te quedaste a mi lado.
Las cosas pasan por algún motivo y todos somos diferentes. Siento en el alma si soy demasiado temperamental, si no tengo paciencia, si enfado a cualquiera, si soy pesada, de nuevo, lo siento.
Pero me gustaría saber los motivos, sabes las explicaciones de este comportamiento que tienes hacia mi. Ya no sé cómo comportarme, si te molesta que hable, que respire, ya no se ni si quiera si te arrepientes de haberme conocido.
Lo único que sé es que odio perder amigos y no me gustaría perderte. ¿Que soy muy gilipollas? Puede. Pero también sé que pocas personas te van a apreciar de la manera que lo hago yo, que cuando me conociste ganaste una amiga para toda la vida y que sí te digo para siempre es para siempre. Porque fuiste una de las pocas que me entendía cuando ni yo supe hacerlo, una de las pocas que secaba lágrimas de niña estúpida y se reía a mi lado. Echo de menos todo eso. ¿Dónde ha quedado?


domingo, 17 de noviembre de 2013

Son sólo dos.

Son unos ojos azules. Azul mar, azul intenso, azul color de cielo.
Ella los mira embelesada. Decían que los ojos son el espejo del alma, si es verdad, el debía tener más de una. Ella recuerda, alguien dijo una vez en un tiempo remoto que el alma tenía tres partes. Ella está de acuerdo, aunque no con la distribución.
Para ella, él es el único cuya alma está dividida en tres.
El alma de ensueño, esa que le hace tocar el cielo. No sabe muy bien donde la tiene pero sabe que su voz tiene algo que ver. Su voz que cuando canta hace que ella se olvide de todo.
El alma de los sobresaltos o de los escalofríos, como le llama ella. Esta se aparece cada vez que él se acerca con sigilo y la abraza, cada vez que sus dedos recorren suavemente los brazos de ella y ella se sobresalta.
Por ultimo, pero no por ello menos importante, el alma. La verdadera esencia. Ella sabe que existe. La ve cada vez que mantiene la mirada, cada vez que el la mira a los ojos. Ve en unas milésimas de segundo todo lo que no es capaz de expresar con los labios, todas las caricias que nunca se han llegado a materializar. Con los ojos, él, se come el mundo. Con los ojos la ama.
W.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Unos ojos que te miran a través de la vitrina



¿No son muy jóvenes? ¿Muy niños para el amor? No es algo que sencillamente se les viene grande? Y realmente ¿quién lo sabe?
Los observo risueña, no pueden tener más de una década y allí esta, es peculiar pareja cogidos torpemente por las manos.
Ella se estira la falda, muy limpia, ni una sola arruga la recorre en su superficie. Y es que claro, el atuendo llevaba colgado y preparado una semana bajo la oscuridad de un armario infantil, en el que fuera, sobre la puerta bailaban sus pegatinas.
Él chico, sin saber que decir sigue sumido en sus pensamientos. Siempre ella, por fuera y por dentro. Qué será lo que tendrá que le encanta. Espera haber causado buena impresión ya que sus tres horas encerrado en el cuarto de baño pese a los gritos de su madre instándole tenían un motivo, su cita. Iba a llevarla a su restaurante favorito, ese acristalado en el que el azúcar era un modo de vida. Allí ponían los mejores batidos de la ciudad.
La melena rubia cae sobre los hombros de la chica mientras ella repasa mentalmente como comportarse: piernas cruzadas, por favor y gracias, no reír escandalosamente, contenerse...todos los consejos que vienen en el manual para ser madre que traen los niños bajo el brazo nada más nacer.
De pronto la tele sobre uno de los estantes del establecimiento se enciende. Noticias. Muertes, tristezas, penas. Hoy, como tantos otros días en los que se ha convertido el mundo no dan ni una sola noticia que sea capaz de sacar una sonrisa. Aunque sus manos siguen entrelazadas.
Veo que observan atentos el televisor y después se miran. El chico se acerca a la barra como puede y de puntillas intenta llamar al camarero lo más alto posible.
Veo que se sienta de nuevo y al cabo de un rato llega un joven de veinte años de uniforme a dejar dos espumosos batidos sobre la mesa.
Comienzan a beber con ganas, ganas de vivir, de reír, de disfrutar de los momentos. De repente vuelven a ser ellos, ya no hay reglas, no hay normas.
Las risas de los dos chiquillos se escucha por encima de las noticias, la sonrisa se contagia hasta llegar a mi. Yo que los contemplo desde el otro lado de la vitrina, pegó lo más que puedo mis manos al cristal. Envidia sana. Imagino que es lo que siento por dentro al ver que aún quedan motivos para aprovechar los infinitos segundos que vivimos cada día, cada hora, cada momento.
Un batido de chocolate, una película que mi mente tiende a reproducir y aquellos dos niños a los que no se sí tendré el placer de volver a ver en esta vida son mi motivo de hoy, para seguir. ¿Y el tuyo?

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sexto sentido

Cuando una chica sabe, es porque verdaderamente tiene certeza, aún sin pruebas de lo que esta diciendo. Es algo que lleva dentro. Es como un solucionario que nos da las respuesta parcialmente a problemas que ni siquiera son de nuestra incumbencia, o si.
Ella con sólo leer dos palabras ya sabía que su corazón, el de el era de otra. Ya sabía que la merecía y que el cariño profesado era mutuo por eso muchas veces, al darle vueltas a las cosas nos cuestionamos eso de qué es mejor, si darle la mano a la realidad o vivir en nuestra ignorancia.
Ella lo supo entonces, y lo sabe ahora. Ella que se muere por dentro y sólo sabe soltar fuera palabras hostiles contra los que le rodean. Ella tan inocente con un mundo demasiado grande que se viene encima.
Ella no quería llorar, pero es tan difícil, quería seguirle, al fin del mundo, quería ser ella.
Demasiados convencionalismos, demasiadas buenas maneras, estaba harta.
Harta de echar de  menos a alguien que no la correspondía, harta del mundo, de que le faltasen besos, harta de estar tan lejos. Sólo la comprendía la distancia, sólo le quedaba el recuerdo.
Él, aún así, la pensaba. La echaba de menos. Cómo aquella niña con ojos tan maravillosos no estaba a su lado. No había nadie más, sólo ella. Aunque ella suspirase por otro, aunque faltasen motivos y los kilómetros los separasen, él seguía allí. La misma noche, la misma calle, el mismo centro, esperaba verla pronto y de hecho no faltaba tanto. Se había decepcionado tanto cuando supo que las últimas brisas de verano no la llevarían de vuelta. Sin embargo, tenía la certeza de que ahora, al haber llegado el frío,  al congelarse los rescoldos de cada florido balcón y elevarse aquella hermosa serranía contra las inclemencias del tiempo, ella volvería. 





Vuelve, por favor

Cuando ya había recogido hasta el último de los pedazos, cuando todo quedo limpio, sólo entonces se secó las manos. Aquel vaso y su corazón tenían tanto en común... La luna la arropaba desde el cielo y ella se negaba a crecer sin darse cuenta de que era demasiado tarde.
Se frotó las manos con cuidado, le dolían. Cristales hechos añicos y un corazón destrozado no eran buena compañía.
Hoy era uno de esos días en los que no quería alejarse del mundo, pero lo necesitaba. Necesitaba que él viniera con su sonrisa y le plantase un cálido abrazo, le apetecía volver a su rutina, a la de los dos. Esa que incluía las interminables madrugadas repletas de risas, esas ganas de no querer despegarse de un estúpido teléfono, esas noches de quedarse dormida esperando una respuesta. Una respuesta que llegaba la mañana siguiente, dos o tres palabras que la hacían estar feliz sin motivo. Cómo echaba de menos aquellos días, aquellas noches, aquellos sueños que debían cumplir juntos y qué fácil había pasado.
Poco quedaba de aquello, el tiempo había hecho que aquella amistad se volviera más fuerte, un cariño muy grande y tantas bromas por el camino pero ambos habían crecido.





domingo, 3 de noviembre de 2013

No es mentira en realidad

 Y porque ya no sé lo que es verdad, y es mentira. Porque hace tiempo que dejaron de dolerme las heridas y el corazón sin estar sano, aún respira.
No hubo tinta, ni paño que secase lágrimas. Hubo marca, sin cicatriz. Todo se borró, se borraba entonces aunque no por culpa del agua. No estaba hecho para ella, no marcaba. La vida.
Encontré en el desván bajo la noche alumbrada unos cuantos escritos. Qué escritos, sin una palabra. Sueños, pensamientos de madrugada.
Pero hace tiempo que ya no están, que las palabras mataron al sentimiento, obviaron a los recuerdos y no dejaron vivir más.
Era lápiz, eran papeles blancos, con blancura de espuma.
Escuchaba los susurros de las olas a lo lejos, escuchaba su voz en el viento.
Y se preguntaba, ¿por qué pasaba el tiempo? ¿Por qué no congelarlo? Tan tiempo...
Vislumbraba tan cosas, tanta belleza en tan poco tiempo, tanta alegría, tanto cariño que no sabía que era lo cierto.
Esta oscuro y hace frío pero no por eso miento. Las palabras verdaderamente no están borradas, ni se fueron lejos. Siguen aquí, en mi cabeza. Las sostengo en un suspiro, no dejo que todo sea un cuento.


lunes, 28 de octubre de 2013

No a que llegues tarde, te esperaré toda la vida.

Y ella lentamente abría y cerraba desde el otro extremo de la bañera la llave de paso del agua. Quería llorar, aunque tenía los ojos demasiado secos como para hacerlo.
La espuma cubría todo su cuerpo y reusltaba cómico su contraste con el lujo de aquellos sanitarios. Que ironias las de la vida, que le regalaban ahora una boda por todo lo alto para unirse en matrimonio a alguien a quien quería, o al menos creía querer.
Los rayos de sol de la tarde penetraban lentos queriendo parar el tiempo en aquella tranquila habitación pero ella seguía teniendo a Noa en la cabeza y el tiempo aún seguía pasando. El velo de novia todavía pendía con alfireres perlados de su ondulado cabello y ocupaba inmaculado la mayor parte de la estancia.
Los ojos de ella demasiado rotos, demasiado negros...queriendo en vano volver junto a él, solo por unos instantes. Entonces paró de darle vueltas a todo.
"Estas haciendo lo que es políticamente correcto para ti Ali, lo que tus padres quieren pero, ¿es lo que quieres tu también?" Los recuerdos a borbotones de aquel maravilloso verano a su lado hacían que corazón y cabeza negasen al unísono.
A su lado una silla sostenía sin ganas un periódico diario en el que él, con más años encima y expresión adusta junto a la casa de sus sueños, la de ellos, la que le prometió a ella.
Al fin una lágrima decidió escaparse sin ser vista  y confundirse entre la espuma y el perfume de la repleta bañera.
Ella decició que a la mañana siguiente tendría que verlo, al menos una vez más. Pero antes debía resolver unos asuntos...


miedo

Si supieras cuando te echo de menos... Me quedaría corto al decir que es del cielo al suelo. No necesito promesas, y menos verdades ajenas. Se qué te conocí y mi mundo se hizo pequeño. Sé que fue poco tiempo y sé que todo esto más que locura es un sueño. Sueño, cada noche que tu vuelves a mi lado. Que regresas, que todo es tan fácil cómo aquello que un día comenzamos. Y siento miedo, miedo de ti, de mi, de nosotros. Temo no estar a la altura, no cubrir tus expectativas. Si te pasa algo, me muero. No sé cómo demostrarte todo el cariño siente tengo, no me ha enseñado nadie a hacerlo, no te encuentro. Siempre he podido verte hasta con los ojos cerrados pero tu ya no estás aquí, no es más que un cuento.
Vivo lejos, intentó ser fuerte, de verdad, lo intento. Nunca lloro, o al menos, eso creo. Pero aún me pregunto al alba el por qué de mi tez salada, el motivo de no abrir los ojos y el daño de contemplar el sol cuando se va de madrugada. Intento que ella me enseñe, que la luna sea una entrada, una puerta para poder contemplarte en la distancia.

Tu me miras. Ahora vuelvo a ser fuerte, mi corazón se vuelca y a la vez se contiene. Me dices que no te vas, que te veré y que vienes. Me dices que eres mía y lo serás para siempre.



lunes, 21 de octubre de 2013

Un mal día sin mala vida

Y de repente te das cuenta de que sigues estancada en el pasado y no sabes como salir. Necesitas aire, el respirar se hace largo, eterno. Necesitas la solución a todos tus problemas y un problema que sea de una vez por todas esa puta solución. No tienes fines, no tienes medios. Lo único que aún perdura es aquel vago recuerdo de lo que una vez fuiste y que está demasiado lejos. Todo lo que haces por llegar al final, hasta arriba, es inútil, insuficiente. A tu alrededor no hacen sino cambiar las metas.

Eres una pequeña soñadora que se intenta abrir paso entre sueños demasiado grandes para ella. Pero, ¿no dijeron que nunca un sueño es imposible? ¿No dijeron que sí los perseguías acababan volviendo?
Miras fuera, miras lejos. Tu mente vaga perdida e intentas en ese instante vislumbrar una forma de movimiento. Un dedo entumecido, la cabeza hacia atrás, el baile del pelo al viento. Nada.
El mundo se mueve a tu alrededor y tu sigues parada. No entiendes, no sabes nada.
Te faltan horas del día y quieres ver la lluvia en el cristal y amanecer cada mañana con su sonrisa. Quieres canciones que te acompañen y te mimen y no demasiadas lágrimas. Mientras más claras crees que tienes las ideas, más termina atrapadas. Quieres silencio y quieres calma. Quieres acostarte, respirar, soñar surcando los cielos y que mañana al levantarte sea otro día en tu cama.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Sólo sabe mirar al espejo en una realidad paralela.

El agua cae lo suficientemente rápido como para confundirse con sus lágrimas. En cuándo frenaba y le daba vueltas a la cabeza todo su mundo se venía abajo. Distaba mucho de ser perfecto aunque no podía negar lo afortunada que era.
Ya había acabado todo, nada volvería a ser lo mismo. Aquel maldito número aparecía en todas partes, cada sitio por el que pasaba le recordaba buenos momentos, y mejores. Todos vividos a su lado. No era justo decir la verdad, pero si se la decía para sus adentros no pasaba nada. Pensaba más y más y no se le ocurría ya el motivo por el que lo fastidió todo. Había sido extraño pero no puede decir que no lo quisiera, lo quería tanto...que a veces hasta dolía darse cuenta de lo que eran ahora, le faltaba el aire pero sabía disimularlo bien, sólo para no hacer que todo empezase de nuevo.
Pero ella aún llora, la ducha está demasiado caliente aunque no siente dolor, ya no, todo se ha ido y no es más que un precioso recuerdo.
Echa de menos su risa, su forma tímida de mirar cuando aún no eran nada, a él. Entonces se va dando cuenta de los cientos de detalles, de que en realidad si que le gusta frenar y percatarse de las cosas, aunque es cierto que ama la velocidad. Quiso ser mayor muy pronto sin saber que aún le quedaba mucho cariño por recorrer.
Ya se acaricia el pelo sola, ya no tiene a quien devolverle la sonrisa.



martes, 24 de septiembre de 2013

Quien quiera que seas

Que raro el destino ¿verdad? A veces, sólo a veces aparece para recordarnos su existencia. Tú estás tan atareado y concentrado en vivir tu vida, en intentar aprovecharla al máximo...y de repente aparece él.
Es demasiado enrevesado. Te lo puedes encontrar en los lugares más recónditos e insospechados, en cada calle, cada abrazo. La cuestión es que aparezca y que brille por estancia.
A veces pienso que el destino lo único que busca es liarnos aún más. Confundir nuestras ideas y mezclarlas con otras distintas. Estoy confusa. No se sí hacerle caso. Si hoy seguirá siendo mañana cuando me levanté. Se qué no tiene sentido, que todo esto seguramente lleva a una calle sin salida pero...si lo pienso será por algo ¿no?
Si pensamos en el destino como capitán de nuestro barco le damos más autoridad de la que se merece. Le dejamos que nos lleve el rumbo, que nos guíe y eso, estremece. Cambia cosas a su antojo, te las quita cuando se enfada, las devuelve si está en calma. Hace que todo parezca sencillo, que sea sencillo pero, ¿qué sentido tendría vivir una vida de la que no somos dueños?¿qué sería una vida sin sueños propios, sin adrenalina, sin experimentar? ¿Qué sería una vida sin amor, sin esperar algo de alguien, sin levantarte cada mañana queriendo sonreír porque has logrado tus metas? ¿Qué sería la vida sin cometer errores y tener que repetir experiencias para aprender? Por eso estoy hecha un lío. Tiene que existir algo, llamemoslo destino, llamemoslo como nos de la gana, porque somos dueños de nuestra vida. Puede que exista ese algo innombrable, intangible, que nos lleve a estar en ese lugar, en ese tiempo, esa misma vida. Muchos lo llaman casualidad, no creen en ello pero, seguramente a más de un incrédulo le han aparecido "señales" por todas partes. Por señales puedo referirme a encontrarte a esa persona, ver cuando te da por mirar ese número en cada esquina, pulsar el aleatorio y que salga la única canción de las dos mil que tienes que te recuerda a ese alguien. Aunque no puedes llorar, no dejes que te afecte el encontrarte meras realidades. Simplemente lucha por ellas. Por ellas y por tus sueños.
Por eso quiero intentar seguir adelante. Sí, creo en el destino, aunque también se que soy dueña de los cambios de mi vida. Quiero comprobar si esto es pasajero o si realmente llega para quedarse. Quiero deshacer la infinidad de madejas de lana que han ido a parar a mi cabeza para allí enrollarse a placer. Quiero vivir, y quiero hacerlo bien.
No creo que nos merezcamos sufrir, menos por alguien que no da lo mismo que nosotros. Las relaciones cambian, amigos que se van, acaban, pero la vida sigue y está en nuestra mano escribir historias mejores.
Si esa coca ya no te devuelve el cariño, si ha dejado de ser smerecedorade tu afecto busca a alguien que viva y muera por ti, sólo entonces podrás decir que eres feliz. Si ese chico ya ni te mira a los ojos, si ya los buenos días se han convertido en peores noches y la única emoción que causa en ti es una lágrima por cada ignorancia, dedícale una última sonrisa. Eso si, mirándole a los ojos. Quien quiera que seas como tu no hay igual. No lo habrá jamás.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Si no hay más remedio

Se comían a besos. Tenían sed, hambre uno del otro. Les gustaba jugar. Les gustaba quererse y ser los primeros de los últimos. No tenían prisa, se querían. Querían quererse. Por eso el tiempo pasaba tan rápido, las canciones significaban tanto y los dedos recorriendo un rostro hacían que todo pareciera sencillo


viernes, 20 de septiembre de 2013

Un adiós y un hasta luego.

Y al fin la he visto a ella. Porque la he visto. La he mirado a los ojos y he visto que te quería. Hasta ahora no estabas seguro, todo eran excusas cada día. La observabas y sonreías.
Quiero decir que me alegro, que he decidido que es mejor olvidar porque se que no hay marcha atrás. Fuiste el motor de mi vida, la sonrisa de mi alma y el sueño de mi corazón. Pero, ya no más. Ya basta. Tengo que parar de una vez porque esto no es sano. Sólo te deseó un feliz camino juntó a ella. Creo que realmente te merece y no podría entregarte a alguien que te mereciera menos. Siento haber sido una carga, siento haberlo sentido, todo y a la vez nada.
Sólo puedo decirte que un placer coincidir en esta vida y qué gracias por alegrar un poco más mis mañanas.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EVDE

No creo que quieras presumir ni mucho menos, aunque puedes hacerlo. Gracias por tener esa sonrisa tan bonita que ilusione corazones, gracias por regalarme pedacitos de cielo en cada acorde y por querer tenerme cerca con tantas otras melodías. Haces que quiera detenerme, hacer las cosas despacio y con buena letra, que me pare a soñar, a sonreír y a enamorarme de la vida.
Gracias porque, lo que me llega de ti a través de unos auriculares roídos, del sonido lejano de una radio y del bullicio de una inmensa tienda de CDs de la angosta calle sureña, es tremendamente grande. Tanto, que consigue colorear mis ojos, que se salten ciertas lágrimas y afloren sentimientos enterrados.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Save our night

Con el tiempo me había dado cuenta de que era inútil llevarle la contraria al mundo. Que para ser feliz debía ir con él, marcando el rumbo. Y todo lo conseguía gracias a ella. Era mi pequeña, mis ganas de vida. Conseguía sacarme siempre una jodida sonrisa y cada día la echaba más de menos. Pero era feliz así, interminables charlas de madrugada que no llegaban a más de un beso de buenas noches.
Y en realidad, tampoco hacía tanto que nos conocíamos cuando no me costaba nada quererla y ella se hacía querer. Se enfadaba cada vez que le hacía alguna broma y eso me hacía reír aún más.
Ella sabía cuándo estaba triste, cuándo raro, sabía calmarme y desesperarme pero, sobre todo, sabía escuchar. No es que yo contase nada especial, solo tonterías, aunque sabiendo que eran tonterías ella estaba allí. Para mí.
Veía normal la envidia en los ojos de otras, pero con ella me llevo tan bien que hasta yo me pregunto el cómo pudo pasar.
No me atrevo a decirle que la quiero, podría desmoronarla, es tan entera y a la vez tan frágil.


Y es así como decías que iba a ser

Y. Me gusta esa palabra, esa letra tan extraña. Sin ella todo esto no tendría sentido. Pienso que nos ayuda a expresarnos, quiere que sigamos, siempre hacia  adelante. Nos deja añadir muchas cosas más de las que realmente queremos. Nos deja ser imbéciles solos, repitiendo siempre la misma cosa, nos deja ser eternos.
Le gusta colarse en los cuentos, los hace mejores, más mágicos. Enumera las razones de nuestro mundo, de nuestro cielo.
Cansa repetirla pero, es ella la que quiere continuemos esa brisa.
Nos sueña, nos abandona nos enreda...Sonríe al hacerlo, como si valiera la pena.
Si te pones a pensar y darle vueltas, esto no lleva a nada, es pura tontería y solo sirve para decir que siento que me encanta esa letra, no sé ccómo ni el porqué de semejante estupidez pero me hace sentir tremendamente pequeña. Solo por ella no la he mencionado, para que no le piten los oídos, para que se sienta bien consigo misma y sepa que nunca hemos sido.

De cuando en cuando sigo caminando.

Y me preguntarás cuantas veces he querido un beso tuyo, cuántas me aprendí tu rostro, la línea de tu sonrisa.
Yo te diré la verdad. Si hay una cosa que soy, es sincera. Te diré que hace tiempo perdí la cuenta de los besos; esa y todas las cuentas que tenían que ver contigo, con tu nombre y tus apellidos.
Confesaré que me sé tu rostro mejor que el mío, que terminé por olvidar el color de mis ojos y mis mejillas para saberme los tuyos.
Que la única línea que cruzo cada mañana es la de tu sonrisa cuando atraviesas la puerta y me besas.
Te diré que soy más feliz contigo de lo que lo he sido en toda mi vida.
Y aún así seguiré siendo yo.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

6

Abuelo, sé que puedes escucharme. Me han dicho tantas cosas acerca de tu paradero, he intentado que vuelvas tantas veces que ahora con la mitad menos del pensamiento y un poco loca solo se me ocurre esta manera de hablarte, mediante palabras.
Sé que debería haber recordado aquel día, otro año más, ya quince. Quince en los que he crecido, once en los que deje de ser la niña que conociste. ¿Podrías perdonarme? No recordé que te fuiste, que o estarás más conmigo, solo bailaba y reía. No es para excusarme, pero sé también que eso es lo que tú hubieras querido, que no dejase de reír, que fuera feliz.
Te echo tanto de menos. En poco tiempo te convertiste en una de esas personas que sabes de son tuyas para toda la vida, toda la mía. Te guardo en mi cabeza, en el corazón y en millones de recuerdos más repartidos a lo largo de mi vida.

De todos mis sitios favoritos, me quedaba con tus brazos. Eran los únicos que me mecían hasta quedarme profundamente dormida.
Me gusta pensar que me ves, que me oyes, que diriges mi camino poco a poco para evitar tropiezos y aún así, alguna vez hay que caer.
Solo espero no tener que decirte que te quiero más, porque tu ya lo sepas y lo tengas grabado dentro.
Cada noche me acuesto con uno de tus regalos a los pies, un peluche que puede que aún huela a ti. Cuando miro a las estrellas siempre pienso que vosotros dos sois los más brillantes del cielo, no, no lo pienso, lo sé.
Y es que la vida es tan injusta, pretende quitarte a los que más quieres y solo sabe pasar haciendo daño y cosquillas.

No lo olvides nunca, te quiero.


Una pequeña parte de mi felicidad

Nada como aquella noche. Las vimos entrar entre el gentío. Estaban locas. Rebosaban juventud, marcha y el aspecto desenfadado las hacía más bonitas todavía. La música hacía retumbar las paredes improvisadas de aquel alegre lugar, la noche también era joven.
No se cómo ni por qué me encontré mirándola a los ojos. Ella estaba más apartada, más cohibida y por ello me pareció preciosa. Al igual que las otras, bailaba sin frenos dejándose la piel en cada paso tambaleante. Pero a ella no la observaban los demás, solo yo; ella, que parecía que no existía fue la que me animó a moverme lenta y cautelosamente a través de la pista.
Los altavoces hacían que me pitaran los oídos y de pronto de algún lugar comenzó a caer pintura de muchos colores. Ella sonreía, la pintura le manchó los labios, el pelo que movía ferviente y los largos pendientes dorados que llevaba.
Yo tenía una copa en la mano y lo único que me apetecía entonces era besarla.
Nos separaban diez centímetros, cinco, dos...
Juntamos los labios. Ibamos despacio porque ibamos lejos y nos habíamos estado buscando. Yo, el chaval mas inmaduro, niñato y feliz del universo y ella, mía.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Siempre veinte

Te he estado observando, niña. He visto que una de tus aficiones es sonreír, pero siempre con disimulo para no deslumbrar al monótono mundo con tu alegría. He visto que tu pelo daba vueltas con el viento, libre, que nunca frenaba. He visto tus sueños volar por la acera desierta de la madrugada; te he visto bien te he visto mal y quiero decirte que no es siempre igual.
Después te he visto recoger tu pelo, te molestaba, te agobiaba; recluido en una larga coleta que casi llegaba al suelo, morena.
Ahora si que me tienes que escuchar, voy a darte un consejo. No hagas con tu vida lo mismo que con tu melena. No la agarres, no seas tonta, déjala suelta. Deja que la vida vague sin rumbo hasta que te de por encontrarlo, sé libre, sé feliz y siempre, tú misma.
Quédate en veinte, veinte para siempre. Tira las gomillas y luce tus pendientes.


Ahora

Ahora quiero hablar de ese abrazo. No antes, ni en un rato, tampoco creo que mañana me sienta con fuerzas. Es el poder d la madrugada, el que te hace soltar verdades como puños y por eso quiero habla de ello ahora. El reloj marca las dos, las estrellas hace ya tiempo que salieron de fiesta y aquí estoy mirándolas con envidia y pensando en lo traicionera que es la vida.
Primero he de decir que no soy una persona de abrazos. Si que me considero cariñosa y efusiva pero, lo de pasar pegada a una persona compartiendo un sentimiento a menos de un milímetro durante un intervalo de tiempo es algo distinto. Más que nada porque tengo miedo. Sí, tengo miedo de que al abrazar a alguien, esa persona pueda transmitirme tanto y a la vez tan poco con un solo gesto y que esto deje huella en mí, que me siento incapaz.
Pero aquí digo que si todos los abrazos fuerancomo el de aquel día y con la misma persona me encancharía para no soltarlos. Me proclamaría abrazodependiente.
Iba sumida en mis pensamientos, saliendo, bastante taciturna. Me paré porque le dije que le esperaría y entonces entre el barullo de gente que tropezaba para llegar antes a casa, apareció él. Como mi mirada echaba un pulso con el suelo, a ver quién aguantaba más, no lo vi, pero se abalanzó sobre mí y me abrazó con una resplandeciente sonrisa. No fueron más que unos segundos en los que sus brazos me rodearon y mi cuerpo entero como respuesta tembló e intentó inclinarse hacia atrás acomodándose a su alta figura. Solo durante unos segundos fuimos nosotros. He aprobado- me susurró pletórico. Me alegré por él entonces. Y puedo asegurar que a pesar de que mi día no había sido del todo bueno, su abrazo me colocó una sonrisa en los labios para terminarlo feliz. Fue el mejor abrazo que me han dado en la vida: espontáneo, alegre, desentendido, amigo...
Después ha pasado mucho. Yo por lo pronto, solo puedo agradecerle entre otras cosas que me haya hecho ser más fuerte y que ahora a unas dos tardías le de la vuelta al hielo de mi vaso, mirando las estrellas y me cuestione todos mis porqués.