viernes, 5 de mayo de 2017

Leyendo a Rayden

Hay quien entiende la poesía como desorden ordenado, como caos milimétrico decorado en palabras bonitas.
-Quiénes quieren entenderla.
Un tetris de palabras exactas, monocromas, cumpliendo su función de manera extraordinaria.

Hay muchos poetas,
y luego está ella,
la POESÍA- que no atiende a razones.

Quienes la absorben en sus momentos de despecho, quienes se deshacen en ella, quienes la queman por no saber olvidar sentimientos desesperados.
Hay quienes, los versos les sirven de faro o de timón según sean más de mar o de tierra.
Hay quienes siguen afirmando que Poesía es nombre de mujer, y que es la madre de quien hechizó las letras.
Hay quien la usa para teletransportarse en el mundo a sus siete maravillas, quien la exprime porque le gusta la demasiado la filosofía.
Hay quien la oye, pero no la escucha.
Hay quien se tropieza con ella en bares o escaparates.
Quienes la comparten entre caña y copa.
Hay quien la prefiere en madrugadas, en noches de lluvia y velas o en tardes de verano.
Quien la deleita, quien la lee, quien la versa, quien la canta.
Hay algunos que todavía la prefieren sola que acompañada, que la piden morena, porque de rubias están las tabernas llenas.

pero, ¿quién hay?

Aún hay quienes no la entienden, a quiénes sus rimas no le arañan, quienes por no parar, no encuentran lo que no buscaban.

Es abril y mi vida no es la misma que hace un par de horas.
Como siempre o como nunca, acabo de terminar de hacer el amor con la poesía.
En voz alta- no podía ser de otra forma.
Queriendo dar alas a toda experiencia,
real o inventada que amenaza con escapar a borbotones de mi cabeza
fluyendo con versos.

He terminado "Terminamos y otros poemas sin terminar"y, que queréis que os diga, quien lo escribió es uno de los mejores encantadores de palabras de nuestros días.
Rayden o el genio de David, podeís llamarlo como gustéis.

Y a él, tenemos el privilegio y la suerte de compartirlo en vida.
¿Cuánto quisimos preguntarle a Bécquer, a Cernuda?¿Cuánto a Mario Benedetti, Alberti?
¿Quién no sigue llorando la muerte de Lorca sin conocerlo?

Con David Martínez somos capaces de seguir sus progresos, de no olvidar los ojos que nos conducen a todas las salidas de emergencia por las que nos planteamos la huída.
Siempre me he sentido insegura, y he dudado de todo, menos de estar viva.
Supongo que dudar es humano, ¿no?

Nunca he terminado de sanar el dolor del corazón por mi sola pero,
sé que soy experta en hacerme daño y adorar a la poesía en partes iguales.
Gracias, David, por tu parte de culpa.

Sé que siempre pueden decirte lo mismo y que está en tu mano tomarlo de una forma, de otra o incluso no tomarlo, pero te digo algo más:
En el sur, de donde vengo, siempre termina por salir el sol y hoy, curiosamente, no se ha dejado ver.
Ha entendido que se quita el sombrero ante tu magia.
Me dijo que los versos y los besos, solo los repartes tú.
Que tenía miedo de salir y que no le mirasen.
El mar olea algo triste, en su escala de grises.

Y yo, que no me sé ni en que fase camina esta noche la luna, muero de ganas de que vuelvas para contármelo.



martes, 2 de mayo de 2017

Desquerida

'Come away with me in the night'

Suena Norah.
Domingo lluvioso de abril y ella piensa en el daño.

En lo que significa, lo que abarca. Piensa en hasta dónde se extiende.
En quién lo hace y quién lo siente.

Percibe muchos dolores distintos pero no alcanza a discernir cuáles son exactamente sus diferencias.
¿Que si le duele algo?
La pregunta de aquel conductor de autobús la persigue sin descanso.
No le ha contestado nada.

Si. Podría decir que si.
Le duele algo.
Pero no ha encontrado ese dolor en los libros.

Ella cree que le duele el alma.
Cree que es eso, porque no se parece a ningún otro dolor que haya experimentado.
Porque no se resuelve con remedios de farmacia, no con cuidados excesivos, los ha probado todos.
Sin embargo, si que cede a los abrazos.
Y se termina al notar los besos, o el cariño.

Es un dolor del que se convence que el tiempo hará desaparecer, pero siempre vuelve a recordarle que nunca olvida.

Es un dolor que arrebata sueños, que arrasa temporales, que abre amaneceres desde las arenas más profundas.

Y detrás de todo, detrás de su dolor, de las gotas de lluvia, de los domingos, detrás de Norah Jones calmándole las primaveras,
estás tú.

Que le aseguras que esta vez no va a doler. Que le susurras al oído que vas a hacer de superheroe, que se atreva a ser tu Lois Laine. Que ésta es la definitiva, y que no piensas soltarla nunca.

Pero estás equivocado porque ella no es tuya.
Nunca lo fue y se ha vuelto tan escéptica que ya no se traga los cuentos de hadas.


Liv Tyler

Cortocircuitos

Mi cabeza ha comenzado a desvariar. Hace días que tiene interferencias.

Se dedica a grabar como 'inolvidables' momentos que sé que nunca volveré a utilizar o sitios en los que -por suerte o por desgracia- no me verán perderme.
En definitiva, basura.

Memoria selectiva, la llaman.
Pero es que la mía tiene vida propia.
Y cuando más aprietas las cuerdas que se ciernen sobre sus sentidos,
más libertad necesitan.
Tienen de todo menos suficiente.

La estúpida de mi cabeza me domina
y suprime el poco espacio que me queda para las cosas indispensables.

Necesito control sobre mi misma y que la mente deje de pasearse por los lúgubres bares del olvido.

Por ejemplo, te puedo decir todas las veces que me crucé con tus ojos, o todos los días que te sentí respirar sobre mi nuca por acercarme a alguna fragancia similar tuya.

Podría relatar sin equivocarme, cómo te reías los días de lluvia. Todo porque yo la odiaba.
Cómo adorabas verme enfadada, decías que así te enamoraste de mi: siendo yo en contra del mundo.

Sin embargo no recuerdo el contenido de los tres últimos exámenes, o cuantos folios llevo pasados en una tarde. Se me empiezan a olvidar incluso las fechas señaladas.

Me he enemistado con las listas, los esquemas y los números. Los evito si me los encuentro sobre mis días.

Mi cabeza sólo sabe reflotar muchos recuerdos sin vida.
Muchos recuerdos que dejaron heridas abiertas y que creí esconder demasiado bien.

Recuerdos que ya no importan porque ni somos ni estamos.
De cómo nunca quise enamorarme, y menos de ti, siempre por miedo a un futuro incierto.

Pero el día que dijeron en clase de la vida eso de 'uno nunca elige de quien se enamora', yo no estaba presente.


Estaría demasiado ocupada aprendiéndote de memoria.



viernes, 28 de abril de 2017

Montar o desmontar corazones del Ikea

El lado derecho del corazón siempre fue de la luna, siempre quiso vivir colgado del cielo
Entre creciente y menguante y estar mas cerca de Marte.
Pero no era único, el lado derecho.

También el lado izquierdo buscaba formar parte de la naturaleza.
Quiso nadar con sirenas y surcar sus siete mares,
también llegar de polo a polo, saltándose los glaciares.

El lado izquierdo jugaba a ser sol.
Quiso salir antes que nadie y guardarse el calor de un abrazo para siempre
en un bolsillo del pantalón.
Y quiso brillar con demasiada intensidad todos los agostos.

Y esto fue así hasta que el corazón se derrumbó enfermo.
Hasta que le faltaron los aires del sur y
las penas, hechas escombros, amenazaban sus buenas vidas.

Así fue como dejó de latir.
Como con el ultimo suspiro,
dejó que la luna se hiciese sol; y el sol jugara a ser luna.

Así fue como fuimos destrozando la naturaleza hasta que ya no quedó nada.

Y nos quedamos a ciegas.
Los astros dejaron de ser; el corazón, de latir
y nosotros sólos con la absurda compañía de mil dolores de cabeza.

Fue el absurdo instante en que dejamos de creer en el amor.

El corazón heló sin que fuera invierno, y a nuestra primavera, le faltaban colores y algún que otro cantar de altos vuelos.

Y yo,
que moría por cada rincón de tu alma, dejé de ser dependiente.
Dejé de quererte aprendiendo-no sin esfuerzo- a desenamorarme.
Dejé de ser tú, para verme.

Pero nadie nos dijo que no se podía vivir sin corazón y
fuerzas en mano, le buscamos solución.

Ahora montamos y desmontamos los corazones de madera ligera en tres sencillos pasos.
Son de color blanco, no pesan nada pero traen demasiados tornillos.
Se venden a buen precio en unos grandes almacenes y se han puesto de moda.

Ahora si tengo dudas busco en las instrucciones del ikea para saber cómo montarlo.
Pero siempre que esparzo las piezas sobre la alfombra del pequeño salón acabo de la misma manera.
Uniendo las tres piezas más bonitas de la forma más impensable.
Y ante el precipicio del no saber, descuelgo un teléfono de pared de los que ya no quedan,
esperando a que 'atención al cliente' me atienda y entienda
y decida contarme en persona cómo montar corazones.

Vienen rápido, o eso dicen.
Nunca he tenido valor como para comprobarlo.

Me pasa que me arrepiento y termino colgando al tercer tono.

No quiero que venga nadie a desmontar mi corazón defectuoso.

Echo de menos latir, extraño mucho al amor y echo de menos el rojo.


martes, 18 de abril de 2017

Cuenta conmigo.

-¿En qué momento dejas de verle las soluciones múltiples a un estúpido problema?

Creo que es cuando no quedan ganas de seguir. Cuando los descosidos se convierten en rotos permanentes y las agujas y los hilos desaparecieron del costurero.

Cuando por falta de costumbre se nos olvidó coser.
Cuando las noches se convierten en días eternos, y las ojeras son la única señal que muestra tus preocupaciones al mundo. Cuando no compartes lo que te pesa.

Los problemas dejan de tener solución cuando no te molestas en buscarla o no los llamas por su nombre y los escondes.

O cuando llaman a tu puerta y tú no abres porque estás muy segura de que te fallan las fuerzas, de que no te interesa lo que tienen que contarte y de que el tiempo inevitablemente se nos escapa.

Pero te digo algo: Es cierto que entre dos los problemas del mundo no van a desaparecer. Pero  ¿y los de tu mundo? ¿qué me dices de ellos?

Cuando los problemas son en voz alta se vuelven un poco menos problema. Se te aclaran las ideas, y adivinas una tenue luz al final del camino, que te enseña lo que siempre has querido pero nunca has terminado de aceptar.
El peso se reparte. No es lo mismo cargar sobre dos hombro que sobre cientos. Cientos que lo único que buscan es algo de confianza.

Y ya ni te recuerdo el alivio. El hecho de dormir y soñar en blanco porque no quedan preocupaciones en el fondo de tu memoria. Tan sólo la felicidad de las pequeñas cosas y lo realmente importante.
Por eso, guárdatelo para ti si quieres. Pero me enseñaron que sólo vas a sufrir hasta donde estés dispuesta.

Date la vuelta. Joder, vuélvete. ¿Qué es lo que realmente necesitas?
Estoy aquí. Cuenta conmigo.


Nos da miedo ser nosotros



Ahora que vivir en pareja tiene fecha de caducidad. Que lo máximo que se dura juntos es una infancia. Que no nos esforzamos en arreglar las cosas.
Ahora, tenemos que reaccionar.

Llegó el momento de abrir los ojos.


Tengo una teoría.

Creo que ya no aguantamos vivir en pareja porque no nos aguantamos ni a nosotros mismos- menos aguantaremos a alguien que nos comparta una rutina.
Porque no terminamos de sentirnos a gusto con nosotros mismos.
E intento vagar por mi cabeza, adivinar el momento que hizo que la ficción superase a la realidad.
Adivinar cuando cambiamos los abrazos por el mundo virtual, y las experiencias por el sofá de casa.

Hace poco leí que todo esto ha pasado porque nos da miedo ser nosotros.
Cómo vamos a terminar saliendo adelante si no sabemos quedarnos solos con nuestro interior.
¿Cuándo nos cogimos miedo?

Como corroboran los últimos estudios, sentimos la necesidad de cariño virtual por no escuchar las voces de nuestras cabezas. Nos han enseñado a anular nuestros pensamientos.
Un relleno que llena nuestra vida dejándola paradójicamente vacía de nosotros.
Y detrás de este relleno está la ansiedad por querer saber más, y el deseo frenético de ‘compartir’.

Ha llegado un punto de muy difícil retorno.

Somos esclavos de las tecnologías.

Si no nos contestan en milésimas de segundos, están enfadados con nosotros. Si llevamos días sin hablar, ya nos olvidaron. Si nos quedamos sin batería, nos aburrimos. Si no tenemos conexión, la vida es una mierda. Si no compartimos momento, hora y lugar de nuestro día a día, no estamos vivos. Si se nos rompe el móvil, la culpa la tienen los de nuestro alrededor y se lo hacemos pagar con malas caras y modos.

Las máquinas controlan nuestros actos, nos supeditan a vivir la vida de los demás tras una pantalla, nos despiertan antes de que amanezca, o de madrugada si cometemos la estupidez de no ponerlas en silencio.

No condicionan los lugares a visitar: Que tenga enchufes, que haya wifi, que sin cobertura me muero, que necesito la mejor cámara para enseñarle al mundo lo bien que va todo-cuando la realidad es bien distinta.

La realidad es que somos personas inmensas en su soledad pidiendo a un mundo hostil una pizca de cariño.
Un cariño que no llega porque cada cual está ocupado en seguir presumiendo de vida.


Ya lo andan diciendo con eso de ‘las máquinas dominarán el mundo’.
Un momento. No es futuro.
No maquillemos también los verbos
(Volvamos a la nueva creencia de nada es lo que parece. Y las apariencias son lo verdaderamente importante. No quiero ser como soy, quiero ser como el resto.)

Ya lo hacen.
Las máquinas nos dominan- pero he descubierto que sólo hasta donde nosotros estamos dispuestos a dejarles.

Quizá el problema resida en que nos hemos olvidado de vivir la vida.
Y hemos concedido a las máquinas del demonio el beneficio de la duda, que desbanquen a la raza humana.



(Joaquin Phoenix- 'Her')




domingo, 9 de abril de 2017

Tienes la culpa de que sea feliz

Creo que se pueden tener personas favoritas.
Personas que te hagan de bálsamo y de adrenalina según el momento que estés surcando.
Esas con las que secar lágrimas enternece, pero reír es la mejor de las aventuras.

Llevo tiempo pensándolo: 
Eres una de mis personas favoritas.

Puede que esto suene a lo de siempre.
Que seamos dos más que lo tienen todo dicho, pero a mi me apetecía recordártelo otra vez.

Por si sufres pérdidas de memorias y se te olvida que voy a estar siempre contigo, por si no puedes más y te crees que se acaban los sueños cuando abres los ojos. Por si alguna vez se te ocurriera apagar los restos de aquella hoguera de San Juan que nos hizo cruzarnos para siempre.

Me apetecía recordarte lo especial que eres y lo mucho que te quiero.
El mundo tiene muchas personas viviendo y pisoteándolo día a día, y qué paradoja que cada persona sea un mismísimo mundo.

Me gustaría saber cuantos mundos encontraríamos entonces sobre el planeta tierra si nos diera por buscar.
Y cuantas vidas estarían conectadas por el detalle más insignificante.
Eres uno de los especiales de mi mundo, y con eso, me basta.

Gracias por no asustarte de mis lágrimas , por no salir corriendo las veces que has descubierto mis miedos, por cogerme la mano cuando me creo eso de la inmensidad del mundo.
Gracias, por enseñarme a ver un vaso medio lleno de ilusiones y dejarme volar con los pies en la tierra. 
Gracias por las llamadas en los peores momentos, porque siempre me ha gustado escuchar tu voz para borrar tantos kilómetros.
Gracias por estrellarme contra mis sueños, animarme a cumplirlos y no rechistar las veces que sabías que me equivocaría.
Gracias por ese hueco perfecto que me dejas entre tus brazos, por las veces que me  dormí escuchándote el corazón.
Pero sobre todo- siempre decimos que la felicidad es un estado, que eso de sentimiento es muy ambiguo, que no hay palabra mas abstracta.
Pienso que la felicidad esta en todas partes, que las personas podemos tener la culpa de ella. Y tú tienes gran parte de la mía.- gracias, por ser uno de los culpables de que sea feliz.


Verano con Eme.

No sé dónde está mi yo.

No saber si te abrochas la zapatilla o deshaces la lazada.


No saber si aterriza o despega el avión.


No saber si lloras de alegría o por desconsuelo.


Realmente sé cuál es la opción pero mi yo, mi profundo yo, amor por ese calor nuestro en tus sabanas.


Y es así Julia, no quiero contigo perder ni un minuto de vida. Es así, es por mí, por lo que desde la lejanía nos abrazamos. Soy un puto iluso pensando que puedo coger las riendas del destino, para caer desbocados en el pozo de nuestros demonios. Lo correcto, lo incorrecto estamos medidos, nos ponen límites, nos ponen cada rail por el cual pasa el tren de nuestra vida. ¡Es egoísmo, es heliocentrismo! es lo que mi cabeza critica cada vez que pienso en abrazarte, besarte, rozarte… Decíamos: “nuestro consuelo es que es lo correcto” No es una esperanza para nada, pero todo está dicho o queda por decir, y yo por ti estoy dispuesto a morir, o vivir.


Suena música en mi cuarto y sé cuando estás en él, sé cuando pienso en ti, o cuando te echo de menos... Hoy no madrugaría con tal de bailarle a tu piel de madrugada más. Brindaba por esa serendipia, que un día te puso en mi vida; ahora me derramo pensando que algún día te olvide.


El equilibrio imposible  de esta historia de amor, un equilibrio el cual cae siempre por el mismo lado, por tu lado, lleno de amor. A veces me quema a veces hiela, cada suspiro que mi tórax arranca del motor. La balanza que mide nuestro amor sin ninguna compasión dicta sentencia. 

 

-Chino inoportuno



sábado, 1 de abril de 2017

'Yesterday' The Beatles, en bucle

Visto desde fuera nadie sabría explicar quién acciona el mecanismo de sus cabezas.
Noche cerrada.
Madrugada en Compostela y los estudiantes han decidido adelantar la fiesta. Un día menos.
Se acerca abril y el hielo ha decidido dar tregua a las ganas.
Desde la calle se aprecian sólo las luces de aquellos que se acostarán por la mañana.
Los que le dan al vicio y se les vienen abajo todos los esquemas antes del fin de semana.

De entre todas las calles. Una.
No es larga, ni bonita, pero si céntrica.
Una que alberga otra de tantas viviendas en las que se mascan sur y primavera.

Las voces vuelan demasiado altas para conocerse.
La música, por debajo de las expectativas
y dos de casualidad que juegan a verse de cerca.
'Quién, cómo y de dónde has salido tú.
Que haces que no hablas.'
Lo suficiente para contar media vida entre suspiros.

Miradas ajenas que se empeñan en opinar ya tienen veredicto,
y un 'Sí. Adelante' se abre paso entre las patas de las sillas.
Aprueban la elección y ella sigue atropellándolo con sus palabras.
Teme que si frena, la conversación se vaya.

Pero no sabe que él se siente como pez en el agua.
Le parece más bonita cada palabra que recalca,
y le gusta eso de no saber a dónde lleva ni lo que pasa.
Siempre ha vivido la noche sin planes,
dejándose llevar por la lluvia-
Lluvia que esta noche no aparece, y por eso está tan perdido.

Se gustan.
No piensan en complicarse.
Se han gustado desde que se han visto y más ahora que se están descubriendo  en palabras.

Ella canta y él pone las canciones.
Y sin saberlo, la suya.
Ella se emociona pero sabe disimular.
Se pregunta cuántas veces la habrá escuchado en el silencio de su alcoba.

Va pasando la noche.
Y todas las vidas del piso de sur y primavera se trasladan a la oscuridad.
Cientos de personas metidas entre paredes negras.
Alcohol en vena y algo de música para todo tipo de problemas.
Se adivinan la silueta gracias a tímidas bombillas de colores.
Y cerveza tras otra, él la saca a bailar.
Y sabe cómo. Y no se pierde un detalle.
Pero se pierde.
Llegan otras vidas. Todas las inseguridades, todos los qué diran.
Se lo llevan a ninguna parte.

Y las ilusiones se desvanecen y ellos se quedan con la idea de querer.


jueves, 30 de marzo de 2017

No te canses de mirar

Mírala.

Cómo escucha a Sabina en bucle pero los jueves prefiere bailar las canciones de Michael Bublé.
Cómo sale de puntillas siempre que terminan sus duchas con complejo de concierto.
O cómo se queda con los detalles grabados en la memoria.

Mírala.

Cómo baila 'Toro' de El Columpio asesino, cuando está en las últimas.
Cómo odia la cerveza, pero cuánto le gusta el tequila.

Deléitate con su silueta.
Que a ti parece que te deja.
Porque luego llega el sexo opuesto y apuesto,
y sólo sabe hacer bailar sus pendientes sobre las orejas.

Mírala.
Cómo no permite que se inmiscuyan en su vida,
pero sin conocer a un príncipe desencantado cualquiera,
le regala el corazón.

Qué extraña, pero qué dulce
la anarquía de su cabeza.
Y a la vez que pequeña parecen sus miras.

Mírala.
Cómo tiene consejos para todos
los que no sean ella
que los reutiliza ajados y sin vez primera.

Mirala llorar.
Me han contado que es cuando más bonita está.

Mírala reír de todo menos de la brisa del mar.

Mírala atenta, distraída, disfrutada y aburrida.
Mírala feliz y desenfadada.

Pero mírala, y no te canses de mirar.




















(Steve McQueen, Ali MacGraw)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Era el chico perfecto en la persona equivocada

Era el chico perfecto en la persona equivocada.

Se había encaprichado de las ondas que hacía su pelo al levantarse.
Adoraba las esquinas de su risa.
Y esa manera tan resuelta de echar a andar el mundo y de poner las calles bien temprano, que tenía su ella por las mañanas.

Pero no le gustaba nada engancharse.
Pensaba que el simple hecho de querer a alguien te volvía débil y te arrancaba la libertad de cuajo.

Le gustaban miércoles por la tarde.
Cuando, al salir de clase, los días de sol podía ver atardecer en Compostela.

Terminaba con un té en el bar de siempre.
La libreta y bolígrafo que descansaban en el bolsillo izquierdo de su chaqueta,
le dejaban sangrar sus heridas.

Contar ordenadamente todos los desvaríos que le susurraba su cabeza.

Y si ella no bajaba a verle, él se impedía odiarla por ello.
Aunque tampoco se permitía el lujo de echarla de menos.
No era más que la niña de la que se habían enamorado sus ojos.
Pero a él no se lo ganaría nunca.

Se cuestionaba todos los días si vivir soñando o soñar viviendo.
Iba y venía por puertas de atrás, pero su deseo siempre fue abrir un mar de  ventanas,
que las oportunidades se sacaran de debajo de las piedras.

Era bueno en lo suyo. En inventar, en vivir y en ser proyecto de algo que no le pegaba nada.
Pero ¿quienes eran ellos para juzgarlo?
Para crear estereotipos de algo que ni ellos tenían definido.

Era el chico perfecto.
Para ella, que lo miraba desde debajo de las penas.
Para la chica invisible, la otra.
Para ella, que suspiraba en silencio, poder cruzar la mirada con sus ojos.

Era la persona idónea para dejar apoyadas las risas.
Y ella lo sabía.

La de las mil soluciones para un único problema.
La de todos los caminos llevan a Roma pero tienes que recorrerlos conmigo.
La quédate a vivir, que no voy a enamorarme.

Dame una oportunidad, se decía ella.
Conóceme- Gritaba en silencio.

Después veremos si mi voz encaja con las cuerdas de tu guitarra,
si preferimos el frío del norte o los atardeceres del sur.
Después vienes, y me dices que te parezco.
Y si quieres me besas.
Y me dejas que te quiera.

Mientras tanto, dejémonos llevar.
No vamos a hacer daño a nadie.






domingo, 26 de marzo de 2017

Madrid quedaba lejos y abril venía lluvioso

Tenía el mundo- su mundo- metido en una caracola. Había aprendido, tras mucho dolerse, a priorizar. A discernir entre lo imprescindible y lo irrelevante.

La suya era una caracola de las que sólo encuentras con las primeras luces del alba cuando baja la marea, sobre la orilla.

Recordaba llegar a aquella playa algún que otro verano con las lágrimas de San Lorenzo. En su 600 antiguo. Con él, su saxo y el sexo metidos en la guantera.

Aquellas mañanas vinieron cargadas de olas y vacías de paseantes. Vinieron repletas de risas y de inicios.
Demasiada tempestad para un agosto salteando acordes. Demasiada admiración para un corazón que sólo buscaba cariño.

Tenía su mundo colgado sobre el cuello. En el corazón de una caracola.
Todo lo que tenía significado para ella pendía sobre la línea perfecta de ambos hombros con el inicio de las clavículas,
y se mecía con los vientos del sur.

Cuando pasó el verano, él le dijo que volvieran a Madrid, que tirara la caracola y se dejara de cuentos. Que si de verdad se querían...

'¿Pero que era querer?' Pensó ella.
¿Querer era perseguir a alguien  hasta un fin del mundo que nadie se tragaba? ¿Era renunciar a los sueños propios? ¿Era borrar raíces?

-Tatuémonos, lo mismo.- Le dijo él.- Así seremos uno.
Así sabrás que vamos en serio, y que te quiero.

Esto último como palabras sin voz, al oído y cosquilleando mechones con sabor a sal.

Y las piernas de ella flaquearon, pero se negó.

Y él se fue.

Sin maletas, sin recuerdos de ambos, sin un futuro prometedor.
Sólo.
Con un par de euros en los bolsillos y el saxofón colgado a su espalda.
Con los brazos repletos de amuletos y de tinta.
Con su corazón.

Ella no necesitaba la tinta para saber que lo quería.

Sólo necesitaba que alguien entendiera sus domingos. Que la despertara con un beso sobre la escápula. Y bailar compartiendo metros cuadrados para dos.
Y algún paseo de la mano hasta la Círculo de bellas artes. Pero por encima de todo estaba su sur.

Y Madrid quedaba lejos para volver a arrastrar el seiscientos. Y abril se presentaba lluvioso, más que en los refranes.



lunes, 20 de marzo de 2017

Tenía demasiadas dudas


Los restos de los rayos del sol recortaban su silueta sobre la ventana de un tercer piso.
Nadie, más que su sombra y el humo de un cigarrillo efímero, era consciente de las dudas tan grandes que escondía su cabeza.
Nadie se paró a mirar los ojos de aquel hombre, con ojos de niño, que destrozaba otro domingo desde otro edificio de la gran ciudad.
Tenía demasiadas dudas.
Dudas de si podría con todo, de si estaría haciendo o no lo correcto, de si disfrutar de la vida le estaba permitido.
Dudas sobre si hizo bien en dejarla marchar la noche anterior, después de aquella colisión frontal con sus labios.

Todo ello quedó suspendido en la última calada. Aspiró hondo y volvió a mezclar tantas dudas con el aire del norte.
Aunque hacía días que le dolía en un rincón del costado izquierdo, justo bajo los latidos, se sentía cómodo inmerso en aquella sensación de triste soledad.

Así, pensó, no tendría que dar explicaciones, tampoco despedirse de las vidas que llevaba pegadas a las líneas que surcaban sus ojos cansados.
Así, dolería menos la vuelta a la cruda realidad.
Se encaminó hacia el último estante. La cerveza ya no estaba fría, las horas de sueño se acumulaban bajo el alféizar de la ventana  y su miedo volvía a salir a flote, a pesar de la última paliza en aquel ring de los sueños.
Bajó las escaleras, despojándose de las dudas, y quedando en la más profunda desnudez decidió darse otra oportunidad.
Aunque supo que ella no regresaría, que la luna se había adelantado en su busca, decidió descolgar el auricular del teléfono de la planta baja de un duplex demasiado vetusto, y llamarla.

Como esperaba, nadie contestó al otro lado.
Ya se lo avisó ella antes de irse. Si la dejaba marchar, no habría más te quieros de broma sobre las sábanas. Tampoco más reencuentros sobre las estrellas.
Pero él lo intentó una vez.

-Soy yo...Vuelve. No por nada pero, ¿quieres oírlo? Si. Has hecho que te eche de menos. Ya sé que me dijiste que no había marcha atrás, pero vuelve.

Y después colgó.
No le dijo que el dolor del costado tenía herida previa, y que ésta se la había hecho ella con los labios. Tampoco le dijo que aunque se sentía bien en aquella soledad, se había acostumbrado a su aroma y a sus despertares.
Ni que se había aferrado a sus regresos como puntos de partida de la semana, y ahora el lunes se le venía encima y ella no estaba para calmarle los silencios.

Sólo podía esperar.

Y confiar en que ella se diera cuenta de aquellos cuatro versos sobre la línea media de su espalda, escritos con tinta de pluma. Y que la tristeza, no hubiera borrado los corazones.

martes, 14 de marzo de 2017

Sálvame los martes

Vuélame los lunes.
Haz que mi cabeza deje de dar vueltas sobre ti misma,
y sobre mi.
¿Me harías un favor? Ayúdame a no sentirme sola entre multitudes.
A descubrir cuáles son las vidas que realmente vienen para quedarse.

Vuélame los sueños,
cuéntame secretos que sean sólo tuyos.
Alunízate, por una noche, con el brillo de mis ojos.

Sal de mi cabeza, rómpete en pedazos,
achica el rumor de tus cosquillas en mi oído.

Esfúmate de mis ideas- ellas quieren querer libres.

No quieras sentirte centro de una historia de la que todos salimos mal parados.
No hieras vidas que no te signifiquen nada [como la mía].

Ahora ya no vale- con la boca chica
(porque seguirá valiendo todas las veces que nos seamos).

Se gastaron los domingos por el rastro,
Malasaña, ya nos conoce demasiado bien
Sabe que dejaste de ser Peter cuando fuiste a buscar pan.

Porque lo aprendiste tan bien, eso de confiar en tu propia sombra.
Trepaste al balcón de la fama, y me dejaste dos pisos más abajo
-un tequila, sin las dudas, y con las ganas-
En un garito que tenía pinta de 'bar del olvido'.

No me desencantes, ni me hechices con palabras tan vacías como tus horizontes.
No hagas sonar mi teléfono cada vez que me necesites, porque no sería justo.
Las veces que te necesité cerca, te hiciste el loco.

No enloquezcas conmigo, ni me hagas sangrar los recuerdos.
No intentes volver loca a una loca de remate,
ni esperes terminar la partida cuando tú y yo sabemos,
que nos tienen preparado el jaque mate.

No eres digno de quedarte mis domingos, de absorberlos
de contarme los lunares,
de declararte conquistador supremo de la curva de mi espalda.

No juegues conmigo como lo hicieron contigo.
Ni te alimentes de ilusiones que crecieron demasiado rápido.
Te mereces ser feliz.

Guarda los lunes como citas de Cernuda en el calendario.
Arranca las páginas que empapelan las calles,
las que mienten y dicen que siempre estarás disponible.

Guárdame los días impares, y los ramos de girasoles,
sabes que siempre te recordarán a mi.

Borra las marcas de mi cadera,
quema todas las entradas de las salidas que nos compartimos.
Quiéreme por ti, y por ser yo.
O decide odiarme.

Pero, por favor, voy a pedirte
que me cumplas el último deseo:

Sálvame los martes.
Sigue conjurando con tus malas artes.

Sálvame
De quedarme dormida y chocar con la vida.
De enamorarme de ti.
De sentir tan fuerte que duela.
De tener el alma intranquila
y letras sobre la piel.

Susúrrame eso de 'Sálvese quien vuela'.

Porque nunca dijimos que esto tuviera sentido.
Y éste no es más que un viejo enemigo
al que condenamos en el mejor de los infiernos
hasta quedarnos dormidos.

Sálvame de hacerte daño,
de enumerar las estrellas y vivir para contarlo.

Sálvame de las canciones y sus orillas.

Quédate.
Llévame a tu playa más bonita.
Rellena mis enredos con las sales marinas,
y baila los asteroides de mi cuello a mis rodillas.

Sálvame los martes.
Son los únicos días que puedo sentirme vulnerable.

Y vuélveme a pedir permiso,
para quedarte a vivir en las comisuras de mi sonrisa.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Y te quedas

Busca más piedras, más de las que rebosan por las orillas.
Sumérgete en el mar de tu cabeza para encontrar la vida que te falta por las venas.
Y luego siéntate.
Yo te contemplo como un niño con zapatos nuevos.

-Cuenta los granos de arena.- Te dije- No pares, ni te levantes, ni digas que estás cansado. No murmures. Ten cuidado o tendrás que empezar de nuevo.

Búscate. Búscame.
Búscanos.

-No podemos contarlos, hay muchos.- rechistaste. Y levantaste la cabeza. Tarde. Ayer. Hace tiempo. Atrás. Siempre en pasado.
Siempre fuiste de excusas.

Nuestra ecuación de charcos y piedras no tenía solución, y quizás ese fue el problema.
La marea no dejaba de hacer, con cada amanecer, más borrón y cuenta nueva.
Y la sal nos borró los nombres, y el cruce de los caminos.
Y las olas engulleron ríos de lágrimas.
Y fuimos felices sólo en el minuto y medio que tardamos en despedir a la luz del sol entre aplausos.

Luego brillaban estrellas. Y la filosofía nos quiso hacer preguntas.
 Preguntas que siempre pensé imprimirte en voz suave al oído. Por si éramos dueños de las mismas dudas.

¿Confías en el azar? ¿O crees que todo pasa por algo? ¿Eres feliz pero te sientes triste? ¿Te encanta escuchar la lluvia en los cristales pero la odias sobre tu cabeza? ¿Música para bailar, para pensar, para leer, para vivir? ¿No sabes lo que quieres? ¿Te gusta contradecirte? ¿Confías en ti? ¿Y en mi? ¿Subes o bajas? ¿Medio vacío o medio lleno? ¿Eres establemente inestable? ¿Y perfectamente imperfecto? ¿Verdad o mentira? ¿Ayer o mañana? ¿Te faltan respuestas?

Siento destruir tu exclusividad a choque de pestañas y que mis labios trunquen tus esquemas.
Pero no eres la única persona que siente.

[Que siente, que sufre, que ríe y llora,
que roza, que araña, que sigue, que cae,

que se levanta y que no puede,

que guarda ganas y  quema kilómetros.]

No eres el último que 'hoy no', que 'mañana será otro día', que 'qué frío tienes el corazón y qué limpias las heridas'.
No eres la única persona que pasa temporadas con pies en la tierra y la cabeza en el limbo.

No somos porque el mar no nos quiso a su imagen y semejanza. Porque venimos de brotar en tierra de nadie y porque ya no estamos solos.

Somos muchos.
Pero recuerda, mi limbo es el de la puerta entreabierta, el de las velas a media mecha, el de la música alta y las madrugadas, el que tiene un barco tan poco pirata que le falta hasta tu bandera.
Mi cabeza la de los pájaros que aún no alzaron sus alas al vuelo.
Mis ojos de los colores de los que se levante la naturaleza, los sin fondo, los del corazón varado.

Recuérdalos por si te das cuenta de que respiras, y sueñas.
De que eres tú.
No olvides, por si algún día regresas,
que para bailes y poesía siempre me queda tiempo.

No borres ese condicional en el que podríamos vivir tú y yo.
Si vuelves,
y te quedas.






domingo, 26 de febrero de 2017

Pablo

La vida golpea de nuevo.
Pero él se ha ido sin dejar de luchar.

En cierto modo, él lo sabía, y todos.
Sabía que tarde o temprano pasaría.
Nunca pensé que este momento llegaría más temprano que tarde.

Llevaba mucho sin saber de él, sin leer noticias suyas de algún tipo.
Podemos pensar que lo hemos perdido, que no vamos a volver a ver su eterna sonrisa, ni a escuchar palabras de aliento cuando creamos que no queda nada más que hacer.
Podemos creer que es injusto, que era joven y tenía toda una vida por delante, que por suerte o por desgracia todos con venimos fecha de caducidad.

Pero él se ha ido luchando, con más ganas de vivir que ninguno de nosotros. Se ha ido haciendo algo que muchos no descubren en vida- viendo el lado bueno, lo positivo, lo mejor- aún queriendo acabar con su sufrimiento.

Había encontrado el motor para que tantos como él tuvieran más oportunidades, se les llenasen las cabezas de ideas y pelearan por sus opciones sin sentirse derrotados.

Pablo era sinónimo de fuerza. Era y es. Porque es verdad eso de que solo muere quien deja de ser recordado.

Aún antes de que la leucemia decidiera arrebatarle el tiempo, Pablo era titán entre mar de dudas.
Lo supo pronto y se armó de valor para hacer ver que había salida de emergencia dentro de aquel habitáculo repleto de gente. Que no podía permitirse parar y  estaba en su mano conseguir cosas inmensas a partir de pequeños gestos.

Pienso que descubrió el significado de la vida demasiado deprisa.
Y esta quiso llevárselo.

Pero no se ha ido perdiendo.
Le ha ganado la batalla a la leucemia.

Pablo 1- Leucemia 0

Ha hecho que se nos encoja el corazón y nos esforcemos en valorar la vida. Que borremos nuestras cuitas insignificantes, que nos sintamos estúpidos con nosotros mismos.

Nos ha hecho donantes, de médula, de sangre, de vida y de esperanzas.

Ha movido masas susurrando verdades que nos pegan en la cara silenciosas todos los días.
Para los que lo conocimos, un placer coincidir en esta vida, y un corazón un poco más vacío de la cuenta.

Si hay algo que me haya quedado por decirte, es buen viaje, campeón.
Vuela alto.

Cuídanos desde arriba.



sábado, 25 de febrero de 2017

Bajito o a voces

Dejar ser a una persona, la máxima expresión de su creatividad.

Dejar que te dibuje, que te escriba, que perdure en recuerdos y memorias de aquellos que ni siquiera lo saben.

Hace tiempo que escucho tu voz.
Despierta, dormida, en sueños, en recuerdos, en vivo y directo, en estéreo.
La escucho porque siempre he sentido admiración por todo lo que tenga que ver con los sentimientos y su manera de expresarlos.
Escucho envidiando tu poder de convicción con los versos, tus acordes de guitarra, tus encogidas de corazón hechas arte.

Siempre he fantaseado con ser mujer de canciones. Con ser marca en alguna guitarra, y ser estribillo y estrofas y sentirla mía.
Con  causar impresiones a otros que se vuelvan rasgueos.

Por eso me encantabas desde un principio.
Por eso te escuchaba sin descanso, y por eso no me perdía ni un solo minuto de los que podía compartir contigo.

He de confesar que es fácil ponerme la piel de gallina.
Lo que es difícil es el vacío que me quedaba horas después de chocarnos con los ojos.
No lo era. Y no me pasa a menudo.

Pero después entré en un periodo de desencanto- como siempre. En la fase de negación en la que entran todos los pequeños cuando se creen dueños de su verdad- yo, que presumo de madurez.
Y me descubrí a mi misma, ridícula, minúscula, insignificante.
Adueñándome de un pasado que no era el mío. Codiciando versos de una ella que se marchó de tu vida pero que te dejó tatuajes imborrables en la piel.

El periodo de desencanto ha pasado. No por nada, sino porque se me hace imposible odiarte por algo innato más de cuarenta y ocho horas seguidas.

Porque por encima de todo, le tengo un cariño infinito a tus formas, y deseo de todo corazón que esos versos sigan trascendiendo más allá de la tinta de un bolígrafo y de una caligrafía ilegible y presurosa.
Porque quiero seguir presumiendo de que adoro tu voz en todos sus formatos.

Y porque nunca espantaré de mi cabeza ese sueño dormido de ser canción de cualquiera.

a L.

Ser suficiente

Mi cabeza no alcanza a entender cómo podemos dejar de ser suficientes en la vida de una persona.
Ser suficientes en el sentido de que te llene compartir recuerdos, pasado, vivir presente y programar un incierto futuro con la única certeza de que será compartido.
Qué es lo que puede accionarse para que no hagamos nada bien ante otros ojos, por muchos esfuerzos que pensemos que hacemos.

No sé, si es cansancio de vivir inmerso en una rutina que se torna inmensa y tediosa- si es el peso de lo malo, que se impone ante las cosas buenas, o si verdaderamente no quieres darte cuenta de que la vida es maravillosa. Y sobre todo, que injustamente, sigue para los que nos quedamos.

No sé cómo hacer para redescubrirte lo mucho que adorabas el azul del mar que me enseñaste de pequeña, o cómo hacer para verte feliz. Se me ha olvidado lo que eran las canciones en inglés demasiado antiguas, o los domingos en bicicleta. Se me había olvidado incluso lo que dolía, porque quise hacer como si no pasara nada. Como si todo siguiera como siempre. Y está claro que no es así.

Está claro que la felicidad es un compendio de muchos factores: de la compañía, de cumplir sueños, de los objetivos cumplidos, de las experiencias, y de los recuerdos.

Pero, en mi opinión, finalmente no se trata más que de cómo queramos ver la vida desde nuestros propios ojos, y de cuan satisfechos nos encontremos con nuestra persona y con los demás.

Y hace tiempo que no pareces ser feliz- muy al pesar de todos los que ponemos cariño y corazón en intentarlo.
No alcanzo a recordar en qué momento dejamos de serte suficientes. Cual fue el segundo en qué decidiste que dabas de manos y hacías un pequeño mutis por el foro en nuestras vidas, sin llegar a desaparecer del todo.

No eres tú. Y no sé, si aún tenemos el poder de hacerte regresar, de hacerte ver que estamos aquí y que te queremos con todo por encima de todas las cosas, porque eres tú, y porque sin ti, no estaríamos aquí.

Sé que a lo mejor esta no es la mejor manera. Pero estoy perdida y no se me ocurre otra forma.
Vuelve, por favor.

Vuelve.

Vuelve a ser tú. El de siempre. Vuelve y déjanos recuperar tus abrazos. Déjanos volver a escuchar tu risa, a hacernos partícipes de tu felicidad.

Vuelve a darte cuenta de que, con nuestras imperfecciones, intentamos darte lo mejor de nosotros.
Vuelve y no dejes que te echemos más de menos.

Déjanos quererte, cómo nos enseñasteis a hacerlo.



(Albert Espinosa)



martes, 21 de febrero de 2017

A orillas del Vístula

Ciudad de reinas y reyes que vestían sus mejores galas en otro tiempo.
Calles inmensas- casi germánicas- entretenidas con vidas estáticas a pesar del frío.
Dialecto incomprensible, capaz de provocar un esguince en la sinhueso de cualquiera de nosotros.

Ciudad bonita,
de ojos tristes, que se empeña en mirar al presente para no quedarse atrás.

Ciudad helada, aunque la nieve haya ido desapareciendo con los primeros rayos del sol.
Uno de los lugares más maravillosos con los que me he encontrado, y no por casualidad, que refleja tanto la clara, como la cara oscura de la misma luna que nos brilla por el sur, pero en menos tiempo.

Tres días que se han hecho horas, que no ha dado tiempo a muchas cosas, pero el tiempo ha sido el justo para poder empaparme de ella, disfrutarla y desear volver cuanto antes.

Como siempre la compañía tiene un porcentaje alto de culpa del retorno a sitios mágicos- y he de decir, que sin lugar a duda, la compañía debería ser de la que entra en mi vida para no salir.

Ciudad sin estrés, con leyendas, con magia y trucos que me habría gustado disfrutar en pleno apogeo
- siglos atrás- y sentirme princesa entre tanto castillo.

Suelos que contaban cuentos, que callaban penas y secretos.

Aromas a cerilla y dulce.
No me preguntéis, a eso olía Cracovia.

De la polución de la que tanto me hablaban, solo vi una nube quejumbrosa que sobrevolaba la ciudad, y muchos habitantes que corrían sigilosos en la penumbra jugando a ser Hannibal Lecter.

Que es maravillosa, eso seguro.
Que si volveré, aún más.










lunes, 20 de febrero de 2017

Han pasado años, pero los caballeros las siguen prefiriendo rubias

Con algo más de sueño de la cuenta, y sin ganas, a unas dos de la tarde pasé otro de mis adorados domingos, colgada de tus pestañas.
O eso fue lo que quise creer, porque
en las almohadas sólo quedaban  sueños hechos añicos, restos de rímel infernal y mil millones de lágrimas
que no recuerdo haber derramado.

Con algo menos de gracia que la que desplegué contigo miento a mi silencio para que no te vayas.

Con poco más que monedas extranjeras en los falsos bolsillos de mi falda de volantes, recuerdo las que me regalaste caminando por La Latina, de dos caras idénticas, queriendo tentar a la suerte,
como dando por hecho que todo iba a salirnos bien- y tú, siempre con la tuya.

Como Pereza y su 'con más noches que la Luna'. Así me sentí sentada en aquella barra de bar.
Tuve que hacer de tripas corazón, y latir sin ti, y vencer ilusiones de papel que cayeron como naipes, y recordarme que los olvidos son la mejor resistencia contra los aromas.

Pero contra mi cabeza, maldita sea, contra ella no puedo hacer nada.
Desperté dispuesta a sortear mi domingo entre sabanas y letras de cualquier sabio que borrara tu presencia de mi cuello. Desperté entre otros brazos sabiendo que había soñado contigo.
Y no sé, si esto es un obstáculo más en mi carrera de la vida. Si eso de emplearme a fondo se me esta viniendo grande, o eres realmente un bache por el que merece la pena tropezar en la misma piedra.
Y si te digo la verdad, no eres más exclusivo ni especial por entrar más de repente en mis noches y ponerlas patas arriba, porque el miedo no se ha ido.
El mismo miedo con el abro la puerta de mi rutina cuando alguna vida pega fuerte al timbre.
Así que dime ¿merecemos la pena o la alegría? ¿Lloramos de tristeza o de la risa? ¿Le damos vueltas a la cabeza o la perdemos por completo?

Sé que esto no son más que mis desvaríos de domingo, sacados a colación en Lunes, por ser gris.
Sé que no vas a venir pidiéndome que me calle, y volviendo a anidar en la curva de mis caderas pero una siempre puede soñar.
Y los añicos de sueños que descansaban sobre la almohada, hoy han amanecido unidos.



lunes, 13 de febrero de 2017

Lunes de comienzos a medias

Lunes con olor a café- aunque yo ni lo beba.
Lunes de despojarse temprano de pijamas que te dejaban volar la imaginación.
Un pijama con restos de mi perfume, y rescoldos de sueños, que aún pueden quemar si los acaricias con los dedos.

Hoy el sol se siente perezoso, hoy le da miedo levantarse, por si hace demasiado ruido, por si le faltan las fuerzas. Las nubes le han cogido la vez. Y la luz se fue.
Hoy el norte, se parece un poco más a lo que fue, ya se le ha pasado la euforia de querer querer. Ya se ha dado cuenta de que la vida sigue con cuestas y sin ellas. Que la cuesta de enero pasó, y la de febrero viene llegando contigo sobre ella.

Lunes y 13. De mis preferidos. No porque sea primer día de la semana, sino porque es Febrero, y porque mañana vuelo. Vuelo a perderme, a seguir borrando kilómetros que me escuecen en los abrazos y en las mejillas.
A casa.

Y Extremoduro me amenza con una confesión silente, y si te vas llama a mi cabeza como un intruso.
Y Rulo y la contrabanda me teletransporta a aquel Noviembre en París.
Y Nada que decir me araña la vida en los días tristes.

Pero me han dicho muchas veces que aprenda a mirar dos veces, que consiga no tomarme las cosas tan a la tremenda.
Y para ello no hay nadie mejor que la música hacerme comprender.
Este lunes,
éste, es de Estopa, y su con el viento:

"Ya no me tomo los latidos tan apecho 
Mi corazon insatisfecho, se ha calmado 
Sinceramente, ya no me miro al espejo."


Y toca volver a empezar. Y volver a levantarse como te han enseñado. Primero un pie, después el otro. Si ves que no puedes apóyate en los codos, y luego usa las manos. Camina. Mira al frente y sigue. Que Compostela continúa preciosa y le apetece contemplar tu culo pasar.


[Recordando el azul Compostela]



miércoles, 1 de febrero de 2017

Firenze

Y mientras viajo por una ciudad donde nada es como recuerdo, me sorprende el caos.
Un dulce caos organizado rige la urbe.
Cinco días que me han servido para desconectar y residir en una realidad paralela, para paladear mi mini-Erasmus particular, para morir de envidia, y querer quedarme a vivir.
Cinco días para conocer a personas que sé que quiero conservar siempre.
Para desquitarme de echar de menos a quien fui a ver.
Él estaba cómo pez en el agua. Y no lo culpo. Se lo ha ganado a pulso, ya era hora de que las cosas le fueran a pedir de boca.

Es demasiado temprano. He dormido cerca de dos horas y el sueño me hace desvariar.
Bus Firenze-Pisa a las cuatro de la mañana, con una tira de fotos de los dos metida entre las páginas del libro que me estoy leyendo.
Foto en blanco y negro, como de costumbre.
Para que el monocromo esconda un poco la alegría de los reencuentros, y contraste con la belleza de la ciudad.
Hora larga de bus en la que me apetecía escucharte cantar. Y sin quererlo ni saberlo, me has acompañado durante todo el viaje.
Todos han oído hablar de ti.
Les conté cómo te conocí, cómo entraste a mi vida de casualidad. Y cómo intento que no te desintegres.
En mis oídos, te he dado un respiro, ahora entre tantas vidas, juego a sentirme sola- rumbo a Madrid, y la voz de Escandar quiere recordarme tu sonrisa; y la de Diego, traerte volando a mi cabeza.
Y yo, no sé si aguantaré sin llamarte cuando vislumbre el cielo la capital.
Sólo para hablar, para contarte el viaje, para compartir retales de un carnaval sin disfraces.
Sólo para que no te olvides de mi.
Quiero decirte que si no has estado, Florencia es un lugar magnifico para sangrar tus canciones y poner a bailar las cuerdas de la guitarra.
Es una ciudad sin sueños dónde siempre queda alguien despierto.
Una ciudad, que cómo dije, se rige por el caos, y la ley de la selva es la única a cumplir.
Una ciudad que te devuelve las esperanzas que creíste perdidas, y los recuerdos más dolorosos.
Es un lugar al que volver siempre será una opción.
En cierta manera, te digo que nos parecemos, a ninguno nos gustan las despedidas.


viernes, 27 de enero de 2017

Bella

Hay quiénes siguen creyendo en la suerte
Quiénes miran los aeropuertos como un punto de la mejor de las partidas.
Y todavía quedan parejas enamoradas.

Concretamente, una.

Diez de la mañana.
Tarde para madrugadores y temprano- tal vez demasiado- para el resto de la capital.
Termina enero y el cielo de Madrid lo llora.
Cómo si fuéramos a echarlo de menos.

Barajas. C44.
Rumbo a Pisa.
A pisar el hastío, la falta de ganas y la somnolencia. A adivinar todas las luces de una ciudad desde Santa Maria de Fiore.
Todavía somos muchos los que pensamos en Italia como destino perfecto.
Ellos también.
Tendrán mi edad, como mucho dos años más.
Pero son de los de antes.
De los que se quieren con ganas y vuelan con guías de viaje.
A él parece que le gusta sorprenderla, y ella siempre va a dejarse sorprender.
Sólo hay que mirarle la sonrisa.

Yo me sumerjo en mi mundo.
Puede que el cansancio esté de más y que mi relación amor-odio con los aeropuertos quiera llamar a la puerta.
Viajo con Extremo.
Es turno de mañana de 'Locura Transitoria' en bucle.
Y allí, me espera una pequeña parte de lo que entiendo por paraíso, al que prometí volver.

Viajo para perderme, o por placer.

Y a mi cabeza regresan unas pequeñas botas de agua rojas, descubiertas en horas de espera.
Un niño que arrastraba una maleta que le doblaba el tamaño con cara de felicidad.
Y me entran ganas de clavarme una sonrisa permanente entre las mejillas.
Por ver la vida pasar.
Por disfrutarla.


sábado, 21 de enero de 2017

¿Y cuánto escuecen los ojos?

Parece que ha llegado el momento de despedirme.
Y sabes que lo odio, abuela- detesto las despedidas- nunca terminarán de ser justas.

Pero, como nos intentan hacer entender, es ley de vida.
Y aunque me pregunte de qué vida es ley, y a qué precio, eso no va a traerte de vuelta.

Permíteme que hoy lo vea todo monocromado. Que el azul del cielo no se grabe en mis retinas y mis piernas flaqueen.

Permite que no encuentre diferencias entre el principio y el final.
Que sé que has estado siempre entre la más feliz de las felices-y yo eso me lo guardo dentro-, que has alzado el mundo sobre los hombros y lo has lanzado lejos otras tantas veces.
Que has disfrutado todo lo que te dejaron, y aun más.
Que has creado una familia maravillosa en todos sus aspectos, una familia imperfectamente perfecta.
Pero abuela, ¿sabes una cosa?
Vas a verle. Después de tantos años. Tenías ganas, ¿verdad?

El recuerdo que te dejó va a volver a ser, ante tus ojos.
Supongo que ahora te toca aprender a volar, cuida bien esas alas.
Tienes buen maestro, así que no me preocupo.
Pero, no nos duelas mucho, ¿vale?
Quédate siempre en nuestro corazón, con esas ganas locas de bailar, con esa alegría incombustible y con esos ojos verdes.
Quédate hasta que hagamos mucho ruido, hasta que ya no puedas más, hasta que la risa le pueda al llanto.

jueves, 19 de enero de 2017

Reproducciones aleatorias

Tú tan lejos de casa.
Como si los kilómetros se convirtieran de repente en millas.
Con el mismo frío que aquí, pero a los pies de Madrid.
Con frío que tu toleras, por presumir tanto de norte.

Tarde de concentración- o mejor noche. Extrema, agobiante, suprema.

Música de más en los oídos (queridísimo Fitzsimmons).
Y a veces la reproducción aleatoria juega malas pasadas.
Lianne.

He escuchado la voz de tu reciente descubrimiento. La que a mi me llegó otro dieciocho.
Un 18 teñido de mil colores esperando para verlos.

Entonces atardecía sobre Wembley, y yo volvía a estar a miles de kilómetros de ti, con alguna que otra hora de menos.

He intentado adivinarte escuchándola.
Lianne, como tú, es magia, pero con nombre de mujer.
He intentado reconstruir los hechos, con mis mejores habilidades del cluedo,
rememorar la escena.

Tú deleitandote con una voz maravillosa- no se si por casualidad o por recomendación- derritiendo tus ojos al descubrirla de amarillo en un salón cualquiera.
He intentado vislumbrar si se te quebró el recuerdo desde la primera nota que salió de sus labios.
O de si la primera canción fue con la que yo tropecé siete meses antes, en aquel viaje maravilloso viaje por las tierras del Támesis.

Pero tú sigues tu camino, progresas la vida- más de lo que ella te podría progresar a ti.
Te enamoras de las cosas bonitas, y te encanta soñar a contrarreloj.
Una vez me dijiste que así sabías lo que ibas a soñar y lo disfrutabas el doble. Que de esta peculiar manera revivías sólo los momentos indispensables y burlabas a la memoria selectiva.

Y yo no te culpo de nada, excepto de las ganas que tengo de verte de nuevo- las ganas,
de que los kilómetros se vuelvan diminutos y vuelvas a brindar tu guitarra ante mis ojos y a salpicar de lluvia tu adorado sombrero.
Las ganas, que siempre se lo llevan todo.


The city- Junio '16

Pensamientos encadenados

Hace no mucho llegó a mis oídos eso de que el silencio creaba la locura.
Y quien me lo dijo tenía toda la razón.
El silencio puede ser la paz utópica de toda guerra, la calma detrás de cada tempestad estival o el descanso de cualquier situación extrema.
Pero a la vez,  puede tornarse en la peor de las pesadilla.

Llevo notando su presencia desde hace días.
Y si el silencio se une a la soledad, estás perdido.

No grites, no corras, no intentes escapar ni dejes atrás la inmensidad de tu cabeza. Únete a ella. No tendrás el valor de afrontarla.

Me ha pasado más veces eso de sentirme terriblemente sola en la más abundante de las compañías.
Y no sé, si soy yo la que no encaja en el mundo o, son los demás, los que no van conmigo, ni siguen mi ritmo. O no lo comparten.

No comparten.
Y es triste eso de no conformarse con nada.
De querer más y más, siempre para sentirse realizados
y no disfrutar del cómo y del con quién vienen las cosas.

Triste, que seamos tan dispares- hasta el punto de no querer entenderlo o aprovecharlo.

Mi cabeza está gris, y mi mundo patas arriba.
Vivo con miedo a descolgar el teléfono y descubrir de hay otra vida que se ha desvanecido de la mía.
Y con la certeza de no necesitar respuestas, si van a ser negativas.

Siempre me han dicho que me tomo las cosas demasiado a pecho, que espero mucho de la gente.
Pero,  ¿han probado a vivir intensamente? ¿a poner el práctica un 'carpe diem' a la medida de nuestras cabezas?
Es cierto. Vivo muy a pecho y quizá por eso las heridas duelan más.

Pero no sé como cambiarlo.
Ando buscando la fórmula exacta para todos mis males, algo de atención con una pizca de cariño y exento de todo drama.
Venga, por favor, que si estamos aquí ahora y hemos sido capaces de elevarnos contra todo pronóstico fue por que pudimos. No más quejas, ni lamentaciones.

Que fuimos capaces de montar nuestra torre en un minúsculo grano de arena, dentro de toda una playa.
Pero hoy no es mi día. Es uno de esos en los que el temporal barre las orillas.

Y las torres se tambalean.
Y hay miles de ellas a tu alrededor pero,
ninguna es la tuya.
Ninguna tiene tus vistas, ni va a estar siempre para ti.

Y en la fracción de segundo que se escapa el último rayo de sol por el horizonte, no sabes.
No sabes si saltar al vacío es un plan de huída,
o la única solución.




sábado, 14 de enero de 2017

Una no-despedida

Hoy puedo decir que me siento en el país de las maravillas.
Pero en lugar de ser mi No-Cumpleaños, esto es una no-despedida.

Me encanta volcar las palabras, rebosarlas del vaso, verlas manchando la luz con su porte de negra elegancia.
Pero a la hora de decirlas, a la hora de expulsarlas de mis labios,
no me veo con fuerzas.
Incapaz.

Siempre me quedan cosas por decir.
Debo tener la conexión cabeza-corazón averiada, para no ser capaz de demostrar con palabras lo mucho que me importa alguien.

Y lo poco que me gustan las despedidas.
Y lo mucho que me cuesta dejar atrás las cosas bonitas.
Y lo que disfruto descubriendo almas que me llenen la vida,
almas que estén en buenas en malas y en peores.
Personas que aunque veas cada vez menos, sabes que podrías contar con ellas con los ojos vendados caminando sobre rescoldos.
Personas a las que confías tu último día.

Si ya me lo dijeron con aquello de lo que rápido viene, rápido se va.
Pero a mi me encanta hacer oídos sordos.

Puede que estos días te hayan servido de reflexión, que hayas decidido que tu vida está mejor lejos.
Que haya llegado el momento de conquistar el sur.

Puede que estés cansado de frío, o de nosotros.

Puede que ahora mismo, todo sea inminente, y de miedo-mucho miedo.
Que el pavor te esté recorriendo las entrañas por dejar atrás lo que una vez disfrutaste tanto
Pero que también estés expectante, intentando adivinar que te deparará la suerte.

Suena la primavera trompetera, pero aún queda mucho para ver nacer flores.

Suerte, amigo.
Quema los paraguas, allí no creo que vayan a hacerte falta.
Y así llevas a cabo la venganza de nuestra parte.

Pero vuelve.
vuélvete a Triana,
y espéranos con ganas.

Que de mi, de nosotros, no vas a librarte tan fácilmente.
Y de las goteras del norte tampoco.




Exceso y defecto

Si quieres te cuento por qué supe entonces que esto no nos llevaría a ninguna parte.

Era  abril y tú, queriendo parodiar mi película favorita, me sacaste de pronto a bailar.
Raro en ti, que preferías no rozar las emociones fuertes.

-Puedo hacer de Darcy.- Dijiste riendo.- Sólo que en este caso, no la copiaríamos todo. La película se llamaría Exceso y Defecto. Si. Me gusta el nombre. Tu serás mi querida Miss Bennett, tan excesiva y voluptuosa y yo, el defecto mayor del reino.

Y te dio por reír, como pocas veces para dejarme pensando.

Cavilé sobre esos excesos que me achacabas, o la clase de defectos con los decías no estar a la altura.

Había excesos de equipaje, de besos, de planes de calendario.
Excesos de alcohol, mezclados con música comercial que te chirriaba en los oídos.
Excesos de deseos y excusas.
Excesos de ganas, de distancia y de insomnios.

Puede que al analizarme encontrara que quería de manera excesiva.
Mi filosofía era que las medidas podían abarcarlo todo menos el cariño.

También había algo de excesos en los errores cometidos y de coordenadas incompatibles.

Pero después llegó la hora de detectar  defectos.
De ti sólo arranqué uno, el quererte tan sumamente poco.
Pero también hallé en el mundo defectos de forma, de tamaño,
de logros,
defectos de tiempo y momentos.

Defectos que tú ignoraste, cuando eran tus mejores virtudes.
Y excesos, por mi parte, que me dejaban en el subsuelo.

Fue aquel abril, en que tu seguiste llevándome con pasos torpes. Pero no recordaste que tenía miedo a la oscuridad, o que era más de agua que de tierra.
Olvidaste que Darcy y Elizabeth cambiaban las posturas en el transcurso de su tórrido romance.

Y tú que tan defecto te llamabas, te quedaste con todos mis excesos.
Y yo,
embalé una caja de defectos de mi.

Los tuyos se habían quedado para el recuerdo.
Y si quieres, te lo digo ahora,
fueron los que me hicieron perder la cabeza por tu risa.


viernes, 13 de enero de 2017

Cuando los viernes dejaron de molar

Viernes.

Atípico, arrítmico, asténico, apático.

Viernes con A.

Viernes, y encima trece.
Aunque sea mi número de la suerte.

Y es inevitable que la superstición se cuele por las rendijas
de las ventanas.

''Ni te cases...

Y no. No voy a casarme, no ahora, al menos.
No, porque hoy en día la gente no lo haga, no por que hayamos aborrecido las tradiciones, ni porque no fuera un día estupendo para darse un si quiero de por vida sobre un altar vestida de blanco. Tampoco porque no me gusten los vals.
No porque odie enero.

...ni te embarques.''

Estoy a algo menos de una hora de mar del norte- del más cercano.
Casi las nueve y odio no ver el azul porque el brillo de la luna sea el protagonista.
No, porque es demasiado tarde.
Porque no conozco ningún puerto en el que queden barquitos de papel aptos para soñadores.
No me embarco porque desde el Titanic le tengo miedo a flotar las aguas, y sin embargo, vivo enamorada de sumergirme en ellas.
No, porque no extrañe, la sal en las heridas.

Tampoco es día de películas de terror- que tanto se han aprovechado del miedo humano.
Y cuánto las echo de menos.

Fuera amenaza con helar- dicen que el fin de semana carga con brisas del polo.
Fuera, quieren arremeter contra las ventanas, un tal tímido invierno que llega tarde,
como nosotros, cuando no nos viene bien la vida.

Y Fredi Leis eriza mi piel casi translúcida. Quiero pensar que el cantautor gallego quiere entenderme.

Y miles de letras ordenadas amenazan con escaparse de las sinapsis escasas de mis neuronas.
Y yo, de exámenes- de periodos malos, dentro de etapas maravillosas.

Viernes atemporal, cargado de una Locura transitoria de Extremoduro.

Pero viernes, al fin y al cabo.
Y yo que sigo siendo supersticiosa.






miércoles, 11 de enero de 2017

Mar y lluvia

Te propongo un plan.
Vamos a sernos de la mejor manera que sepamos.
Quiero más agobios, de los que sólo tú sabes calmar.
Quiero que te olvides de todas las fechas señaladas, porque cada día nuevo se nos convierta en una aventura.
Que cuando la cordura nos empiece a abandonar saques tu traje de payaso del armario, y termines de arrancarme los esquemas.
Quiero que desempolves todas mis ganas y mis ilusiones.

Quiero volver a conocerte.
Y a enamorarme de tus defectos.
Como aquel diciembre.

Quiero pasear contigo y vivir en un ahora, sin pensar en el luego ni acordarme de los antes.
Quiero abrir las ventanas cada mañana y que el cielo nos sorprenda de las mejor de las maneras.
Y que nuestros abrazos sigan oliendo a mar y lluvia.
Y que el cariño no se desvanezca como las nubes al amanecer.

Quiero que sigas siendo mi tonto del culo. Del mío, y que reclames sus derechos.
Quiero que te sientas capaz de todo, pero sobre todo, que lo consigas.

A cambio prometo seguir siendo tu idiota de la guarda. Y quererte en francés. Y bailarte todos los tangos que no me sé.
A cambio nunca te prometeré un siempre, porque sé que los detestas.
Pero puedo prometerte un depende, un 'cuando suba la marea' ó un 'avísame cuando regreses'.

Quiero que seas mi loco al que pillé bailando para que Izal me deje destapar la botella de sueños-para ser tu mujer de verde.

Y que la fuerza, nos acompañe y sigamos creyendo en las hadas durante eones.

Quiero que sigamos siendo el punto cero en una brújula que no señala al norte.


(Carrie Fisher y Harrison Ford)
A L.