sábado, 1 de abril de 2017

'Yesterday' The Beatles, en bucle

Visto desde fuera nadie sabría explicar quién acciona el mecanismo de sus cabezas.
Noche cerrada.
Madrugada en Compostela y los estudiantes han decidido adelantar la fiesta. Un día menos.
Se acerca abril y el hielo ha decidido dar tregua a las ganas.
Desde la calle se aprecian sólo las luces de aquellos que se acostarán por la mañana.
Los que le dan al vicio y se les vienen abajo todos los esquemas antes del fin de semana.

De entre todas las calles. Una.
No es larga, ni bonita, pero si céntrica.
Una que alberga otra de tantas viviendas en las que se mascan sur y primavera.

Las voces vuelan demasiado altas para conocerse.
La música, por debajo de las expectativas
y dos de casualidad que juegan a verse de cerca.
'Quién, cómo y de dónde has salido tú.
Que haces que no hablas.'
Lo suficiente para contar media vida entre suspiros.

Miradas ajenas que se empeñan en opinar ya tienen veredicto,
y un 'Sí. Adelante' se abre paso entre las patas de las sillas.
Aprueban la elección y ella sigue atropellándolo con sus palabras.
Teme que si frena, la conversación se vaya.

Pero no sabe que él se siente como pez en el agua.
Le parece más bonita cada palabra que recalca,
y le gusta eso de no saber a dónde lleva ni lo que pasa.
Siempre ha vivido la noche sin planes,
dejándose llevar por la lluvia-
Lluvia que esta noche no aparece, y por eso está tan perdido.

Se gustan.
No piensan en complicarse.
Se han gustado desde que se han visto y más ahora que se están descubriendo  en palabras.

Ella canta y él pone las canciones.
Y sin saberlo, la suya.
Ella se emociona pero sabe disimular.
Se pregunta cuántas veces la habrá escuchado en el silencio de su alcoba.

Va pasando la noche.
Y todas las vidas del piso de sur y primavera se trasladan a la oscuridad.
Cientos de personas metidas entre paredes negras.
Alcohol en vena y algo de música para todo tipo de problemas.
Se adivinan la silueta gracias a tímidas bombillas de colores.
Y cerveza tras otra, él la saca a bailar.
Y sabe cómo. Y no se pierde un detalle.
Pero se pierde.
Llegan otras vidas. Todas las inseguridades, todos los qué diran.
Se lo llevan a ninguna parte.

Y las ilusiones se desvanecen y ellos se quedan con la idea de querer.


jueves, 30 de marzo de 2017

No te canses de mirar

Mírala.

Cómo escucha a Sabina en bucle pero los jueves prefiere bailar las canciones de Michael Bublé.
Cómo sale de puntillas siempre que terminan sus duchas con complejo de concierto.
O cómo se queda con los detalles grabados en la memoria.

Mírala.

Cómo baila 'Toro' de El Columpio asesino, cuando está en las últimas.
Cómo odia la cerveza, pero cuánto le gusta el tequila.

Deléitate con su silueta.
Que a ti parece que te deja.
Porque luego llega el sexo opuesto y apuesto,
y sólo sabe hacer bailar sus pendientes sobre las orejas.

Mírala.
Cómo no permite que se inmiscuyan en su vida,
pero sin conocer a un príncipe desencantado cualquiera,
le regala el corazón.

Qué extraña, pero qué dulce
la anarquía de su cabeza.
Y a la vez que pequeña parecen sus miras.

Mírala.
Cómo tiene consejos para todos
los que no sean ella
que los reutiliza ajados y sin vez primera.

Mirala llorar.
Me han contado que es cuando más bonita está.

Mírala reír de todo menos de la brisa del mar.

Mírala atenta, distraída, disfrutada y aburrida.
Mírala feliz y desenfadada.

Pero mírala, y no te canses de mirar.




















(Steve McQueen, Ali MacGraw)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Era el chico perfecto en la persona equivocada

Era el chico perfecto en la persona equivocada.

Se había encaprichado de las ondas que hacía su pelo al levantarse.
Adoraba las esquinas de su risa.
Y esa manera tan resuelta de echar a andar el mundo y de poner las calles bien temprano, que tenía su ella por las mañanas.

Pero no le gustaba nada engancharse.
Pensaba que el simple hecho de querer a alguien te volvía débil y te arrancaba la libertad de cuajo.

Le gustaban miércoles por la tarde.
Cuando, al salir de clase, los días de sol podía ver atardecer en Compostela.

Terminaba con un té en el bar de siempre.
La libreta y bolígrafo que descansaban en el bolsillo izquierdo de su chaqueta,
le dejaban sangrar sus heridas.

Contar ordenadamente todos los desvaríos que le susurraba su cabeza.

Y si ella no bajaba a verle, él se impedía odiarla por ello.
Aunque tampoco se permitía el lujo de echarla de menos.
No era más que la niña de la que se habían enamorado sus ojos.
Pero a él no se lo ganaría nunca.

Se cuestionaba todos los días si vivir soñando o soñar viviendo.
Iba y venía por puertas de atrás, pero su deseo siempre fue abrir un mar de  ventanas,
que las oportunidades se sacaran de debajo de las piedras.

Era bueno en lo suyo. En inventar, en vivir y en ser proyecto de algo que no le pegaba nada.
Pero ¿quienes eran ellos para juzgarlo?
Para crear estereotipos de algo que ni ellos tenían definido.

Era el chico perfecto.
Para ella, que lo miraba desde debajo de las penas.
Para la chica invisible, la otra.
Para ella, que suspiraba en silencio, poder cruzar la mirada con sus ojos.

Era la persona idónea para dejar apoyadas las risas.
Y ella lo sabía.

La de las mil soluciones para un único problema.
La de todos los caminos llevan a Roma pero tienes que recorrerlos conmigo.
La quédate a vivir, que no voy a enamorarme.

Dame una oportunidad, se decía ella.
Conóceme- Gritaba en silencio.

Después veremos si mi voz encaja con las cuerdas de tu guitarra,
si preferimos el frío del norte o los atardeceres del sur.
Después vienes, y me dices que te parezco.
Y si quieres me besas.
Y me dejas que te quiera.

Mientras tanto, dejémonos llevar.
No vamos a hacer daño a nadie.






domingo, 26 de marzo de 2017

Madrid quedaba lejos y abril venía lluvioso

Tenía el mundo- su mundo- metido en una caracola. Había aprendido, tras mucho dolerse, a priorizar. A discernir entre lo imprescindible y lo irrelevante.

La suya era una caracola de las que sólo encuentras con las primeras luces del alba cuando baja la marea, sobre la orilla.

Recordaba llegar a aquella playa algún que otro verano con las lágrimas de San Lorenzo. En su 600 antiguo. Con él, su saxo y el sexo metidos en la guantera.

Aquellas mañanas vinieron cargadas de olas y vacías de paseantes. Vinieron repletas de risas y de inicios.
Demasiada tempestad para un agosto salteando acordes. Demasiada admiración para un corazón que sólo buscaba cariño.

Tenía su mundo colgado sobre el cuello. En el corazón de una caracola.
Todo lo que tenía significado para ella pendía sobre la línea perfecta de ambos hombros con el inicio de las clavículas,
y se mecía con los vientos del sur.

Cuando pasó el verano, él le dijo que volvieran a Madrid, que tirara la caracola y se dejara de cuentos. Que si de verdad se querían...

'¿Pero que era querer?' Pensó ella.
¿Querer era perseguir a alguien  hasta un fin del mundo que nadie se tragaba? ¿Era renunciar a los sueños propios? ¿Era borrar raíces?

-Tatuémonos, lo mismo.- Le dijo él.- Así seremos uno.
Así sabrás que vamos en serio, y que te quiero.

Esto último como palabras sin voz, al oído y cosquilleando mechones con sabor a sal.

Y las piernas de ella flaquearon, pero se negó.

Y él se fue.

Sin maletas, sin recuerdos de ambos, sin un futuro prometedor.
Sólo.
Con un par de euros en los bolsillos y el saxofón colgado a su espalda.
Con los brazos repletos de amuletos y de tinta.
Con su corazón.

Ella no necesitaba la tinta para saber que lo quería.

Sólo necesitaba que alguien entendiera sus domingos. Que la despertara con un beso sobre la escápula. Y bailar compartiendo metros cuadrados para dos.
Y algún paseo de la mano hasta la Círculo de bellas artes. Pero por encima de todo estaba su sur.

Y Madrid quedaba lejos para volver a arrastrar el seiscientos. Y abril se presentaba lluvioso, más que en los refranes.



lunes, 20 de marzo de 2017

Tenía demasiadas dudas


Los restos de los rayos del sol recortaban su silueta sobre la ventana de un tercer piso.
Nadie, más que su sombra y el humo de un cigarrillo efímero, era consciente de las dudas tan grandes que escondía su cabeza.
Nadie se paró a mirar los ojos de aquel hombre, con ojos de niño, que destrozaba otro domingo desde otro edificio de la gran ciudad.
Tenía demasiadas dudas.
Dudas de si podría con todo, de si estaría haciendo o no lo correcto, de si disfrutar de la vida le estaba permitido.
Dudas sobre si hizo bien en dejarla marchar la noche anterior, después de aquella colisión frontal con sus labios.

Todo ello quedó suspendido en la última calada. Aspiró hondo y volvió a mezclar tantas dudas con el aire del norte.
Aunque hacía días que le dolía en un rincón del costado izquierdo, justo bajo los latidos, se sentía cómodo inmerso en aquella sensación de triste soledad.

Así, pensó, no tendría que dar explicaciones, tampoco despedirse de las vidas que llevaba pegadas a las líneas que surcaban sus ojos cansados.
Así, dolería menos la vuelta a la cruda realidad.
Se encaminó hacia el último estante. La cerveza ya no estaba fría, las horas de sueño se acumulaban bajo el alféizar de la ventana  y su miedo volvía a salir a flote, a pesar de la última paliza en aquel ring de los sueños.
Bajó las escaleras, despojándose de las dudas, y quedando en la más profunda desnudez decidió darse otra oportunidad.
Aunque supo que ella no regresaría, que la luna se había adelantado en su busca, decidió descolgar el auricular del teléfono de la planta baja de un duplex demasiado vetusto, y llamarla.

Como esperaba, nadie contestó al otro lado.
Ya se lo avisó ella antes de irse. Si la dejaba marchar, no habría más te quieros de broma sobre las sábanas. Tampoco más reencuentros sobre las estrellas.
Pero él lo intentó una vez.

-Soy yo...Vuelve. No por nada pero, ¿quieres oírlo? Si. Has hecho que te eche de menos. Ya sé que me dijiste que no había marcha atrás, pero vuelve.

Y después colgó.
No le dijo que el dolor del costado tenía herida previa, y que ésta se la había hecho ella con los labios. Tampoco le dijo que aunque se sentía bien en aquella soledad, se había acostumbrado a su aroma y a sus despertares.
Ni que se había aferrado a sus regresos como puntos de partida de la semana, y ahora el lunes se le venía encima y ella no estaba para calmarle los silencios.

Sólo podía esperar.

Y confiar en que ella se diera cuenta de aquellos cuatro versos sobre la línea media de su espalda, escritos con tinta de pluma. Y que la tristeza, no hubiera borrado los corazones.

martes, 14 de marzo de 2017

Sálvame los martes

Vuélame los lunes.
Haz que mi cabeza deje de dar vueltas sobre ti misma,
y sobre mi.
¿Me harías un favor? Ayúdame a no sentirme sola entre multitudes.
A descubrir cuáles son las vidas que realmente vienen para quedarse.

Vuélame los sueños,
cuéntame secretos que sean sólo tuyos.
Alunízate, por una noche, con el brillo de mis ojos.

Sal de mi cabeza, rómpete en pedazos,
achica el rumor de tus cosquillas en mi oído.

Esfúmate de mis ideas- ellas quieren querer libres.

No quieras sentirte centro de una historia de la que todos salimos mal parados.
No hieras vidas que no te signifiquen nada [como la mía].

Ahora ya no vale- con la boca chica
(porque seguirá valiendo todas las veces que nos seamos).

Se gastaron los domingos por el rastro,
Malasaña, ya nos conoce demasiado bien
Sabe que dejaste de ser Peter cuando fuiste a buscar pan.

Porque lo aprendiste tan bien, eso de confiar en tu propia sombra.
Trepaste al balcón de la fama, y me dejaste dos pisos más abajo
-un tequila, sin las dudas, y con las ganas-
En un garito que tenía pinta de 'bar del olvido'.

No me desencantes, ni me hechices con palabras tan vacías como tus horizontes.
No hagas sonar mi teléfono cada vez que me necesites, porque no sería justo.
Las veces que te necesité cerca, te hiciste el loco.

No enloquezcas conmigo, ni me hagas sangrar los recuerdos.
No intentes volver loca a una loca de remate,
ni esperes terminar la partida cuando tú y yo sabemos,
que nos tienen preparado el jaque mate.

No eres digno de quedarte mis domingos, de absorberlos
de contarme los lunares,
de declararte conquistador supremo de la curva de mi espalda.

No juegues conmigo como lo hicieron contigo.
Ni te alimentes de ilusiones que crecieron demasiado rápido.
Te mereces ser feliz.

Guarda los lunes como citas de Cernuda en el calendario.
Arranca las páginas que empapelan las calles,
las que mienten y dicen que siempre estarás disponible.

Guárdame los días impares, y los ramos de girasoles,
sabes que siempre te recordarán a mi.

Borra las marcas de mi cadera,
quema todas las entradas de las salidas que nos compartimos.
Quiéreme por ti, y por ser yo.
O decide odiarme.

Pero, por favor, voy a pedirte
que me cumplas el último deseo:

Sálvame los martes.
Sigue conjurando con tus malas artes.

Sálvame
De quedarme dormida y chocar con la vida.
De enamorarme de ti.
De sentir tan fuerte que duela.
De tener el alma intranquila
y letras sobre la piel.

Susúrrame eso de 'Sálvese quien vuela'.

Porque nunca dijimos que esto tuviera sentido.
Y éste no es más que un viejo enemigo
al que condenamos en el mejor de los infiernos
hasta quedarnos dormidos.

Sálvame de hacerte daño,
de enumerar las estrellas y vivir para contarlo.

Sálvame de las canciones y sus orillas.

Quédate.
Llévame a tu playa más bonita.
Rellena mis enredos con las sales marinas,
y baila los asteroides de mi cuello a mis rodillas.

Sálvame los martes.
Son los únicos días que puedo sentirme vulnerable.

Y vuélveme a pedir permiso,
para quedarte a vivir en las comisuras de mi sonrisa.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Y te quedas

Busca más piedras, más de las que rebosan por las orillas.
Sumérgete en el mar de tu cabeza para encontrar la vida que te falta por las venas.
Y luego siéntate.
Yo te contemplo como un niño con zapatos nuevos.

-Cuenta los granos de arena.- Te dije- No pares, ni te levantes, ni digas que estás cansado. No murmures. Ten cuidado o tendrás que empezar de nuevo.

Búscate. Búscame.
Búscanos.

-No podemos contarlos, hay muchos.- rechistaste. Y levantaste la cabeza. Tarde. Ayer. Hace tiempo. Atrás. Siempre en pasado.
Siempre fuiste de excusas.

Nuestra ecuación de charcos y piedras no tenía solución, y quizás ese fue el problema.
La marea no dejaba de hacer, con cada amanecer, más borrón y cuenta nueva.
Y la sal nos borró los nombres, y el cruce de los caminos.
Y las olas engulleron ríos de lágrimas.
Y fuimos felices sólo en el minuto y medio que tardamos en despedir a la luz del sol entre aplausos.

Luego brillaban estrellas. Y la filosofía nos quiso hacer preguntas.
 Preguntas que siempre pensé imprimirte en voz suave al oído. Por si éramos dueños de las mismas dudas.

¿Confías en el azar? ¿O crees que todo pasa por algo? ¿Eres feliz pero te sientes triste? ¿Te encanta escuchar la lluvia en los cristales pero la odias sobre tu cabeza? ¿Música para bailar, para pensar, para leer, para vivir? ¿No sabes lo que quieres? ¿Te gusta contradecirte? ¿Confías en ti? ¿Y en mi? ¿Subes o bajas? ¿Medio vacío o medio lleno? ¿Eres establemente inestable? ¿Y perfectamente imperfecto? ¿Verdad o mentira? ¿Ayer o mañana? ¿Te faltan respuestas?

Siento destruir tu exclusividad a choque de pestañas y que mis labios trunquen tus esquemas.
Pero no eres la única persona que siente.

[Que siente, que sufre, que ríe y llora,
que roza, que araña, que sigue, que cae,

que se levanta y que no puede,

que guarda ganas y  quema kilómetros.]

No eres el último que 'hoy no', que 'mañana será otro día', que 'qué frío tienes el corazón y qué limpias las heridas'.
No eres la única persona que pasa temporadas con pies en la tierra y la cabeza en el limbo.

No somos porque el mar no nos quiso a su imagen y semejanza. Porque venimos de brotar en tierra de nadie y porque ya no estamos solos.

Somos muchos.
Pero recuerda, mi limbo es el de la puerta entreabierta, el de las velas a media mecha, el de la música alta y las madrugadas, el que tiene un barco tan poco pirata que le falta hasta tu bandera.
Mi cabeza la de los pájaros que aún no alzaron sus alas al vuelo.
Mis ojos de los colores de los que se levante la naturaleza, los sin fondo, los del corazón varado.

Recuérdalos por si te das cuenta de que respiras, y sueñas.
De que eres tú.
No olvides, por si algún día regresas,
que para bailes y poesía siempre me queda tiempo.

No borres ese condicional en el que podríamos vivir tú y yo.
Si vuelves,
y te quedas.






domingo, 26 de febrero de 2017

Pablo

La vida golpea de nuevo.
Pero él se ha ido sin dejar de luchar.

En cierto modo, él lo sabía, y todos.
Sabía que tarde o temprano pasaría.
Nunca pensé que este momento llegaría más temprano que tarde.

Llevaba mucho sin saber de él, sin leer noticias suyas de algún tipo.
Podemos pensar que lo hemos perdido, que no vamos a volver a ver su eterna sonrisa, ni a escuchar palabras de aliento cuando creamos que no queda nada más que hacer.
Podemos creer que es injusto, que era joven y tenía toda una vida por delante, que por suerte o por desgracia todos con venimos fecha de caducidad.

Pero él se ha ido luchando, con más ganas de vivir que ninguno de nosotros. Se ha ido haciendo algo que muchos no descubren en vida- viendo el lado bueno, lo positivo, lo mejor- aún queriendo acabar con su sufrimiento.

Había encontrado el motor para que tantos como él tuvieran más oportunidades, se les llenasen las cabezas de ideas y pelearan por sus opciones sin sentirse derrotados.

Pablo era sinónimo de fuerza. Era y es. Porque es verdad eso de que solo muere quien deja de ser recordado.

Aún antes de que la leucemia decidiera arrebatarle el tiempo, Pablo era titán entre mar de dudas.
Lo supo pronto y se armó de valor para hacer ver que había salida de emergencia dentro de aquel habitáculo repleto de gente. Que no podía permitirse parar y  estaba en su mano conseguir cosas inmensas a partir de pequeños gestos.

Pienso que descubrió el significado de la vida demasiado deprisa.
Y esta quiso llevárselo.

Pero no se ha ido perdiendo.
Le ha ganado la batalla a la leucemia.

Pablo 1- Leucemia 0

Ha hecho que se nos encoja el corazón y nos esforcemos en valorar la vida. Que borremos nuestras cuitas insignificantes, que nos sintamos estúpidos con nosotros mismos.

Nos ha hecho donantes, de médula, de sangre, de vida y de esperanzas.

Ha movido masas susurrando verdades que nos pegan en la cara silenciosas todos los días.
Para los que lo conocimos, un placer coincidir en esta vida, y un corazón un poco más vacío de la cuenta.

Si hay algo que me haya quedado por decirte, es buen viaje, campeón.
Vuela alto.

Cuídanos desde arriba.



sábado, 25 de febrero de 2017

Bajito o a voces

Dejar ser a una persona, la máxima expresión de su creatividad.

Dejar que te dibuje, que te escriba, que perdure en recuerdos y memorias de aquellos que ni siquiera lo saben.

Hace tiempo que escucho tu voz.
Despierta, dormida, en sueños, en recuerdos, en vivo y directo, en estéreo.
La escucho porque siempre he sentido admiración por todo lo que tenga que ver con los sentimientos y su manera de expresarlos.
Escucho envidiando tu poder de convicción con los versos, tus acordes de guitarra, tus encogidas de corazón hechas arte.

Siempre he fantaseado con ser mujer de canciones. Con ser marca en alguna guitarra, y ser estribillo y estrofas y sentirla mía.
Con  causar impresiones a otros que se vuelvan rasgueos.

Por eso me encantabas desde un principio.
Por eso te escuchaba sin descanso, y por eso no me perdía ni un solo minuto de los que podía compartir contigo.

He de confesar que es fácil ponerme la piel de gallina.
Lo que es difícil es el vacío que me quedaba horas después de chocarnos con los ojos.
No lo era. Y no me pasa a menudo.

Pero después entré en un periodo de desencanto- como siempre. En la fase de negación en la que entran todos los pequeños cuando se creen dueños de su verdad- yo, que presumo de madurez.
Y me descubrí a mi misma, ridícula, minúscula, insignificante.
Adueñándome de un pasado que no era el mío. Codiciando versos de una ella que se marchó de tu vida pero que te dejó tatuajes imborrables en la piel.

El periodo de desencanto ha pasado. No por nada, sino porque se me hace imposible odiarte por algo innato más de cuarenta y ocho horas seguidas.

Porque por encima de todo, le tengo un cariño infinito a tus formas, y deseo de todo corazón que esos versos sigan trascendiendo más allá de la tinta de un bolígrafo y de una caligrafía ilegible y presurosa.
Porque quiero seguir presumiendo de que adoro tu voz en todos sus formatos.

Y porque nunca espantaré de mi cabeza ese sueño dormido de ser canción de cualquiera.

a L.

Ser suficiente

Mi cabeza no alcanza a entender cómo podemos dejar de ser suficientes en la vida de una persona.
Ser suficientes en el sentido de que te llene compartir recuerdos, pasado, vivir presente y programar un incierto futuro con la única certeza de que será compartido.
Qué es lo que puede accionarse para que no hagamos nada bien ante otros ojos, por muchos esfuerzos que pensemos que hacemos.

No sé, si es cansancio de vivir inmerso en una rutina que se torna inmensa y tediosa- si es el peso de lo malo, que se impone ante las cosas buenas, o si verdaderamente no quieres darte cuenta de que la vida es maravillosa. Y sobre todo, que injustamente, sigue para los que nos quedamos.

No sé cómo hacer para redescubrirte lo mucho que adorabas el azul del mar que me enseñaste de pequeña, o cómo hacer para verte feliz. Se me ha olvidado lo que eran las canciones en inglés demasiado antiguas, o los domingos en bicicleta. Se me había olvidado incluso lo que dolía, porque quise hacer como si no pasara nada. Como si todo siguiera como siempre. Y está claro que no es así.

Está claro que la felicidad es un compendio de muchos factores: de la compañía, de cumplir sueños, de los objetivos cumplidos, de las experiencias, y de los recuerdos.

Pero, en mi opinión, finalmente no se trata más que de cómo queramos ver la vida desde nuestros propios ojos, y de cuan satisfechos nos encontremos con nuestra persona y con los demás.

Y hace tiempo que no pareces ser feliz- muy al pesar de todos los que ponemos cariño y corazón en intentarlo.
No alcanzo a recordar en qué momento dejamos de serte suficientes. Cual fue el segundo en qué decidiste que dabas de manos y hacías un pequeño mutis por el foro en nuestras vidas, sin llegar a desaparecer del todo.

No eres tú. Y no sé, si aún tenemos el poder de hacerte regresar, de hacerte ver que estamos aquí y que te queremos con todo por encima de todas las cosas, porque eres tú, y porque sin ti, no estaríamos aquí.

Sé que a lo mejor esta no es la mejor manera. Pero estoy perdida y no se me ocurre otra forma.
Vuelve, por favor.

Vuelve.

Vuelve a ser tú. El de siempre. Vuelve y déjanos recuperar tus abrazos. Déjanos volver a escuchar tu risa, a hacernos partícipes de tu felicidad.

Vuelve a darte cuenta de que, con nuestras imperfecciones, intentamos darte lo mejor de nosotros.
Vuelve y no dejes que te echemos más de menos.

Déjanos quererte, cómo nos enseñasteis a hacerlo.



(Albert Espinosa)



martes, 21 de febrero de 2017

A orillas del Vístula

Ciudad de reinas y reyes que vestían sus mejores galas en otro tiempo.
Calles inmensas- casi germánicas- entretenidas con vidas estáticas a pesar del frío.
Dialecto incomprensible, capaz de provocar un esguince en la sinhueso de cualquiera de nosotros.

Ciudad bonita,
de ojos tristes, que se empeña en mirar al presente para no quedarse atrás.

Ciudad helada, aunque la nieve haya ido desapareciendo con los primeros rayos del sol.
Uno de los lugares más maravillosos con los que me he encontrado, y no por casualidad, que refleja tanto la clara, como la cara oscura de la misma luna que nos brilla por el sur, pero en menos tiempo.

Tres días que se han hecho horas, que no ha dado tiempo a muchas cosas, pero el tiempo ha sido el justo para poder empaparme de ella, disfrutarla y desear volver cuanto antes.

Como siempre la compañía tiene un porcentaje alto de culpa del retorno a sitios mágicos- y he de decir, que sin lugar a duda, la compañía debería ser de la que entra en mi vida para no salir.

Ciudad sin estrés, con leyendas, con magia y trucos que me habría gustado disfrutar en pleno apogeo
- siglos atrás- y sentirme princesa entre tanto castillo.

Suelos que contaban cuentos, que callaban penas y secretos.

Aromas a cerilla y dulce.
No me preguntéis, a eso olía Cracovia.

De la polución de la que tanto me hablaban, solo vi una nube quejumbrosa que sobrevolaba la ciudad, y muchos habitantes que corrían sigilosos en la penumbra jugando a ser Hannibal Lecter.

Que es maravillosa, eso seguro.
Que si volveré, aún más.










lunes, 20 de febrero de 2017

Han pasado años, pero los caballeros las siguen prefiriendo rubias

Con algo más de sueño de la cuenta, y sin ganas, a unas dos de la tarde pasé otro de mis adorados domingos, colgada de tus pestañas.
O eso fue lo que quise creer, porque
en las almohadas sólo quedaban  sueños hechos añicos, restos de rímel infernal y mil millones de lágrimas
que no recuerdo haber derramado.

Con algo menos de gracia que la que desplegué contigo miento a mi silencio para que no te vayas.

Con poco más que monedas extranjeras en los falsos bolsillos de mi falda de volantes, recuerdo las que me regalaste caminando por La Latina, de dos caras idénticas, queriendo tentar a la suerte,
como dando por hecho que todo iba a salirnos bien- y tú, siempre con la tuya.

Como Pereza y su 'con más noches que la Luna'. Así me sentí sentada en aquella barra de bar.
Tuve que hacer de tripas corazón, y latir sin ti, y vencer ilusiones de papel que cayeron como naipes, y recordarme que los olvidos son la mejor resistencia contra los aromas.

Pero contra mi cabeza, maldita sea, contra ella no puedo hacer nada.
Desperté dispuesta a sortear mi domingo entre sabanas y letras de cualquier sabio que borrara tu presencia de mi cuello. Desperté entre otros brazos sabiendo que había soñado contigo.
Y no sé, si esto es un obstáculo más en mi carrera de la vida. Si eso de emplearme a fondo se me esta viniendo grande, o eres realmente un bache por el que merece la pena tropezar en la misma piedra.
Y si te digo la verdad, no eres más exclusivo ni especial por entrar más de repente en mis noches y ponerlas patas arriba, porque el miedo no se ha ido.
El mismo miedo con el abro la puerta de mi rutina cuando alguna vida pega fuerte al timbre.
Así que dime ¿merecemos la pena o la alegría? ¿Lloramos de tristeza o de la risa? ¿Le damos vueltas a la cabeza o la perdemos por completo?

Sé que esto no son más que mis desvaríos de domingo, sacados a colación en Lunes, por ser gris.
Sé que no vas a venir pidiéndome que me calle, y volviendo a anidar en la curva de mis caderas pero una siempre puede soñar.
Y los añicos de sueños que descansaban sobre la almohada, hoy han amanecido unidos.



lunes, 13 de febrero de 2017

Lunes de comienzos a medias

Lunes con olor a café- aunque yo ni lo beba.
Lunes de despojarse temprano de pijamas que te dejaban volar la imaginación.
Un pijama con restos de mi perfume, y rescoldos de sueños, que aún pueden quemar si los acaricias con los dedos.

Hoy el sol se siente perezoso, hoy le da miedo levantarse, por si hace demasiado ruido, por si le faltan las fuerzas. Las nubes le han cogido la vez. Y la luz se fue.
Hoy el norte, se parece un poco más a lo que fue, ya se le ha pasado la euforia de querer querer. Ya se ha dado cuenta de que la vida sigue con cuestas y sin ellas. Que la cuesta de enero pasó, y la de febrero viene llegando contigo sobre ella.

Lunes y 13. De mis preferidos. No porque sea primer día de la semana, sino porque es Febrero, y porque mañana vuelo. Vuelo a perderme, a seguir borrando kilómetros que me escuecen en los abrazos y en las mejillas.
A casa.

Y Extremoduro me amenza con una confesión silente, y si te vas llama a mi cabeza como un intruso.
Y Rulo y la contrabanda me teletransporta a aquel Noviembre en París.
Y Nada que decir me araña la vida en los días tristes.

Pero me han dicho muchas veces que aprenda a mirar dos veces, que consiga no tomarme las cosas tan a la tremenda.
Y para ello no hay nadie mejor que la música hacerme comprender.
Este lunes,
éste, es de Estopa, y su con el viento:

"Ya no me tomo los latidos tan apecho 
Mi corazon insatisfecho, se ha calmado 
Sinceramente, ya no me miro al espejo."


Y toca volver a empezar. Y volver a levantarse como te han enseñado. Primero un pie, después el otro. Si ves que no puedes apóyate en los codos, y luego usa las manos. Camina. Mira al frente y sigue. Que Compostela continúa preciosa y le apetece contemplar tu culo pasar.


[Recordando el azul Compostela]



miércoles, 1 de febrero de 2017

Firenze

Y mientras viajo por una ciudad donde nada es como recuerdo, me sorprende el caos.
Un dulce caos organizado rige la urbe.
Cinco días que me han servido para desconectar y residir en una realidad paralela, para paladear mi mini-Erasmus particular, para morir de envidia, y querer quedarme a vivir.
Cinco días para conocer a personas que sé que quiero conservar siempre.
Para desquitarme de echar de menos a quien fui a ver.
Él estaba cómo pez en el agua. Y no lo culpo. Se lo ha ganado a pulso, ya era hora de que las cosas le fueran a pedir de boca.

Es demasiado temprano. He dormido cerca de dos horas y el sueño me hace desvariar.
Bus Firenze-Pisa a las cuatro de la mañana, con una tira de fotos de los dos metida entre las páginas del libro que me estoy leyendo.
Foto en blanco y negro, como de costumbre.
Para que el monocromo esconda un poco la alegría de los reencuentros, y contraste con la belleza de la ciudad.
Hora larga de bus en la que me apetecía escucharte cantar. Y sin quererlo ni saberlo, me has acompañado durante todo el viaje.
Todos han oído hablar de ti.
Les conté cómo te conocí, cómo entraste a mi vida de casualidad. Y cómo intento que no te desintegres.
En mis oídos, te he dado un respiro, ahora entre tantas vidas, juego a sentirme sola- rumbo a Madrid, y la voz de Escandar quiere recordarme tu sonrisa; y la de Diego, traerte volando a mi cabeza.
Y yo, no sé si aguantaré sin llamarte cuando vislumbre el cielo la capital.
Sólo para hablar, para contarte el viaje, para compartir retales de un carnaval sin disfraces.
Sólo para que no te olvides de mi.
Quiero decirte que si no has estado, Florencia es un lugar magnifico para sangrar tus canciones y poner a bailar las cuerdas de la guitarra.
Es una ciudad sin sueños dónde siempre queda alguien despierto.
Una ciudad, que cómo dije, se rige por el caos, y la ley de la selva es la única a cumplir.
Una ciudad que te devuelve las esperanzas que creíste perdidas, y los recuerdos más dolorosos.
Es un lugar al que volver siempre será una opción.
En cierta manera, te digo que nos parecemos, a ninguno nos gustan las despedidas.


viernes, 27 de enero de 2017

Bella

Hay quiénes siguen creyendo en la suerte
Quiénes miran los aeropuertos como un punto de la mejor de las partidas.
Y todavía quedan parejas enamoradas.

Concretamente, una.

Diez de la mañana.
Tarde para madrugadores y temprano- tal vez demasiado- para el resto de la capital.
Termina enero y el cielo de Madrid lo llora.
Cómo si fuéramos a echarlo de menos.

Barajas. C44.
Rumbo a Pisa.
A pisar el hastío, la falta de ganas y la somnolencia. A adivinar todas las luces de una ciudad desde Santa Maria de Fiore.
Todavía somos muchos los que pensamos en Italia como destino perfecto.
Ellos también.
Tendrán mi edad, como mucho dos años más.
Pero son de los de antes.
De los que se quieren con ganas y vuelan con guías de viaje.
A él parece que le gusta sorprenderla, y ella siempre va a dejarse sorprender.
Sólo hay que mirarle la sonrisa.

Yo me sumerjo en mi mundo.
Puede que el cansancio esté de más y que mi relación amor-odio con los aeropuertos quiera llamar a la puerta.
Viajo con Extremo.
Es turno de mañana de 'Locura Transitoria' en bucle.
Y allí, me espera una pequeña parte de lo que entiendo por paraíso, al que prometí volver.

Viajo para perderme, o por placer.

Y a mi cabeza regresan unas pequeñas botas de agua rojas, descubiertas en horas de espera.
Un niño que arrastraba una maleta que le doblaba el tamaño con cara de felicidad.
Y me entran ganas de clavarme una sonrisa permanente entre las mejillas.
Por ver la vida pasar.
Por disfrutarla.


sábado, 21 de enero de 2017

¿Y cuánto escuecen los ojos?

Parece que ha llegado el momento de despedirme.
Y sabes que lo odio, abuela- detesto las despedidas- nunca terminarán de ser justas.

Pero, como nos intentan hacer entender, es ley de vida.
Y aunque me pregunte de qué vida es ley, y a qué precio, eso no va a traerte de vuelta.

Permíteme que hoy lo vea todo monocromado. Que el azul del cielo no se grabe en mis retinas y mis piernas flaqueen.

Permite que no encuentre diferencias entre el principio y el final.
Que sé que has estado siempre entre la más feliz de las felices-y yo eso me lo guardo dentro-, que has alzado el mundo sobre los hombros y lo has lanzado lejos otras tantas veces.
Que has disfrutado todo lo que te dejaron, y aun más.
Que has creado una familia maravillosa en todos sus aspectos, una familia imperfectamente perfecta.
Pero abuela, ¿sabes una cosa?
Vas a verle. Después de tantos años. Tenías ganas, ¿verdad?

El recuerdo que te dejó va a volver a ser, ante tus ojos.
Supongo que ahora te toca aprender a volar, cuida bien esas alas.
Tienes buen maestro, así que no me preocupo.
Pero, no nos duelas mucho, ¿vale?
Quédate siempre en nuestro corazón, con esas ganas locas de bailar, con esa alegría incombustible y con esos ojos verdes.
Quédate hasta que hagamos mucho ruido, hasta que ya no puedas más, hasta que la risa le pueda al llanto.

jueves, 19 de enero de 2017

Reproducciones aleatorias

Tú tan lejos de casa.
Como si los kilómetros se convirtieran de repente en millas.
Con el mismo frío que aquí, pero a los pies de Madrid.
Con frío que tu toleras, por presumir tanto de norte.

Tarde de concentración- o mejor noche. Extrema, agobiante, suprema.

Música de más en los oídos (queridísimo Fitzsimmons).
Y a veces la reproducción aleatoria juega malas pasadas.
Lianne.

He escuchado la voz de tu reciente descubrimiento. La que a mi me llegó otro dieciocho.
Un 18 teñido de mil colores esperando para verlos.

Entonces atardecía sobre Wembley, y yo volvía a estar a miles de kilómetros de ti, con alguna que otra hora de menos.

He intentado adivinarte escuchándola.
Lianne, como tú, es magia, pero con nombre de mujer.
He intentado reconstruir los hechos, con mis mejores habilidades del cluedo,
rememorar la escena.

Tú deleitandote con una voz maravillosa- no se si por casualidad o por recomendación- derritiendo tus ojos al descubrirla de amarillo en un salón cualquiera.
He intentado vislumbrar si se te quebró el recuerdo desde la primera nota que salió de sus labios.
O de si la primera canción fue con la que yo tropecé siete meses antes, en aquel viaje maravilloso viaje por las tierras del Támesis.

Pero tú sigues tu camino, progresas la vida- más de lo que ella te podría progresar a ti.
Te enamoras de las cosas bonitas, y te encanta soñar a contrarreloj.
Una vez me dijiste que así sabías lo que ibas a soñar y lo disfrutabas el doble. Que de esta peculiar manera revivías sólo los momentos indispensables y burlabas a la memoria selectiva.

Y yo no te culpo de nada, excepto de las ganas que tengo de verte de nuevo- las ganas,
de que los kilómetros se vuelvan diminutos y vuelvas a brindar tu guitarra ante mis ojos y a salpicar de lluvia tu adorado sombrero.
Las ganas, que siempre se lo llevan todo.


The city- Junio '16

Pensamientos encadenados

Hace no mucho llegó a mis oídos eso de que el silencio creaba la locura.
Y quien me lo dijo tenía toda la razón.
El silencio puede ser la paz utópica de toda guerra, la calma detrás de cada tempestad estival o el descanso de cualquier situación extrema.
Pero a la vez,  puede tornarse en la peor de las pesadilla.

Llevo notando su presencia desde hace días.
Y si el silencio se une a la soledad, estás perdido.

No grites, no corras, no intentes escapar ni dejes atrás la inmensidad de tu cabeza. Únete a ella. No tendrás el valor de afrontarla.

Me ha pasado más veces eso de sentirme terriblemente sola en la más abundante de las compañías.
Y no sé, si soy yo la que no encaja en el mundo o, son los demás, los que no van conmigo, ni siguen mi ritmo. O no lo comparten.

No comparten.
Y es triste eso de no conformarse con nada.
De querer más y más, siempre para sentirse realizados
y no disfrutar del cómo y del con quién vienen las cosas.

Triste, que seamos tan dispares- hasta el punto de no querer entenderlo o aprovecharlo.

Mi cabeza está gris, y mi mundo patas arriba.
Vivo con miedo a descolgar el teléfono y descubrir de hay otra vida que se ha desvanecido de la mía.
Y con la certeza de no necesitar respuestas, si van a ser negativas.

Siempre me han dicho que me tomo las cosas demasiado a pecho, que espero mucho de la gente.
Pero,  ¿han probado a vivir intensamente? ¿a poner el práctica un 'carpe diem' a la medida de nuestras cabezas?
Es cierto. Vivo muy a pecho y quizá por eso las heridas duelan más.

Pero no sé como cambiarlo.
Ando buscando la fórmula exacta para todos mis males, algo de atención con una pizca de cariño y exento de todo drama.
Venga, por favor, que si estamos aquí ahora y hemos sido capaces de elevarnos contra todo pronóstico fue por que pudimos. No más quejas, ni lamentaciones.

Que fuimos capaces de montar nuestra torre en un minúsculo grano de arena, dentro de toda una playa.
Pero hoy no es mi día. Es uno de esos en los que el temporal barre las orillas.

Y las torres se tambalean.
Y hay miles de ellas a tu alrededor pero,
ninguna es la tuya.
Ninguna tiene tus vistas, ni va a estar siempre para ti.

Y en la fracción de segundo que se escapa el último rayo de sol por el horizonte, no sabes.
No sabes si saltar al vacío es un plan de huída,
o la única solución.




sábado, 14 de enero de 2017

Una no-despedida

Hoy puedo decir que me siento en el país de las maravillas.
Pero en lugar de ser mi No-Cumpleaños, esto es una no-despedida.

Me encanta volcar las palabras, rebosarlas del vaso, verlas manchando la luz con su porte de negra elegancia.
Pero a la hora de decirlas, a la hora de expulsarlas de mis labios,
no me veo con fuerzas.
Incapaz.

Siempre me quedan cosas por decir.
Debo tener la conexión cabeza-corazón averiada, para no ser capaz de demostrar con palabras lo mucho que me importa alguien.

Y lo poco que me gustan las despedidas.
Y lo mucho que me cuesta dejar atrás las cosas bonitas.
Y lo que disfruto descubriendo almas que me llenen la vida,
almas que estén en buenas en malas y en peores.
Personas que aunque veas cada vez menos, sabes que podrías contar con ellas con los ojos vendados caminando sobre rescoldos.
Personas a las que confías tu último día.

Si ya me lo dijeron con aquello de lo que rápido viene, rápido se va.
Pero a mi me encanta hacer oídos sordos.

Puede que estos días te hayan servido de reflexión, que hayas decidido que tu vida está mejor lejos.
Que haya llegado el momento de conquistar el sur.

Puede que estés cansado de frío, o de nosotros.

Puede que ahora mismo, todo sea inminente, y de miedo-mucho miedo.
Que el pavor te esté recorriendo las entrañas por dejar atrás lo que una vez disfrutaste tanto
Pero que también estés expectante, intentando adivinar que te deparará la suerte.

Suena la primavera trompetera, pero aún queda mucho para ver nacer flores.

Suerte, amigo.
Quema los paraguas, allí no creo que vayan a hacerte falta.
Y así llevas a cabo la venganza de nuestra parte.

Pero vuelve.
vuélvete a Triana,
y espéranos con ganas.

Que de mi, de nosotros, no vas a librarte tan fácilmente.
Y de las goteras del norte tampoco.




Exceso y defecto

Si quieres te cuento por qué supe entonces que esto no nos llevaría a ninguna parte.

Era  abril y tú, queriendo parodiar mi película favorita, me sacaste de pronto a bailar.
Raro en ti, que preferías no rozar las emociones fuertes.

-Puedo hacer de Darcy.- Dijiste riendo.- Sólo que en este caso, no la copiaríamos todo. La película se llamaría Exceso y Defecto. Si. Me gusta el nombre. Tu serás mi querida Miss Bennett, tan excesiva y voluptuosa y yo, el defecto mayor del reino.

Y te dio por reír, como pocas veces para dejarme pensando.

Cavilé sobre esos excesos que me achacabas, o la clase de defectos con los decías no estar a la altura.

Había excesos de equipaje, de besos, de planes de calendario.
Excesos de alcohol, mezclados con música comercial que te chirriaba en los oídos.
Excesos de deseos y excusas.
Excesos de ganas, de distancia y de insomnios.

Puede que al analizarme encontrara que quería de manera excesiva.
Mi filosofía era que las medidas podían abarcarlo todo menos el cariño.

También había algo de excesos en los errores cometidos y de coordenadas incompatibles.

Pero después llegó la hora de detectar  defectos.
De ti sólo arranqué uno, el quererte tan sumamente poco.
Pero también hallé en el mundo defectos de forma, de tamaño,
de logros,
defectos de tiempo y momentos.

Defectos que tú ignoraste, cuando eran tus mejores virtudes.
Y excesos, por mi parte, que me dejaban en el subsuelo.

Fue aquel abril, en que tu seguiste llevándome con pasos torpes. Pero no recordaste que tenía miedo a la oscuridad, o que era más de agua que de tierra.
Olvidaste que Darcy y Elizabeth cambiaban las posturas en el transcurso de su tórrido romance.

Y tú que tan defecto te llamabas, te quedaste con todos mis excesos.
Y yo,
embalé una caja de defectos de mi.

Los tuyos se habían quedado para el recuerdo.
Y si quieres, te lo digo ahora,
fueron los que me hicieron perder la cabeza por tu risa.


viernes, 13 de enero de 2017

Cuando los viernes dejaron de molar

Viernes.

Atípico, arrítmico, asténico, apático.

Viernes con A.

Viernes, y encima trece.
Aunque sea mi número de la suerte.

Y es inevitable que la superstición se cuele por las rendijas
de las ventanas.

''Ni te cases...

Y no. No voy a casarme, no ahora, al menos.
No, porque hoy en día la gente no lo haga, no por que hayamos aborrecido las tradiciones, ni porque no fuera un día estupendo para darse un si quiero de por vida sobre un altar vestida de blanco. Tampoco porque no me gusten los vals.
No porque odie enero.

...ni te embarques.''

Estoy a algo menos de una hora de mar del norte- del más cercano.
Casi las nueve y odio no ver el azul porque el brillo de la luna sea el protagonista.
No, porque es demasiado tarde.
Porque no conozco ningún puerto en el que queden barquitos de papel aptos para soñadores.
No me embarco porque desde el Titanic le tengo miedo a flotar las aguas, y sin embargo, vivo enamorada de sumergirme en ellas.
No, porque no extrañe, la sal en las heridas.

Tampoco es día de películas de terror- que tanto se han aprovechado del miedo humano.
Y cuánto las echo de menos.

Fuera amenaza con helar- dicen que el fin de semana carga con brisas del polo.
Fuera, quieren arremeter contra las ventanas, un tal tímido invierno que llega tarde,
como nosotros, cuando no nos viene bien la vida.

Y Fredi Leis eriza mi piel casi translúcida. Quiero pensar que el cantautor gallego quiere entenderme.

Y miles de letras ordenadas amenazan con escaparse de las sinapsis escasas de mis neuronas.
Y yo, de exámenes- de periodos malos, dentro de etapas maravillosas.

Viernes atemporal, cargado de una Locura transitoria de Extremoduro.

Pero viernes, al fin y al cabo.
Y yo que sigo siendo supersticiosa.






miércoles, 11 de enero de 2017

Mar y lluvia

Te propongo un plan.
Vamos a sernos de la mejor manera que sepamos.
Quiero más agobios, de los que sólo tú sabes calmar.
Quiero que te olvides de todas las fechas señaladas, porque cada día nuevo se nos convierta en una aventura.
Que cuando la cordura nos empiece a abandonar saques tu traje de payaso del armario, y termines de arrancarme los esquemas.
Quiero que desempolves todas mis ganas y mis ilusiones.

Quiero volver a conocerte.
Y a enamorarme de tus defectos.
Como aquel diciembre.

Quiero pasear contigo y vivir en un ahora, sin pensar en el luego ni acordarme de los antes.
Quiero abrir las ventanas cada mañana y que el cielo nos sorprenda de las mejor de las maneras.
Y que nuestros abrazos sigan oliendo a mar y lluvia.
Y que el cariño no se desvanezca como las nubes al amanecer.

Quiero que sigas siendo mi tonto del culo. Del mío, y que reclames sus derechos.
Quiero que te sientas capaz de todo, pero sobre todo, que lo consigas.

A cambio prometo seguir siendo tu idiota de la guarda. Y quererte en francés. Y bailarte todos los tangos que no me sé.
A cambio nunca te prometeré un siempre, porque sé que los detestas.
Pero puedo prometerte un depende, un 'cuando suba la marea' ó un 'avísame cuando regreses'.

Quiero que seas mi loco al que pillé bailando para que Izal me deje destapar la botella de sueños-para ser tu mujer de verde.

Y que la fuerza, nos acompañe y sigamos creyendo en las hadas durante eones.

Quiero que sigamos siendo el punto cero en una brújula que no señala al norte.


(Carrie Fisher y Harrison Ford)
A L.

viernes, 6 de enero de 2017

Personas Luna

Hay personas que son luna.

Que son luna porque van por ciclos, porque brillan en la oscuridad compitiendo con el fulgor de las estrellas.
Que lo son, porque están siempre aunque ni podamos verlas.

Son personas luna porque son eternas, porque aparecen cuando creemos que ya no hay nada que hacer.
Porque endulzan las noches y engalanan las malas épocas.

Hay personas que son luna porque sin moverse, dan vueltas a la tierra, porque a veces nos parecen tan viejas como nuevas.
Porque nos enseñan cómo creer en la magia.
Porque pueden menguar tus penas y hacer crecer tus ilusiones enseñando una sonrisa inmaculada.

Pero cuidado con encontrarte una de esas personas luna. No vayas a perderla de vista si tienes de tu parte a la suerte.

Aunque una cosa es segura, si se te escapa debes saber que no tienes que retenerla.
Y lo más importante, puedes admirarla de todas las formas que se te ocurran, pero por nada del mundo, la bajes de su cielo.



jueves, 29 de diciembre de 2016

Equilibrista de sueños

Mantén el equilibrio.
Sólo depende de ti.
Que tu cabeza y tu corazón supongan lo mismo sobre esa balanza, ajada, que es la sociedad.
Hazte equilibrista de sueños sobre la cuerda de la vida.
Demuéstrales quien manda.
Que tus ideas pesen exactamente lo mismo que tus miedos. Que los sentimientos abracen a la razón.
Deja al corazón volar y que la cabeza tenga que mirar desde abajo, bien lejos para que se sientan a la misma altura.
Comprende la frialdad de la cabeza y la calidez del corazón- y no los excuses- quiérelos por lo que son y por cómo te reconstruyen, cada vez que te rompes.

Siempre has querido razonar y has razonado querer por igual: dando motivos, explicaciones y las gracias.

Pero, ha llegado la hora de la verdad, el momento en que vas a poner en práctica todo lo aprendido.
Ese momento en que vas a dejar a un lado tu parte más visceral, y también la más metódica, y vas a cambiar de manos.

Siempre has intentado, con esto, llevarle la contraria a la vida, sumergirte en el mar de dudas, y nadar.
Nadar.
Nadar a contracorriente, sin día soleado, con estrellas gastadas y lluvias torrenciales.

Pero se acabó, que de tanto mar, se nos arrugan las comisuras de los labios.
De tanta sal, escuecen más las heridas abiertas.
De poco sol, se desgasta la luz la mirada.

Siempre elegiste la izquierda para llevar el rojo y la diestra, para colgar luces.
Pero, ¿y si nos diera por voltear el mundo?
Por verlo boca arriba.

Te diré que la derecha derramaría la sangre del querer, y la zurda brillaría más que las estrellas.
Que el norte sería sur; el sur, norte.
Que veríamos atardecer con los primeros rayos del sol.
Que no seríamos más que el reflejo de un espejo que descolgábamos de aquella pared hace tiempo.

Por eso, y porque se nos va la vida con veinte años, porque se nos gastan otras 365 vueltas de sol y ya Diciembre
dejó de ser el mes de las sorpresas.

Por eso, y por lo que viene.
Deja la contracorriente, olvida la corriente que siguen las masas.
Sigue sólo tu camino, que no, sola.
Piensa con el corazón y quiere con la cabeza.
No ansíes cambiar el mundo y empieza por cambiarte a ti.

Ah, y no lo olvides:
Mantén el equilibrio que te caracteriza.
Mantenlo, siempre.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Opcional

Tenemos dos opciones. Siempre hay al menos dos.
Jugar para ganas o para perder. Participar no es una de ellas, está implícito en el juego.
Dos opciones. Caernos y levantarnos; o seguir lamentándonos en el suelo.

Ver amanecer,o ver anochecer. La gente siempre prefiere la segunda, la fácil. Total, si vamos a estar despiertos ¿por qué no mirar al horizonte?
Pero luego, a la hora de la verdad, nunca lo hacemos. No vemos más allá de nuestras propias narices.

Tenemos la opción de reír o llorar. Aunque en esta ocasión yo siempre defendí el llorar riendo. En ese preciso momento en que las lágrimas desbordan tus ojos, simple habrá alguien que te exprima la última carcajada. Entonces te darás cuenta de que ese alguien merece la pena.

Tenemos la opción de tener muchos amigos! O de tener a los mejores: los que se pelean contigo más de lo que disfrutan, los que te echan de menos más de lo que los tienes delante. Sin embargo, sabes que al volver no se moverán de tu lado. Sabes que al volver, nada habrá cambiado.

Y en estas dicotomías es imposible no poner sobre la mesa el corazón. Podemos querer mucho, querer intenso, fuerte y apasionado. En mi caso, prefiero querer bien, querer queriendo.
Y todo porque sé que si quiero mucho el que termina sufriendo es mi corazón, por no recuperarse del exceso de cariño ni del síndrome de abstinencia de la pérdida; pero, si quiero bien, ese cariño me será devuelto de la mejor de las maneras: la desinteresada.

Tenemos la opción de playa o montaña, de frío o de calor, de invierno o de verano, de aire o de tierra.
Nuestra vida es un debate continuo entre dos opciones, aunque no queramos darnos cuenta. Pueden presentarse mil más, pueden fusionarse, moldearse pero, en nuestra cabeza siempre se terminarán imponiendo dos.

Dos, entre las que tendremos que elegir para que, al final, sólo quede una.
Dos, de las cuales, una no valdrá.

Y cuando elegimos, es porque estamos seguros. Porque la opción que se yergue ante nosotros es la adecuada.
Porque es la nuestra.

Eso lo aprendí de ti. Podemos maquillar el tú y el yo en un nosotros siempre que quieras. Pero las dos partes siempre estarán presentes.
O tú.
O yo.
Nunca nosotros.

Me dijiste muchas veces que no sabías, que cómo demonios hacía para elegir si salvarme de la quema y entregarme a ti o ser libre en soledad.
Es sencillo. Tienes que buscar una situación límite y enfrentar tus dos opciones.
Luego, asignadas a cada lado de una moneda,
Y tírala por los aires.
En la décima de segundo que quede suspendida, sé que cerraras los ojos.
Entonces. Desearas que la moneda caiga más por un lado que por el otro.
Ahí tienes la respuesta.

Yo hace tiempo que tiré la nuestra.
Y salió cruz.
Cruz, que eras tú.




viernes, 16 de diciembre de 2016

Vidas X

Lo intentaste y te salió mal la jugada.
Quizás no deberías haber empezado por el final.

A lo mejor lo de enredar vidas a la tuya nunca fue tu punto fuerte.
Por aquella  rubia salvaje que te dejó marca y cicatriz.

Quizá ella tenía años de menos y gustos de más.
Puede que fuera tan de sur, que no la creyerás capaz de adorar el gris.

O que el problema fuera otro, bien distinto;
como el hecho de que no recordaras su nombre pero sí, las curvas de su vestido.
Ni recordaras los sitios de aquella noche pero,
el momento de cruzártela aún se te repite en bucle en la retina.

Quizá todo fue demasiado deprisa como para augurar un buen final
incluso antes de empezar.
Y los dos tirasteis con más fuerza de la cuenta, de una cuerda floja
que siempre acaba rompiéndose.

Puede que fuerais dos de esas vidas x.
Si.
Vidas 'equis'.
Aquellas que comienzan lejos, a muchos kilómetros, que se van construyendo con distintos materiales con el paso del tiempo, a las que el cariño trata de manera diferente.
Y entonces, llega el día menos pensado.
O la noche,
porque todos sabemos que las mejores historias solo tienen por testigo a la luna.

Llega una de esas noches, inesperada, menos-soñada;  y como la grafía de la x junta estas dos vidas en un momento escrito en ninguna parte.
Pero también, como esa misma grafía, el tiempo se escapa y las dos vidas que han compartido algo más que dos míseros holas, vuelven a no verse.
Jamás.

Quién sabe.
Quizá ella y tú, no érais más que eso.
Vidas X.




















a C.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ficciones perfectas

Tenía los ojos más bonitos de toda Malasaña.
Creo que fueron ellos los que me hicieron fijarme en un tipo cómo aquel.
A día de hoy, aún desconozco el color exacto de aquella mirada.
La recuerdo grises los días de lluvia  y frío, durante los noviembres y del verde más intenso que le faltaba a la capital cuando brillaba el sol en primavera.

Me gustaban nuestros encuentros fortuitos. Yo, pidiendo café para encontrarme con una mirada como la suya; yo, que no había probado aquel brebaje en mi vida.
Adoraba las noches de Café Libertad sin sabernos quien.

La primera vez que tropezé con aquella sonrisa supe que lo conocía, pero ¿de qué? Nunca hubiera olvidado una presencia como aquella.
Me encantaba su aroma cada vez que se paseaba nervioso de un lado a otro del café, creyendo que nada iba a salir bien. Y al mismo tiempo le restaba importancia con su sonrisa canalla.
Y su barba de tres días. Cielos, adoraba esa maldita barba.

Pero él desapareció con el tiempo. Y yo, dejé de frecuentar el mismo local cada diciembre.
Desapareció él...o fui yo, no lo recuerdo.

Puede que le de demasiadas vueltas a la cabeza, y con tal de no ahogarme use recuerdos como botes salvavidas. O que a veces exista en realidades paralelas.

Puede que aquellos ojos no fueran los más bonitos de toda Malasaña, pero si son los más bonitos con los que he tenido el placer de tropezarme.
Puede que no acostumbrase a pasar los diciembres en el café Libertad, que no pidiera nunca aquel estimulante para encontrarme con su mirada.

Puede que ese pasado, no fuera tan pasado cómo recuerdo, y que el presente tenga algo que ver en esto.

Y que él no esté tan lejos, ni hayamos desaparecido.
Puede, que no hable de Madrid.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Sin ella


Vivo nadando en un sinfín de contradicciones que me suponen las novedades.
Un mundo de suposiciones y exento de certezas. En el que una muestra de cariño es un visto de whatsapp con contestación, y un recuerdo es una captura de pantalla, que ninguna de las dos partes vivió en persona.

De nuevo domingo, y el sol compostelano se empeña en tatuarnos la piel.
Y desde mi ventana no puedo adivinar la vida.

Domingo de leer cartas para recuperar un romanticismo que considero perdido.
Cartas antiguas, recientes, de cariño, de nostalgia, de desesperación.
He leído una que en especial ha sacado a las lágrimas de paseo como a los perros.
Por lo que supone, por el vestigio de vida al que me agarré entonces, y que no se quedó conmigo.
Yo, escribiéndole hace casi un año, aún en enero, a alguien que se fue demasiado pronto, a uno de los que presume de alas por entre las nubes. Para luego no encontrar la manera de hacérsela llegar, para que las manchas de tinta se borraran con agua.

"Querido ángel, no sé si de la guarda, o de la juventud eterna,
hacía tiempo que no te escribía.
¿Cómo vas?
No pregunto qué tal llevas la sonrisa, porque sé que se hizo inmortal.

Hoy me ha dolido un poco el alma. Me la has arañado sin querer.
Dos 365. Dos, sin ti presente.
No te conocí más allá de las palabras de los que siguen sangrando tus heridas.
Espero que se te llene el alma con cada sonrisa de ella. Nunca has dejado de hacerlo.
Espero, que hayas aprendido a desplegar fuerte tus alas.

Sólo te pido que no te la lleves todavía. Tengo miedo. De no llegar a tiempo. De que sea demasiado tarde.
Dile a Dios que aún nos queda vida,  a ella y a mi, para compartirnos.
Que aunque no se lo diga, la quiero.
Y lo valoro lo suficiente por el hecho de que sé que está siempre, pero ¿y cuando me falte?

No te la lleves, por favor.

Carolina"

Pero el tiempo pasó y nos dejó su efecto devastador.
A mi sin ella,
sin respuestas a las incógnitas más grandes, sin despedidas merecidas.
Sin poder darle el último te quiero.
Con el único recuerdo de una cama de hospital y de una llamada, días antes diciendo que se había despertado.
Estúpida y caprichosa esperanza, que se empeña en hacernos creer cuando lo que nos ahoga es el tiempo.

Y no ha dejado de dolerme el alma.
Ni se ha evaporado el miedo.
Sólo que ahora, ese ángel destinatario tiene algo más de compañía.
Y ella nos abraza con la forma de las estrellas, brillantes y perfectas,
a años luz de un abrazo.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Tengo que dolerte

Quiero ser con las luces apagadas y sin salidas de emergencia.
Que los únicos límites que nos pongamos sean los del cielo,
por faltarnos alas a la espalda.

Quiero convertirme en el bote salvavidas delante de tu puerta,
y salvarte los domingos a base de poesía.

Quiero declararme colgante en la línea que une tu hombro con tu cuello.
Quiero que me saques a bailar sin que yo te lo pida.

Y que nos lluevan otoños, y nademos entre primaveras.
Que los veranos se construyan sobre la historia interminable,
y a los inviernos los vigilemos de cerca.

Quiero surcar mares, en modo pirata y en barco de vela.
Y descubrir el tesoro que esconden todas tus promesas.

Y romper enero con los dientes, y creer que puedo.

Quiero hacer de mis labios una boca de metro,
y que se me escapen por ella
todos los adjetivos que te tachan de perfecto.

Quiero que me dejes el timón, y el mando, y el calendario,
y que no nos quede más opción que la clase turista,
y que no sepamos hacer más que un aterrizaje forzoso.

Quiero confundirme con el brillo de tus ojos,
con los colores de un atardecer en Cádiz.
Y balancearme sobre tus pestañas
las horas de fiesta y siesta.

Quiero completarte y comprenderte,
pero para ello,
tengo que dolerte.


A través de las canciones

Es como si te estuviera viendo.
Como una mirona en una estación desde todas las paradas que te retornan al hogar.
Porque hoy me regodeo un poco más en mi locura.

Como si te viera.
Demasiado ensimismado con tus recuerdos como para darte cuenta de que la chica del vestido blanco te mira desde el vagón de enfrente.

Ella es de las que se imagina la vida en raíles de tren. De las que vive del cuento.
Y os habéis cruzado solo en esta última parada,
entre dos y tres segundos- pero jura que te conoce.

Demasiado entusiasmado con nuevas melodías y con la música lo suficientemente alta en tus oídos como para encerrarte en tu mundo.

Como si viera que te pellizca el corazón el sonido de esa guitarra, y que tienes a alguien esperando al otro lado del billete.
Como si supiera lo que te cuesta escuchar tu corazón, y que no sabes rozarlo si no es con arañazos.

Como si mi cabeza me dejara imaginarte en el transcurso de tus horas sentadas,  con pies dormidos y pentagramas demasiado despiertos
y me gritase un 'búscame'.

Pero no es más que eso, imaginación.

No es más que el secreto de dos velas que se consumen en lugares diferentes,
de dos extraños que compartieron cuatro letras y dos palabras.

Es como el secreto mejor guardado de mi vida necesitase desvelarse en la tuya,
derramándose sobre una arena que nunca pisó antes,
queriendo ser norte.

Como si tú y yo, fuéramos un yo y un tú demasiado complejo,
que sólo fuera posible a través de las canciones.

a L.

No te vayas

Y el sol no va a decirnos adiós sólo porque tú decidas marcharte.
No quieras creerte importante.

Es más. No te vayas.
¿Me contradigo si afirmo que sus rayos de tarde me susurraron que volvieras?

Quédate.
Por favor.

Sé que las luces de la capital le roban el corazón a cualquiera,
pero aquí necesito tu aliento.

Quiero que me enseñes tu forma de sonreirle al alma.
Aunque sé que lo tuyo son las madrugadas.

Aprovecha que los rayos de sol han venido para quedarse,
que la lluvia ha colgado bandera blanca.

Aprovecha que es diciembre y se nos van las horas.
Aprovecha que el día dura poco para encandilar mis noches.

Quédate y me arrancas está melancolía de ti.
Que no entiendo cómo encajar dos piezas de puzzle tan diferentes a la perfección.
Quédate- que me han dicho que eres experto en recomponer los corazones.
Que se te dan de miedo los rompecabezas.

Quédate y vuélveme a enamorar.
Pero esta vez que no sea en abril.

No dejemos pasar ni un minuto más, que corremos el riesgo de que se nos escape la vida.

Sé que las vidas de la capital te llenan hasta rebosar.
Que ahora
todo lo que tendría que haber ido mal está saliendo bien,
y lo bueno, ahora es mejor.

Sé que tienes a los mejores a tu lado.

Pero concédeme una hora, para convencerte de una vida.
Concédeme una hora para poder explicarte los motivos por los que lato
mirándote a los ojos.

¿Los ojos no eran el espejo del alma?

Ven y adéntrate en la mía.
Descifra el braille de mi memoria sin que duela,
y permite que nuestros minutos no se nos escapen de los dedos.

Vuelve.
Ahora que mis ojos quieren encontrarte en cualquier rincón del invierno.
Que te has perdido las primeras luces del mejor ocaso de tu vida.

Vuelve.

Ahora, que me faltas.


SCQ

domingo, 4 de diciembre de 2016

Ni te atrevas

No la dejes escapar.
Ni te atrevas.
Porque mira cómo se te cae la baba cuando contemplas sus andares.
Cómo la echas de menos hasta un punto que no habías conocido nunca.
Cómo te vas a dormir sonriendo, porque te dio las buenas noches,
o qué bien que lo pasas cuando la recuerdas.
Qué bien, si ella está de vuelta.

No la dejes escapar,
porque muchos se han enterado del secreto que supone la felicidad de estar con ella,
pero tú, amigo, eres el único capaz de llevarlo a cuestas.
Tú eres el responsable de que esa felicidad se desprenda.

Nadie te dijo que esa responsabilidad sería tan grande.
Nadie, que sería fácil.
Que supondría mil alegrías maquillando el sudor y las lágrimas de la trastienda.
Una trastienda en la que nada es de color de rosa, en la que las peleas
están a la orden del día
y la distancia se empeña en guardarse un as en la manga.

Te has llegado a plantear si realmente merece la pena.

Pero la miras, y piensas que qué iba a hacer un tipo como tú sin alguien como ella.
Te habían hablado muchas veces del amor, y nunca quisiste escucharlo.

Supones que el amor, será algo relacionado con ella.
Y supones bien.

No la dejes escapar, que te trae de cabeza.













































Ella.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Hasta qué punto conoces

"Esto yo ya lo he vivido"
Me ha pasado todas las veces que me asalta tu recuerdo. Una sensación de déja vù constante, como si el día de la marmota se hubiera instalado en mi vida.
Y no tengo problema en admitir eso de que sigues aquí dentro. ¿Tanto te cuesta salir? O eso o que mi cabeza está estructurada como el más difícil de los laberintos.

Sigues dentro, pero en versión mejorada: una 2.0 de cariño y punto canalla.

Y no sabes hasta qué punto conoces mejor a los extraños que a tu puta media naranja.
No lo sabes hasta que todo se acaba.
Y quieres agarrarte a algo, a esa entrada de cine, a un colgante que nunca quisiste, a aquella cena que acabó en disputa.
Quieres agarrarte incluso al sonido de una risa.
Pero no lo sabes.
Al menos no hasta que eso de latir por alguien pasa a estar en un segundo plano y se funden tus prioridades como los restos de un metal que ya no tenía valía.
Hasta que te quedas solo o acompañado de nadie.

Y es ahí cuando quieres darte cuenta de que la velocidad se ve, pero tú estabas demasiado ciego, demasiado ocupado, y distraído.
Cuando quieres darte cuenta de que esa chica era la que te había sacado tu sonrisa preferida. La que sabía destapar la mejor versión de tu persona, y curarte todas las heridas.
Cuando la has perdido.

Entonces intentas en vano engañarte. Decir que todo va a salir bien, que siempre hay una segunda oportunidad, que hay que dejar pasar tiempo, y tener confianza. Que si te quiere volverá.

Pero es demasiada confianza para alguien que apuesta tan bajo.