lunes, 13 de febrero de 2017

Lunes de comienzos a medias

Lunes con olor a café- aunque yo ni lo beba.
Lunes de despojarse temprano de pijamas que te dejaban volar la imaginación.
Un pijama con restos de mi perfume, y rescoldos de sueños, que aún pueden quemar si los acaricias con los dedos.

Hoy el sol se siente perezoso, hoy le da miedo levantarse, por si hace demasiado ruido, por si le faltan las fuerzas. Las nubes le han cogido la vez. Y la luz se fue.
Hoy el norte, se parece un poco más a lo que fue, ya se le ha pasado la euforia de querer querer. Ya se ha dado cuenta de que la vida sigue con cuestas y sin ellas. Que la cuesta de enero pasó, y la de febrero viene llegando contigo sobre ella.

Lunes y 13. De mis preferidos. No porque sea primer día de la semana, sino porque es Febrero, y porque mañana vuelo. Vuelo a perderme, a seguir borrando kilómetros que me escuecen en los abrazos y en las mejillas.
A casa.

Y Extremoduro me amenza con una confesión silente, y si te vas llama a mi cabeza como un intruso.
Y Rulo y la contrabanda me teletransporta a aquel Noviembre en París.
Y Nada que decir me araña la vida en los días tristes.

Pero me han dicho muchas veces que aprenda a mirar dos veces, que consiga no tomarme las cosas tan a la tremenda.
Y para ello no hay nadie mejor que la música hacerme comprender.
Este lunes,
éste, es de Estopa, y su con el viento:

"Ya no me tomo los latidos tan apecho 
Mi corazon insatisfecho, se ha calmado 
Sinceramente, ya no me miro al espejo."


Y toca volver a empezar. Y volver a levantarse como te han enseñado. Primero un pie, después el otro. Si ves que no puedes apóyate en los codos, y luego usa las manos. Camina. Mira al frente y sigue. Que Compostela continúa preciosa y le apetece contemplar tu culo pasar.


[Recordando el azul Compostela]



miércoles, 1 de febrero de 2017

Firenze

Y mientras viajo por una ciudad donde nada es como recuerdo, me sorprende el caos.
Un dulce caos organizado rige la urbe.
Cinco días que me han servido para desconectar y residir en una realidad paralela, para paladear mi mini-Erasmus particular, para morir de envidia, y querer quedarme a vivir.
Cinco días para conocer a personas que sé que quiero conservar siempre.
Para desquitarme de echar de menos a quien fui a ver.
Él estaba cómo pez en el agua. Y no lo culpo. Se lo ha ganado a pulso, ya era hora de que las cosas le fueran a pedir de boca.

Es demasiado temprano. He dormido cerca de dos horas y el sueño me hace desvariar.
Bus Firenze-Pisa a las cuatro de la mañana, con una tira de fotos de los dos metida entre las páginas del libro que me estoy leyendo.
Foto en blanco y negro, como de costumbre.
Para que el monocromo esconda un poco la alegría de los reencuentros, y contraste con la belleza de la ciudad.
Hora larga de bus en la que me apetecía escucharte cantar. Y sin quererlo ni saberlo, me has acompañado durante todo el viaje.
Todos han oído hablar de ti.
Les conté cómo te conocí, cómo entraste a mi vida de casualidad. Y cómo intento que no te desintegres.
En mis oídos, te he dado un respiro, ahora entre tantas vidas, juego a sentirme sola- rumbo a Madrid, y la voz de Escandar quiere recordarme tu sonrisa; y la de Diego, traerte volando a mi cabeza.
Y yo, no sé si aguantaré sin llamarte cuando vislumbre el cielo la capital.
Sólo para hablar, para contarte el viaje, para compartir retales de un carnaval sin disfraces.
Sólo para que no te olvides de mi.
Quiero decirte que si no has estado, Florencia es un lugar magnifico para sangrar tus canciones y poner a bailar las cuerdas de la guitarra.
Es una ciudad sin sueños dónde siempre queda alguien despierto.
Una ciudad, que cómo dije, se rige por el caos, y la ley de la selva es la única a cumplir.
Una ciudad que te devuelve las esperanzas que creíste perdidas, y los recuerdos más dolorosos.
Es un lugar al que volver siempre será una opción.
En cierta manera, te digo que nos parecemos, a ninguno nos gustan las despedidas.


viernes, 27 de enero de 2017

Bella

Hay quiénes siguen creyendo en la suerte
Quiénes miran los aeropuertos como un punto de la mejor de las partidas.
Y todavía quedan parejas enamoradas.

Concretamente, una.

Diez de la mañana.
Tarde para madrugadores y temprano- tal vez demasiado- para el resto de la capital.
Termina enero y el cielo de Madrid lo llora.
Cómo si fuéramos a echarlo de menos.

Barajas. C44.
Rumbo a Pisa.
A pisar el hastío, la falta de ganas y la somnolencia. A adivinar todas las luces de una ciudad desde Santa Maria de Fiore.
Todavía somos muchos los que pensamos en Italia como destino perfecto.
Ellos también.
Tendrán mi edad, como mucho dos años más.
Pero son de los de antes.
De los que se quieren con ganas y vuelan con guías de viaje.
A él parece que le gusta sorprenderla, y ella siempre va a dejarse sorprender.
Sólo hay que mirarle la sonrisa.

Yo me sumerjo en mi mundo.
Puede que el cansancio esté de más y que mi relación amor-odio con los aeropuertos quiera llamar a la puerta.
Viajo con Extremo.
Es turno de mañana de 'Locura Transitoria' en bucle.
Y allí, me espera una pequeña parte de lo que entiendo por paraíso, al que prometí volver.

Viajo para perderme, o por placer.

Y a mi cabeza regresan unas pequeñas botas de agua rojas, descubiertas en horas de espera.
Un niño que arrastraba una maleta que le doblaba el tamaño con cara de felicidad.
Y me entran ganas de clavarme una sonrisa permanente entre las mejillas.
Por ver la vida pasar.
Por disfrutarla.


sábado, 21 de enero de 2017

¿Y cuánto escuecen los ojos?

Parece que ha llegado el momento de despedirme.
Y sabes que lo odio, abuela- detesto las despedidas- nunca terminarán de ser justas.

Pero, como nos intentan hacer entender, es ley de vida.
Y aunque me pregunte de qué vida es ley, y a qué precio, eso no va a traerte de vuelta.

Permíteme que hoy lo vea todo monocromado. Que el azul del cielo no se grabe en mis retinas y mis piernas flaqueen.

Permite que no encuentre diferencias entre el principio y el final.
Que sé que has estado siempre entre la más feliz de las felices-y yo eso me lo guardo dentro-, que has alzado el mundo sobre los hombros y lo has lanzado lejos otras tantas veces.
Que has disfrutado todo lo que te dejaron, y aun más.
Que has creado una familia maravillosa en todos sus aspectos, una familia imperfectamente perfecta.
Pero abuela, ¿sabes una cosa?
Vas a verle. Después de tantos años. Tenías ganas, ¿verdad?

El recuerdo que te dejó va a volver a ser, ante tus ojos.
Supongo que ahora te toca aprender a volar, cuida bien esas alas.
Tienes buen maestro, así que no me preocupo.
Pero, no nos duelas mucho, ¿vale?
Quédate siempre en nuestro corazón, con esas ganas locas de bailar, con esa alegría incombustible y con esos ojos verdes.
Quédate hasta que hagamos mucho ruido, hasta que ya no puedas más, hasta que la risa le pueda al llanto.

jueves, 19 de enero de 2017

Reproducciones aleatorias

Tú tan lejos de casa.
Como si los kilómetros se convirtieran de repente en millas.
Con el mismo frío que aquí, pero a los pies de Madrid.
Con frío que tu toleras, por presumir tanto de norte.

Tarde de concentración- o mejor noche. Extrema, agobiante, suprema.

Música de más en los oídos (queridísimo Fitzsimmons).
Y a veces la reproducción aleatoria juega malas pasadas.
Lianne.

He escuchado la voz de tu reciente descubrimiento. La que a mi me llegó otro dieciocho.
Un 18 teñido de mil colores esperando para verlos.

Entonces atardecía sobre Wembley, y yo volvía a estar a miles de kilómetros de ti, con alguna que otra hora de menos.

He intentado adivinarte escuchándola.
Lianne, como tú, es magia, pero con nombre de mujer.
He intentado reconstruir los hechos, con mis mejores habilidades del cluedo,
rememorar la escena.

Tú deleitandote con una voz maravillosa- no se si por casualidad o por recomendación- derritiendo tus ojos al descubrirla de amarillo en un salón cualquiera.
He intentado vislumbrar si se te quebró el recuerdo desde la primera nota que salió de sus labios.
O de si la primera canción fue con la que yo tropecé siete meses antes, en aquel viaje maravilloso viaje por las tierras del Támesis.

Pero tú sigues tu camino, progresas la vida- más de lo que ella te podría progresar a ti.
Te enamoras de las cosas bonitas, y te encanta soñar a contrarreloj.
Una vez me dijiste que así sabías lo que ibas a soñar y lo disfrutabas el doble. Que de esta peculiar manera revivías sólo los momentos indispensables y burlabas a la memoria selectiva.

Y yo no te culpo de nada, excepto de las ganas que tengo de verte de nuevo- las ganas,
de que los kilómetros se vuelvan diminutos y vuelvas a brindar tu guitarra ante mis ojos y a salpicar de lluvia tu adorado sombrero.
Las ganas, que siempre se lo llevan todo.


The city- Junio '16

Pensamientos encadenados

Hace no mucho llegó a mis oídos eso de que el silencio creaba la locura.
Y quien me lo dijo tenía toda la razón.
El silencio puede ser la paz utópica de toda guerra, la calma detrás de cada tempestad estival o el descanso de cualquier situación extrema.
Pero a la vez,  puede tornarse en la peor de las pesadilla.

Llevo notando su presencia desde hace días.
Y si el silencio se une a la soledad, estás perdido.

No grites, no corras, no intentes escapar ni dejes atrás la inmensidad de tu cabeza. Únete a ella. No tendrás el valor de afrontarla.

Me ha pasado más veces eso de sentirme terriblemente sola en la más abundante de las compañías.
Y no sé, si soy yo la que no encaja en el mundo o, son los demás, los que no van conmigo, ni siguen mi ritmo. O no lo comparten.

No comparten.
Y es triste eso de no conformarse con nada.
De querer más y más, siempre para sentirse realizados
y no disfrutar del cómo y del con quién vienen las cosas.

Triste, que seamos tan dispares- hasta el punto de no querer entenderlo o aprovecharlo.

Mi cabeza está gris, y mi mundo patas arriba.
Vivo con miedo a descolgar el teléfono y descubrir de hay otra vida que se ha desvanecido de la mía.
Y con la certeza de no necesitar respuestas, si van a ser negativas.

Siempre me han dicho que me tomo las cosas demasiado a pecho, que espero mucho de la gente.
Pero,  ¿han probado a vivir intensamente? ¿a poner el práctica un 'carpe diem' a la medida de nuestras cabezas?
Es cierto. Vivo muy a pecho y quizá por eso las heridas duelan más.

Pero no sé como cambiarlo.
Ando buscando la fórmula exacta para todos mis males, algo de atención con una pizca de cariño y exento de todo drama.
Venga, por favor, que si estamos aquí ahora y hemos sido capaces de elevarnos contra todo pronóstico fue por que pudimos. No más quejas, ni lamentaciones.

Que fuimos capaces de montar nuestra torre en un minúsculo grano de arena, dentro de toda una playa.
Pero hoy no es mi día. Es uno de esos en los que el temporal barre las orillas.

Y las torres se tambalean.
Y hay miles de ellas a tu alrededor pero,
ninguna es la tuya.
Ninguna tiene tus vistas, ni va a estar siempre para ti.

Y en la fracción de segundo que se escapa el último rayo de sol por el horizonte, no sabes.
No sabes si saltar al vacío es un plan de huída,
o la única solución.




sábado, 14 de enero de 2017

Una no-despedida

Hoy puedo decir que me siento en el país de las maravillas.
Pero en lugar de ser mi No-Cumpleaños, esto es una no-despedida.

Me encanta volcar las palabras, rebosarlas del vaso, verlas manchando la luz con su porte de negra elegancia.
Pero a la hora de decirlas, a la hora de expulsarlas de mis labios,
no me veo con fuerzas.
Incapaz.

Siempre me quedan cosas por decir.
Debo tener la conexión cabeza-corazón averiada, para no ser capaz de demostrar con palabras lo mucho que me importa alguien.

Y lo poco que me gustan las despedidas.
Y lo mucho que me cuesta dejar atrás las cosas bonitas.
Y lo que disfruto descubriendo almas que me llenen la vida,
almas que estén en buenas en malas y en peores.
Personas que aunque veas cada vez menos, sabes que podrías contar con ellas con los ojos vendados caminando sobre rescoldos.
Personas a las que confías tu último día.

Si ya me lo dijeron con aquello de lo que rápido viene, rápido se va.
Pero a mi me encanta hacer oídos sordos.

Puede que estos días te hayan servido de reflexión, que hayas decidido que tu vida está mejor lejos.
Que haya llegado el momento de conquistar el sur.

Puede que estés cansado de frío, o de nosotros.

Puede que ahora mismo, todo sea inminente, y de miedo-mucho miedo.
Que el pavor te esté recorriendo las entrañas por dejar atrás lo que una vez disfrutaste tanto
Pero que también estés expectante, intentando adivinar que te deparará la suerte.

Suena la primavera trompetera, pero aún queda mucho para ver nacer flores.

Suerte, amigo.
Quema los paraguas, allí no creo que vayan a hacerte falta.
Y así llevas a cabo la venganza de nuestra parte.

Pero vuelve.
vuélvete a Triana,
y espéranos con ganas.

Que de mi, de nosotros, no vas a librarte tan fácilmente.
Y de las goteras del norte tampoco.




Exceso y defecto

Si quieres te cuento por qué supe entonces que esto no nos llevaría a ninguna parte.

Era  abril y tú, queriendo parodiar mi película favorita, me sacaste de pronto a bailar.
Raro en ti, que preferías no rozar las emociones fuertes.

-Puedo hacer de Darcy.- Dijiste riendo.- Sólo que en este caso, no la copiaríamos todo. La película se llamaría Exceso y Defecto. Si. Me gusta el nombre. Tu serás mi querida Miss Bennett, tan excesiva y voluptuosa y yo, el defecto mayor del reino.

Y te dio por reír, como pocas veces para dejarme pensando.

Cavilé sobre esos excesos que me achacabas, o la clase de defectos con los decías no estar a la altura.

Había excesos de equipaje, de besos, de planes de calendario.
Excesos de alcohol, mezclados con música comercial que te chirriaba en los oídos.
Excesos de deseos y excusas.
Excesos de ganas, de distancia y de insomnios.

Puede que al analizarme encontrara que quería de manera excesiva.
Mi filosofía era que las medidas podían abarcarlo todo menos el cariño.

También había algo de excesos en los errores cometidos y de coordenadas incompatibles.

Pero después llegó la hora de detectar  defectos.
De ti sólo arranqué uno, el quererte tan sumamente poco.
Pero también hallé en el mundo defectos de forma, de tamaño,
de logros,
defectos de tiempo y momentos.

Defectos que tú ignoraste, cuando eran tus mejores virtudes.
Y excesos, por mi parte, que me dejaban en el subsuelo.

Fue aquel abril, en que tu seguiste llevándome con pasos torpes. Pero no recordaste que tenía miedo a la oscuridad, o que era más de agua que de tierra.
Olvidaste que Darcy y Elizabeth cambiaban las posturas en el transcurso de su tórrido romance.

Y tú que tan defecto te llamabas, te quedaste con todos mis excesos.
Y yo,
embalé una caja de defectos de mi.

Los tuyos se habían quedado para el recuerdo.
Y si quieres, te lo digo ahora,
fueron los que me hicieron perder la cabeza por tu risa.


viernes, 13 de enero de 2017

Cuando los viernes dejaron de molar

Viernes.

Atípico, arrítmico, asténico, apático.

Viernes con A.

Viernes, y encima trece.
Aunque sea mi número de la suerte.

Y es inevitable que la superstición se cuele por las rendijas
de las ventanas.

''Ni te cases...

Y no. No voy a casarme, no ahora, al menos.
No, porque hoy en día la gente no lo haga, no por que hayamos aborrecido las tradiciones, ni porque no fuera un día estupendo para darse un si quiero de por vida sobre un altar vestida de blanco. Tampoco porque no me gusten los vals.
No porque odie enero.

...ni te embarques.''

Estoy a algo menos de una hora de mar del norte- del más cercano.
Casi las nueve y odio no ver el azul porque el brillo de la luna sea el protagonista.
No, porque es demasiado tarde.
Porque no conozco ningún puerto en el que queden barquitos de papel aptos para soñadores.
No me embarco porque desde el Titanic le tengo miedo a flotar las aguas, y sin embargo, vivo enamorada de sumergirme en ellas.
No, porque no extrañe, la sal en las heridas.

Tampoco es día de películas de terror- que tanto se han aprovechado del miedo humano.
Y cuánto las echo de menos.

Fuera amenaza con helar- dicen que el fin de semana carga con brisas del polo.
Fuera, quieren arremeter contra las ventanas, un tal tímido invierno que llega tarde,
como nosotros, cuando no nos viene bien la vida.

Y Fredi Leis eriza mi piel casi translúcida. Quiero pensar que el cantautor gallego quiere entenderme.

Y miles de letras ordenadas amenazan con escaparse de las sinapsis escasas de mis neuronas.
Y yo, de exámenes- de periodos malos, dentro de etapas maravillosas.

Viernes atemporal, cargado de una Locura transitoria de Extremoduro.

Pero viernes, al fin y al cabo.
Y yo que sigo siendo supersticiosa.






miércoles, 11 de enero de 2017

Mar y lluvia

Te propongo un plan.
Vamos a sernos de la mejor manera que sepamos.
Quiero más agobios, de los que sólo tú sabes calmar.
Quiero que te olvides de todas las fechas señaladas, porque cada día nuevo se nos convierta en una aventura.
Que cuando la cordura nos empiece a abandonar saques tu traje de payaso del armario, y termines de arrancarme los esquemas.
Quiero que desempolves todas mis ganas y mis ilusiones.

Quiero volver a conocerte.
Y a enamorarme de tus defectos.
Como aquel diciembre.

Quiero pasear contigo y vivir en un ahora, sin pensar en el luego ni acordarme de los antes.
Quiero abrir las ventanas cada mañana y que el cielo nos sorprenda de las mejor de las maneras.
Y que nuestros abrazos sigan oliendo a mar y lluvia.
Y que el cariño no se desvanezca como las nubes al amanecer.

Quiero que sigas siendo mi tonto del culo. Del mío, y que reclames sus derechos.
Quiero que te sientas capaz de todo, pero sobre todo, que lo consigas.

A cambio prometo seguir siendo tu idiota de la guarda. Y quererte en francés. Y bailarte todos los tangos que no me sé.
A cambio nunca te prometeré un siempre, porque sé que los detestas.
Pero puedo prometerte un depende, un 'cuando suba la marea' ó un 'avísame cuando regreses'.

Quiero que seas mi loco al que pillé bailando para que Izal me deje destapar la botella de sueños-para ser tu mujer de verde.

Y que la fuerza, nos acompañe y sigamos creyendo en las hadas durante eones.

Quiero que sigamos siendo el punto cero en una brújula que no señala al norte.


(Carrie Fisher y Harrison Ford)
A L.

viernes, 6 de enero de 2017

Personas Luna

Hay personas que son luna.

Que son luna porque van por ciclos, porque brillan en la oscuridad compitiendo con el fulgor de las estrellas.
Que lo son, porque están siempre aunque ni podamos verlas.

Son personas luna porque son eternas, porque aparecen cuando creemos que ya no hay nada que hacer.
Porque endulzan las noches y engalanan las malas épocas.

Hay personas que son luna porque sin moverse, dan vueltas a la tierra, porque a veces nos parecen tan viejas como nuevas.
Porque nos enseñan cómo creer en la magia.
Porque pueden menguar tus penas y hacer crecer tus ilusiones enseñando una sonrisa inmaculada.

Pero cuidado con encontrarte una de esas personas luna. No vayas a perderla de vista si tienes de tu parte a la suerte.

Aunque una cosa es segura, si se te escapa debes saber que no tienes que retenerla.
Y lo más importante, puedes admirarla de todas las formas que se te ocurran, pero por nada del mundo, la bajes de su cielo.



jueves, 29 de diciembre de 2016

Equilibrista de sueños

Mantén el equilibrio.
Sólo depende de ti.
Que tu cabeza y tu corazón supongan lo mismo sobre esa balanza, ajada, que es la sociedad.
Hazte equilibrista de sueños sobre la cuerda de la vida.
Demuéstrales quien manda.
Que tus ideas pesen exactamente lo mismo que tus miedos. Que los sentimientos abracen a la razón.
Deja al corazón volar y que la cabeza tenga que mirar desde abajo, bien lejos para que se sientan a la misma altura.
Comprende la frialdad de la cabeza y la calidez del corazón- y no los excuses- quiérelos por lo que son y por cómo te reconstruyen, cada vez que te rompes.

Siempre has querido razonar y has razonado querer por igual: dando motivos, explicaciones y las gracias.

Pero, ha llegado la hora de la verdad, el momento en que vas a poner en práctica todo lo aprendido.
Ese momento en que vas a dejar a un lado tu parte más visceral, y también la más metódica, y vas a cambiar de manos.

Siempre has intentado, con esto, llevarle la contraria a la vida, sumergirte en el mar de dudas, y nadar.
Nadar.
Nadar a contracorriente, sin día soleado, con estrellas gastadas y lluvias torrenciales.

Pero se acabó, que de tanto mar, se nos arrugan las comisuras de los labios.
De tanta sal, escuecen más las heridas abiertas.
De poco sol, se desgasta la luz la mirada.

Siempre elegiste la izquierda para llevar el rojo y la diestra, para colgar luces.
Pero, ¿y si nos diera por voltear el mundo?
Por verlo boca arriba.

Te diré que la derecha derramaría la sangre del querer, y la zurda brillaría más que las estrellas.
Que el norte sería sur; el sur, norte.
Que veríamos atardecer con los primeros rayos del sol.
Que no seríamos más que el reflejo de un espejo que descolgábamos de aquella pared hace tiempo.

Por eso, y porque se nos va la vida con veinte años, porque se nos gastan otras 365 vueltas de sol y ya Diciembre
dejó de ser el mes de las sorpresas.

Por eso, y por lo que viene.
Deja la contracorriente, olvida la corriente que siguen las masas.
Sigue sólo tu camino, que no, sola.
Piensa con el corazón y quiere con la cabeza.
No ansíes cambiar el mundo y empieza por cambiarte a ti.

Ah, y no lo olvides:
Mantén el equilibrio que te caracteriza.
Mantenlo, siempre.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Opcional

Tenemos dos opciones. Siempre hay al menos dos.
Jugar para ganas o para perder. Participar no es una de ellas, está implícito en el juego.
Dos opciones. Caernos y levantarnos; o seguir lamentándonos en el suelo.

Ver amanecer,o ver anochecer. La gente siempre prefiere la segunda, la fácil. Total, si vamos a estar despiertos ¿por qué no mirar al horizonte?
Pero luego, a la hora de la verdad, nunca lo hacemos. No vemos más allá de nuestras propias narices.

Tenemos la opción de reír o llorar. Aunque en esta ocasión yo siempre defendí el llorar riendo. En ese preciso momento en que las lágrimas desbordan tus ojos, simple habrá alguien que te exprima la última carcajada. Entonces te darás cuenta de que ese alguien merece la pena.

Tenemos la opción de tener muchos amigos! O de tener a los mejores: los que se pelean contigo más de lo que disfrutan, los que te echan de menos más de lo que los tienes delante. Sin embargo, sabes que al volver no se moverán de tu lado. Sabes que al volver, nada habrá cambiado.

Y en estas dicotomías es imposible no poner sobre la mesa el corazón. Podemos querer mucho, querer intenso, fuerte y apasionado. En mi caso, prefiero querer bien, querer queriendo.
Y todo porque sé que si quiero mucho el que termina sufriendo es mi corazón, por no recuperarse del exceso de cariño ni del síndrome de abstinencia de la pérdida; pero, si quiero bien, ese cariño me será devuelto de la mejor de las maneras: la desinteresada.

Tenemos la opción de playa o montaña, de frío o de calor, de invierno o de verano, de aire o de tierra.
Nuestra vida es un debate continuo entre dos opciones, aunque no queramos darnos cuenta. Pueden presentarse mil más, pueden fusionarse, moldearse pero, en nuestra cabeza siempre se terminarán imponiendo dos.

Dos, entre las que tendremos que elegir para que, al final, sólo quede una.
Dos, de las cuales, una no valdrá.

Y cuando elegimos, es porque estamos seguros. Porque la opción que se yergue ante nosotros es la adecuada.
Porque es la nuestra.

Eso lo aprendí de ti. Podemos maquillar el tú y el yo en un nosotros siempre que quieras. Pero las dos partes siempre estarán presentes.
O tú.
O yo.
Nunca nosotros.

Me dijiste muchas veces que no sabías, que cómo demonios hacía para elegir si salvarme de la quema y entregarme a ti o ser libre en soledad.
Es sencillo. Tienes que buscar una situación límite y enfrentar tus dos opciones.
Luego, asignadas a cada lado de una moneda,
Y tírala por los aires.
En la décima de segundo que quede suspendida, sé que cerraras los ojos.
Entonces. Desearas que la moneda caiga más por un lado que por el otro.
Ahí tienes la respuesta.

Yo hace tiempo que tiré la nuestra.
Y salió cruz.
Cruz, que eras tú.




viernes, 16 de diciembre de 2016

Vidas X

Lo intentaste y te salió mal la jugada.
Quizás no deberías haber empezado por el final.

A lo mejor lo de enredar vidas a la tuya nunca fue tu punto fuerte.
Por aquella  rubia salvaje que te dejó marca y cicatriz.

Quizá ella tenía años de menos y gustos de más.
Puede que fuera tan de sur, que no la creyerás capaz de adorar el gris.

O que el problema fuera otro, bien distinto;
como el hecho de que no recordaras su nombre pero sí, las curvas de su vestido.
Ni recordaras los sitios de aquella noche pero,
el momento de cruzártela aún se te repite en bucle en la retina.

Quizá todo fue demasiado deprisa como para augurar un buen final
incluso antes de empezar.
Y los dos tirasteis con más fuerza de la cuenta, de una cuerda floja
que siempre acaba rompiéndose.

Puede que fuerais dos de esas vidas x.
Si.
Vidas 'equis'.
Aquellas que comienzan lejos, a muchos kilómetros, que se van construyendo con distintos materiales con el paso del tiempo, a las que el cariño trata de manera diferente.
Y entonces, llega el día menos pensado.
O la noche,
porque todos sabemos que las mejores historias solo tienen por testigo a la luna.

Llega una de esas noches, inesperada, menos-soñada;  y como la grafía de la x junta estas dos vidas en un momento escrito en ninguna parte.
Pero también, como esa misma grafía, el tiempo se escapa y las dos vidas que han compartido algo más que dos míseros holas, vuelven a no verse.
Jamás.

Quién sabe.
Quizá ella y tú, no érais más que eso.
Vidas X.




















a C.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ficciones perfectas

Tenía los ojos más bonitos de toda Malasaña.
Creo que fueron ellos los que me hicieron fijarme en un tipo cómo aquel.
A día de hoy, aún desconozco el color exacto de aquella mirada.
La recuerdo grises los días de lluvia  y frío, durante los noviembres y del verde más intenso que le faltaba a la capital cuando brillaba el sol en primavera.

Me gustaban nuestros encuentros fortuitos. Yo, pidiendo café para encontrarme con una mirada como la suya; yo, que no había probado aquel brebaje en mi vida.
Adoraba las noches de Café Libertad sin sabernos quien.

La primera vez que tropezé con aquella sonrisa supe que lo conocía, pero ¿de qué? Nunca hubiera olvidado una presencia como aquella.
Me encantaba su aroma cada vez que se paseaba nervioso de un lado a otro del café, creyendo que nada iba a salir bien. Y al mismo tiempo le restaba importancia con su sonrisa canalla.
Y su barba de tres días. Cielos, adoraba esa maldita barba.

Pero él desapareció con el tiempo. Y yo, dejé de frecuentar el mismo local cada diciembre.
Desapareció él...o fui yo, no lo recuerdo.

Puede que le de demasiadas vueltas a la cabeza, y con tal de no ahogarme use recuerdos como botes salvavidas. O que a veces exista en realidades paralelas.

Puede que aquellos ojos no fueran los más bonitos de toda Malasaña, pero si son los más bonitos con los que he tenido el placer de tropezarme.
Puede que no acostumbrase a pasar los diciembres en el café Libertad, que no pidiera nunca aquel estimulante para encontrarme con su mirada.

Puede que ese pasado, no fuera tan pasado cómo recuerdo, y que el presente tenga algo que ver en esto.

Y que él no esté tan lejos, ni hayamos desaparecido.
Puede, que no hable de Madrid.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Sin ella


Vivo nadando en un sinfín de contradicciones que me suponen las novedades.
Un mundo de suposiciones y exento de certezas. En el que una muestra de cariño es un visto de whatsapp con contestación, y un recuerdo es una captura de pantalla, que ninguna de las dos partes vivió en persona.

De nuevo domingo, y el sol compostelano se empeña en tatuarnos la piel.
Y desde mi ventana no puedo adivinar la vida.

Domingo de leer cartas para recuperar un romanticismo que considero perdido.
Cartas antiguas, recientes, de cariño, de nostalgia, de desesperación.
He leído una que en especial ha sacado a las lágrimas de paseo como a los perros.
Por lo que supone, por el vestigio de vida al que me agarré entonces, y que no se quedó conmigo.
Yo, escribiéndole hace casi un año, aún en enero, a alguien que se fue demasiado pronto, a uno de los que presume de alas por entre las nubes. Para luego no encontrar la manera de hacérsela llegar, para que las manchas de tinta se borraran con agua.

"Querido ángel, no sé si de la guarda, o de la juventud eterna,
hacía tiempo que no te escribía.
¿Cómo vas?
No pregunto qué tal llevas la sonrisa, porque sé que se hizo inmortal.

Hoy me ha dolido un poco el alma. Me la has arañado sin querer.
Dos 365. Dos, sin ti presente.
No te conocí más allá de las palabras de los que siguen sangrando tus heridas.
Espero que se te llene el alma con cada sonrisa de ella. Nunca has dejado de hacerlo.
Espero, que hayas aprendido a desplegar fuerte tus alas.

Sólo te pido que no te la lleves todavía. Tengo miedo. De no llegar a tiempo. De que sea demasiado tarde.
Dile a Dios que aún nos queda vida,  a ella y a mi, para compartirnos.
Que aunque no se lo diga, la quiero.
Y lo valoro lo suficiente por el hecho de que sé que está siempre, pero ¿y cuando me falte?

No te la lleves, por favor.

Carolina"

Pero el tiempo pasó y nos dejó su efecto devastador.
A mi sin ella,
sin respuestas a las incógnitas más grandes, sin despedidas merecidas.
Sin poder darle el último te quiero.
Con el único recuerdo de una cama de hospital y de una llamada, días antes diciendo que se había despertado.
Estúpida y caprichosa esperanza, que se empeña en hacernos creer cuando lo que nos ahoga es el tiempo.

Y no ha dejado de dolerme el alma.
Ni se ha evaporado el miedo.
Sólo que ahora, ese ángel destinatario tiene algo más de compañía.
Y ella nos abraza con la forma de las estrellas, brillantes y perfectas,
a años luz de un abrazo.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Tengo que dolerte

Quiero ser con las luces apagadas y sin salidas de emergencia.
Que los únicos límites que nos pongamos sean los del cielo,
por faltarnos alas a la espalda.

Quiero convertirme en el bote salvavidas delante de tu puerta,
y salvarte los domingos a base de poesía.

Quiero declararme colgante en la línea que une tu hombro con tu cuello.
Quiero que me saques a bailar sin que yo te lo pida.

Y que nos lluevan otoños, y nademos entre primaveras.
Que los veranos se construyan sobre la historia interminable,
y a los inviernos los vigilemos de cerca.

Quiero surcar mares, en modo pirata y en barco de vela.
Y descubrir el tesoro que esconden todas tus promesas.

Y romper enero con los dientes, y creer que puedo.

Quiero hacer de mis labios una boca de metro,
y que se me escapen por ella
todos los adjetivos que te tachan de perfecto.

Quiero que me dejes el timón, y el mando, y el calendario,
y que no nos quede más opción que la clase turista,
y que no sepamos hacer más que un aterrizaje forzoso.

Quiero confundirme con el brillo de tus ojos,
con los colores de un atardecer en Cádiz.
Y balancearme sobre tus pestañas
las horas de fiesta y siesta.

Quiero completarte y comprenderte,
pero para ello,
tengo que dolerte.


A través de las canciones

Es como si te estuviera viendo.
Como una mirona en una estación desde todas las paradas que te retornan al hogar.
Porque hoy me regodeo un poco más en mi locura.

Como si te viera.
Demasiado ensimismado con tus recuerdos como para darte cuenta de que la chica del vestido blanco te mira desde el vagón de enfrente.

Ella es de las que se imagina la vida en raíles de tren. De las que vive del cuento.
Y os habéis cruzado solo en esta última parada,
entre dos y tres segundos- pero jura que te conoce.

Demasiado entusiasmado con nuevas melodías y con la música lo suficientemente alta en tus oídos como para encerrarte en tu mundo.

Como si viera que te pellizca el corazón el sonido de esa guitarra, y que tienes a alguien esperando al otro lado del billete.
Como si supiera lo que te cuesta escuchar tu corazón, y que no sabes rozarlo si no es con arañazos.

Como si mi cabeza me dejara imaginarte en el transcurso de tus horas sentadas,  con pies dormidos y pentagramas demasiado despiertos
y me gritase un 'búscame'.

Pero no es más que eso, imaginación.

No es más que el secreto de dos velas que se consumen en lugares diferentes,
de dos extraños que compartieron cuatro letras y dos palabras.

Es como el secreto mejor guardado de mi vida necesitase desvelarse en la tuya,
derramándose sobre una arena que nunca pisó antes,
queriendo ser norte.

Como si tú y yo, fuéramos un yo y un tú demasiado complejo,
que sólo fuera posible a través de las canciones.

a L.

No te vayas

Y el sol no va a decirnos adiós sólo porque tú decidas marcharte.
No quieras creerte importante.

Es más. No te vayas.
¿Me contradigo si afirmo que sus rayos de tarde me susurraron que volvieras?

Quédate.
Por favor.

Sé que las luces de la capital le roban el corazón a cualquiera,
pero aquí necesito tu aliento.

Quiero que me enseñes tu forma de sonreirle al alma.
Aunque sé que lo tuyo son las madrugadas.

Aprovecha que los rayos de sol han venido para quedarse,
que la lluvia ha colgado bandera blanca.

Aprovecha que es diciembre y se nos van las horas.
Aprovecha que el día dura poco para encandilar mis noches.

Quédate y me arrancas está melancolía de ti.
Que no entiendo cómo encajar dos piezas de puzzle tan diferentes a la perfección.
Quédate- que me han dicho que eres experto en recomponer los corazones.
Que se te dan de miedo los rompecabezas.

Quédate y vuélveme a enamorar.
Pero esta vez que no sea en abril.

No dejemos pasar ni un minuto más, que corremos el riesgo de que se nos escape la vida.

Sé que las vidas de la capital te llenan hasta rebosar.
Que ahora
todo lo que tendría que haber ido mal está saliendo bien,
y lo bueno, ahora es mejor.

Sé que tienes a los mejores a tu lado.

Pero concédeme una hora, para convencerte de una vida.
Concédeme una hora para poder explicarte los motivos por los que lato
mirándote a los ojos.

¿Los ojos no eran el espejo del alma?

Ven y adéntrate en la mía.
Descifra el braille de mi memoria sin que duela,
y permite que nuestros minutos no se nos escapen de los dedos.

Vuelve.
Ahora que mis ojos quieren encontrarte en cualquier rincón del invierno.
Que te has perdido las primeras luces del mejor ocaso de tu vida.

Vuelve.

Ahora, que me faltas.


SCQ

domingo, 4 de diciembre de 2016

Ni te atrevas

No la dejes escapar.
Ni te atrevas.
Porque mira cómo se te cae la baba cuando contemplas sus andares.
Cómo la echas de menos hasta un punto que no habías conocido nunca.
Cómo te vas a dormir sonriendo, porque te dio las buenas noches,
o qué bien que lo pasas cuando la recuerdas.
Qué bien, si ella está de vuelta.

No la dejes escapar,
porque muchos se han enterado del secreto que supone la felicidad de estar con ella,
pero tú, amigo, eres el único capaz de llevarlo a cuestas.
Tú eres el responsable de que esa felicidad se desprenda.

Nadie te dijo que esa responsabilidad sería tan grande.
Nadie, que sería fácil.
Que supondría mil alegrías maquillando el sudor y las lágrimas de la trastienda.
Una trastienda en la que nada es de color de rosa, en la que las peleas
están a la orden del día
y la distancia se empeña en guardarse un as en la manga.

Te has llegado a plantear si realmente merece la pena.

Pero la miras, y piensas que qué iba a hacer un tipo como tú sin alguien como ella.
Te habían hablado muchas veces del amor, y nunca quisiste escucharlo.

Supones que el amor, será algo relacionado con ella.
Y supones bien.

No la dejes escapar, que te trae de cabeza.













































Ella.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Hasta qué punto conoces

"Esto yo ya lo he vivido"
Me ha pasado todas las veces que me asalta tu recuerdo. Una sensación de déja vù constante, como si el día de la marmota se hubiera instalado en mi vida.
Y no tengo problema en admitir eso de que sigues aquí dentro. ¿Tanto te cuesta salir? O eso o que mi cabeza está estructurada como el más difícil de los laberintos.

Sigues dentro, pero en versión mejorada: una 2.0 de cariño y punto canalla.

Y no sabes hasta qué punto conoces mejor a los extraños que a tu puta media naranja.
No lo sabes hasta que todo se acaba.
Y quieres agarrarte a algo, a esa entrada de cine, a un colgante que nunca quisiste, a aquella cena que acabó en disputa.
Quieres agarrarte incluso al sonido de una risa.
Pero no lo sabes.
Al menos no hasta que eso de latir por alguien pasa a estar en un segundo plano y se funden tus prioridades como los restos de un metal que ya no tenía valía.
Hasta que te quedas solo o acompañado de nadie.

Y es ahí cuando quieres darte cuenta de que la velocidad se ve, pero tú estabas demasiado ciego, demasiado ocupado, y distraído.
Cuando quieres darte cuenta de que esa chica era la que te había sacado tu sonrisa preferida. La que sabía destapar la mejor versión de tu persona, y curarte todas las heridas.
Cuando la has perdido.

Entonces intentas en vano engañarte. Decir que todo va a salir bien, que siempre hay una segunda oportunidad, que hay que dejar pasar tiempo, y tener confianza. Que si te quiere volverá.

Pero es demasiada confianza para alguien que apuesta tan bajo.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Lentas

Me gusta que las horas pasen lentas los domingos.
Poder disfrutar de ese paso de tiempo
y que el lunes se espere, que tarde,
que llegue con ganas.

Y más si son como hoy-
de melancolía y familia- tanto de sangre, como de vida.
Y más, si son de atardeceres de mil colores.
Me gustan los domingos si se hace de noche demasiado pronto y luego no sabemos que hacer con tantas estrellas.
Domingos con sabor a despedida, en los que se nos olvidan penas y sueños.

Esos en los que dudamos
si estrellarnos las ganas, o esconderlas bajo la cama.

Porque los domingos son mi fusión perfecta entre fiesta y siesta.

Y me seguirán encantando.
Y más en noviembre, tan dulce como frío;
y más si Loreto comienza a recitar a contrarreloj
y me cuenta que las veces que la vida ha sido puta
ganan a las que fue de rosa.

Y si los domingos se convierten en madrugadas desgarradas.

Y yo.
Yo que hoy pedía lluvia,
que la necesitaba tanto,
y el sol no quiso darme la espalda.


Vida a cuestas, para dos. Compostela.



Fiebre del sábado noche

El aliento me sabe a vino del malo, y no hay nada mas triste que terminar otro sábado sola.
Sin tan siquiera haber probado tus labios, sin sentir tu aliento en mi nuca o tus brazos rodeando mi cintura. Nada más triste que dormir sin ti otra noche más, que quedarnos con las ganas tatuadas en la piel.
Y a mi alrededor el reloj marca las cinco. Y hoy no nos curó el concierto.
Y estoy sin ti.
Y estoy tan harta de las cervezas sin alcohol, de los besos sin pasión, o el sexo sin amor.
Estoy cansada de la vida sin tus sueños.
La madrugada vuela y me quedan unos 20 metros para encontrar suplente. Encontrar entre el gentío obnubilado, a alguien que me recuerde a ti, que me regale desinteresadamente la mitad de lo que tu me diste.
Y no creo.
Esta vez no.
No creo que aparezca de la nada.
No, en veinte metros lisos, ni en veinte kilometros a la redonda.
Porque apareciera quién apareciese, no seria un nosotros.






































Musa.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Quedarme a vivir

Y quise quedarme a vivir.
En ese instante, ese preciso momento en el que fui capaz de tocar un sentimiento. De divisarlo en un horizonte y querer grabar las luces de su madrugada. Quise quedarme a vivir en Noviembre, de año par.
Y seguir recordándote sin quemarme.
Quise quedarme a vivir en las cuerdas de una guitarra, en aquella voz desgarrada y en unas letras queriendo cambiar el mundo. Quedarme a vivir en las ilusiones que partían de aquel sobre rojo, esperando- sin saber- a pasar a mejor vida.
En los poemas, en las cartas y en las dudas.

Quedarme a vivir en los conciertos de un viernes noche y en los días de después, en los que la resaca sentimental envolvía todo mi mundo.
Todo lo que quería, era seguir siendo sur entre tanto norte que nunca llegaría a rasgarme lo suficiente el corazón.

Y sentir menos fuerte, menos intenso, o con menos ruido.
Sentir bajito; al oído.
Llegar a convertirme en la ella de la canción final de un concierto. La especial, la imborrable. La ella que siempre volvía a la memoria y que después de quitar sueño y daño, sigues queriendo como el primer día.
Sólo quise.
Quise mucho.

Quise
Llegar
A
Ser.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Tuyo


Tú que no te aprendes los cumpleaños ni queriendo,
que odias las despedidas y las fechas señaladas.
Tú, que lo primero es la familia,
Y después va el mundo.
Tú, que no eres ni herida ni tirita
qué prefieres ser efecto de bomba nuclear.

Tú encantado de conocerte,
Perdido en eso de comprenderte,
enganchado a lo de siempre
Y confiando secretos a la suerte.

Tú en prosa,
O en verso de rima libre.

Tú.
Que te estudias el temblor de mis rodillas.

Yo, que defiendo mi sur con uñas y dientes,
porque quiero y porque puedo.
Yo, que hablo por los codos
Y que me encanta reír.

Yo con mi acento- que te vuelve tan loco,
con un veintidós tatuado en la muñeca
y con mis melancolías de domingo.

Yo prefiriendo letras y melodías.
Yo, quedándome enredada a una guitarra.
Yo viajera, personaje de novela,
Inspiración soñada de cantautor.

Yo que siempre, fui más guerra que trinchera.
Yo, amante de los besos en la frente,
Yo, grabando nombres con tinta permanente.
Yo sintiendo los versos que son contigo.
Yo quitándole costuras a mi corazón.
Yo filópata y de tristeza crónica.

Yo, a distancia y a centímetros.

Yo, que tanto presumo de escéptica:
Me he enamorado de ti.



lunes, 14 de noviembre de 2016

Personas

No es la primera vez que me pasa. Y conociéndome tampoco será la última.

Pasa que me acostumbro muy rápido a la gente que me complementa, me completa o me aporta en la vida.
Pasa que paso a necesitarlos para construir mi rutina y se me derrumban los castillos de cemento que me hacía en mi cabeza cuando ellos desaparecen.
Pasa que considero la confianza un pilar fundamental, tanto como para regalarla

Y después doy de bruces contra el suelo, o resbalo, o hago aguas por huecos que no conocía y no hay remedio que pueda reconstruir cada parte de mi corazón que van rompiendo.

Porque, hay personas en mi vida en las que quiero quedarme a vivir.
Personas con las que compartir está a la orden del día.
Personas que me escriben a fuego un 'felicidad, qué bonito nombre tienes' en la frente.
Personas que me han convertido en lo que soy ahora dándome tan poco...

Pero luego pasa que ellas no piensan, no sienten o no comparten lo mismo. O si, pero su pasado, o sus sentimientos hacia otras vidas, son más fuertes.
Y se van.
Aunque yo no quiera, aunque pelee por ello, aunque intente, como siempre, arreglarlo todo a base de lágrimas.

Nunca habrá dos sentimientos iguales. Y de querer con ganas, significa que el deseo más imposible se acabe materializando.
Si sólo fueran eso...deseos.

Ya han desaparecido más personas en mi vida.
Unas por mi culpa.
De las otras no conozco el motivo- se fueron sin decírmelo.

Pero he pensado que, por mucho que me duela, es inevitable decir adiós.

Es doloroso, siempre, pero a la larga

que desaparezcan esa clase de personas de nuestras vidas, nos hará más fuerte,

¿no?

Siempre fue un lugar al que llegar, pero hay quiénes lo consideran un punto de partida.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Contra las cuerdas

Camina resuelta, de domingo, bajo el sol de noviembre.
Adora el mar los fines de semana. Le gusta levantarse y bordear la costa como queriendo atisbar algo en el horizonte.
No sabe que en otra ciudad, en su mismo sur, la estuvieron nombrando a oscuras.

No sabe lo que callaron por ella dos corazones que ahora, ya tenían poco que decir.
Y todo por no saber enamorarla a tiempo.

Ella es feliz, y ellos se resignaron a quedarse con el recuerdo de su sonrisa.

Piensa en la vida. En lo que cambia en poco tiempo pero sin dejarlos entrar en su recuerdo ni una sola vez.

Ellos tenían el mismo propósito, pero, una vez mas, el alcohol los hizo ceder y la luna, confesarlo.

Se contaron penas de una ella lejana. Una morena que, por algún motivo desconocido, les había quitado el sueño y regalado alas.

Ambos hablaban de la misma, pero no lo sabían.
Melena ondulada, sonrisa perfecta. Pero lo que más les dolía era haber perdido de vista aquel brillo intenso de su mirada.

Altas de la madrugada, copa tras copa esperando que aquella alegría volviera a entrar por la puerta. A coincidir en una vida que les había dado tanto y se les hacia tan corta.
Siguieron pasando las horas.

Ella le guiña al cielo. Ellos, a un abismo de distancia, pelean por estar más cuerdos ahora que no recuerdan.



sábado, 5 de noviembre de 2016

Las huellas de tu abrazo

Solo espero poder colarme en los sueños de ese alguien durante el resto de mi vida.
¿Hay algo más bonito?
Me refiero a que llegues a esa confianza con una persona,
la de colarte en sus sueños.
Ser partícipe de las preocupaciones y deseos de alguien y poder compartir para que pesen menos y se disfruten más.

Anoche te colaste tú en los míos. Hacía tiempo que no te veía, y tampoco esperaba hacerlo así. Es cierto que no fue un sueño bonito, idílico.
Fue de los más reales tenido.

No recuerdo bien dónde estaba. Solo recuerdo que abrí los ojos en un mundo onírico y vi llover tras el cristal de una casa que se me antojaba desconocida y acogedora. Sobre el alféizar, y de espaldas a mi había un gato pardo algo disconforme y perezoso. 

Nunca me han gustado mucho los gatos. No son animales que me transmitan confianza.
Saltó al suelo al escuchar el ruido de la puerta y el murmullo posterior.
Y apareciste tú por esa puerta.
Empapado y queriendo saber qué tal me iba. Sonriente. De la única forma que te recuerdo.
Detrás de ti, todos tus amigos, creando una gran algarabía entre mi toda mi paz anterior. Y espantando al felino hacia Dios sabía dónde.

Yo no terminé de esbozar mi sonrisa. No me salía. Estaba enfadada contigo. Y lo sigo estando.
Me parece que esperé mucho a que volvieras a llamarme. Si, eso fue lo que te dije. Creí que tus noticias llegarían antes, y menos escuetas. Creí que preocuparme por ti no dolería. Pero preocuparse siempre duele.

Entonces te conté. Te conté todo lo que había hecho en tus ausencias, te conté que ya no pasaba por los puertos de las ciudades con mar, porque me recordaban a ti. Que ya no iba al mismo bar a las doce, por si se aparecía tu fantasma y se llevaba mi aliento. Te conté que te había echado de menos, pero que me lo supe callar. Y que aprendí a quererme, y que nunca había conocido a un amigo como tú.

Y, entonces, te enfadaste tú. Me dijiste que cada uno se preocupaba a su manera, que si creía que no te habías acordado de mí en todo ese tiempo. Tampoco lo supe.
Pero no me resultaron más que palabras.
De qué sirve extrañar si no puedes demostrarlo; de qué acordarte, si nadie conoce tus olvidos.
Y luego me abrazaste.
Juro que necesitaba aquel abrazo para olvidar.
Y recuerdo que encajaba perfectamente bajo tu barbilla  y entre tus brazos.
Después me dijiste que me concedías un deseo y yo te pedí volar.
Me susurraste al oído que no eras tanto de aire, que a ti te perdían las olas.

Después desapareciste. Llevándote tu sonrisa perfecta y a todos tus amigos.

Y me vi en una azotea de Brooklyn. En una de esas con letras tipo Broadway de bombillas gigantescas. Era noche oscura y éstas estaban brillantes. 

Y qué bonito se veía el mundo desde las alturas.

Y en mi espalda, donde aún descansaban las huellas de tu abrazo, me empezaron a crecer las alas.

Me he levantado con un dolor inmenso en el hueco donde anoche comenzaron a salirme alas.
En las huellas de tu abrazo.

Aunque me levante cada día, sigo adorando mis sueños.
Al menos en ellos te veo. Y me haces de hado madrino.

Y me abrazas.

Y me dejas volar.


      (Debra Winger- "Oficial y Caballero")



lunes, 31 de octubre de 2016

El mes de la tristeza

He llegado a la conclusión de que noviembre es un mes triste. No porque me lo susurre Diego cantero en sus canciones, ni porque lo empecemos celebrando el recuerdo de los difuntos.
Noviembre es un mes tristemente dulce y dulcemente triste porque algo dentro nos lo dice, porque en esta vida tenemos siempre una de cal y otra de arena. Y necesitamos esa tristeza para afrontar las fechas navideñas que nos vienen pisando los talones con su alegría rebosante.

Es un mes triste y yo me doy cuenta ahora, cuando faltan horas para que se me eche encima.
Me doy cuenta cuando no dejo de escuchar a Supersubmarina, como esperando que ese gesto les mande una pronta recuperación de un fatídico accidente estival.

Todo el mundo se levanta con ganas de posponer el despertador cinco minutos más, y el sueño pesa en las pestañas.
Tantos cambios de hora no pueden ser buenos. Van a volvernos a todos locos. Ya no sabemos si somos más de luz del sol o de luna. Si nos apetece quemar ciudades a ciegas, o vigilarlas en la penumbra.

Todos quieren dedicarse a contemplar las hojas caer desde una Alameda que nunca estuvo más bonita, sin embargo les pueden las prisas, los agobios, y los kilos de apuntes necesitados de chapa y pintura que aguardan en los escritorios, expectantes.
Noviembre es un mes triste porque se acaba la fiesta-hasta nuevo aviso, y comienza más que nunca una rutina que cansa.
Noviembre es triste porque, aunque quede poco no vemos el momento de volver a casa; porque echamos de menos más fuerte, y más intenso. Porque las lágrimas se escapan solas y la susceptibilidad se convierte en nuestro apellido. Porque el frío nos hiela la cara y nos pilla casi en tirantas.

Pero, al fin y al cabo, la tristeza es bonita si vemos todo lo que esconde detrás.

Noviembre es triste porque es un mes muy nuestro, y si esta tristeza crónica no nos pintara la cara, dejaríamos de ser nosotros.
Y eso es justo lo que no queremos, ¿verdad?

    Ante el espejo

viernes, 28 de octubre de 2016

Manual de usarme

La pulsera que me regalaste sigue brillando como el primer día. Pero sólo la contempla la oscuridad del cajón. Y yo, cada cuarto creciente.

Es irónico que te pensaras que aquel era el mejor regalo y no pensaras en ti.
En que tú eras mi regalo, desde el día en que desvestiste tus miedos.

Venía a decirte todo lo que no me gusta. A reprocharte todo lo que pudimos haber hecho, y sido. Todo lo que debiste saber entonces, cuando creías que me conocías a la perfección. Cuando me di cuenta de que no conocías la mitad del juego, y yo te llevaba ventaja.
Venía a decirte todo lo que me hizo daño.

Pero he pensado que, mejor te digo lo que me gusta, a lo que aspiro, lo que me encanta.
Para que si vuelves a cruzarte por el camino con alguien que se parezca en algo a mi,  sepas cómo tratarla y merecerla. Porque me ha apetecido ser egoísta.

Como buena piscis adoro el agua, caída del cielo, sobre la arena, bajo las huellas, inmersa en charcos, resbalando por mis mejillas. Me encanta nadar. Y en ella, me siento en mi elemento.

Me considero soñadora de más. Si, me encanta soñar, pensar en los imposibles y no poder dormir  hasta las tantas planteando realizarlos en un futuro lejano.
Me gustan las distancias cortas, los besos en la frente, los detalles, los reencuentros.

Me gusta la música. De todo tipo. La tengo desde la más cañera para los momentos de adrenalina, hasta la más corta venas, para las melancolías que no compartiré nunca. Sólo los cantantes saben hacerme sentir comprendida- por ahora.

Me enamoran los domingos. Sus amaneceres entre mis sueños. Me gusta que sean días de no hacer nada o de hacerlo todo, sin término medio. Me gustan los domingos en familia, con amigos; los domingos de playa o montaña; los domingos de desayunos casi comidas, de sobremesas que terminan con las estrellas. Me gustan los domingos de propósitos que no llegarán a cumplirse. Y todos los días de la semana que quieren parecerse a estos últimos.

Me encanta abrir los ojos con un nuevo día y no levantar la vista de las páginas de mi libro preferido.  Adoro el cine, y las palomitas, y el chocolate.

Siento debilidad por el amor en todos sus formatos.
Soy cursi, terriblemente cursi, y llorona desde que nací.
Siempre intenté arreglarlo todo con el llanto.

Me gustan las palabras como vehículo de mis sentimientos, y los girasoles, y recibir cartas.
Me encanta viajar y conocer nuevos lugares, las puestas de sol de Cádiz, mi querida Compostela, mi sur.
Me gusta hacer regalos y adoro las sorpresas.
Me encanta vivir en concierto, las montañas rusas, y los pendientes largos.
Adoro las manualidades y el trabajo en grupo.
Y conocer gente, y volver a casa, y los recuerdos.
Me encanta querer, y ser querida.

Me encanta ser feliz.




Símil

Te pareces tanto a él.

A mi poeta preferido, a mi querido Escandar.

Siempre has sido de pocas palabras pero de grandes abrazos. Has sabido cuándo y cómo decir lo justo y necesario.
Tienes un pecho defectuoso, abierto. Todo por un corazón que no cabe.

Nunca has querido que te paren los pies ni que te pisen los esquemas.
Siempre has presumido de una vida tan cómoda como nómada.

Algunas madrugadas te daba por escribirle cartas de amor a aquella chica acabada en A, y enseguida acababan formando parte de tu magnífica tanda de triples contra la papelera.
Nunca fuiste de atreverte ni atraparte.

Te encanta el baloncesto, pero cada vez lo juegas menos.
Adoras las tardes de flamenco y los domingo con Marley en los oídos. A los martes los llamas 'las noches de los artistas', y los viernes, son de míticos: te sigues durmiendo escuchando a Dani cuando aún le cantaba a un loco.

Tu sexto sentido tiene cuerdas, y nombre de guitarra.
Tus febreros son para cantarle al Falla; y tus odios inexistentes.
Adoras el sol, pero prefieres los inviernos.

Te apoyas mucho en tus amigos, a los que llamas hermanos.
Sabes a quien acudir cuando te llueven problemas.
Y los de tu misma sangre estarán eternamente agradecidos de contar contigo.
Eres tan de familia como de soledad.
Has cruzado mares sin caer en brazos de ninguna sirena.
Has visto belleza en la más triste de las miserias.
Y querido cambiar el mundo desde el sofá.

Y eso que te conozco poco,
pero mi deuda siempre estará detrás del día en que te conocí.


Vida en verbo

Irse de las manos- como persona o como concepto de desmadre.

Volver tornados a tus tripas.
Querer con ganas gastadas.
Estrenar enfados.
Ocupar estómagos repletos de mariposas,
terminar con pájaros en tu cabeza.

Perseguir sueños y odiar daños.

Que tu sonrisa se vuelva bonita con el paso de las horas,
y nuestros besos maduren con el de los años.

Volvernos maduramente inmaduros.
Jugar como Lope, al claro desengaño.

Imaginarnos juntos y gustar a nadie.
Ser escépticos de miras y bohemios de tardes.
Conocer las estrecheces del alma, y el ancho del arte
Llegar-hasta dónde- para aparecerte en ninguna parte.

No salir a matar, ni a morir.
Pasar noches, quemar lunas.
Sufrir eclipses de cabeza.
Volar para hablar, charlar,
bailar, reír, llorar,
y que a la conjugación no le de por acabar.

Hablar de salvar- Sé mi salvavidas y sálvame de mi.
Cruzar líneas de metro, ríos, brazos, caras, bocas.

Guiñar al sol.
Esperar,
y escapar.


viernes, 14 de octubre de 2016

Tercer otoño...

...y el tiempo vuela.

Y 'Parece que fue ayer' se ha convertido en nuestra muletilla preferida. Me siento vieja con tan solo veinte años y esto no es más que una estúpida contradicción.
Imagino que, producto del ritmo frenético que está llevando mi vida.

Nunca antes había oído hablar de este lugar que ahora me tiene comida las entrañas,
ni de sus formas,
ni de su gente.

En ningún momento se me ocurrió pensar 'Galicia' como alternativa.

Y mírame, míranos.

Siempre había vivido en una rutina concéntrica, que consistía en ir de casa al colegio, y del colegio a casa.
Con alguna excepción de viernes noche.
Un eclipse de luna entre tanta vuelta al sol.

Pero entonces, me descubrí a mil kilómetros de casa.
Sin saber a ciencia cierta, si hacía lo correcto, peleando por un sueño- el mío- y muerta de miedo.

Nunca pude imaginar que una ciudad tan pequeña como está podría albergar un espacio tan grande en mi corazón.

Me han preguntado muchas veces, ¿por qué allí? ¿No estás muy lejos? ¿Te pedirás el traslado?

Realmente, lo nuestro, no fue más que una casualidad.
Una que se tornó en fortuna.

Y siempre contesto lo mismo, no me canso.
Un no rotundo entre sonrisas.

Si ellos supieran...

Si ellos supieran que no quería venir, y ahora no contemplo la idea de marcharme,
si supieran que necesito Compostela en vena, más que aire para respirar,
si conocieran el sentimiento de morriña en todos sus sentidos,
si se hubieran lanzado a los brazos de la suerte, como yo hice-
y esta le hubiera contestado con el mejor de los abrazos.
Si se pararan a pensar que sólo tienen que dirigir su vida- y no la mía.
Si supieran lo que duele echar de menos, pero qué maravillosos que son los reencuentros.
Si creyeran cuando se dice que siempre hay algo que hacer, y sino se inventa.
Si hubieran visto nevar en  enero en Compostela,
si los agobios suyos estuvieran tan justificados como los míos.
si no hubiéramos cambiado el llevar las cosas al día y el dormir, por los estudios intensos y las salidas....

Si tan si quiera, se pararan:
A mirarla,
a admirarla,
a sentirla,
a beberla,
a vivirla.

Si pisaran y vieran Compostela con los mismos pasos y ojos con los que yo la camino y la miro desde todos sus rincones,
podrían llegar a comprenderme.

Si no...siempre hay tiempo de creer en la magia.

Atardece en Compostela

domingo, 9 de octubre de 2016

Banda sonora de vida

Hay canciones que por un motivo u otro, siempre vuelven.

Vuelven siempre a recordarte quien eres y en qué momento te convertiste en esa persona.
Siempre vuelven a sonar.
Y en ese instante algo se acciona en tu cabeza. Y te llueven recuerdos, casi como tormentas de verano en pleno invierno.
Las botas de agua se te quedaron pequeñas y tu paraguas tiene demasiados rotos. Y tú te mojas con tus propios recuerdos.
El poco rímel que vestía tus pestañas se resbala por tus mejillas.

Hay canciones que vuelven siempre para respirarte profundo. E impregnarte.
Las hay que tienen el poder de tele transportarte al día 'X' en el momento 'Y'. A instantes que nunca pensaste revivir. A momentos enterrados en un cofre, en tu jardín.

Hay canciones que son personas. Por su vitalidad, por su forma de definirnos, por sus versos, por su sentido, el que nos cobra en cabezas ajenas, siempre por culpa del recuerdo. Como tú y como yo.

Y luego hay canciones que son banda sonora de la vida. Que te resuenan sin estar presentes cuando ves sonreír a alguien que te importa, cuando paseas lento, cuando bailas a ritmo frenético, cuando te apetece cantar a voz en grito. Cuando te escapas a Madrid, cuando guardas un secreto, cuando te concedes el beneficio de la duda y tiras por la borda las prisas...

En mi vida hay tantas canciones que llevan tu nombre que se me hace raro que el que faltes seas tú.

Hoy ha vuelto una de ellas a mi cabeza. Mi preferida, realmente. Favorita por la voz de Alberto de fondo, por lo que supuso, por la lágrima que se me escapa cada vez que vuelve, o tal vez, por lo mucho que me gustaba nuestra rutina anárquica.
'Mi rutina preferida' eras tú, y Miss Caffeina tuvo la culpa.
Pero claro, hay canciones que también llevan mi nombre y el de mis desastrosos domingos.
Por eso, yo me encargué del resto.

lunes, 3 de octubre de 2016

¿De los 'no errores' se aprende?

Lo tuyo no fue más que un error de principiante. Buscabas al hombre de tu vida, el perfecto. Buscabas un abrazo al despertarte, un compañero de manías.

Pero no tuviste en cuenta que ese tipo de hombres no existen. No existe el hombre perfecto porque todos lo son. Cada uno a su manera.
Existen aquellos que te lo dan todo, o que por el contrario no te dan nada. Los que se hacen querer, y se dejan odiar. Los orgullosos, los bordes, los arrastrados, los lentos.
Existen hombres alegres, resueltos, despiertos, tímidos, o tristes. Existen infinidad de temperamentos hechos hombres, tan complicados como simples.
Pero ninguno será el de tu vida, por que no están para eso. Están para querernos, hacernos reír, compartir, llorar, perderse. Pero nunca le pidas a ninguno que se quede para siempre. Corres el riesgo de asustarlos, de que entren en estado de pánico y desaparezcan de la misma estúpida manera en que se dejaron caer en tu vida: de repente.
Algo como un 'para siempre' debe salir de ellos.

Ese fue tu error. Creer, que con él habías encontrado tu tesoro mejor guardado. Sin saber que rondando la veintena, aun nos queda vida.
Quisiste apostar fuerte, y te equivocaste.
Lo viste aparecer, con aires de sur y sonrisa infranqueable y tu mundo de mariposas echó a volar antes de lo previsto. Los castillos de arena quedaron reducidos a sus ruinas antes de empezar.
Y las últimas olas de septiembre arrastraron a su paso cualquier atisbo de nuevo comienzo, de nueva ilusión, de deseo alguno..

Y te enamoraste. Como lo hubiera hecho otra cualquiera al mirarlo a los ojos, al verlo sentir.

Pero ahora, sabes que no serías más que otra de las que desfilaron por la pasarela de su vida. Y no recuerdas cómo te dijeron que se digería esto. Porque eres consciente que de los errores puedes sacar enseñanza, pero, ¿de aquello que no fue un error también se podría?

Quiero que reflexiones acerca de un par de cosas. La primera es que no eres la única. Como tú, todas hemos tenido en algún momento de nuestra vida que tirar de tiritas para recomponer el corazón.
La segunda es que no estás sola. Tienes a tu familia, a tus amigos, y a miles de vidas paralelas que aún esperan encontrarte en sus caminos. Porque estoy segura de que eres maravillosa.

Así que levanta esa sonrisa, vístela de fiesta y que la única sal que surque tu rostro sea la de los restos de un verano maravilloso.

Que amar se puede hacer siempre. Porque el amor está para eso, para hacerlo en cualquier circunstancia; pero reír, eso solo sale a base de ganas.