sábado, 10 de octubre de 2015

Actor de profesión


Cuenta la leyenda que los hombres de luna llena nunca se dejan ver por los bares una vez salido el sol. Que el ruido de sus cristales es su mejor cantar. Que el carmín de unos labios susurrantes es una venta al mejor postor. La última pieza de una subasta.
Cuenta la leyenda que las voces que oímos en nuestras cabezas eran ciertas y que el rollo de película hace tiempo que se gastó. Ya va todo digital y el romanticismo se ha perdido.
Cuentan que a las estrellas solo les miman los cantautores y que aquel fue el primer actor que amó.

Noche fría de entretiempo, de esas en las que piensas que lo vas a pasar bien pero sin demasiadas expectativas.
Noche sin planes, siempre las mejores.




Cena con los  amigos. Tras la obra.
Cómo te gustan los aplausos, darle vida a personas que hace tiempo que la perdieron, a ideas de las más ilustres mentes y todo,
ante cuatro focos.
Cómo te gusta sentir y ser sentido, los lunes a las diez de la noche cuando las farolas de Madrid se van encendiendo una por una.
Cómo adoras la capital en otoño, cuando cada cual regresa a duras penas a la rutina y tu te quedas de espectador de tantas vidas.
Cómo te gusta un paseo lento, o un baile agarrado sin dar ningún traspiés.
Bajas las luces de la capital y te pierdes bien acompañado hasta las puertas de cualquier garito.

Noche de viernes en cabeza soñadora.
Sale de fiesta, a divertirse y en ese momento eres inconsciente de que con ella va a comenzar tu noche.
Tequila en barra, doñas dos de madrugada. Mismo bar de Madrid. 


Las ganas y el tiempo acompañan, y lo vuestro siempre ha sido perderos sin querer encontrados del todo. Sois de esos que piensan que para lágrimas ya existen las de alegría.

Tú tan dejándote llevar y ella tan me pierdo en el fondo del culo de un vaso-sin nadie a quien mirar.
Dentro hay ambiente y a tus amigos ya les causan estragos las cañas de la cena.
La ves, al fondo, junto al espejo.
Te ha llamado la atención.
Te acercas a ella.
Mientras, la escuchas reír. Y su risa dice tanto que parece que ya la conoces cuando no has visto más que las ondas de su pelo.
Primera, después de olvidar otro desafortunado invierno.
Allá vás.
Intentas evitarlo, seguir levantando muros sobre tu corazón enamorado pero, la curiosidad-la misma que dejó al gato en el peor de los finales-puede contigo.

¿Quién es? ¿Por qué sientes que tienes que conocerla?
Pides dos copas.
El psicólogo de los alcohólicos no calla, tampoco ha dejado de observaros ni un solo segundo y sabe que esta noche, os despediréis de él de la mano. Nunca suele equivocarse en cosas tan brujas, desde hace ya algunas lunas.
Ella se da la vuelta. Te mira y parece que te estaba esperando. La saludas. Dos besos.

Disimula muy bien, no te has dado cuenta de que ella ya te conocía.
-¿Cómo te llamas?- Te pregunta.
-Álex. Encantado.- Dices con una sonrisa. Primera que conoces que no suspira por tu sonrisa. Alargas hasta sus manos la copa que pediste de excusa para conocerla. Ella suspira sin que la veas. No te ha dicho su nombre, y parece que va a seguir manteniendo el misterio.
-Te la debía.- Dices.
Ella abre los ojos desmesuradamente.
-Por no acercarte a mi.- Aclaras.- Eres la primera.
-¿Tanto te quieres? Modesto, baja, que subo yo. Ni que fueras modelo o actor.
Sonríes. Claro que lo eres. Es tu profesión. Y con ella, por mucho que te guste, dejaste hace tiempo de creer que el amor y el arte pueden llevarse a las mil maravillas. Siempre se siente pero con alguien diferente.
-Es cierto. Soy un poco presuntuoso.- Susurras entre risas.
Te gusta. ¿Quién lo diría? Es alguien de quien no tienes que escapar por miedo a que te haga una foto y se entrometa en tu privacidad, alguien que desde que ha empezado a hablar, no se ha callado. Alguien que quiere bailar.
Una chica curiosa y avispada que no quiere más que disfrutar otra noche madrileña.
Te diviertes con su risa. Piensas que es la más bonita que has escuchado en meses, cuando ella desapareció de tu vida.
La juventud respira por los poros de su piel y te encaprichas de la esquina derecha de su cuello cuando ves el ritmo frenético de sus pendientes largos.

De lejos descubres a tus colegas. Se ríen y os señalan. Mañana solo recordarán el dolor de cabeza.
Segunda copa. Esta insiste en pagarla ella. Dice que ahora si que te la debe, y que ya puede desaparecer sin que hagas preguntas. Que estáis en paz.
Giros de taburete mientras os relatáis dos vidas distintas en la penumbra.


Poco a poco vas descubriendo que la vida va más allá de tu pasión por el drama. Que la vida real existe, y que tú también estás hecho a su medida. Que puedes vivirla tranquilo, a pesar de los gritos de tantos.
Poco a poco te das cuenta de lo que te encantan las cosas sencillas.


Billar. Ella dice que no sabe jugar pero te da una paliza.
Te quedas ahí parado, con tu cara de tonto. Sin saber más que maldecir no haber puesto más en práctica los consejos de tu padre- conquístala desde abajo, con la cosa más nimia, después dejará de ser insignificante para volverse enorme.
Crees que no pasan las horas cuando ella dice que es hora de volver a casa, que sus amigas se fueron y debería marchar.
Y no puedes. Los frenos no te funcionan. La besas antes de que se escape cual cenicienta tardía sin decirte donde.


Una noche más. Para el recuerdo.
Veis Madrid amanecer de camino a casa.
Y te acercas a su oído.
-Billar, ¿y lo que surja?
-Vida, y lo que surja.- Te responde.

A partir de este amanecer tendréis que acostumbraros a ser compañeros de sueño en una cama de noventa.

martes, 6 de octubre de 2015

XY


No me queda suficiente corazón para encontrarte.
Necesito un transplante urgente.
Hace tiempo que bombea más lento que de costumbre y
me cuesta abrir los ojos cada vez que el despertador me recuerda
que el lado derecho de mi cama dejó de ser tuyo.

¿Recuerdas cuando encendías todas las velas de la casa?
¿Cuando te perseguía para que dejases de cantar?
¿Cuando la ducha nos congelaba las ideas?

He perdido toda esperanza y todo mapa que deshaga los pasos que di al marcharme de tu lado.
Tengo el corazón insuficiente para darte todo lo que te mereces.
También tengo miedo.
No me gustaría que mis grabados de retina contigo pasaran a ser de otros.
No me gustaría que dejases de ser la reina de corazones de todos mis domingos.

No quisiera olvidar que te cosía las heridas porque, empezaba a recordar que tus ojos eran los más bonitos de todos los atardeceres que viví dormido.
No me hacía falta verte para saberte en mi espalda, sobornando con abrazos un insignificante beso de buenas noches.
Me olvidé de ser sin ti.

Y ahora, sin brújula, sé que podría llegar hasta el ángulo más bajo de tu espalda con los ojos cerrados.
Yo, que siempre me sentía perdido, encontraría las constelaciones que se escondieron tras tus lunares cuando me vieron aparecer.

No me gustaría que dejaras de ser mi más bonita casualidad, y que salieras por la puerta de atrás mientras la música del local aún retumba en mis oídos.

No quisiera dejar de ser porque tú no quieras pasar por mi lado una noche más.


Curado de arritmias

Cada vez que escucho de lejos su nombre, un escalofrío recorre mi espalda.

Ni siquiera la conozco.
Tan solo soy capaz de deletrear las letras por las que la llamas cada noche de luna creciente y cama.
Cada noche de estrellas apagadas.

Respiro lentamente, controlando los suspiros mientras suenan las cuerdas de la guitarra de Andrés.
Señor Suárez, mago gallego de los acordes.
"Pequeña historia de Marina"
Y mi cabeza vuela hasta agosto, cuando él mismo me susurró el significado de dos versos al oído.
Fui una más de la multitud, aunque me sintiese única.

Quise viajar a la playa con él en mis oídos, sentirme Marina.

Él decía no haber visto un culo más bonito paseando por aquella playa durante el verano,
el suyo.
Que nunca olvidaría su caminar, o su nombre,
ni las cuerdas de la guitarra con la que
intentaron llegar a Sabina por caminos sucedáneos.
Él dijo que el amor movía el mundo, y
yo contesté que no somos más que marionetas de ese loco motor.

Mi cabeza me juega malos tragos de buen vino cada vez que te recuerda con ella.
Me digo que cada rayo de sol que aparezca entre tanta nube servirá para borrar dos recuerdos de una cuenta pendiente.
No quedan monedas en la hucha de la felicidad y eso que estamos a principios de mes y me había propuesto ahorrar para el viaje a la luna.
Voy a ciegas, sin tener ni idea de por qué me dejas caminar con tus manos sobre mis ojos.
Y ella vuelve. 
Pero tu no los retiras. Continúas detrás de mi.
Será que aún nos queda tanto que callar juntos,
será que nos resta dolernos.

(Riccardo Scarmacio, Katy Saunders- "Tre metri sopra il cielo")


domingo, 4 de octubre de 2015

¿Qué son tres años en una vida?

He vuelto a verte, en la calle del recuerdo.
He visto el brillo en tu mirada y me han temblado las rodillas.
He oído tu risa y se estremeció mi alma. 
He pasado toda la mañana recorriendo las gotas de lluvia por el cristal con el dedo, mientras el domingo se inunda con Miss Caffeina.
Esperando ver que sigo grabada en tus retinas,
deseando que me lleves por las calles por la que bailan nuestros acordes preferidos.

Alberto continúa versando sus canciones.
Me recuerda tanto a ti
que a veces hasta me confundo, y
cuando me da la mano recorro su brazo hasta aterrizar en su cuello,
buscando el tuyo,
y me miento.
Me digo que alguna tarde de las de abril volverás
sin flores frescas y con más palabras de despedidas.

Ahora estoy en mi elemento, y no encuentro fuego, cielo, mar ni tierra que
responda por mi 
todas las cuestiones que me plantean tus ojos.
He tirado todas las flores secas que me regalaste aquel enero y,
soy consciente de que octubre te trae siempre de vuelta.

He perdido aquella butaca de concierto en madrugadas improvisadas.
No sé esperar minutos de las horas que pasé contigo,
nunca los esperé.

Extrañar instantes escritos en papel, metidos en mi mundo de mariposas,
en pleno otoño de norte.
Domingo indispensable para que el curso de un río de nubes complete su rutina.

Y aquí llueve, como siempre.
Como siempre que me faltas.



sábado, 3 de octubre de 2015

"Otoño, octubre"- Manuel Carrasco


 (Mario Casas, Blanca Suárez- "El Barco")

Ha pasado Septiembre y se ha llevado las ilusiones de un nuevo comienzo. Aunque aún siguen quedando ganas locas de vivir.
Vivir acompañada a alguien que me complemente.
Ansias de vivir contigo, sin tener que quererte y que se nos compliquen las cosas.

Me he vuelto loca por tu sonrisa. Lo admito.
Qué bonito es el gallego- el acento- cuando sale de tus labios.

Eres la típica persona que saca una carcajada para salir de los apuros. Y la que recibe los problemas con las manos abiertas.
Y a mi, he de admitirlo, me encanta reír, y más si es contigo.

Para qué engañarnos, siempre espero que aparezcas por mi portal y me mientas diciendo que al día siguiente no pasarás a buscarme, que no me dejes un hueco bajo tu paraguas cuando llueve, para que sea yo la que se acerque a ti buscando cobijo.
Nos encanta ser cómplices el uno del otro, y disfrutamos compartiendo el sur con el norte.

Hemos descubierto lo mucho que dos puntos cardinales tienen en común. Hemos encontrado lo mejor de dos puntos separados.

Bendito Santiago por servir de nexo.

Ying-Yang

Y mi vida gira a dos velocidades.

Soy de las que piensan que las noticias siempre se empiezan a contar por el final, por la mala. Para que la angustia se pase ante al recibir ese rayo de sol que viene después de cada tormenta.

La primera; 
la lenta, la inconformista, la que prefiere miles de días de lluvia, y se siente cómoda entre la escala de grises. Por la que no pasan los días del calendario, la del odio, la tristeza y la soledad de lo no correspondido. La inalcanzable, que parece no llegar nunca. La reina de la oscuridad más negra. La que no cree en el amor porque realmente no le ha llegado el momento.

La segunda;
la rápida, la de la hilaridad, la de la risa frenética y las sudaderas como remedio del frío de otoño. La veloz, la del cariño, la de la amistad, la del amor por los cuatro costados, la del brillo en la mirada, la de las alas de la libertad. La que prefiere  un plan para dos. La parte soñadora.

Entre ellas está el transcurso de siete mil ciento sesenta y una vueltas de un baile con Lorenzo. Entre ellas tiene que existir algún mecanismo que consiga equilibrar las dos partes de mi balanza. Entre esas dos velocidades surco mares cuando llega el levante a Cádiz, y sonrío al ver el sol de poniente en la ciudad-paraiso.
Que puede que lleguen borrascas a mi vida, que a veces me cueste nadar entre las gotas de lluvia que empañan los cristales de mi habitación. Pero también soy consciente de que en plena tormenta también se ven los arco iris enmarcando el cielo gris.


(Verano en el Sur)

Miedo

Tengo miedo de que te acerques demasiado. Temo que mi corazón actúe como una mina antipersonas a la que cuando decidas pisar explote en mil y un pedazos. Me da miedo apostar y salir ardiendo.
Ayer te miré a los ojos y una bala quiso rozarme el corazón. Qué curioso que acertar a dispararla, en una fracción de segundo, pueda determinar la continuidad de una vida.
Ayer me rozaste el corazón. De madrugada. Puede que fueran los efectos del alcohol, que casi nos juntaron los labios. O ese minuto tan efímero en el que estuvimos a menos de tres centímetros.
Si mi corazón se cuelga…entonces, sé que no habrá vuelta atrás- estará roto. Y no quedará vida alguna que amar.
Poco a poco voy sintiendo algo de calor por parte de tu sonrisa, en estos días de otoño que se están volviendo tan fríos.
Poco a poco siento que me gusta estar contigo, y que cuando no es así, mi mente se pregunta dónde estarás en un instante, además de grabado en mi memoria.
Sé que, como tantas veces, este sentimiento es personal e intransferible, como cualquier santo y seña que se guarda con la muerte.
Y luego están tus maneras de quitarle importancia a la vida, amaneciendo un viernes de resaca, con ella a tu lado. Sabes que te has enamorado de ella. No me lo niegues. Que te da miedo decírselo porque nunca habías sentido tan fuerte. Sabes que la vida es dura, y aún así tú te ríes de ella.
Y yo, tengo miedo de no saber vivir sin ti, ahora que te conozco.

(Ryan O'Neill y Ali MacGraw- "Love Story")

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nostalgia de Verano

Buenos aires y buenos versos- gracias Luis.
Siempre en mi cabeza.
Buenos aires, en buenos tiempos,
Buenos besos, a cientos,
Buenas puestas de sol.
Buenos días y tiempo para los soñadores.
He llegado al paraíso, y tú no estabas.
He llegado al paraíso sin tus indicaciones ni tus remedios de domingos de resaca.
Buenos Aires, surcando mares y cielos.
He vivido poco, pero intenso.
Viví contigo y sin ti.
 Cómo puede ser que, esto se nos pase lento,
y sin embargo el tiempo no termine por ser eterno.

Me gustaría saber qué piensas ahora. Sin peros. Sin pensar en victorias ni derrotas.
He llegado al sur, perdiendo como siempre el norte. Y las costuras de mi corazón ya están dadas de si.
Intentamos insertar una cremallera que protegiera en vano los sentimientos.
Pero, por muy "jóvenes eternamente" que fuéramos, siempre hemos sido de la vieja escuela: de aguja e hilo para arreglar corazones y remendar tantos rotos de la última pisada de todos los vestidos.

He sido feliz en mi paraíso de sal y arena, sin sentir más que el rugir del mar.
Al contrario de lo que pensabas, soy feliz con poco.



martes, 29 de septiembre de 2015

Si me dijeras ven, yo no sabría que hacer


(Ocaso del sur, nueve de septiembre)

Domingo de norte con algo de sur.
No sabría muy bien explicar cómo me siento.
Domingo expectante, esperando para volver a verte sonreír.

Lo siento si me he colgado de tu sonrisa.
Tarde de domingo no demasiado fría, queriéndote ver aparecer por la esquina donde te encontré por primera vez.
Pero parece que la vida nos trata a base de casualidades y, si nos volvemos a encontrar, ya será tarde.
No habrá más domingos juntos, ni madrugadas de miércoles a golpes contra los cristales.

Me enteré de que cada séptimo día te escapas hasta su cama a respirar otra bocanada más de aire.

Y yo ya no pregunto por ti.
Me da miedo.
No pregunto porque me falten ganas, sino porque estoy construida sobre cimientos de decepciones, mis ventanas son marcos de ilusiones rotas y no me apetece enamorarme.
No me apetece, me muero de ganas.
Pero quizá ese sea el problema, que sobren ganas y nos falte todo el tiempo que no nos daremos en casualidades.

"Pasarse media vida en Santiago, pero pensando en ti." Fredi Leis

(Amanece en Santiago, durante septiembre)

Ojalá pudiera prestarte mis ojos para que vieras la magia que se esconde tras ella.
Mi ciudad.
En algo parecido se ha convertido. Me volví compostelana "casi sin querer"
Estoy de vuelta,
de vuelta por fin, a la rutina.
Vuelvo a una rutina que se me antoja maravillosa y no acabo de acostumbrarme a no tenerte conmigo,  a no poder tener más que las palabras para describirte mi mundo.

Vuelvo a pasear por calles repletas de estudiantes, viviendo el apogeo de su vida pasada, queriendo repetir, otro año más.
Vuelvo a convertirme en una atleta perezosa de alameda, a hacer el recorrido de siempre hasta casa y vuelvo a sonreír.
Quién pudiera tenerte aquí para compartir la magia de un recuerdo vivo.

Y ahora quiero pedir que el sol que me acompaña no se vaya nunca, y que tú llegues alguna vez, aunque sea equivocándote de ruta, hasta el norte.
Que se note que necesitas algo de alegría en tu mirada.

Y es que no te miento.
Aquí, en mi mundo podemos jugar a ser alguien y acabar por sernos mutuamente.
Podemos pisar huellas que no dejó ninguno en la luna, podemos contar estrellas a través de amaneceres que tardan en aparecer, podemos recorrer una zona vieja que encuentra un alma nueva cada septiembre.
Podemos robar ilusiones para luego repartirlas.
Podemos rogar un bis de guitarra a las voces más dulces de la ciudad dormida, rogarles que no huyan hasta la capital y que continúen regalándonos momentos.
También podemos querernos bien, con los ojos.
Simplemente podemos llegar, y podemos querernos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Miércoles sin ilusiones de luna creciente

¿Y por qué no? ¿Acaso nos lo impedimos? ¿Está prohibido disfrutar?
Estamos locos. Dos locos en la ciudad más bonita del mundo. Locos ávidos de locuras.
Queremos comernos lugares con historias a carrillos hinchados, a dos manos, con prisas y sin prosas. Todo en verso.
Nos declaramos locos de las madrugadas. De los que, a eso de las tres, cuando salen las estrellas más rezagadas, salimos a bailar. Y nos reímos, reímos juntos.
Y Pereza suena en nuestras mentes antes de mirarnos: "somos dos, ¿para qué queremos más?"
Somos dos y venimos teniéndonos ganas. Quizá sea el exceso de viño, o que la cabeza nos da muchas vueltas con luna creciente.
No sé por qué pero, esta noche te miro. Me veo reflejada en tus ojos y me siento guapa.
Sé que no eres más que el cuerpo del delito. Que me has grabado en los labios un Carpe Diem entre suspiros.
Sé que probablemente mañana me dé de bruces con tu sonrisa y tu cara de jueves. Y las risas se queden para el recuerdo.
Has rebobinado cada algoritmo en forma de caricia sobre mi espalda y me siento incapaz de frenar este terremoto que me recorre las rodillas.
Hacía tiempo que andaba buscando que alguien entendiera lo que digo entre carcajada y carcajada.
Lo que digo bajito, a los ojos.
Me coges de la cintura y vamos a rincones de una zona vieja que hace años que borró las horas de la madrugada.
Me pides que me quede.
¿Y por qué no?

      a F.

(Compostela de madrugada)

domingo, 20 de septiembre de 2015

Sentimento

Será el norte, o será la vida. El caso es que ellos expresan mejor, sienten con mas fuerza, sienten bonito.
Estoy enamorada del sentir, en serio.
Siento que no me cabe mas en el pecho cuando te miro a los ojos, que mi cabeza vaga con y sin rumbo por los caminos de tus locuras.
Que me gusta sentirte cerca, muy cerca. Y tenerte aun mas, que de estes y oestes ya estamos bien cargados. Me falta ver amanecer por tus lunares y entre estrellas.
Quiero que me beses la boca de metro y me cantes toda la capital mientras subimos a sus esquinas.
Quiero que la suerte no se ponga de ninguna parte para poder jugar a las cartas en las mismas condiciones.
Me encanta entenderme contigo. Y sentirnos cómplices, me encanta dormir en tu ombligo.
Y de eso que cuando te miro y creo que no perderé nada y me equivoco.
De esto que cuando te vas y me doy cuenta de lo que he perdido si no lo intento, y me desboco.
Que ya no quiero más atardeceres sin el lado izquierdo de tu espalda, que los rosas del cielo bajaron a decorar mi vida y me siento plena.
Será el norte que me tiene cautivada, o tus ojos que siempre que me doy la vuelta, me miran.



(Luis Fercán, concierto de despedida)


jueves, 10 de septiembre de 2015

Risas compartidas

Primera noche de norte.
Amanece y me siento en casa.
No porque no echara de menos estas tierras, que también.
Sino porque, he soñado con ellos.
Con esas personas con las que he compartido el mejor verano de mi vida.
Y no me arrepiento. No me arrepiento de nada.
He soñado con nuestras risas.
Nada mas simple y sencillo.
Y me han llenado el alma. Me han sacado la primera sonrisa de la mañana para que me cueste menos afrontar que los ángeles lloran las calles de piedra.
Los días se alargan y las noches se hacen más cortas. Ya no están echas para las salidas de juventud por el sur, y esas vueltas de madrugada, con la satisfacción de haber roto una pista de baile en la mejor compañía.
He soñado con sus risas y ojalá sea así todas las noches hasta que los vuelva a ver. De esa forma los echaré un poco menos en falta.
Así, sé que los tendré cerca, llenándome el corazón.
Hace días que entramos en septiembre y toca volver a la rutina pero, cuesta tanto despedirse de algo que invade el alma con tanta fuerza.



(Ellos conmigo, una noche de verano)

lunes, 7 de septiembre de 2015

Nos va eso de sentir

Seguro que ya ni me llamas. (Tampoco lo espero)
Que no tienes fuerzas para descolgar el teléfono y preguntar un que tal te va.

Estoy bien, obviando que te echo de menos más de la cuenta.

Estoy segura de que ya no tomas el desayuno en la cama, ni te levantas por las mañanas.
Las mañanas son demasiado dolorosas. Prefieres levantarte a unas tres de la tarde resacosas, y prepararte para la juventud de la noche que se avecina.

Estoy segura de que ya no dices a ninguna encanto, y tampoco les susurras cosas al oído.
Segura de que no les enseñas a ellas la magia de las estrellas cuando la luna toca nueva.

Pero
también estoy segura de que las tardes de cartas entre beso y verso no han salido aún de tu retina.
Suelo ser de esas, de las que pisan fuerte,
como decías, de las que dejan huella.

Ha llegado el momento
ese en que dudo si es mejor una retirada a tiempo o ser valiente y perseguir lo que quiero.

Nunca fuimos de despedidas. Se nos daba tan mal que decidimos evitarlas.
Tampoco fuimos de reencuentros.
Ni siquiera fuimos.
Simplemente nos sentimos.
Apostamos a todo o nada, sin miedo a perder.
Echamos más leña al fuego, descubrimos que nos encantaba perdernos.
Le dimos la vuelta al reloj de pared esperando que el tiempo pasara más lento.
Jugamos a hacer castillos con el de arena, en esa playa, la de los vientos.
Viajamos.
Y qué viajes.
Viajamos a las esquinas de las calles más largas de todas aquellas ciudades, la nuestra.
Viajamos con una mano delante y la otra metida en el bolsillo trasero del pantalón vaquero.
Corrimos en dirección contraria hasta dejar de vernos.
Gritamos desde el acantilado más alto,
desde la curva más amplia de nuestra montaña privada.
Nos hicimos daño, nos dejamos caer y luego nos pusimos tiritas.
Nos dimos la mano para continuar un camino entre lágrimas.

Apostamos y perdimos.
Salió mal.
Y te fuiste.
Nos sentimos y
Me fui para que cada cual se hiciera daño a si mismo, que dolía más y así nos sentíamos vivos.
Pero qué tontería.

Yo no quiero hacerme más daño.
Quiero arriesgar y ganar.

Así que lo intento. Una última vez. Pero me prometo, me juro
que será la última.
Descuelgo el teléfono y te llamo. Mientras espero, recorro la casa.
Del sofá a la cama, del pasillo a  la puerta. No coges. No quieres coger.
Ahora no estoy segura.

El timbre.

No me sorprendo. Ya sabía desde el día en que nos presentaron en aquel bar que tu no eras de llamar.
Eras de entrar y arrasar.
Eres tú.
Vamos a apostar.
Que esta vez ganamos.

-No le digo a ninguna encanto. Tampoco saben mirar las estrellas como tú, les faltan tus ojos. Siempre me pierdo por calles que conocía contigo. Mi mano echa de menos el bolsillo de tu pantalón vaquero. Y hoy...hoy hay luna nueva. No me niegues un baile más contigo.

Como siempre y casi nunca las palabras te salen de los labios.
Me lees la mente un rato y nos queremos al siguiente.
Empezamos desde el final.



(Penélope Cruz, Tom Cruise)

Sin destino

Esto es una carta. Una carta que jamás enviaré, por miedo, por tristeza, por cosas de la vida.
Solo mis letras y mi cabeza saben a quien se dirige. Tengo pocas expectativas en esta carta porque no sé muy bien como plasmar en papel la noria frenética que forman mis recuerdos y mis pensamientos.
De nuevo domingo. ¿Que siempre elijo este día? Si, siempre.

A una parte de mi corazón:

Quería decirte muchas cosas mirándote a los ojos, quise decir más cosas de las que en su día pensé, más motivos, pero todo quedó en el aire. Quise hacerlo tan bien, que salió tremendamente mal.
No voy a culpar a los kilómetros por algo que tú y yo fuimos descuidando poco a poco. Tampoco voy a ser tan ilusa como para pensar que podremos ser amigos- ni siquiera en otra vida.
Nunca fuimos amigos. Siempre fuimos nosotros.
Fuimos raros, pero me gustaba serlo. Era lo importante. Sentirnos bien, pero sentirnos.

No llego a entender ni yo por qué se acabó todo. Fue tan absurdo ese punto y final que, por no doler, dolió el doble.
Nos quedamos rotos y el uno sin el otro.
No voy a negarte que el cariño se vaya, o se extinga. No. El cariño que te he tenido siempre se queda guardado. El que pueda llegar a darle a otras vidas no serán ni iguales ni diferentes al nuestro, serán "otros".
Ahora que acaba el verano, y aunque tu no vayas a marcharte nunca de mi vida, si me gustaría que tu recuerdo se disipara de mi cabeza. No por nada, pero me gustaría continuar. De cero.
Miento. Es tarde para empezar de cero, pero quizá sea capaz de hacerlo desde cero con cinco.

Yo si que no pretendo nada con esto. Yo si que no olvido los tu sabrás.
Busco aclarar todo lo que nunca nos diremos. Encuentro esto demasiado triste como para poder ingerir tanta penuria y luchar por ser feliz.
Quisiera agradecerte todo lo bueno que me diste- que no fue poco.
Gracias por enseñarme a querer un poco más y mejor,
por dejarme entrar a formar parte de tu vida, 
por hacerme tuya y por hacer que me sintiera especial de todas las formas posibles.
Y sólo gracias.

Me encantan esos "Que te vaya bonito" que nunca están demás cuando nuestra despedida fue un hasta siempre sin quererlo.
Perdóname, si puedes.

Cuídate y sé feliz.



a M.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Si quieres, Septiembre

Volvió septiembre. De nuevo.
El verano va tocando a su fin y este maldito mes se avecina cargado de ilusiones.

Septiembre, ¿me guardas un secreto?
Me encantas.
Aunque se termine lo bueno- nos queda aún lo mejor-, aunque me pase la mitad de tu tiempo entre recuerdos del verano de mi vida, aunque duelan los "hasta pronto" mucho más que los "hasta nunca", sé que te estaré eternamente agradecida.

Para despedirte hoy decidimos verte amanecer desde el mar. Quisimos comprobar por nosotros mismos los colores que tenían tus rayos de sol sobre un agua melancólica. Jugamos con fuego y no hemos perdido.
Teníamos que concluir nuestro limbo en la playa de las despedidas.
En ella hemos pasado los momentos más felices de nuestra existencia. Y es la que siempre vuelve a vernos juntos siendo ese uno que tanto nos gusta.

Esto se acaba, se acaba otro momento más para nuestra memoria y en el casete suena la banda sonora de Begin Again. 
Debo decir que tú has sido el culpable de todas nuestras carreras a contrarreloj para no encontrarnos de cara en tu espalda. Tú fuiste el que nos hizo pasar corto el tiempo y la complicidad hizo el resto.
He oído muchas veces eso de que los amigos se van pero ellos...
Ellos no se van a ir nunca.
Lo sé.

Si quieres, Septiembre, me guardas el secreto. O si no lo publicas a los cuatro vientos.
El caso es que tú nos vas a ir separando cada año, pero no hay nada que no pueda volver a unirnos.

(Verano en Marbella)

Límite de la memoria

Dame toda tu belleza.
Toda la belleza que es capaz de mentir un cuerpo.
Esa, y la que esconde el alma.
Guárdame todas las noches recorriendo tu espalda mientras las yemas de tus dedos mimaban mi cabeza.
Recopila las marcas de mis labios para cuando la tierra decida estar de por medio.
En noventa días hemos cambiado.
Hemos cambiado llorar por reír.
Repíteme tus abrazos, por favor, no estaba muy cuerda cuando me los diste.
Escucha lo rápido que van tus latidos cuando se chocan con los míos.
Observa como tu mano descansa en paz sobre mi cintura.
Que no se nos acabe el verano.
Escapémonos entre nuestros suspiros, los de antiguos buenos días y mejores madrugadas.
Como cuando aún susurrabas desesperado,
como cuando me recordabas que me querías.
Y ya.
Ya no nos quedan días, tan solo horas.
Nos restan muchas cruces de calendarios,
muchos recuerdos revividos.
Nos soportamos ya muchas manías como para no llegar al final sin reírnos a media vida.
Bajito.
Como tú y como yo.
Como solo nosotros sabemos
hacerlo.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Abuelo

Hace unos días estuve mirando al mar, con ella. Con el amor de tu vida.
Te la dejaste aquí, en tierra y tú aprendiste a usar las alas.

Ella continúa luchando, por todos nosotros.

Estuvimos conversando sobre los sueños, sobre ti.
¿Creías que te olvidaría?
¿Creías que alguien que da tanto sin esperar nada a cambio se va por las buenas de una mente
de repente?
Ni en mil vidas que viviera podría hacerlo.

Desde aquel piso 13, en un rincón del universo, me sentí minúscula.
Pensé en lo insignificante que es el ser humano, en la de batallas que hemos librado quedando en cadenas.
Pensé en mamá.
Creo que aunque no lo diga, es la que más te ha necesitado desde que faltas. Sé que debería quererla mejor, no mejor, pero si demostrárselo más. Es la persona más importante de mi vida, aunque ella piense lo contrario. No sabe cuanto.

También te eché de menos, no voy a negarlo.
Pero cada vez que adivino en mi pecho el latido de mi corazón, te siento conmigo.



Y así

Removería Roma con Santiago con tal de tenerte a los pies de mi cama en cada noche de oscuridad más profunda.

Para que fueras mi faro, mi salida de emergencia que me dejase escapar de los problemas, para que te convirtieras en mi salvoconducto y pudiera tener el oxígeno suficiente cuando me quedase sin aliento. Para que me permitieras ser el último superviviente de tu vida.

Transportaría el Ponte Milvio a las zonas más oscuras del parque de Rosalia, desde donde- si te lo imaginas- se puede ver el fin del mundo.
Empaquetaría la magia de una rua Nova bajo la lluvia para colocarla sobre el coliseo.
En definitiva, cruzaría los dedos, deseando que todo lo maravilloso que conozco yaciera junto en un solo punto del infinito.
Quitaría los candados del puente, las promesas se terminan rompiendo con el tiempo.
Dejaría de pedir que saliera el sol y comenzaría a bailar sobre la lluvia, porque el mundo también merece poder mostrar su pena y llorarle a todos los que se le escapan de entre las manos.
Los removería por ti.
Porque...¿quien no lo hace cuando se enamora?¿quién no lo hace cuando se siente que toca la felicidad con mirar a los ojos a esa otra persona?
Y así volvería a ser, pero contigo.
Volvería a serlo todo.


(Miley Cyrus y Liam Hemsworth- La última canción)