sábado, 3 de octubre de 2015

Ying-Yang

Y mi vida gira a dos velocidades.

Soy de las que piensan que las noticias siempre se empiezan a contar por el final, por la mala. Para que la angustia se pase ante al recibir ese rayo de sol que viene después de cada tormenta.

La primera; 
la lenta, la inconformista, la que prefiere miles de días de lluvia, y se siente cómoda entre la escala de grises. Por la que no pasan los días del calendario, la del odio, la tristeza y la soledad de lo no correspondido. La inalcanzable, que parece no llegar nunca. La reina de la oscuridad más negra. La que no cree en el amor porque realmente no le ha llegado el momento.

La segunda;
la rápida, la de la hilaridad, la de la risa frenética y las sudaderas como remedio del frío de otoño. La veloz, la del cariño, la de la amistad, la del amor por los cuatro costados, la del brillo en la mirada, la de las alas de la libertad. La que prefiere  un plan para dos. La parte soñadora.

Entre ellas está el transcurso de siete mil ciento sesenta y una vueltas de un baile con Lorenzo. Entre ellas tiene que existir algún mecanismo que consiga equilibrar las dos partes de mi balanza. Entre esas dos velocidades surco mares cuando llega el levante a Cádiz, y sonrío al ver el sol de poniente en la ciudad-paraiso.
Que puede que lleguen borrascas a mi vida, que a veces me cueste nadar entre las gotas de lluvia que empañan los cristales de mi habitación. Pero también soy consciente de que en plena tormenta también se ven los arco iris enmarcando el cielo gris.


(Verano en el Sur)

Miedo

Tengo miedo de que te acerques demasiado. Temo que mi corazón actúe como una mina antipersonas a la que cuando decidas pisar explote en mil y un pedazos. Me da miedo apostar y salir ardiendo.
Ayer te miré a los ojos y una bala quiso rozarme el corazón. Qué curioso que acertar a dispararla, en una fracción de segundo, pueda determinar la continuidad de una vida.
Ayer me rozaste el corazón. De madrugada. Puede que fueran los efectos del alcohol, que casi nos juntaron los labios. O ese minuto tan efímero en el que estuvimos a menos de tres centímetros.
Si mi corazón se cuelga…entonces, sé que no habrá vuelta atrás- estará roto. Y no quedará vida alguna que amar.
Poco a poco voy sintiendo algo de calor por parte de tu sonrisa, en estos días de otoño que se están volviendo tan fríos.
Poco a poco siento que me gusta estar contigo, y que cuando no es así, mi mente se pregunta dónde estarás en un instante, además de grabado en mi memoria.
Sé que, como tantas veces, este sentimiento es personal e intransferible, como cualquier santo y seña que se guarda con la muerte.
Y luego están tus maneras de quitarle importancia a la vida, amaneciendo un viernes de resaca, con ella a tu lado. Sabes que te has enamorado de ella. No me lo niegues. Que te da miedo decírselo porque nunca habías sentido tan fuerte. Sabes que la vida es dura, y aún así tú te ríes de ella.
Y yo, tengo miedo de no saber vivir sin ti, ahora que te conozco.

(Ryan O'Neill y Ali MacGraw- "Love Story")

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nostalgia de Verano

Buenos aires y buenos versos- gracias Luis.
Siempre en mi cabeza.
Buenos aires, en buenos tiempos,
Buenos besos, a cientos,
Buenas puestas de sol.
Buenos días y tiempo para los soñadores.
He llegado al paraíso, y tú no estabas.
He llegado al paraíso sin tus indicaciones ni tus remedios de domingos de resaca.
Buenos Aires, surcando mares y cielos.
He vivido poco, pero intenso.
Viví contigo y sin ti.
 Cómo puede ser que, esto se nos pase lento,
y sin embargo el tiempo no termine por ser eterno.

Me gustaría saber qué piensas ahora. Sin peros. Sin pensar en victorias ni derrotas.
He llegado al sur, perdiendo como siempre el norte. Y las costuras de mi corazón ya están dadas de si.
Intentamos insertar una cremallera que protegiera en vano los sentimientos.
Pero, por muy "jóvenes eternamente" que fuéramos, siempre hemos sido de la vieja escuela: de aguja e hilo para arreglar corazones y remendar tantos rotos de la última pisada de todos los vestidos.

He sido feliz en mi paraíso de sal y arena, sin sentir más que el rugir del mar.
Al contrario de lo que pensabas, soy feliz con poco.



martes, 29 de septiembre de 2015

Si me dijeras ven, yo no sabría que hacer


(Ocaso del sur, nueve de septiembre)

Domingo de norte con algo de sur.
No sabría muy bien explicar cómo me siento.
Domingo expectante, esperando para volver a verte sonreír.

Lo siento si me he colgado de tu sonrisa.
Tarde de domingo no demasiado fría, queriéndote ver aparecer por la esquina donde te encontré por primera vez.
Pero parece que la vida nos trata a base de casualidades y, si nos volvemos a encontrar, ya será tarde.
No habrá más domingos juntos, ni madrugadas de miércoles a golpes contra los cristales.

Me enteré de que cada séptimo día te escapas hasta su cama a respirar otra bocanada más de aire.

Y yo ya no pregunto por ti.
Me da miedo.
No pregunto porque me falten ganas, sino porque estoy construida sobre cimientos de decepciones, mis ventanas son marcos de ilusiones rotas y no me apetece enamorarme.
No me apetece, me muero de ganas.
Pero quizá ese sea el problema, que sobren ganas y nos falte todo el tiempo que no nos daremos en casualidades.

"Pasarse media vida en Santiago, pero pensando en ti." Fredi Leis

(Amanece en Santiago, durante septiembre)

Ojalá pudiera prestarte mis ojos para que vieras la magia que se esconde tras ella.
Mi ciudad.
En algo parecido se ha convertido. Me volví compostelana "casi sin querer"
Estoy de vuelta,
de vuelta por fin, a la rutina.
Vuelvo a una rutina que se me antoja maravillosa y no acabo de acostumbrarme a no tenerte conmigo,  a no poder tener más que las palabras para describirte mi mundo.

Vuelvo a pasear por calles repletas de estudiantes, viviendo el apogeo de su vida pasada, queriendo repetir, otro año más.
Vuelvo a convertirme en una atleta perezosa de alameda, a hacer el recorrido de siempre hasta casa y vuelvo a sonreír.
Quién pudiera tenerte aquí para compartir la magia de un recuerdo vivo.

Y ahora quiero pedir que el sol que me acompaña no se vaya nunca, y que tú llegues alguna vez, aunque sea equivocándote de ruta, hasta el norte.
Que se note que necesitas algo de alegría en tu mirada.

Y es que no te miento.
Aquí, en mi mundo podemos jugar a ser alguien y acabar por sernos mutuamente.
Podemos pisar huellas que no dejó ninguno en la luna, podemos contar estrellas a través de amaneceres que tardan en aparecer, podemos recorrer una zona vieja que encuentra un alma nueva cada septiembre.
Podemos robar ilusiones para luego repartirlas.
Podemos rogar un bis de guitarra a las voces más dulces de la ciudad dormida, rogarles que no huyan hasta la capital y que continúen regalándonos momentos.
También podemos querernos bien, con los ojos.
Simplemente podemos llegar, y podemos querernos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Miércoles sin ilusiones de luna creciente

¿Y por qué no? ¿Acaso nos lo impedimos? ¿Está prohibido disfrutar?
Estamos locos. Dos locos en la ciudad más bonita del mundo. Locos ávidos de locuras.
Queremos comernos lugares con historias a carrillos hinchados, a dos manos, con prisas y sin prosas. Todo en verso.
Nos declaramos locos de las madrugadas. De los que, a eso de las tres, cuando salen las estrellas más rezagadas, salimos a bailar. Y nos reímos, reímos juntos.
Y Pereza suena en nuestras mentes antes de mirarnos: "somos dos, ¿para qué queremos más?"
Somos dos y venimos teniéndonos ganas. Quizá sea el exceso de viño, o que la cabeza nos da muchas vueltas con luna creciente.
No sé por qué pero, esta noche te miro. Me veo reflejada en tus ojos y me siento guapa.
Sé que no eres más que el cuerpo del delito. Que me has grabado en los labios un Carpe Diem entre suspiros.
Sé que probablemente mañana me dé de bruces con tu sonrisa y tu cara de jueves. Y las risas se queden para el recuerdo.
Has rebobinado cada algoritmo en forma de caricia sobre mi espalda y me siento incapaz de frenar este terremoto que me recorre las rodillas.
Hacía tiempo que andaba buscando que alguien entendiera lo que digo entre carcajada y carcajada.
Lo que digo bajito, a los ojos.
Me coges de la cintura y vamos a rincones de una zona vieja que hace años que borró las horas de la madrugada.
Me pides que me quede.
¿Y por qué no?

      a F.

(Compostela de madrugada)

domingo, 20 de septiembre de 2015

Sentimento

Será el norte, o será la vida. El caso es que ellos expresan mejor, sienten con mas fuerza, sienten bonito.
Estoy enamorada del sentir, en serio.
Siento que no me cabe mas en el pecho cuando te miro a los ojos, que mi cabeza vaga con y sin rumbo por los caminos de tus locuras.
Que me gusta sentirte cerca, muy cerca. Y tenerte aun mas, que de estes y oestes ya estamos bien cargados. Me falta ver amanecer por tus lunares y entre estrellas.
Quiero que me beses la boca de metro y me cantes toda la capital mientras subimos a sus esquinas.
Quiero que la suerte no se ponga de ninguna parte para poder jugar a las cartas en las mismas condiciones.
Me encanta entenderme contigo. Y sentirnos cómplices, me encanta dormir en tu ombligo.
Y de eso que cuando te miro y creo que no perderé nada y me equivoco.
De esto que cuando te vas y me doy cuenta de lo que he perdido si no lo intento, y me desboco.
Que ya no quiero más atardeceres sin el lado izquierdo de tu espalda, que los rosas del cielo bajaron a decorar mi vida y me siento plena.
Será el norte que me tiene cautivada, o tus ojos que siempre que me doy la vuelta, me miran.



(Luis Fercán, concierto de despedida)


jueves, 10 de septiembre de 2015

Risas compartidas

Primera noche de norte.
Amanece y me siento en casa.
No porque no echara de menos estas tierras, que también.
Sino porque, he soñado con ellos.
Con esas personas con las que he compartido el mejor verano de mi vida.
Y no me arrepiento. No me arrepiento de nada.
He soñado con nuestras risas.
Nada mas simple y sencillo.
Y me han llenado el alma. Me han sacado la primera sonrisa de la mañana para que me cueste menos afrontar que los ángeles lloran las calles de piedra.
Los días se alargan y las noches se hacen más cortas. Ya no están echas para las salidas de juventud por el sur, y esas vueltas de madrugada, con la satisfacción de haber roto una pista de baile en la mejor compañía.
He soñado con sus risas y ojalá sea así todas las noches hasta que los vuelva a ver. De esa forma los echaré un poco menos en falta.
Así, sé que los tendré cerca, llenándome el corazón.
Hace días que entramos en septiembre y toca volver a la rutina pero, cuesta tanto despedirse de algo que invade el alma con tanta fuerza.



(Ellos conmigo, una noche de verano)

lunes, 7 de septiembre de 2015

Nos va eso de sentir

Seguro que ya ni me llamas. (Tampoco lo espero)
Que no tienes fuerzas para descolgar el teléfono y preguntar un que tal te va.

Estoy bien, obviando que te echo de menos más de la cuenta.

Estoy segura de que ya no tomas el desayuno en la cama, ni te levantas por las mañanas.
Las mañanas son demasiado dolorosas. Prefieres levantarte a unas tres de la tarde resacosas, y prepararte para la juventud de la noche que se avecina.

Estoy segura de que ya no dices a ninguna encanto, y tampoco les susurras cosas al oído.
Segura de que no les enseñas a ellas la magia de las estrellas cuando la luna toca nueva.

Pero
también estoy segura de que las tardes de cartas entre beso y verso no han salido aún de tu retina.
Suelo ser de esas, de las que pisan fuerte,
como decías, de las que dejan huella.

Ha llegado el momento
ese en que dudo si es mejor una retirada a tiempo o ser valiente y perseguir lo que quiero.

Nunca fuimos de despedidas. Se nos daba tan mal que decidimos evitarlas.
Tampoco fuimos de reencuentros.
Ni siquiera fuimos.
Simplemente nos sentimos.
Apostamos a todo o nada, sin miedo a perder.
Echamos más leña al fuego, descubrimos que nos encantaba perdernos.
Le dimos la vuelta al reloj de pared esperando que el tiempo pasara más lento.
Jugamos a hacer castillos con el de arena, en esa playa, la de los vientos.
Viajamos.
Y qué viajes.
Viajamos a las esquinas de las calles más largas de todas aquellas ciudades, la nuestra.
Viajamos con una mano delante y la otra metida en el bolsillo trasero del pantalón vaquero.
Corrimos en dirección contraria hasta dejar de vernos.
Gritamos desde el acantilado más alto,
desde la curva más amplia de nuestra montaña privada.
Nos hicimos daño, nos dejamos caer y luego nos pusimos tiritas.
Nos dimos la mano para continuar un camino entre lágrimas.

Apostamos y perdimos.
Salió mal.
Y te fuiste.
Nos sentimos y
Me fui para que cada cual se hiciera daño a si mismo, que dolía más y así nos sentíamos vivos.
Pero qué tontería.

Yo no quiero hacerme más daño.
Quiero arriesgar y ganar.

Así que lo intento. Una última vez. Pero me prometo, me juro
que será la última.
Descuelgo el teléfono y te llamo. Mientras espero, recorro la casa.
Del sofá a la cama, del pasillo a  la puerta. No coges. No quieres coger.
Ahora no estoy segura.

El timbre.

No me sorprendo. Ya sabía desde el día en que nos presentaron en aquel bar que tu no eras de llamar.
Eras de entrar y arrasar.
Eres tú.
Vamos a apostar.
Que esta vez ganamos.

-No le digo a ninguna encanto. Tampoco saben mirar las estrellas como tú, les faltan tus ojos. Siempre me pierdo por calles que conocía contigo. Mi mano echa de menos el bolsillo de tu pantalón vaquero. Y hoy...hoy hay luna nueva. No me niegues un baile más contigo.

Como siempre y casi nunca las palabras te salen de los labios.
Me lees la mente un rato y nos queremos al siguiente.
Empezamos desde el final.



(Penélope Cruz, Tom Cruise)

Sin destino

Esto es una carta. Una carta que jamás enviaré, por miedo, por tristeza, por cosas de la vida.
Solo mis letras y mi cabeza saben a quien se dirige. Tengo pocas expectativas en esta carta porque no sé muy bien como plasmar en papel la noria frenética que forman mis recuerdos y mis pensamientos.
De nuevo domingo. ¿Que siempre elijo este día? Si, siempre.

A una parte de mi corazón:

Quería decirte muchas cosas mirándote a los ojos, quise decir más cosas de las que en su día pensé, más motivos, pero todo quedó en el aire. Quise hacerlo tan bien, que salió tremendamente mal.
No voy a culpar a los kilómetros por algo que tú y yo fuimos descuidando poco a poco. Tampoco voy a ser tan ilusa como para pensar que podremos ser amigos- ni siquiera en otra vida.
Nunca fuimos amigos. Siempre fuimos nosotros.
Fuimos raros, pero me gustaba serlo. Era lo importante. Sentirnos bien, pero sentirnos.

No llego a entender ni yo por qué se acabó todo. Fue tan absurdo ese punto y final que, por no doler, dolió el doble.
Nos quedamos rotos y el uno sin el otro.
No voy a negarte que el cariño se vaya, o se extinga. No. El cariño que te he tenido siempre se queda guardado. El que pueda llegar a darle a otras vidas no serán ni iguales ni diferentes al nuestro, serán "otros".
Ahora que acaba el verano, y aunque tu no vayas a marcharte nunca de mi vida, si me gustaría que tu recuerdo se disipara de mi cabeza. No por nada, pero me gustaría continuar. De cero.
Miento. Es tarde para empezar de cero, pero quizá sea capaz de hacerlo desde cero con cinco.

Yo si que no pretendo nada con esto. Yo si que no olvido los tu sabrás.
Busco aclarar todo lo que nunca nos diremos. Encuentro esto demasiado triste como para poder ingerir tanta penuria y luchar por ser feliz.
Quisiera agradecerte todo lo bueno que me diste- que no fue poco.
Gracias por enseñarme a querer un poco más y mejor,
por dejarme entrar a formar parte de tu vida, 
por hacerme tuya y por hacer que me sintiera especial de todas las formas posibles.
Y sólo gracias.

Me encantan esos "Que te vaya bonito" que nunca están demás cuando nuestra despedida fue un hasta siempre sin quererlo.
Perdóname, si puedes.

Cuídate y sé feliz.



a M.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Si quieres, Septiembre

Volvió septiembre. De nuevo.
El verano va tocando a su fin y este maldito mes se avecina cargado de ilusiones.

Septiembre, ¿me guardas un secreto?
Me encantas.
Aunque se termine lo bueno- nos queda aún lo mejor-, aunque me pase la mitad de tu tiempo entre recuerdos del verano de mi vida, aunque duelan los "hasta pronto" mucho más que los "hasta nunca", sé que te estaré eternamente agradecida.

Para despedirte hoy decidimos verte amanecer desde el mar. Quisimos comprobar por nosotros mismos los colores que tenían tus rayos de sol sobre un agua melancólica. Jugamos con fuego y no hemos perdido.
Teníamos que concluir nuestro limbo en la playa de las despedidas.
En ella hemos pasado los momentos más felices de nuestra existencia. Y es la que siempre vuelve a vernos juntos siendo ese uno que tanto nos gusta.

Esto se acaba, se acaba otro momento más para nuestra memoria y en el casete suena la banda sonora de Begin Again
Debo decir que tú has sido el culpable de todas nuestras carreras a contrarreloj para no encontrarnos de cara en tu espalda. Tú fuiste el que nos hizo pasar corto el tiempo y la complicidad hizo el resto.
He oído muchas veces eso de que los amigos se van pero ellos...
Ellos no se van a ir nunca.
Lo sé.

Si quieres, Septiembre, me guardas el secreto. O si no lo publicas a los cuatro vientos.
El caso es que tú nos vas a ir separando cada año, pero no hay nada que no pueda volver a unirnos.

(Verano en Marbella)

Límite de la memoria

Dame toda tu belleza.
Toda la belleza que es capaz de mentir un cuerpo.
Esa, y la que esconde el alma.
Guárdame todas las noches recorriendo tu espalda mientras las yemas de tus dedos mimaban mi cabeza.
Recopila las marcas de mis labios para cuando la tierra decida estar de por medio.
En noventa días hemos cambiado.
Hemos cambiado llorar por reír.
Repíteme tus abrazos, por favor, no estaba muy cuerda cuando me los diste.
Escucha lo rápido que van tus latidos cuando se chocan con los míos.
Observa como tu mano descansa en paz sobre mi cintura.
Que no se nos acabe el verano.
Escapémonos entre nuestros suspiros, los de antiguos buenos días y mejores madrugadas.
Como cuando aún susurrabas desesperado,
como cuando me recordabas que me querías.
Y ya.
Ya no nos quedan días, tan solo horas.
Nos restan muchas cruces de calendarios,
muchos recuerdos revividos.
Nos soportamos ya muchas manías como para no llegar al final sin reírnos a media vida.
Bajito.
Como tú y como yo.
Como solo nosotros sabemos
hacerlo.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Abuelo

Hace unos días estuve mirando al mar, con ella. Con el amor de tu vida.
Te la dejaste aquí, en tierra y tú aprendiste a usar las alas.

Ella continúa luchando, por todos nosotros.

Estuvimos conversando sobre los sueños, sobre ti.
¿Creías que te olvidaría?
¿Creías que alguien que da tanto sin esperar nada a cambio se va por las buenas de una mente
de repente?
Ni en mil vidas que viviera podría hacerlo.

Desde aquel piso 13, en un rincón del universo, me sentí minúscula.
Pensé en lo insignificante que es el ser humano, en la de batallas que hemos librado quedando en cadenas.
Pensé en mamá.
Creo que aunque no lo diga, es la que más te ha necesitado desde que faltas. Sé que debería quererla mejor, no mejor, pero si demostrárselo más. Es la persona más importante de mi vida, aunque ella piense lo contrario. No sabe cuanto.

También te eché de menos, no voy a negarlo.
Pero cada vez que adivino en mi pecho el latido de mi corazón, te siento conmigo.



Y así

Removería Roma con Santiago con tal de tenerte a los pies de mi cama en cada noche de oscuridad más profunda.

Para que fueras mi faro, mi salida de emergencia que me dejase escapar de los problemas, para que te convirtieras en mi salvoconducto y pudiera tener el oxígeno suficiente cuando me quedase sin aliento. Para que me permitieras ser el último superviviente de tu vida.

Transportaría el Ponte Milvio a las zonas más oscuras del parque de Rosalia, desde donde- si te lo imaginas- se puede ver el fin del mundo.
Empaquetaría la magia de una rua Nova bajo la lluvia para colocarla sobre el coliseo.
En definitiva, cruzaría los dedos, deseando que todo lo maravilloso que conozco yaciera junto en un solo punto del infinito.
Quitaría los candados del puente, las promesas se terminan rompiendo con el tiempo.
Dejaría de pedir que saliera el sol y comenzaría a bailar sobre la lluvia, porque el mundo también merece poder mostrar su pena y llorarle a todos los que se le escapan de entre las manos.
Los removería por ti.
Porque...¿quien no lo hace cuando se enamora?¿quién no lo hace cuando se siente que toca la felicidad con mirar a los ojos a esa otra persona?
Y así volvería a ser, pero contigo.
Volvería a serlo todo.


(Miley Cyrus y Liam Hemsworth- La última canción)

jueves, 27 de agosto de 2015

Música para mis oídos

Vanesa, para de amoratarme el corazón. Cesa la cuerda del reloj de pared y que le den al maldito tiempo. Que pase únicamente cuando le demos la vuelta al reloj de arena.

Nunca pasa lo suficientemente lento.
Puede que hayan pasado los días. Días distintos, alegres, joviales, musicales, días juntos. Pero han pasado.
Ahora nos encontramos en un momento de no saber. De no saber hacia donde disparar la flecha que nos guíe, hacia dónde imantar la brújula de nuestro destino para que nos señale juntos.
Axel, no la ayudes. No la emprendas a martillazos con 'eso' que se empeña en recorrerme el cuerpo.

Soy una extraña en mi propia vida.
Dejé de creer las verdades y mentiras, y ahora
ahora nada importa aunque me saque una sonrisa.

Ahora soy una butaca en un cine transitado, revendida en miles de ocasiones.
Un cine de verano que ve ilusiones con retraso reponiendo la misma película una y otra vez,
Soy el campanario más alto de una ciudad abandonada, un alma que lucha contra la intensidad en la penumbra, que lucha contra el peso del paso de los días y que se busca perdida.

Y confieso que no sé encontrarme de nuevo.
Confieso que me hice la loca demasiado y me convertí en una más. Una de esas que andan perdiendo el sur, de esas que ya no sueñan porque no recuerdan.

Dejad de aporrear las teclas blancas y negras del piano. Dejad que respire profundo una última vez más y no rondéis por mi cabeza con el maldito '¿y qué?' que tantas vidas atormenta.
No me prometáis un 'casi te rozo' en pasiones de una noche que acaban por desaparecer a unas seis de la mañana.

Creo que no soy la única que se ha dado cuenta de que sólo con mis manos no puedo frenar enero y que cuando escucho las cuerdas de su guitarra-de lejos- aún me tiemblan las piernas.

Prefiero ser de las que piensan que sin saber por qué nos convertiremos, tarde o temprano, en polvo de mariposas. Mucho más poético, ¿no creéis?

Es tan necesario que dejemos de sernos que solo puedo pedirte que no me salves mientras hablas.
Y en ese tiempo de espera, cuando mis labios van a cobrar vida, me da por respirar de ti.

No encuentro las palabras suficientes ni adecuadas para decir que hoy no , que lo nuestro tardará en llegar porque ni tú ni yo somos un romance corriente de una noche de verano. Ni tú ni yo somos del tiempo.
Esto viene de lejos.

Viene de que necesitemos existir juntos y yo hoy
Yo me pido vida.

En el diario leo la crónica de un baile que entre tú y yo, decidimos aquel abril.



(Vanesa Martín y Axel- '¿y qué?')

martes, 25 de agosto de 2015

Sobre la misma luna

Cuantas noches he pasado soñándote desconocido, tanto despierto como dormido.

Me pregunto a cada rato si confías en el destino.
Me prefiero sola, al alba, en cada futuro contigo.

Es algo curioso que la casualidad junte dos almas a mil kilómetros de distancia, poniendo el contador de cariño a cero para cuando decidamos empezar.

Por ahora no somos más que una sonrisa dentro de una pantalla, mientras la luna ahí arriba no ha parado de mirar.
Y el cielo tiembla y las estrellas bailan y todos tus amigos te preguntan quién es ella.
Y me señalan.
Me señalan y tú ni te atreves a contestar.

Y yo te sueño de lejos y de cerca.
Te sueño a mi lado sin tenerte ni ansiarte tan fuerte.
Te sueño.
Eres un sueño más de las partituras que duermen sobre el piano de cola.

Y siento.

Siento que te conozco de siempre. Y mi corazón se revuelve embravecido queriendo pasear mis dedos por el ángulo recto que forma tu barbilla con tu pecho.
Sin esa caricia, se sienten deshechos.

Ellos te vuelven a preguntar. Te preguntan por mi. Y tú caminas perdido, y no sabes que decir.

Sientes que las palabras no son útiles a la hora de describir que tus ojos quieran cerrarse solo para verme en sueños.
Quieres que se cierren fuerte y transportarte en un instante a la calle de la casa azul en algún rincón de París.

Yo aún no tengo sueño. 
El sueño. No lo encuentro.

Lo he buscado bajo la almohada, sobre las estrellas.
Lo he buscado hasta en las páginas en las que escribí tu nombre- al que abrazó una botella.
Pero esta noche, de verano y de madrugada;
Esta noche al inicio de la semana, mis dedos se mueren por recorrer de nuevo el ángulo de los sueños,
y a mi, para que engañarnos,
a mi me apetece verte para pedirte que esta noche no te atrevas a abandonarme a mi suerte .


(Ana de Armas, Martín Rivas- Por un puñado de besos)

lunes, 24 de agosto de 2015

Veinte veinticuatros

Que el alcohol para las heridas es demasiado fuerte para mojar mis penas.
Casi prefiero que vengas tú y me marques todas las cicatrices, colgando el cartel de "en obras" bajo mi corazón.
Prefiero que recortes a golpe de bisturí el porqué de mis pestañas, que no me deja dormir.
Ni soy príncipe, ni es azul la sangre que me corre por las venas.
No me pidas que te insista o tendré que ir a hacer guardia al balcón de tu ventana con tal de que te escapes conmigo a hacer la ruta 66.
Y te advierto que se me olvidó trepar las rocas de tus hogueras.
Que hace tiempo que tú y yo ya no somos amigos, y de eso el whisky de la barra es el único testigo.
Ni tú quieres quererme ni yo consigo quererte bien. Nos amamos a sorbos de vida y eso es el cuento de nunca acabar.

Pero me niego. Me niego a renegar de ti, a fingir que todo esto pasó.
Porque ha pasado. Fuimos ciertos.
Fuimos una lágrima en un océano al norte de tu cintura. Fuimos un atardecer de otoño, entre risas.
Fuimos, y duele.
Que no sepamos ser más, que no sepamos beber vientos ni escribir versos en grafittis en muros blancos de pared.
Que el mapamundi nos conozca no es más que cuestión de tiempo.
Que mis manos no suelten tu pelo, dependerá del momento.



(Tom Cruise, Elisabeth Shue- Cocktail)

sábado, 22 de agosto de 2015

"Tan al sur que perdí el norte."

Y me he pasado la tarde, mientras el sol se balancea en su tela de araña, leyendo frases.
Mientras las leía, las encajaba en algún momento ya vivido, como el pie de foto que nunca tuvimos.

Soy de las personas que piensas que cada vida tiene su propia banda sonora. Me gusta entretenerme imaginando cual podría ser la mía, y qué canción le pega a cada momento. Adoro pensar en la música que lleva la película de mi vida.
Por ejemplo, para un momento alegre, la guitarra es esencial- me quedo con Simple Plan-, para la melancolía prefiero el piano o incluso la voz a capella- Norah es mi debilidad-, si esta tiene el don de erizarme el vello que cubre mis sangre que pasa.
Para días grises, me gusta el rock, para el norte, elijo la caja y algo de mi flamenco que me transporte al sur de mi alma.
Para cuando no queda más remedio y mis pies me piden salir a bailar o a correr prefiero los acordes que llegan desde lejos y algo de gritos con sonidos eléctricos.
Para veladas entre amigos, todo vale, depende de la confidencialidad, de la intensidad del momento, de las ganas. Depende de cómo se nos  pase el tiempo.

Y al igual que hay música que acompaña nuestras experiencias, hay frases, que otros escriben como si fueran hechas para ti, para tus momentos.
Frases que al leerlas puedes transportarte minutos, segundos e incluso años atrás y traerte de un soplido todas las risas vividas.
Existen muchas palabras que cuando las unes a modo de puzzle, encajan sin quererlo. Y ahora es cuando yo me doy cuenta de que siempre estuvieron ahí.

Hoy la tarde sabe a café y a mi me encanta soñar en compañía- Yellow submarine, de aquel 1969-.
Los  Beatles insistieron en buscarme. Yo no quería.
Cuando quieras saber algo más de mi vida, busca la libreta donde apunté cuidadosamente todas las frases. Puede que te den alguna pista.
Léelas mientras te imagino. Están en el segundo cajón del escritorio, bajo cientos de recuerdos.


"Te comería a versos"- Rayden



Y no sabes lo que somos, lo que fuimos. Ni te lo imaginas. Nunca seremos.
No eres capaz de pensar en blanco.
Y los versos no te salen si no es con bolígrafo en una mano y micrófono en la otra.
Le cantas a ella, a la vida. Es a la única a la que le debes algo.
Le escribes a todas las casualidades con falda que pasan a tu lado por las calles de un Madrid que se cree modernista.
Y haces temblar tantos corazones que todos los Don Juanes se preguntan cuál será la receta de un chico de la calle.
Quieres comerte el mundo, con las manos. El cuchillo y tenedor son demasiado formales.
Quieres leer bocabajo una calle sin salida para escapar por algún rincón a cielo abierto.
Y sin embargo, te consideras uno más.
Déjame decirte esto:
Creo que no soy la única que lo pienso. 
Te lo has ganado. He de agradecerte enseñarme a sentir más fuerte.
Has ido subiendo los peldaños de una escarpada escalera, de uno en uno, y saltando retos cuando retrocedías dos escalones.
Te ha salido un cinco en  el dado de la vida y has podido colocarte en la casilla de salida
-el primero- sin que te coman.
Has sabido enseñarme Capital y Condal entre susurros de mis labios
sin moverme de las páginas de tu Herido Diario.
Todo, para que el mundo vea lo que sufren los poetas sin alma.
Para que el mundo vea que, con cada verso, vais perdiendo un sorbo de una felicidad efímera, pero que algo siempre queda bajo la almohada.
Me has enseñado que los marineros de segunda no son los únicos  que naufragan a la primera, y que hacer el amor significa volver de la guerra. Me has enseñado que prefiero ser persona a ser humano, y que nos vestimos rápido para desvestirnos lento.
Me enseñaste, ya hace tiempo, que tratarnos con humor también nos hace llegar al orgasmo,
incluso mejor.


Martina



Yo me quedo con ella.

A la que no le gusta que la llamen por su nombre. La que prefiere miles de aromas de verano antes que seis letras.
A la ella que adora pasear sus huellas entre granos de arena y respirar la sal del mar.
Me quedo con la que baila sin ganas solo por ver aparecer una sonrisa más en los labios de todos.
Me quedo con la que echa de menos a centímetros y se lo calla para no dolerse más fuerte.
Con la que está enamorada del que tiene el síndrome de Peter Pan.
Con la que se cansó de esperar y ya solo utiliza el polvo de hadas para volar y no verlo más.
Con la que olvida lo inolvidable con tal de vivir al máximo.
Me quedo con ella, que lleva el color de la vida en la suela de sus zapatillas.
Con una andaluza de centroeuropa que bebe los vientos por la voz de aquel gallego.
Me quedo con una amiga, con una hermana de otra sangre, con una persona que sabe sacarme las cosquillas y reír conmigo a carcajadas.
Me quedo con una que la vida me que trajo por casualidad.
No desde siempre pero, si para siempre.

lunes, 17 de agosto de 2015

Entre Júpiter y Saturno

Tú y yo estamos entre Júpiter y Saturno. En una misma galaxia, aún.
Girando alrededor de una única estrella.
Estamos a los centímetros que en kilometros separan los dos astros. A 651087974. Del suelo.

Nos gusta lo que tenemos. Es un amor envasado al vacío sin fecha de caducidad impresa sobre el reverso de la etiqueta. Lo nuestro es un 'no parar de reír' desde el amanecer al atardecer con cara de tontos.
Lo nuestro es nuestro y de nadie más.

No somos tiempo, no somos un trozo de papel pintado con tinta de cualquier color. No somos recuerdos guardados en la retina. No somos de los que miran. Que miren si quieren.
No somos eternos, ni somos todo lo maduros que nos gustaría. 
Tampoco somos la letra de una canción, ni una novela acabada en tragedia. Ni somos de cine, ni de película. Los príncipes y princesas se quedan en la realeza europea.

Nosotros nos perdemos entre la vida de una calle abarrotada.

Somos dos personas que estamos aprovechando nuestra casualidad. Dos, que viven.
Somos dos, exprimiendo ganas como naranjas, tostando nuestra piel- en tostadora (al sol)- como las tostadas de nuestro momento preferido de las mañanas. Somos sábanas permanentemente arrugadas, y algo de sal en el pelo.
Somos una madrugada por la que no pasan las horas. Somos una noche de verano.
Dos locos que lejos de hacer locuras, se fugaron a la playa del viento. Dos locos que buscan contar las estrellas de su cielo cada vez que ven a la luna a más de veinte metros.

Y no necesitamos ningún tipo de prueba para demostrar que nos hacemos reír, que tenemos derecho a todo estando juntos.



sábado, 15 de agosto de 2015

Escribo.

(...)
Tarde rara, como yo, y como todas las de mi vida cuando utilizo la cabeza para algo más que para llevar el pelo.
¿Miedo a vivir? Puede. Claro que lo tengo. Es lo único que me mantiene serena, aunque parezca mentira.
Fiebre de sábado noche, de sábado tan de madrugada. Fiebre porque este calor no se atreve a dejarme sola.
Alejandro quiere que las tiritas no surtan efecto. Gracias por la parte que te toca, señor Sanz.
Estas tiritas inservibles ya no sujetan el corazón ni lo colocan,  y el alma se escapa por dos costados.
Escribo por escribir. Para sentirme bien, para desnublar el cielo de mi cabeza, y que mis pájaros cesen su vuelo.
Escribo para que mi mundo de ficción continúe vivo en alguna parte y mientras tanto interpretar mi papel de cara a la realidad.
Escribo realmente porque duele menos la situación descrita con palabras.
Hace tiempo que aprendí que las canciones y el papel no curan pero si pueden hacer de paliativos para cabeza y corazón.
Disminuyen el dolor durante el tiempo que rebusques las palabras que lo definen.
(...)
Escribo para decapitar momentáneamente la cabeza de mis sueños, para dejar de idealizar la ella que me gustaría ser. La ella de tantos otros. La ella que está en alguna cabeza y en ciertos corazones.
Las millones de teclas de piano de una melodía sin desafinar. La 'princesa de nadie' sin tan siquiera ser princesa.



viernes, 14 de agosto de 2015

Otros amigos

Noches de verano. De risas, de viento y hogueras, con o sin estrellas. Noches de luna llena, queriendo vaciar un vaso de un trago.
Es el verdadero significado de estas noches.

Uno repiquetea las cuerdas de una guitarra. Dos discuten, ella es demasiado romántica; él, práctico.
Otra captura momentos en la retina, parpadeando. Quiere quedarse a vivir en esa noche. Para siempre.
Otra piensa, rie y sueña, con dos más. De todo y de nada. De la vida y la muerte, quitando importancia.
Otro sonríe. Sabe que le encantan esas noches pero nunca lo deja claro. Siempre calla. Si confesara dejarían de ser sus noches. Sus maravillosas noches. Dos más buscan estrellas en el reflejo del mar. La luna no les deja ver la vida marina con suficiente claridad.
Otros. En otra vida fueron tan amigos como ellos. Y rieron, y lloraron, y se tuvieron siempre.
Otros, en otro planeta aún por descubrir.
Otros volvieron a amar aquellas noches de verano en la arena de una playa que se les tornaba un mundo en aquellas madrugadas.


Una vida más

No te puedes hacer una idea de lo que valoré la vida ayer. Aproveché la felicidad ajena. Fui una espectadora más de la pantalla de cine de tu vida.
Y, joder, qué bonito fue.
Te vi sonreír, derramar dos de las mil lágrimas que rodaron por tus mejillas desde que salió el sol. Ayer se acabaron tus días eternos.
Comencé a dar saltos de alegría. Mis ruegos habían dado sus frutos.
Estabas bien.
Estabas vivo.
Te miré a los ojos, y sonreí.
Solo fui capaz de eso.
Aún te queda mucho para que te salgan las alas por la espalda. Aún tienes que aprender a volar bien y disfrutar los retales de carnaval que te ofrece la juventud.
Aún te queda vida.

Y fui feliz.


Cara DeLevigne


Lentes bifocales

(Dustin Hoffman, Katharine Ross-El Graduado)

Había venido a contarte que no podíamos ser amigos.
Que los amigos se quieren, se respetan y se tienen en cualquier momento.
Tú y yo nunca fuimos así.
Nunca nos quisimos, nunca respetamos nuestro respeto. Nunca nos tuvimos. Nos llamamos Libres.
Tú siempre buscaste que nadie te entendiera, yo a alguien que rompiera mis destrozados esquemas.
Tú las preferías rubias, como aquellos caballeros;
y yo te perseguía los brazos para ver si era azul la sangre de tus venas todos y cada uno de los abriles que pasamos juntos.
Tú bailabas solo, a mi me gustaba bailar en compañía.
Tú preferias los nunca; yo, los siempre.
Para ti el plan perfecto era cualquiera que no estuviera yo. Mi plan perfecto era no verte ninguna madrugada.
Y así pasó el tiempo.
Había venido a pedirte perdón. Perdón por no haber sabido amar tu caos, por no cerrar los ojos en cada túnel pidiendo nuestro deseo. Quería disculparme por todas las noches sin dormir que te regalé.
Pero me quedé en la puerta.
Tú y yo siempre seremos nosotros. Nunca seremos Tú y yo.
Y eso es lo que más nos une.
Había venido a decirte que no quiero verte más. Pero me he dado cuenta de que eres mi persona favorita.