Para estas noches de verano no está bien la soledad.
Bublé tampoco ayuda. Ni Birdy, ni Roxette.
Las estrellas escondidas bajo nubes tampoco quieren verme la sonrisa. Ni los labios.
Me invade un sentimiento con el que no me llevo bien.
Una melancolía extraña- puede que sea de no tenerte cerca, de no tenerte.- un no sé bien qué, que se pelea por mi cordura en las noches de verano.
Y me busca, y me encuentra; revolucionando mi alma y tirándola al suelo hasta verla hecha añicos junto al anillo que llevé ayer.
Mi almohada no quiere ser testigo de más agua salada. Tampoco quiere compartir mi sueño con la amargura. Sólo quiere ser soñada.
Mi corazón no quiere hacerme caso. Sigue latiendo al ritmo que se le impuso. Y nunca desobedece.
Y yo muero. Muero por ver de nuevo París, desde las luces de la noche. Me muero por subir hasta la última planta de la torre y jugar a tocar la luna con los dedos.
Me muero por llegar exhausta, caer de rodillas y encontrarme tu sonrisa tirada entre los metales de aquella maravilla del mundo.
Me calmo pensando que nunca será verdad. Que a ti te gusta tu vida y te dan miedo los cambios.
Vuelvo a pensar en lo intensamente que sentimos, en que cada grano de arena se nos hace un mundo.
Miro Venus desde el balcón peor cuidado de la ciudad. No tiene flores, ni vida. Solo silencio y una pena que la mira.
Me muero. Y tú no estarás aquí para verme sentir.
Si la vida te pone obstáculos sáltalos, y sobre todo nunca olvides darte la vuelta y sonreír. Lánzale un beso al aire y recuerda que eso de que todo el mundo es especial es mentira. Solo son especiales los que sueñan con serlo y persiguen sus sueños allá donde quiera que vayan.
viernes, 14 de agosto de 2015
miércoles, 12 de agosto de 2015
Perseidas
Disfrutaremos de un pasado mañana juntos
Apaga la luz. A oscuras lo nuestro sabe mejor.
Recórreme todas las partes de la casa, con nuestra historia a cuestas.
Finalicemos en la encimera de una cocina mirando al mar.
Que nos envidie la luna. Que vea lo que nos queremos, lo que podemos llegar a desearnos.
Que un beso sirva para decirte todo lo que callé y que no me arrepienta de todo lo que podía perder habiendo arriesgado.
Enciende la radio de madrugada y bailemos de la forma mas aleatoria que se nos ocurra.
Saca del frigo el champan y las fresas, calienta el chocolate.
Todo eso mientras mis manos curiosas se entretienen abrazándote por la espalda. Todo, mientras yo preparo un baño y de fondo se escucha la guitarra de Ringo.
Saca el vinilo de James, tiremos la casa por la ventana esta noche.
No me dejes que no vaya descalza y sienta el helado frío de verano bajo nuestros pies.
No todas las noches pasa esto. Llueven estrellas. Quien lo diria.
Y a mi me gusta la lluvia.
Cállame. Haz que deje de soltar almíbar de los labios. Cállame de la forma mas sin aliento que de te ocurra.
Intenta que lleguemos al sur del horizonte cuando la tormenta amaine y las primeras luces del alba despunten.
Recorre a besos el norte de mi cuello hasta que sienta ese escalofrío que tanto me gusta en la nuca.
Hasta que dejemos de ser dos, y ya lo sepamos todo.
Hasta que las estrellas que hayan llovido se sequen en la tierra de tus principios.
Quiéreme en noches de verano como estas. En ellas me sacarás mis mas oscuras confesiones, mis ideas sobre la vida y mis miedos.
domingo, 9 de agosto de 2015
Udjat
Noche de bar, como si se nos fuera la vida en ello. Algún tinto, de verano sin invierno. Música en los oídos, de esa que nos hace recordar, seguir sumando experiencias a los corazones rotos.
Me pongo mis mejores galas, mis ganas, con el latido encogido esperando el momento para poder verte. Tengo tantas ganas siempre de tus abrazos. Sólo tú sabes parecer indiferente, y dejar que sea yo la tonta que te persigue, cuando sabes que te encanta que la sonrisa me llegue a los ojos.
Confesaré que me he acostumbrado a dormir a tu lado. Soy oyente de tu corazón en el preludio de mi fase rem. Me siento infinita en sueños. Pero me siento aún me siento más infinita cuando abro los ojos, y tus brazos me rodean.
Me declaro dependiente de tus besos cuando crees que estoy dormida, agarrando mi cintura con más fuerza para que mis piernas no se atrevan a escapar de tus redes. Y allí, en el rincón derecho de tu corazón izquierdo, me siento yo. Me siento pequeña y protegida, me siento tuya. Cómo reconforta ese sentimiento.
En la esquina de mi muñeca está la oscuridad, la cara oculta de la luna. Las líneas perfectamente trazadas dibujan el ojo izquierdo de Horus. La esquina de tu muñeca, la derecha, está llena de luz. Luz de sol que forman las lineas del ojo izquierdo. El ojo de la protección. Juntos formamos una única vista, una visión de futuro en un pasado.
Vuelve a ser madrugada de verano, vuelven a ser pasadas las doce, de nuevo domingo.
Mi cama te extraña. Mi cintura reclama tus brazos a gritos, mi espalda necesita los latidos de tu corazón abrazándola y yo...
yo te echo de menos.
yo te echo de menos.
a él.
No hay más
Mañana, cuando despiertes.
Mañana será el día en el que abras los ojos y la veas a tu lado. El día en que respires tranquilo y cansado porque te pasaste toda la noche mirando los rayos de luna en su espalda, viéndola dormir.
Se ha convertido en tu pasatiempo favorito desde que empezasteis a ser algo.
No hay nada más bonito, más simple y más sencillo que ver a un hombre enamorado.
No hay más que mirarte a los ojos para ver cómo la quieres, cómo lo demuestras.
Cada día
persigues su pintalabios rojo, te preocupas porque las lágrimas que salgan de sus ojos sean solo de alegría, intentas que esa sonrisa salga solo tres de cada cuatro veces a superficie.
Ese cuarto de sonrisa te lo guardas para los momentos posteriores a las peleas- te encanta pelear con ella para que después las paces sean dulces y salvajes.
Adoras llevarla a recorrer el mundo de tus sueños, y el mapamundi con el índice. Recorrer sus mejillas con el pulgar y retirarle el pelo de la cara poniendo primero el corazón. Te encanta hacer planes, con ella. Ellos la retienen entre tus dedos. Has aprendido lo que le gusta rápido y la necesitas cada tres segundos en una hora completa.
La llevas a bailar las madrugadas de luna llena, y sabes que se derrite con susurrarle al oído.
La has enseñado a querer, y a sentirse querida-
Tú, en cambio, has aprendido lo que es el amor.
Mañana será el día en el que abras los ojos y la veas a tu lado. El día en que respires tranquilo y cansado porque te pasaste toda la noche mirando los rayos de luna en su espalda, viéndola dormir.
Se ha convertido en tu pasatiempo favorito desde que empezasteis a ser algo.
No hay nada más bonito, más simple y más sencillo que ver a un hombre enamorado.
No hay más que mirarte a los ojos para ver cómo la quieres, cómo lo demuestras.
Cada día
persigues su pintalabios rojo, te preocupas porque las lágrimas que salgan de sus ojos sean solo de alegría, intentas que esa sonrisa salga solo tres de cada cuatro veces a superficie.
Ese cuarto de sonrisa te lo guardas para los momentos posteriores a las peleas- te encanta pelear con ella para que después las paces sean dulces y salvajes.
Adoras llevarla a recorrer el mundo de tus sueños, y el mapamundi con el índice. Recorrer sus mejillas con el pulgar y retirarle el pelo de la cara poniendo primero el corazón. Te encanta hacer planes, con ella. Ellos la retienen entre tus dedos. Has aprendido lo que le gusta rápido y la necesitas cada tres segundos en una hora completa.
La llevas a bailar las madrugadas de luna llena, y sabes que se derrite con susurrarle al oído.
La has enseñado a querer, y a sentirse querida-
Tú, en cambio, has aprendido lo que es el amor.
Sal, de mi vida.
Me pregunto por qué las lágrimas saben saladas.
Quisiera saber por qué esa sal hace que flotemos en la inmensidad del mar y por qué nos escuece las heridas. Porque esa sal siempre acompaña al limón en el chupito de tequila del viernes noche. Ese que se convirtió en rutina.
Me pregunto por qué las estrellas eligieron brillar en el cielo, y no en la tierra. Por qué se dice que la vida es corta, que el alma pesa, o que los sueños se persiguen.
Quiero saber el porqué del universo de tu ombligo. No me hacen falta las constelaciones, para contar los lunares de tu espalda.
Me pregunto. Por qué la noche es joven y las horas no paran a descansar ni un segundo en el reloj.
Porque los ángeles son invisibles.
Quiero saber porqué adoro bailar con tus brazos sobre mi cintura.
¿Por qué tengo tantas preguntas? ¿Por qué me cuestiono mi existencia los domingos y adoro tanto las madrugadas?
Quizás lo que me falten no sean solo las respuestas.
Iré en su busca. Prometo ir antes de que el solsticio escriba la palabra fin sobre la arena. Antes de que la fuerza de las olas borren esas letras de la arena y llegue septiembre.
Prometo contar tus lunares, subida en la luna. Porque, aunque la noche sea joven, esa juventud no nos durará eternamente.
Porque aunque siempre tengamos ansias de sur, llegará la hora en que tenga que partir hacia el norte.
Y aún tengo que encontrar la caja de herramientas para responder a tanta pregunta, aún tengo que aprender a que la sal no escueza en mis heridas, y a sumergirme tanto que vea océanos en vivo a través de mi retina.
Quiero un tequila sin sal, con naranja y canela. Viendo amanecer contigo.
Los atardeceres sin ti están sobrevalorados.
Sevilla se viste de noche
Martes travieso
-de estrellas-
y tú con minifalda recorriendo la calle mayor del centro.
¿Pensaste que no me daría cuenta de tu encantador silencio?
Sola, buscando unos ojos sobre los que brillar te encontraste con los míos.
Esperaste a ver las baldosas bañadas por la luz de las farolas para salir de paseo.
Un bar de aquí, y otro de allá. Copa rota, una tras otra.
Nunca conocí a otra que me embrujase el corazón con la mirada como tú lo hiciste aquella noche.
Quizá fuera el calor del verano el que no me permitía pensar con claridad, o el hecho de que Málaga y Sevilla hubiéramos coincidido aquel fin de semana en Cádiz, causando la peor parte del efecto mariposa.
Sólo recuerdo que te vi sonreír y no pude impedir que el mundo se me parara. Ellos me insistieron que persiguiera a tus amigas, que ellas, con tanta risas, eran maravillosas.
Pero no hice nada. Y mi corazón prefirió quedarse con la timidez de tu sonrisa, y la calidez de tus ojos verdes.
Desde aquella noche mi cabeza no ha dejado de recordarte bailando. Y sé que no tengo más opción que quedarme con tu recuerdo.
Pero aquella noche fuiste mía.
-de estrellas-
y tú con minifalda recorriendo la calle mayor del centro.
¿Pensaste que no me daría cuenta de tu encantador silencio?
Sola, buscando unos ojos sobre los que brillar te encontraste con los míos.
Esperaste a ver las baldosas bañadas por la luz de las farolas para salir de paseo.
Un bar de aquí, y otro de allá. Copa rota, una tras otra.
Nunca conocí a otra que me embrujase el corazón con la mirada como tú lo hiciste aquella noche.
Quizá fuera el calor del verano el que no me permitía pensar con claridad, o el hecho de que Málaga y Sevilla hubiéramos coincidido aquel fin de semana en Cádiz, causando la peor parte del efecto mariposa.
Sólo recuerdo que te vi sonreír y no pude impedir que el mundo se me parara. Ellos me insistieron que persiguiera a tus amigas, que ellas, con tanta risas, eran maravillosas.
Pero no hice nada. Y mi corazón prefirió quedarse con la timidez de tu sonrisa, y la calidez de tus ojos verdes.
Desde aquella noche mi cabeza no ha dejado de recordarte bailando. Y sé que no tengo más opción que quedarme con tu recuerdo.
Pero aquella noche fuiste mía.
viernes, 7 de agosto de 2015
Ohana significa familia
La melancolía se cierne sobre el mar. Llora nuestra marcha un año más.
-B e n d i t o v e r a n o-
Hemos vuelto a la realidad, dado de bruces en su cara y calado en lo más hondo de su ser y parece que pasó una vida desde que emprendimos el viaje hacia ningún lugar, juntos, como siempre y para siempre. Qué pronto se acostumbra uno a lo bueno.
Habremos tenido pasados anteriores, distintos. Me confieso celosa de no haberlos compartido todos, de no haber encontrado antes este gran tesoro.
Pero el final del camino será único e irrepetible, serán nuestros pies caminándolo juntos.
Puede que nos de miedo continuar, puede que hasta duela alguna piedra que se nos aparezca. Pero dolerá menos si son ellos quien te dan la mano.
¿Cómo describir algo que llena tanto el alma?
Es imposible.
Lo que puedo relatar es que conozco el secreto de la felicidad si es con ellos al lado.
Solo sé que el hecho de compartir un tiempo que nunca vuelve con esas personas son ganas de vivir el doble, de reír con fuerza y de no frenar los pasos.
Todos, con sus defectos y virtudes, con sus manías y sus maneras de ver la vida, son los que me han enseñado que existen muchas cosas por las que luchar, que seremos insignificantes, pero que las pequeñas cosas son grandes.
Quisiera quedarme a vivir en el limbo, un limbo lleno de nueve sonrisas a mi alrededor, para que la mía brillase más.
Entonces, sé que sería eterna- Con todo y sin más.
Volvería una y otra vez a pulsar el PLAY de los momentos.
Volvería a esos bailes de noche joven de verano, a esas siestas interminables, a las noches de confidencias.
Volvería de nuevo a la más bella de las locuras, a las tareas de un hogar compartido, a una noche de película sin terminar por verla, a mucho tiempo bajo el mar buscando algo más que caracolas.
Volvería a quererlos más y mejor.
Volvería a ser yo,
sin ellos no.
domingo, 2 de agosto de 2015
Sensaciones
No hay mejor sensación que la de llegar a casa una madrugada de verano y andar descalza por casa. No la hay mejor si encima llegas sin voz-que se quedó de concierto- con las ondas despeinadas y recordando esos dos besos que siempre sabrán a tu nada.
Me pregunto (qué raro)
¿Eres consciente de la que has liado?
Tienes ha medio planeta con ansias de libertad, de meter mano y cantar a voz en grito porque les da la gana.
Escuché esos gritos desde kilómetros.
Dicen que se han enamorado de tu sentimiento en verso y de las cuerdas de tu destrozada guitarra.
Que dicen que de aquí no se mueven, hasta que salgas.
Es increíble la capacidad que tienes de hacer de algo tan sencillo-como una caricia- un mundo, un mundo en el que solo importan los roces de piel con piel, los besos de falda corta y las miradas a la espalda.
Es magistral cómo conviertes algo tan complejo-enamorarse- en la más simple de las batallas.
Crees que no, pero con esto que has hecho, las tienes guardando cola. Tus ex. Tus espinas.
Espinas de un rosal ya medio muerto, que alguien riega cada vez que pasa.
Todas compraron tu disco esta mañana.
Se han puesto guapas para un concierto al que no irán. La marca de sus barras rojas ya no enmarcará tu barba. Esta noche de domingo no serán ellas las que prendan fuego a tus pestañas.
Tus inspiraciones solo salen a la calle de día. Dicen que le tienen miedo a la luna, y a que tú las vuelvas a tatuar en cualquier servilleta de un bar, abrazando a un ron desolado.
Dicen que guardan las promesas rotas que te causaron tanto desengaño, pero no miden tu grandeza en sueños.
Todas ellas se desgarran con tus letras, llevan tacones demasiado altos y ya nunca se dejan el pelo suelto.
Ya se convirtieron en inspiración de cantautor, pero claro, ese es otro cuento.
Ahora tus lagrimas ya no mojan el camino, y es solo menester de la lluvia.
Ahora que sonríes de nuevo y
puedes vivir con ello.
(Primeros de agosto, Andrés de fin de gira-Benalmádena)
Domingo de verano con Andrés en la cabeza
Domingo, mi domingo preferido, el preludio de un viaje de risas y atardeceres con ellos, la contraria antesala de una noche bañada en luna, con un gallego acompañado por las cuerdas de su guitarra.
Qué bien se me da esto de soñar, que aunque poquito a poco, todos se va cumpliendo.
Ayer fue una noche para recordar que marcó un domingo cuando el reloj se puso a cero.
Fue una noche de verano, algo corta para mi gusto, en la que la pasión y las ganas ganaron cien carreras de fondo.
Desde el minuto uno de aquel encuentro nos enamoraste con tu magia. Benditas treinta y dos primaveras que te trajeron a nosotros en un suspiro de viento del norte.
No nos queda un abril para ti, nos quedan millones de ellos para contar más historias de tus ellas un otoño en Sevilla, un fin de semana en Cádiz, o viendo Santiago amanecer.
Quieren recordarte todas las calles de Madrid por las que tus huellas se quedaron ancladas sin arena.
Quieren fugarse como estrella fugaz por Pantín mientras dos se enamoran en un rato, besándose cualquier boca de metro.
Gracias por verla bailar flamenco y quedarte a dormir, por ver una torre que brillaba y ver amanecer con ella aunque no te dijera ni su nombre.
Gracias por esas ganas de sur que llevas en el corazón para regar tu amado norte.
Hace un año, o esos 320 días que te dicen que no te quieren tanto, que te quieren más.
Pocas personas como tú, que pidan media noche para ofrecer pasar a tu lado vida y media.
Pocas que se les escape la vida con cada acorde de guitarra, cantándole a la luna.
Sé que no voy a volver a quererte, porque nunca he dejado de hacerlo.
Hace tiempo me dijeron que estoy hecha con un cubo de sueños,
Tú tienes parte de culpa, por dejarme llegar tarde y colocada.
Por favor, sigue llenando mi cuarto menguante, y tráeme la luna que no es llena en un café antes de marcharte mañana por la mañana.
Hasta la próxima, que será pronto, Andrés.
Qué bien se me da esto de soñar, que aunque poquito a poco, todos se va cumpliendo.
Ayer fue una noche para recordar que marcó un domingo cuando el reloj se puso a cero.
Fue una noche de verano, algo corta para mi gusto, en la que la pasión y las ganas ganaron cien carreras de fondo.
Desde el minuto uno de aquel encuentro nos enamoraste con tu magia. Benditas treinta y dos primaveras que te trajeron a nosotros en un suspiro de viento del norte.
No nos queda un abril para ti, nos quedan millones de ellos para contar más historias de tus ellas un otoño en Sevilla, un fin de semana en Cádiz, o viendo Santiago amanecer.
Quieren recordarte todas las calles de Madrid por las que tus huellas se quedaron ancladas sin arena.
Quieren fugarse como estrella fugaz por Pantín mientras dos se enamoran en un rato, besándose cualquier boca de metro.
Gracias por verla bailar flamenco y quedarte a dormir, por ver una torre que brillaba y ver amanecer con ella aunque no te dijera ni su nombre.
Gracias por esas ganas de sur que llevas en el corazón para regar tu amado norte.
Hace un año, o esos 320 días que te dicen que no te quieren tanto, que te quieren más.
Pocas personas como tú, que pidan media noche para ofrecer pasar a tu lado vida y media.
Pocas que se les escape la vida con cada acorde de guitarra, cantándole a la luna.
Sé que no voy a volver a quererte, porque nunca he dejado de hacerlo.
Hace tiempo me dijeron que estoy hecha con un cubo de sueños,
Tú tienes parte de culpa, por dejarme llegar tarde y colocada.
Por favor, sigue llenando mi cuarto menguante, y tráeme la luna que no es llena en un café antes de marcharte mañana por la mañana.
Hasta la próxima, que será pronto, Andrés.
sábado, 1 de agosto de 2015
Como luceros
Tan al norte de su pelo, la recuerdas.
De fondo suena Norah. Un placer, querida señorita Jones. Tienen tanta magia en las noches de verano, que vives con miedo a descubrir que todo sea un estúpido truco.
Letras de canciones antiguas, vinilos repartidos por toda la habitación y tú- tú junto a la estantería, como siempre, queriendo saciar tu curiosidad.
La extrañas. Te levantas para ver el brillo de las estrellas en el cielo por el cristal de la ventana, pero nada. Hoy la luna es la gran protagonista. Es azul.
Está más grande y bonita que otras veces, será que no acostumbras a mirarla. Más grande que aquel viente de enero, mas bonita que el veintiocho de julio de hace un lustro. Él desapareció, su persona.
No sabes si te escuchará, si te mira desde aquel cielo que todos pintamos o si realmente quiere hacerlo.
Ella es la única que te lo quita de la cabeza, el recuerdo amargo de una pena mojada en tequila cada noche.
Has decidido no bañar más tus penas en Riazor, no acabar en dos bares saltando promesas y prometerte a ti mismo que vas sentar la cabeza.
La imaginas bañada por luz de luna, la imaginas entera.
Quieres creer que todo pasa por algo, y que aunque el destino exista, tú te lo buscas.
Así que te decides rápido. Esta noche te acompañarán Neruda, Norah, la luna y el carmín rojo de su boca.
Buscas dos copas y un tinto para completar la velada, y no la esperas. Ella esta lejos. No es más que una belleza etérea de tu cabeza.
Pero sucede. Por las mismas casualidades del destino que han hecho que pensaras en ella, ella pensó en ti.
¿La diferencia?
Ella le ha echado ganas. Ha cruzado aquel tramo que os separaba y ha ido a llamar a tu puerta con el mejor carmín de sus labios-
colándose en casa.
(Recuérdame, Robbert Pattinson)
Ya no es etérea, ya se levanta sobre la sombra de tu espalda.
Dicen que torres más altas han caído, y que te ven desde abajo besándole el atlas. Olvidas las penas, dejas el tequila y corres contra las olas de un mar en calma.
Ecuador
Sin darnos cuenta llegamos al ecuador de un abrazo.
Uno en la última planta de la torre Eiffel, en el tercer pilar de la plaza donde se encuentra la torre de Pissa en Italia, uno junto al Cristo Redentor de la maravillosa ciudad de Río, un abrazo que abarcaba las montañas más altas de la cordillera del Himalaya, la fosa más profunda de la de las Marianas. Uno de esos que resonaban desde las cúpulas de la ópera de Sidney, que se colaba en todos y cada uno de los Fiordos noruegos. Un abrazo que llevase a hombros la ruta 66 para terminar viendo una puesta de sol sobre el Amazonas. Un abrazo bautizado por la aurora boreal, a su debido tiempo, uno lleno de arena del Cairo, uno subido a Guiza y sumergido bajo las leyendas del triángulo de las Bermudas. Uno que nadase, con tortugas, por la corriente australiana del este. Ese abrazo que siempre esperamos y que pasó sin querer.
Pasaron los días, las horas, los minutos, sin que el tiempo regresara. Nunca dejó de sangrar por las heridas de balas. Era inútil eso de intentar curarlas.
¿Que nos daba miedo el futuro? Pues si. ¿Nos arrepentimos de lo que no hicimos en un pasado no tan lejano? También. Pero para ello estábamos allí- fundidos en el abrazo que nos hizo viajar en palabras, sin conocer el mundo.
Fundidos tan tú y tan yo, bajo una luna azul de verano, sin el medio llena que siempre quería llamarla- con un llena entera que rebosaba de color aguamarina las mejillas encarnadas.
Y pasó el tiempo, contigo y conmigo a cuestas.
Y aún nos quedaba verano, hasta que llegase septiembre.
Decidimos parar ese tiempo, y quedarnos en nuestro querido ecuador de verano para siempre.
miércoles, 29 de julio de 2015
Tu mundo de ficción
Querida,
Deja de leer a Defreds, a Diego, a Rayden. Deja de escuchar los poemas de Loreto, los de Sadness, no te muevas mas bajo el embrujo de Andrés, de Luis Fercán, de Fredi.
No fuerces tanto a tu corazón o acabará por romperse.
Vives empeñada en flotar en tu mundo de ficción, el de las baldosas amarillas, y sonríes sin razón.
Sigues empeñada en escuchar el mar desde tu caracola y te emocionas cuando se juntan dos labios.
Vuelves cada noche a ver brillar las estrellas mejor que la anterior.
Te metes dentro de tu caja tonta, de tu pompa de jabón, evitando mirar a los ojos la cruda y desgastada realidad.
Persigues un amor idílico que no llega a llamar a tu puerta ninguna de las madrugadas que esperaste en tacones.
Te acuestas preguntándole a la luna si mañana aparecerá él para llevarte lejos, y susurrarte al oído que todo fue un mal sueño. Le preguntas sin saber si ella te responderá algún día.
Ilusa de ti.
Deja de escribir palabras que se tornen verso que nosotros, los hombres, poco sabemos de eso.
Pasa del papel a la vida, de los vídeos a la risa. Cambia la más dulce de las novelas por la más divertida de las salidas. Deja que tantos recuerdos pegados en la pared de tu habitación salgan del marco, deprisa.
Yo, tanto que presumo de ser feliz, quiero compartirlo contigo. Dejaré de pedirte cosas si me dejas entrar en tu mundo. Permíteme que la felicidad que me llega se refleje en tu cuerpo, que sea completa.
No te prometo nada, no soy un hombre de los de antes, tampoco de los que ya no quedan.
Soy uno más, delante de ti, pidiéndote que me quieras.
Te ofrezco un "yo conduzco" del suelo hasta las estrellas.
Todo lo que no te conté
Diez de la mañana y te da por abrir los ojos. No te atreves a mirar a tu lado, ni a moverte, por si descubres que ella no terminó la noche contigo.
Sigues teniendo su voz guardada en lo mas recóndito de tu cabeza.
Es de las pocas veces que has sentido miedo, y eso que adoras el peligro, la velocidad, los retos.
Ella sabe que te encanta saltar en rojo los semáforos, superar el limite cuando la llevas detrás de tantos paseos en moto, gritar que la quieres bajito desde el fondo de tu corazón, sin llegar a decírselo nunca.
No lo hagas, no la pierdas.
Supera ese miedo que amenaza con tomarte de postre en una elegante cena de empresa y ve a por ella.
Paras un momento.
Piensas, será así toda la vida.
Tu viéndola enamorarse de otros mientras añades otro apósito más a la máquina de latir.
No leas más poesía de la que hace sangrar, no escuches más acordes de guitarra, ni baladas tristes de trompeta.
Confiésale que no sabes respirar si no es de sus labios, que sigues su camino cada vez que se da la vuelta sin despedirse porque odias echarla de menos. Dile que eres un orgulloso, y que la quieres tanto que duele.
Que no podrás prometerle la luna ni cualquier cuento de hadas pero que le ofrecerás la mejor de las historias.
De esas que tanto le gustan, algo de amor y ternura, un poco de picardía y sobre todo risas y complicidad.
Ella se muere por tus huesos, pero eso tú no lo sabes.
Dile que la quieres, con eso bastará
(Noviembre dulce, Keanu Reeves y Charlize Theron)
Sólo eso
Te quiero los lunes rezagados, los martes bien entrados en semana, de rutina.
Te quiero los miércoles, que se me antojan maravillosos para querer de cerca; los jueves llegando al ecuador de la semana.
Te quiero los viernes de fiesta, los sábados de madrugada y los domingos de resaca.
He aprendido a quererte con dolor de cabeza y sin el.
Por cada pasillo del supermercado, por cada esquina de plaza.
Te quiero sobre ruedas, y por mar y tierra. Te quiero hasta las pocas veces que he flotado en el aire.
No he podido remediarlo, me enamoré de ti.
Me enamoré de todo lo que me hacías sentir y ahora que la soledad me invade, mi brújula se ha olvidado de calibrarse sola.
Te quiero feliz, te quiero cerca, enfadado y contento.
Te quiero a rabiar, a matar.
Te quiero comer.
Quiero sentir que te hago la falta que me quema por dentro.
Quiero no ver el final sin adivinar el principio.
miércoles, 22 de julio de 2015
Cuando nos dé por mirar
Hagámoslo. Volvamos a encontrarnos, frente a frente. Tú me cuentas todas las veces que has perdido a los dados. Yo te diré todas las lunas que pasé esperando en el muelle.
Atrevamos a mirarnos y decirnos la verdad. Toda, la absoluta.
Contestemos al "cuando empezó todo" que lleva tantos años rondándonos la cabeza, y sigamos.
Estudiemos geografía. La de nuestros cuerpos.
Pidamos un deseo a una estrella, dejémonos llevar a Roma prometiendo volver, gritémonos desde el rincón más recóndito de la Fontana.
No nos mintamos, seamos sinceros, el uno con el otro, el otro con el uno.
Comámonos a besos, como antes.
Echémonos de menos a abrazo limpio, sin distancia de por medio.
Digámonos mentiras al oído, que mañana no tendremos que despedirnos, y que todo lo que nos quisimos volverá a ser lo mismo.
Hablemos de ti, de mi, del futuro y el pasado
pero, por favor, vivamos el presente.
lunes, 20 de julio de 2015
Un domingo atrás, veintisiete días después
Irónico que cuanta más oscuridad se cruce en tu camino, mas estrellas encuentras en el cielo.
Repleto, de vidas que se fueron, que te cuidan desde un bello balcón de porcelana.
Hoy toca noche rara. De domingo a unos minutos de lunes. Noche de vueltas en la cabeza y de ver sonrisas a lo lejos.
A un kilometro del poder de la naturaleza, con las pestañas pesadas, se encuentra mi persona.
Yo ando lejos. En muchos sitios a la vez. ¿Quien dijo que fuera imposible?
El paraíso está repleto de almas en pena, de risas ahogadas bajo un vaso de tequila mal echado un martes noche.
El paraíso huele a limón y a sal. A despedidas.
Yo intento volver sobre mis pasos, llegar hasta donde mis manos pretenden tocar el cielo de un solo salto. Estoy aquí.
Sola de vida y acompañada de estrellas.
El mar también quiere enredarme.
Pretende que no lo pierda de vista, que no salga de entre sus piernas, me susurra: no te pierdas.
Siempre nos han dicho que no hay nada infinito, al menos para nosotros, que no podremos verlo en vida.
Estoy segura de que se equivocan.
El cielo, lo es.
Es infinito.
Es un pedazo que se muestra ante nuestros ojos de mil maneras, con vestidos de tantos colores como aquellos por inventar. El único capaz de darse cuenta de la estupidez del ser humano y reír a carcajadas. El cielo; tan humano y tan de otro mundo, que nos hacen falta mil de ellos para comprenderlo.
jueves, 16 de julio de 2015
"Te cambio el aplauso por un fin de semana en Cádiz"- Andres Suarez
Voy a viajar a un lugar sin nombre, mucho más al sur de tus caderas. Donde las líneas del cielo y la tierra se funden en un punto de fuga al oeste del horizonte.
Paraíso, le susurran algunos labios aún dormidos.
Viajaré hasta que el sol me encuentre, hasta que el aire se convierta en viento y me revuelque en la espuma de las olas.
Estaré sentada, hundiendo los pies en la arena.
Felicidad.
Iré hasta el fin del mundo, solo si eres la ultima parada, en la que me quise bajar siempre.
Como cada año, como cada verano, llega el momento de partir.
Un tiempo feliz y a la vez amargo que barrunta mi cabeza.
Viajaré hasta que Peter me traiga la segunda estrella y no lleguemos rectos al amanecer por el carril de la derecha.
Llegó la era de las noches jóvenes y eternas, esas que aunque una quiera, siempre llegan a su fin.
Llegó también el momento de los ocasos sin palabras; digo sin palabras, porque para captarlos únicamente se necesitan fotos con la retina. Captarlos como concepto de disfrutar la vida.
Llegó el preludio, el de los amaneceres bailando, cuando las luces de las farolas todavía quedan despiertas.
Y después los días, que pasan lentos, pero no en balde.
Y como nunca habrá norte sin sur, ni sur sin norte: llegarán los paseos de hombre tranquilo respirando sal, a la deriva. Con un gallego poniendo música a tanta magia del sur, solo, con las cuerdas de su guitarra, ya rasgada de tanto llanto.
Y el volumen alto, mientras amanece y nadie comprende que pierdas la cabeza por sus letras de desamor.
Pero nadie se ha pasado, como tu, media vida escuchando lo que tenía que decir.
Nadie se paró aun a entender si dolía y tú, ávida de ganas te refugiaras en los restos del alba.
domingo, 12 de julio de 2015
Ella se viste de domingo
Piensa y dime el nombre de la única persona a la que salvarías de un fin del mundo. Piensa y dime quien sería la que te robaría los te quiero en las tardes de domingo. Con quién compartirás tu vida.
Piensa ahora, y dime.
Dime quien es ella.
Su nombre, o que porte calza. Dime tantas cosas como recuerdes, tantas como vivas. Las necesarias para imaginármela exacta al recuerdo que tienes en tu cabeza.
Dime el rímel de las pestañas que te hacen temblar las rodillas, de nuevo.
Dime el disco que pones siempre para arrancarla a bailar. Dime si ella sigue tus pasos o se los inventa para que la enseñes.
Confíame el secreto de tu felicidad compartida, de aquella a la que le regalaste tu corazón.
Piensa, una vez más.
Quiero que me digas si ella es la de tus desvelos, si la imaginas tanto vestida, como desnuda.
Si es el motivo de tus enfados y de la más amplia de tus sonrisas, de los viernes de desenfreno, de las carreras contrarreloj cada inicio de semana. Dime si es la causante de los domingos perfectos, la culpable de que la lluvia no se atreva a mirados desde lejos.
Dime si era ella la de los buenos días a versos, y la de las mejores noches repletas de besos.
Cuenta las horas muertas en las que ella te pierde de vista y dime cuando fue la última vez que miraste si la marca de su pintalabios rojo estaba en la esquina inferior izquierda del espejo de la pared.
Dime si aún queda tiza, en el resto de su nombre junto al tuyo.
Dime si los infinitos también existen, y si alguna vez se los susurrarías al oído desde tus labios.
Piensa ahora, y dime.
Dime quien es ella.
Su nombre, o que porte calza. Dime tantas cosas como recuerdes, tantas como vivas. Las necesarias para imaginármela exacta al recuerdo que tienes en tu cabeza.
Dime el rímel de las pestañas que te hacen temblar las rodillas, de nuevo.
Dime el disco que pones siempre para arrancarla a bailar. Dime si ella sigue tus pasos o se los inventa para que la enseñes.
Confíame el secreto de tu felicidad compartida, de aquella a la que le regalaste tu corazón.
Piensa, una vez más.
Quiero que me digas si ella es la de tus desvelos, si la imaginas tanto vestida, como desnuda.
Si es el motivo de tus enfados y de la más amplia de tus sonrisas, de los viernes de desenfreno, de las carreras contrarreloj cada inicio de semana. Dime si es la causante de los domingos perfectos, la culpable de que la lluvia no se atreva a mirados desde lejos.
Dime si era ella la de los buenos días a versos, y la de las mejores noches repletas de besos.
Cuenta las horas muertas en las que ella te pierde de vista y dime cuando fue la última vez que miraste si la marca de su pintalabios rojo estaba en la esquina inferior izquierda del espejo de la pared.
Dime si aún queda tiza, en el resto de su nombre junto al tuyo.
Dime si los infinitos también existen, y si alguna vez se los susurrarías al oído desde tus labios.
sábado, 11 de julio de 2015
Todavía busco un porqué
a M.
Puede que no sea casualidad que la espuma de las olas borren las pisadas. Puede que nuestra tinta de pared fuera borrada a traición y tiempo después, solo quede blanco. Puede que eso signifique una segunda oportunidad.
Puede que tú y yo nunca llegáramos a ser un para toda la vida.
O puede que si.
Todos tenemos nuestra lucha, todos, en el fondo, sabemos perfectamente qué perseguimos, o por quién perdemos la cabeza.
Una y otra vez los obstáculos aparecen en el camino. Decidimos huir.
Sin saberlo, tenemos miedo de no saber.
El único problema aquí es que no nos entrenan para estrellarnos contra la vida.
Nos entrenan para estar de paso por ella, para escondernos del rojo de sus mejillas e irnos a dormir cuando brillan las estrellas en el cielo.
Juro que he visto mil colores en una puesta de sol de verano y me puedo declarar independientemente aprendida con tan poco de vida.
Y cuando llegas al final de una lucha, tu lucha y, ves que lo has conseguido.
Entonces puedes con todo.
jueves, 9 de julio de 2015
Apetecerse
No me cuentes que pretendías bajarme la luna de verano cuando en tu puerta esperan veinte con el mismo ticket de compra.
No me digas que no sabías, que no te pasa lo mismo cada solsticio, que no te pasas noventa de trescientos sesenta y cinco días del año ignorando lo que nos pasa.
No me reproches que pretenda olvidarme de ti, cuando tu lo haces en el momento que más te conviene.
Que es cierto que te echo de menos, que me duele tenerte lejos sintiéndote cerca y que se te olvide lo sencillo que es contar conmigo si de verdad te apetece.
Porque la vida, no es más que eso, apetecerse.
No es un "cuando quieras", o "cuando lo necesites", es "CUANDO TE APETEZCA" y todo lo demás llega solo.
Esto implica todos los cuando quieras que no se materializaron nunca, conlleva hacer algo porque realmente te sientes bien con esa persona y necesitas de su compañía para sentirte completo y feliz.
Bonito es que te digan que apeteces a alguien y que no hay motivo que fundamente ese curioso y desenfrenado deseo.
Es bonito saber que hay alguien ahí que, aunque tenga vida propia, se empeñe en unirse a la tuya completándola con la pieza de aquel puzzle que en su día perdiste.
Así que, por favor, si has decidido que esos noventa días de olvidarme son más importantes que todos los que hemos pasado juntos, no me llames, no me cuelgues, no me busques, ni me olvides.
Decide de una vez, si eres la pieza de ese puzzle que me prometiste, si realmente lo eres porque te apetece.
No me digas que no sabías, que no te pasa lo mismo cada solsticio, que no te pasas noventa de trescientos sesenta y cinco días del año ignorando lo que nos pasa.
No me reproches que pretenda olvidarme de ti, cuando tu lo haces en el momento que más te conviene.
Que es cierto que te echo de menos, que me duele tenerte lejos sintiéndote cerca y que se te olvide lo sencillo que es contar conmigo si de verdad te apetece.
Porque la vida, no es más que eso, apetecerse.
No es un "cuando quieras", o "cuando lo necesites", es "CUANDO TE APETEZCA" y todo lo demás llega solo.
Esto implica todos los cuando quieras que no se materializaron nunca, conlleva hacer algo porque realmente te sientes bien con esa persona y necesitas de su compañía para sentirte completo y feliz.
Bonito es que te digan que apeteces a alguien y que no hay motivo que fundamente ese curioso y desenfrenado deseo.
Es bonito saber que hay alguien ahí que, aunque tenga vida propia, se empeñe en unirse a la tuya completándola con la pieza de aquel puzzle que en su día perdiste.
Así que, por favor, si has decidido que esos noventa días de olvidarme son más importantes que todos los que hemos pasado juntos, no me llames, no me cuelgues, no me busques, ni me olvides.
Decide de una vez, si eres la pieza de ese puzzle que me prometiste, si realmente lo eres porque te apetece.
Yo te dije que en esto de los sentimientos soy algo inexperta, pero que me apetecías.
a él.
(Cincuenta Sombras de Grey, Jamie Dornan)
domingo, 5 de julio de 2015
Domingos de verano
Qué bien saben las tardes de verano si son en domingo. Qué bien saben, si eres tú el que me enseña a pintarlas de colores; si la música suena alto y llegamos a tiempo para ver a Lorenzo esconderse por el horizonte.
Qué bien saben los domingos de verano si tienes mas años de vida gracias a las risas.
No hace falta repetir que lo más fácil y sencillo es lo que más nos pellizca el corazón y saca nuestras sonrisas de paseo.
Qué bien saben los domingos si son en buena compañía, si los rayos del sol nos doran la piel, si el qué dirán no importa y nos acostamos a las tantas después de tanto baile.
jueves, 2 de julio de 2015
Tú sabrás..
a M.
¿Y ahora qué?
Ahora que todo se ha acabado,
Que ni vienes ni voy.
Ahora que no seremos todo lo que podríamos haber sido, que las brújulas no buscan sonrisas perdidas y nos olvidamos de amar nuestro caos en el mundo azul.
Se me ha olvidado querer a alguien que no fueras tú.
Los recuerdos pretenden derribar todo muro que intente inútilmente construir con mis propias manos.
Ahora entiendo las historias que hay detrás de las canciones. Todas. Porque es verdad que te me apareces a traición en cada estrofa y cierro los ojos en todos los estribillos para que te vayas de mi cabeza.
¿Qué es lo que puedo hacer ahora?
Si mi rutina preferida ha desaparecido, y se gastó eso de echarse de menos.
Qué podía haber hecho si hacía tiempo que te sentía lejos, que habíamos llegado a una bifurcación que se empeñaba en conducirnos por caminos separados.
Irónico eso de que sigas ahora, más que nunca en mis desvelos de verano.
Odio las tecnologías. En serio.
Odiaba que nuestros te quiero fueran a través de una inerte pantalla, que no pudiéramos pasear hasta el fin del mundo cogidos de la mano. Al fin del mundo o a la vuelta de la esquina.
Odiaba que si decíamos blanco, la vida se empeñaba en vernos en negro. Odiaba esa angustia de no saber, de confiar a mil kilómetros y de sentirme extraña sin ti.
Terminé odiándolo todo. Tanto que decidí que aquel roto no tenía solución.
Sin pensar que los rotos se cosen, no se reemplazan, ni se desprecian.
Odio no haber podido despedirme de ti, de nosotros, como merecíamos.
El sol se va otra vez, y la vida me pasa entre suspiros. No sé qué hacer para sacarte de mi cabeza. No sé si estarás bien y no pregunto,
no tengo derecho a saberlo. No lo merezco. Ya no.
Solo espero que no pienses que no te he querido. Quien diga lo contrario miente. Te quise con cada rincón de mi cabeza y de mi corazón.
Espero que la encuentres. A ella.
A una que te quiera la mitad de lo que yo lo hice. Y que seas feliz. Que te haga feliz, y que te exprima las ganas de vivir cada día como si fuera el último.
No voy a decirte lo importante que eras para mi: eso lo sabías de sobra.
miércoles, 1 de julio de 2015
Luna llena de verano
Y llega el verano, de luna llena.
Esta noche algo de brillo resta en mi mirada, quiere ver la vida de colores en la oscuridad.
Han pasado los días del calendario, prestos, sin pastillas de freno que remediaran una cura emergente, casi sin querer- como diría Defreds.
Y llegamos.
Llegamos a julio, a uno a primero.
llegamos a un mes que no es sonado, que es el relleno perfecto de un sandwich entre junio y agosto.
En el que comienzan los finales y terminan los principios.
Un mes extraño, raro.
Para vosotros, tan de verano, pero claro: siempre es verano en algún lugar.
Julio, tu que compartes penas y alegrías, que compartes el placer de existir con otros tantos.
Que de César o de Verne, ni nos olvidamos. Nos falta el laurel, un imperio y las maravillosas cinco semanas en globo para llegar a tiempo.
Nombre sonoro, recio, nombre de los grandes y sin embargo, tan pequeño, tan corto y tan ciego.
Te has ganado sentir sobre tu cielo a las más viciosas estrellas. Te has ido por la puerta de atrás sin hacer ruido, tras escuchar el aplauso que te brindamos tantos.
Quédate, en boca de Diego Cantero.
Que Voy a volver a quererte, como susurra nuestro querido Andrés.
Pero estamos en Julio y yo, me quedo con él.
Esta noche algo de brillo resta en mi mirada, quiere ver la vida de colores en la oscuridad.
Han pasado los días del calendario, prestos, sin pastillas de freno que remediaran una cura emergente, casi sin querer- como diría Defreds.
Y llegamos.
Llegamos a julio, a uno a primero.
llegamos a un mes que no es sonado, que es el relleno perfecto de un sandwich entre junio y agosto.
En el que comienzan los finales y terminan los principios.
Un mes extraño, raro.
Para vosotros, tan de verano, pero claro: siempre es verano en algún lugar.
Julio, tu que compartes penas y alegrías, que compartes el placer de existir con otros tantos.
Que de César o de Verne, ni nos olvidamos. Nos falta el laurel, un imperio y las maravillosas cinco semanas en globo para llegar a tiempo.
Nombre sonoro, recio, nombre de los grandes y sin embargo, tan pequeño, tan corto y tan ciego.
Te has ganado sentir sobre tu cielo a las más viciosas estrellas. Te has ido por la puerta de atrás sin hacer ruido, tras escuchar el aplauso que te brindamos tantos.
Quédate, en boca de Diego Cantero.
Que Voy a volver a quererte, como susurra nuestro querido Andrés.
Pero estamos en Julio y yo, me quedo con él.















