miércoles, 29 de julio de 2015

Tu mundo de ficción

Querida,
Deja de leer a Defreds, a Diego, a Rayden. Deja de escuchar los poemas de Loreto, los de Sadness, no te muevas mas bajo el embrujo de Andrés, de Luis Fercán, de Fredi.
No fuerces tanto a tu corazón o acabará por romperse.
Vives empeñada en flotar en tu mundo de ficción, el de las baldosas amarillas, y sonríes sin razón.
Sigues empeñada en escuchar el mar desde tu caracola y te emocionas cuando se juntan dos labios.
Vuelves cada noche a ver brillar las estrellas mejor que la anterior.
Te metes dentro de tu caja tonta, de tu pompa de jabón, evitando mirar a los ojos la cruda y desgastada realidad.
Persigues un amor idílico que no llega a llamar a tu puerta ninguna de las madrugadas que esperaste en tacones.
Te acuestas preguntándole a la luna si mañana aparecerá él para llevarte lejos, y susurrarte al oído que todo fue un mal sueño. Le preguntas sin saber si ella te responderá algún día.
Ilusa de ti.
Deja de escribir palabras que se tornen verso que nosotros, los hombres, poco sabemos de eso.
Pasa del papel a la vida, de los vídeos a la risa. Cambia la más dulce de las novelas por la más divertida de las salidas. Deja que tantos recuerdos pegados en la pared de tu habitación salgan del marco, deprisa.
Yo, tanto que presumo de ser feliz, quiero compartirlo contigo. Dejaré de pedirte cosas si me dejas entrar en tu mundo. Permíteme que la felicidad que me llega se refleje en tu cuerpo, que sea completa.
No te prometo nada, no soy un hombre de los de antes, tampoco de los que ya no quedan.
Soy uno más, delante de ti, pidiéndote que me quieras.
Te ofrezco un "yo conduzco" del suelo hasta las estrellas.

(Ellar Coltrane- Boyhood)

Todo lo que no te conté

Diez de la mañana y te da por abrir los ojos. No te atreves a mirar a tu lado, ni a moverte, por si descubres que ella no terminó la noche contigo.
Sigues teniendo su voz guardada en lo mas recóndito de tu cabeza.
Es de las pocas veces que has sentido miedo, y eso que adoras el peligro, la velocidad, los retos.
Ella sabe que te encanta saltar en rojo los semáforos, superar el limite cuando la llevas detrás de tantos paseos en moto, gritar que la quieres bajito desde el fondo de tu corazón, sin llegar a decírselo nunca.

No lo hagas, no la pierdas. 
Supera ese miedo que amenaza con tomarte de postre en una elegante cena de empresa y ve a por ella.
Paras un momento.
Piensas, será así toda la vida.
Tu viéndola enamorarse de otros mientras añades otro apósito más a la máquina de latir.
No leas más poesía de la que hace sangrar, no escuches más acordes de guitarra, ni baladas tristes de trompeta.
Confiésale que no sabes respirar si no es de sus labios, que sigues su camino cada vez que se da la vuelta sin despedirse porque odias echarla de menos. Dile que eres un orgulloso, y que la quieres tanto que duele.
Que no podrás prometerle la luna ni cualquier cuento de hadas pero que le ofrecerás la mejor de las historias.
De esas que tanto le gustan, algo de amor y ternura, un poco de picardía y sobre todo risas y complicidad.
Ella se muere por tus huesos, pero eso tú no lo sabes.
Dile que la quieres, con eso bastará



(Noviembre dulce, Keanu Reeves y Charlize Theron)

Sólo eso


(Katharine Hepburn)



Y te quiero de manera incondicional, por encima del paso del tiempo y de las razones, por encima del peso del mundo.
Te quiero los lunes rezagados, los martes bien entrados en semana, de rutina.
Te quiero los miércoles, que se me antojan maravillosos para querer de cerca; los jueves llegando al ecuador de la semana.
Te quiero los viernes de fiesta, los sábados de madrugada y los domingos de resaca.
He aprendido a quererte con dolor de cabeza y sin el.
Por cada pasillo del supermercado, por cada esquina de plaza.
Te quiero sobre ruedas, y por mar y tierra. Te quiero hasta las pocas veces que he flotado en el aire.
No he podido remediarlo, me enamoré de ti.
Me enamoré de todo lo que me hacías sentir y ahora que la soledad me invade, mi brújula se ha olvidado de calibrarse sola.
Te quiero feliz, te quiero cerca, enfadado y contento.
Te quiero a rabiar, a matar.
Te quiero comer.
Quiero sentir que te hago la falta que me quema por dentro.
Quiero no ver el final sin adivinar el principio.


miércoles, 22 de julio de 2015

Cuando nos dé por mirar

Hagámoslo. Volvamos a encontrarnos, frente a frente. Tú me cuentas todas las veces que has perdido a los dados. Yo te diré todas las lunas que pasé esperando en el muelle.
Atrevamos a mirarnos y decirnos la verdad. Toda, la absoluta.
Contestemos al "cuando empezó todo" que lleva tantos años rondándonos la cabeza, y sigamos.
Estudiemos geografía. La de nuestros cuerpos.
Pidamos un deseo a una estrella, dejémonos llevar a Roma prometiendo volver, gritémonos  desde el rincón más recóndito de la Fontana. 
No nos mintamos, seamos sinceros, el uno con el otro, el otro con el uno.
Comámonos a besos, como antes.
Echémonos de menos a abrazo limpio, sin distancia de por medio.
Digámonos mentiras al oído, que mañana no tendremos que despedirnos, y que todo lo que nos quisimos volverá a ser lo mismo.
Hablemos de ti, de mi, del futuro y el pasado

pero, por favor, vivamos el presente. 


lunes, 20 de julio de 2015

Un domingo atrás, veintisiete días después

Irónico que cuanta más oscuridad se cruce en tu camino, mas estrellas encuentras en el cielo.
Repleto, de vidas que se fueron, que te cuidan desde un bello balcón de porcelana.
Hoy toca noche rara. De domingo a unos minutos de lunes. Noche de vueltas en la cabeza y de ver sonrisas  a lo lejos.
A un kilometro del poder de la naturaleza, con las pestañas pesadas, se encuentra mi persona.
Yo ando lejos. En muchos sitios a la vez. ¿Quien dijo que fuera imposible?
El paraíso está repleto de almas en pena, de risas ahogadas bajo un vaso de tequila mal echado un martes noche.
El paraíso huele a limón y a sal. A despedidas.
Yo intento volver sobre mis pasos, llegar hasta donde mis manos pretenden tocar el cielo de un solo salto. Estoy aquí.
Sola de vida y acompañada de estrellas.
El mar también quiere enredarme.
Pretende que no lo pierda de vista, que no salga de entre sus piernas, me susurra: no te pierdas.
Siempre nos han dicho que no hay nada infinito, al menos para nosotros, que no podremos verlo en vida.
Estoy segura de que se equivocan.
El cielo, lo es.
Es infinito.
Es un pedazo que se muestra ante nuestros ojos de mil maneras, con vestidos de tantos colores como aquellos por inventar. El único capaz de darse cuenta de la estupidez del ser humano y reír a carcajadas. El cielo; tan humano y tan de otro mundo, que nos hacen falta mil de ellos para comprenderlo.



jueves, 16 de julio de 2015

"Te cambio el aplauso por un fin de semana en Cádiz"- Andres Suarez

Voy a viajar a un lugar sin nombre, mucho más al sur de tus caderas. Donde las líneas del cielo y la tierra se funden en un punto de fuga al oeste del horizonte.
Paraíso, le susurran algunos labios aún dormidos.
Viajaré hasta que el sol me encuentre, hasta que el aire se convierta en viento y me revuelque en la espuma de las olas.
Estaré sentada, hundiendo los pies en la arena.
Felicidad.
Iré hasta el fin del mundo, solo si eres la ultima parada, en la que me quise bajar siempre.
Como cada año, como cada verano, llega el momento de partir.
Un tiempo feliz y a la vez amargo que barrunta mi cabeza.
Viajaré hasta que Peter me traiga la segunda estrella y no lleguemos rectos al amanecer por el carril de la derecha.
Llegó la era de las noches jóvenes y eternas, esas que aunque una quiera, siempre llegan a su fin.
Llegó también el momento de los ocasos sin palabras; digo sin palabras, porque para captarlos únicamente se necesitan fotos con la retina. Captarlos como concepto de disfrutar la vida.
Llegó el preludio, el de los amaneceres bailando, cuando las luces de las farolas todavía quedan despiertas.
Y después los días, que pasan lentos, pero no en balde.
Y como nunca habrá norte sin sur, ni sur sin norte: llegarán los paseos de hombre tranquilo respirando sal, a la deriva. Con un gallego poniendo música a tanta magia del sur, solo, con las cuerdas de su guitarra, ya rasgada de tanto llanto.
Y el volumen alto, mientras amanece y nadie comprende que pierdas la cabeza por sus letras de desamor.
Pero nadie se ha pasado, como tu, media vida escuchando lo que tenía que decir.
Nadie se paró aun a entender si dolía y tú, ávida de ganas te refugiaras en los restos del alba.



(Julio en Cádiz)

domingo, 12 de julio de 2015

Ella se viste de domingo

Piensa y dime el nombre de la única persona a la que salvarías de un fin del mundo. Piensa y dime quien sería la que te robaría los te quiero en las tardes de domingo. Con quién compartirás tu vida.
Piensa ahora, y dime.
Dime quien es ella.
Su nombre, o que porte calza. Dime tantas cosas como recuerdes, tantas como vivas. Las necesarias para imaginármela exacta al recuerdo que tienes en tu cabeza.
Dime el rímel de las pestañas que te hacen temblar las rodillas, de nuevo.
Dime el disco que pones siempre para arrancarla a bailar. Dime si ella sigue tus pasos o se los inventa para que la enseñes.
Confíame el secreto de tu felicidad compartida, de aquella a la que le regalaste tu corazón.
Piensa, una vez más.
Quiero que me digas si ella es la de tus desvelos, si la imaginas tanto vestida, como desnuda.
Si es el motivo de tus enfados y de la más amplia de tus sonrisas, de los viernes de desenfreno, de las carreras contrarreloj cada inicio de semana. Dime si es la causante de los domingos perfectos, la culpable de que la lluvia no se atreva a mirados desde lejos.
Dime si era ella la de los buenos días a versos, y la de las mejores noches repletas de besos.
Cuenta las horas muertas en las que ella te pierde de vista y dime cuando fue la última vez que miraste si la marca de su pintalabios rojo estaba en la esquina inferior izquierda del espejo de la pared.
Dime si aún queda tiza, en el resto de su nombre junto al tuyo.
Dime si los infinitos también existen, y si alguna vez se los susurrarías al oído desde tus labios.



sábado, 11 de julio de 2015

Todavía busco un porqué

a M.


Puede que no sea casualidad que la espuma de las olas borren las pisadas. Puede que nuestra tinta de pared fuera borrada a traición y tiempo después, solo quede blanco. Puede que eso signifique una segunda oportunidad.

Puede que tú y yo nunca llegáramos a ser un para toda la vida.
O puede que si.

Todos tenemos nuestra lucha, todos, en el fondo, sabemos perfectamente qué perseguimos, o por quién perdemos la cabeza.
Una y otra vez los obstáculos aparecen en el camino. Decidimos huir.
Sin saberlo, tenemos miedo de no saber.

El único problema aquí es que no nos entrenan para estrellarnos contra la vida.
Nos entrenan para estar de paso por ella, para escondernos del rojo de sus mejillas e irnos a dormir cuando brillan las estrellas en el cielo.
Juro que he visto mil colores en una puesta de sol de verano y me puedo declarar independientemente aprendida con tan poco de vida.

Y cuando llegas al final de una lucha, tu lucha y, ves que lo has conseguido.

Entonces puedes con todo.


jueves, 9 de julio de 2015

Apetecerse

No me cuentes que pretendías bajarme la luna de verano cuando en tu puerta esperan veinte con el mismo ticket de compra.
No me digas que no sabías, que no te pasa lo mismo cada solsticio, que no te pasas noventa de trescientos sesenta y cinco días del año ignorando lo que nos pasa.
No me reproches que pretenda olvidarme de ti, cuando tu lo haces en el momento que más te conviene.
Que es cierto que te echo de menos, que me duele tenerte lejos sintiéndote cerca y que se te olvide lo sencillo que es contar conmigo si de verdad te apetece.
Porque la vida, no es más que eso, apetecerse.
No es un "cuando quieras", o "cuando lo necesites", es "CUANDO TE APETEZCA"  y todo lo demás llega solo.
Esto implica todos los cuando quieras que no se materializaron nunca, conlleva hacer algo porque realmente te sientes bien con esa persona y necesitas de su compañía para sentirte completo y feliz. 

Bonito es que te digan que apeteces a alguien y que no hay motivo que fundamente ese curioso y desenfrenado deseo.
Es bonito saber que hay alguien ahí que, aunque tenga vida propia, se empeñe en unirse a la tuya completándola con la pieza de aquel puzzle que en su día perdiste.

Así que, por favor, si has decidido que esos noventa días de olvidarme son más importantes que todos los que hemos pasado juntos, no me llames, no me cuelgues, no me busques, ni me olvides.

Decide de una vez, si eres la pieza de ese puzzle que me prometiste, si realmente lo eres porque te apetece.
Yo te dije que en esto de los sentimientos soy algo inexperta, pero que me apetecías.

a él.

(Cincuenta Sombras de Grey, Jamie Dornan)

domingo, 5 de julio de 2015

Domingos de verano

Qué bien saben las tardes de verano si son en domingo. Qué bien saben, si eres tú el que me enseña a pintarlas de colores; si la música suena alto y llegamos a tiempo para ver a Lorenzo esconderse por el horizonte.
Qué bien saben los domingos de verano si tienes mas años de vida gracias a las risas.
No hace falta repetir que lo más fácil y sencillo es lo que más nos pellizca el corazón y saca nuestras sonrisas de paseo.
Qué bien saben los domingos si son en buena compañía, si los rayos del sol nos doran la piel, si el qué dirán no importa y nos acostamos a las tantas después de tanto baile.

jueves, 2 de julio de 2015

Tú sabrás..




        a M.

¿Y ahora qué?

Ahora que todo se ha acabado,
Que ni vienes ni voy.
Ahora que no seremos todo lo que podríamos haber sido, que las brújulas no buscan sonrisas perdidas y nos olvidamos de amar nuestro caos en el mundo azul.
Se me ha olvidado querer a alguien que no fueras tú.
Los recuerdos pretenden derribar todo muro que intente inútilmente construir con mis propias manos.
Ahora entiendo las historias que hay detrás de las canciones. Todas. Porque es verdad que te me apareces a traición en cada estrofa y cierro los ojos en todos los estribillos para que te vayas de mi cabeza.
¿Qué es lo que puedo hacer ahora?
Si mi rutina preferida ha desaparecido, y se gastó eso de echarse de menos.
Qué podía haber hecho si hacía tiempo que te sentía lejos, que habíamos llegado a una bifurcación que se empeñaba en conducirnos por caminos separados.
Irónico eso de que sigas ahora, más que nunca en mis desvelos de verano.
Odio las tecnologías. En serio. 
Odiaba que nuestros te quiero fueran a través de una inerte pantalla, que no pudiéramos pasear hasta el fin del mundo cogidos de la mano. Al fin del mundo o a la vuelta de la esquina.
Odiaba que si decíamos blanco, la vida se empeñaba en vernos en negro. Odiaba esa angustia de no saber, de confiar a mil kilómetros y de sentirme extraña sin ti.
Terminé odiándolo todo. Tanto que decidí que aquel roto no tenía solución.
Sin pensar que los rotos se cosen, no se reemplazan, ni se desprecian.

Odio no haber podido despedirme de ti, de nosotros, como merecíamos.

El sol se va otra vez, y la vida me pasa entre suspiros. No sé qué hacer para sacarte de mi cabeza. No sé si estarás bien y no pregunto,
no tengo derecho a saberlo. No lo merezco. Ya no.
Solo espero que no pienses que no te he querido. Quien diga lo contrario miente. Te quise con cada rincón de mi cabeza y de mi corazón.

Espero que la encuentres. A ella.
A una que te quiera la mitad de lo que yo lo hice. Y que seas feliz. Que te haga feliz, y que te exprima las ganas de vivir cada día como si fuera el último.

No voy a decirte lo importante que eras para mi: eso lo sabías de sobra.

miércoles, 1 de julio de 2015

Luna llena de verano

Y llega el verano, de luna llena.
Esta noche algo de brillo resta en mi mirada, quiere ver la vida de colores en la oscuridad.
Han pasado los días del calendario, prestos, sin pastillas de freno que remediaran una cura emergente, casi sin querer- como diría Defreds.
Y llegamos.
Llegamos a julio, a uno a primero.
llegamos a un mes que no es sonado, que es el relleno perfecto de un sandwich entre junio y agosto.
En el que comienzan los finales y terminan los principios.
Un mes extraño, raro.
Para vosotros, tan de verano, pero claro: siempre es verano en algún lugar.
Julio, tu que compartes penas y alegrías, que compartes el placer de existir con otros tantos.
Que de César o de Verne, ni nos olvidamos. Nos falta el laurel, un imperio y las maravillosas cinco semanas en globo para llegar a tiempo.
Nombre sonoro, recio, nombre de  los grandes y sin embargo, tan pequeño, tan corto y tan ciego.
Te has ganado sentir sobre tu cielo a las más viciosas estrellas. Te has ido por la puerta de atrás sin hacer ruido, tras escuchar el aplauso que te brindamos tantos.
Quédate, en boca de Diego Cantero.
Que Voy a volver a quererte, como susurra nuestro querido Andrés.
Pero estamos en Julio y yo, me quedo con él.


jueves, 25 de junio de 2015

Hicimos que la casualidad nos obligara a coincidir


Siempre cogían el mismo autobús- Ella se bajaba en la tercera parada, él en la séptima.
Ambos tenían medios para no tener que usar el transporte público pero, les encantaba disfrutar de la compañía extraña.
Sin conocerse, compartían la misma peculiaridad. Les gustaba escuchar cada mañana los buenos días del bueno de Salvador, el conductor.

Cada mañana, cuando el sol de la capital se encendía y las farolas decidían recogerse, ellos esperaban en la parada de autobús. No entendían cómo la mayoría de los transeúntes escogían la fría oscuridad del metro. La inhospitalidad de su rapidez o lo impersonal de los azulejos que visten los pasillos.

Pero llega el día equis: el día en el que ambos se sienten bien y en el que, ni un pie izquierdo, ni un cruce con indefensos gatos negros podrán impedirles conseguir todo lo que propongan.

Ella, se viste presurosa, nunca fue presumida pero, desde que coincide con tanta vida en un común autobús procura que el rímel esconda algo más su mirada y le otorgue ese misterio del que siempre quiso envolverse.
Él, sin embargo, siempre tan adelantado para los asuntos femeninos, intenta adular a toda mujer que pasa por delante, ni es capaz de dirigir su mirada hacia la joven a quien extraña cuando llega la tercera parada. Lleva gorra para ocultar que le delata el rubor de las mejillas y, en su cabeza resuena la banda sonora de su historia: 'Alright' de Supergrass, le devuelve la ilusión.

Ambos suben al autobús, inquietos. Comparten únicamente presencia.
Las barras metálicas los separan. Ella mirando a la ventana y él, al suelo.

Pero deciden que ya basta. Que llegó la hora de tentar a la suerte, verle los ojos al destino y arriesgar.

Primera parada. El tiempo va pasando y parece que ambos volverán a perder la oportunidad, hasta quien sabe cuando. Ella lo mira de reojo. Se ha dado cuenta de lo bien que huele y están lo suficientemente cerca como para rozarse.
Él aparta la vista del suelo, la desplaza y busca su mirada perdida.
Se arma de valor.  La segunda parada queda atrás.

-¿Por qué siento como si te conociera de siempre?- Le pregunta poniendo una mano sobre el hombro de la joven.
Salvador avisa a la chica desde el retrovisor, ha llegado a su destino.
-Quizás.- Dice ella con una sonrisa. Antes de bajar se da la vuelta y lo observa intensamente.

El joven quiere quedar decepcionado ante la respuesta y la marcha repentina cuando se da cuenta de que en el bolsillo derecho de su chaqueta azul hay un pequeño trozo de papel doblado cuidadosamente.
Al abrirlo puede ver una fecha 
6.05.2015, una hora escrita en letras 'veintidós y veintidós' y una línea de metro (02) con la palabra SOL debajo.
Se le escapa una sonrisa. La primera de muchas. Aquel día comienza una historia en presente. No saben hasta donde los llevará el futuro.
Solo sabe que esta noche, una de junio, de primavera tardía, tiene una cita con sus ojos en el subsuelo de la capital.
¿Por qué a las diez y veintidós? No lo sabe pero, no tardará en descubrirlo.
Coge el móvil y marca: 605201502.
La voz que susurró un quizás antes de salir del autobús contesta tras el auricular.

domingo, 21 de junio de 2015

Autre Dimanche

La melancolía llama a mi puerta los domingos.
Llama a un ático donde rara es la vez que no contemplo una puesta de sol bajo el ritmo de pasos tranquilos.
Adoro los atardeceres.

Normalmente los domingos son acústicos, son demasiado míos.
Los declaré, hace ya tiempo, días creados por y para mí. Para hacer lo que me diera la real gana.

Al final siempre termino viviendo despacio, frenando el inicio de la semana.
El domingo de hoy ha sido como los demás, rutinario, semanal; 
aunque no acústico.

Primer domingo de un verano adivinándome en la sonrisa mis ansiadas expectativas.
Fin del fin de semana, final apoteósico de la amada primavera, dando pie al comienzo de algo que se me antoja infinito y que después, siempre se queda corto.

Hoy ha sido un domingo frenético. Un domingo de levantarse extrañando el francés, de hablar sola. Un domingo de añorar el italiano y rebuscar miles de guías que pudieran transportarte hasta el Trastevere.
Un domingo frenético, no por la rutina, no por la compañía familiar, ni por la falta de tranquilidad,
sino por la música.

Hoy era el día de la MÚSICA, así, tan en mayúsculas.
Y la música que decidió perseguirme hoy era de guitarra eléctrica y gritos en otro idioma.
Ha sido un domingo de orden y desorden, de locura y golpes a una batería con el volumen más alto de la cuenta.

Pero luego vuelve la melancolía.
Vuelve en los segundos de transición entre canción y canción. Vuelve con aplomo y susurrante.
Pero siempre vuelve, como cada domingo, para decirme al oído que quedan locos en el mundo y el mundo es un lugar gobernado por locos. Vuelve para definirme con palabras abstractas y darme la espalda, para hacerme recordar y borrar otros recuerdos. Vuelve para cerrar una vez más el domingo a golpe de reloj buscando la luna por el cielo.

Es cierto que hoy el sol se fue más tarde que de costumbre, aunque no hay demasiadas estrellas y fuera está tan oscuro...

Otro domingo más.


(Amélie, Audry Tautou)

viernes, 19 de junio de 2015

Color café

Quiero que me enseñes la satisfacción de compartirnos un café.

Dicen que se usa como excusa, como pretexto, como respuesta a algún problema. 
Que se utiliza con o sin sueño, por placer o por tedio.
Dicen de él, que compartirlo puede ser de dos o de más. Dicen que hasta hay quien lo comparte individual.
Que estimula, que relaja, que adormece, que revoluciona.
Dicen que te hace pasar de cero a cien, de cero a mil.
Al café le pasa como a ti.
Ambos tenéis el mismo efecto sobre mi.

Se dice que hace que desveles tus más oscuros secretos cuando lo compartes con la persona indicada. Se dice de él que viene de lejos para acercarnos aún más.
Que quiere que seamos impacientes, que lo convirtamos en rito y en tradición.

Confieso que siempre me han gustado las tradiciones, tanto o más que los cambios.
Con ellas puedo ser yo, reiterar que estoy viva, que respiro para vivir un mismo momento maravilloso, diferente cada vez.

Quiero que me traigas el café los domingos a la cama. Quiero que endulce nuestras navidades y amargue el más seco de los veranos. 
Quiero probar una mezcla nueva, juntarlo con los restos de sal que deja la marea en la orilla. Con eso y con tus besos.
Quiero que la mezcla se convierta en tradición el cuarto amanecer del solsticio.

Y quiero probarla de tus labios.




Encadenadas

Aún ni has entrado por la puerta y sé de sobra qué camisa llevas puesta.
No es por presumir pero carezco de razones por las que no quedarme contigo.

Siempre pensé que era el café quien me desvelaba cada madrugada, quien me hacía bailar sobre el parquet recién fregado o el que me quitaba el aliento persiguiéndome por el pasillo de nuestro
 hogar- hasta que te encontré-

Hogar porque nos ha adivinado con el mayor de los cariños, tanto despiertos como dormidos, nos ha tenido miedo y ha reído al escucharnos soñar.
Hogar el que tú y yo hemos ido construyendo paso a paso, el que hemos compartido.

Compartir. Compartir una y mil vueltas de la vida, todas las benditas suertes, los cines de improvisto y las obras de teatro viejas. Lo comparto todo si es contigo. Puede que compartir esté minusvalorado y que realmente sea eso, y no cualquier otra minucia, lo que mueva el mundo, y en definitiva: la vida.
Por compartir, compartamos la felicidad.

Felicidad, qué bonito nombre tienes. ¿Nunca lo han oído antes? ¿No les parece que lo dice todo? Felicidad-
Despertarse con un beso, que el un rayo de sol entre por tu ventana.
Adivinarte, soñando, los lunares de la espalda.
Que llueva y saltar los charcos.
Contar hasta diez con una sonrisa.
Encontrar personas que hace mucho que no veías.
Recordar, aunque duela.
Insistir, no parar.
Bailar sin tener descanso.
Cantar en el Café Libertad, a unas ocho de la tarde, un abril.
Cantar a los cuatro vientos.
Ver nacer, y despedirse de quien se tiene que ir.
Ver el vidrio en la mirada, emocionarse.
Recorrer el mundo,
Contigo.




domingo, 14 de junio de 2015

Gris

Hace tiempo que no sale el sol.
Que las nubes lo cubren todo.

El sur dejó de ser sur y yo solo quiero coger un vuelo que me lleve lejos. 
Lejos de los problemas, de las penas y tristezas.
Lejos y cerca de ti.

Puede que sea una tonta, que las expectativas que tengo me vengan grandes y que las llamadas de madrugada estén sobrevaloradas.
Pero soy así.

Me gusta tostarme al sol, bailar sobre las tormentas, utilizar el gris como mi color favorito. Me gusta divisar lejos el horizonte y ver tantas puestas de sol como amaneceres.
Me fusta ser consiente e inconsciente a la vez, tirarme al mar azul, respirar fuerte hasta quedarme sin aliento.
Me gusta mi sur, pero también mi norte.
Pero que todo sea con un contigo, con un a tu lado.


"He imaginado miles de veces el resto de mi vida contigo y apetece."

Humano


Ambos querían vivir, pero solamente uno sobreviviría. 
Eran dos gotas de agua. Nadie era capaz de diferenciarlos: Pelo oscuro, ojos claros y misma expresión en el rostro. 
Uno, la máquina; otro, el humano. 
-Soy yo.-Repetían sin cesar. 


La luz se fue. 
En aquella oscuridad sólo uno de ellos gritó. 


Dopamina los domingos

Domingos de madrugada que vuelven a las andadas.


A veces me da miedo cerrar los ojos a la luz de las estrellas.
Tiemblo al pensar que pueda quedarme dormida sin tener tus brazos para abrazarme.
A veces imagino que tu respiración susurra sobre mi pelo despeinado de domingo vespertino.
A veces me da miedo dormir por aquello de soñar.
Ya sueño demasiado despierta como para tener que hacerlo dormida.
Me da miedo sentir. Tengo demasiados sueños sentidos y no encuentro el rincón escrito a lápiz para poder borrarlos.

Me da miedo volver a caerme y que no sostengas mi mano para evitar los traspiés.

Tengo el corazón dividido, en versos que se recitan a besos, en acordes de guitarra y en teclas de piano, en blanco y negro como la vida misma.

He llegado a pensar eso de que ni yo misma entiendo el entresijo de mis pensamientos con tal de no mirar a los ojos a los problemas.
He llegado a cubrir con mis manos las lineas imaginarias de tu espalda, intentando adivinar qué se siente al notar tu aliento.

Era verdad eso de que el amor estaba para hacerlo, y más en braille-en palabras de Fredi- porque es cierto que el amor es ciego.

Tengo miedo de dormir y soñar que levanto con tu camisa puesta de la madrugada anterior, solo soñarlo. Esa que aún guarda tu perfume, junto a la esquina izquierda de mi muñeca.

Tengo miedo de revelar un secreto tan profundo como el mar.

         (Alexis Rein, Jay Alvarrez)

sábado, 13 de junio de 2015

Salta

Los buenos días hace tiempo que pasaron a ser del montón. La magia y el brillo en la mirada se extinguieron. La música ya no llega al corazón con la misma fuerza. Las ganas se gastaron de tanto abusar de ellas.
Una historia de quinientos días con sus noches que se perdió en el tiempo.
Todo, mientras caía lenta la arena del reloj.
Se perdieron las confidencias, las confianzas.
Pasaron de ser amantes a dejar de amarse tanto. 
Terminaron por ser meros conocidos a la luz de un recuerdo que desconocían, bajo la pena de una carta que jamás consiguió entregar los sentimientos al destinatario.
Y volvió a ser el tiempo, disfrazado de distancia, quien abrió la grieta en los corazones.


a M.
(Jay Alvarrez, Alexis Rein)

martes, 9 de junio de 2015

Fuiste inspiración de cantautor mientras dolías, qué más querías.



Pasaron tantas cosas por mi mente cuando te vi. Se me hizo raro y maravilloso a la vez poder caminar en otro de mis tantos sueños. Eras y eres de carne y hueso, has reído, has afinado la mas bella melodía con las cuerdas de tu guitarra. Y tu voz ha acompañado a mis sentimientos. Mis ojos se han emocionado solos. El vello de mis brazos se ha erizado al descubrir quien cantaba en el escenario.
Otro momento mas que coleccionar, para el recuerdo.
Debo ir pensando en comprar un nuevo baúl, el otro está a rebosar de pequeñas historias, de otoños en los que llueve en Sevilla, y de torres doradas con mujeres que se marchan de madrugada.
El hecho de que el dolor se pueda compartir y disipar me llena tanto que asusta.
Dejémoslo en que no somos mas que meras conexiones: pequeños puertos a los que un día llega un barco a la deriva.
Pueden suceder tres cosas: que el barco realmente buscase tu refugio, que llegue para quedarse porque encontró el amor en el brillo de tu mirada,o que simplemente este de paso y te regale una vida compartida más antes de partir.
Gracias por lo que me siento incapaz de describir, por dejarme sin palabras, a mi, que presumo de usarlas para todo.
Verte derramar tu norte por mi sur me ha hecho sentir inmensa.
Gracias a gente como tú, que al ponerle pasión a la vida consigue que los de su alrededor ansíen vivirla a tu lado.
Gracias por la mano izquierda, querido zurdo, que es quien repite lo que recita tu cabeza, y por la derecha, que le pone cuatro acordes a cualquier rincón del corazón.
Un lunes como otro cualquiera, pero contigo.
Un placer, Andrés. Qué ganas tenía de convertirme en un recuerdo a olvidar de tu memoria selectiva.



lunes, 8 de junio de 2015

Nueve números

Y entonces me echaste de menos.

Extrañaste todos y cada uno de los jueves en los que esperaste verme aparecer con los labios rojos.
Quitaste todos tus miedos de un corazón aún sin estrenar, sin ticket de cambio.
Escuchaste todas y cada una de las canciones que me hacían perder la cabeza.
Mojaste en cada ron todas las dudas, mientras tu sonrisa se resistía a salir de fiesta.

Y me echaste de menos a kilómetros.

Nunca supiste lo que perdías hasta que no llegué para decirte adiós.
Me fui de tu vida, a pasar el verano de la mía. A quemar al sol todos los deseos.
Olvidaste confiarme al oído nueve números que nos tuvieran cerca.
Preferiste aguantar un poco más, preguntar al mejor postor que sería de tu ilusión.
Pero no se fueron las ganas, y París te esperó iluminada como cada solsticio.

Y algo cambió. No hablábamos de París. Montmatre no dejó que te pasearas por sus calles porque no era ella la elegida.
No era ella, sino yo.

a N.

(Grease, John Travolta y Olivia Newton-John)

Qué bonito ser poeta.

Se me antonja que todos nos hemos vuelto poetas- poetas de un mundo que perjuramos corregir a la vez que disfrutar.
Y quiénes somos, en realidad, para decidir qué verso dirigir a quien. Quienes somos para saber si Bécquer no cesará de ser un recuerdo más en la memoria de unos pocos o si Benedetti sigue iluminándonos con su corazón entregado en palabras. Para adivinar qué Witman es el que se esconde en el último estante, o qué Shakespeare viste tus ojos.
Se me antoja ser capitán de un crucero, inmenso, que me viene grande, 
marinero que hace tiempo perdió de vista el horizonte. 
Corazón ilusionado que sigue manteniendo el calor de las rimas, bajo una capa de hielo.
Me pienso y me creo poeta de norte, con morriña al frente. Enamorada de una ciudad que me ha dado todo, incluso vida.
Ahora son las palabras las que han encontrado el sentido, bajo acordes de guitarra, acariciada en un portal al sur de tu espalda. Ahora son el lápiz y el papel a altas de la madrugada, las horas, los que trazan un camino sobre un fragmento en blanco  medio lleno.
Y no mires atrás, no busques más versos que los que decidan guiar tu suerte. 
Encuentra el mar y mira al frente.



(El Club de los Poetas Muertos, Robin Williams)

lunes, 1 de junio de 2015

Tú y tus manías de sentenciarme

Me pregunto cuándo dejamos de querernos, cuándo fue que todo esto ha dejado de ser cierto.

Y tú te callas, por no saber que decir más que silencio.
No te marchas del todo, ni te quedas conmigo.
De fondo Marwan ilumina algo la habitación vacía y oscura que ya ni tú ni yo llenamos.

Me pregunto un cuándo fue rompiéndose eso que construimos con tanto esmero, o cuando dejé de escuchar tu risa, tocar el suelo y volver al cielo.

Días grises de morriña nos separan, años luz que ninguno ha conseguido alcanzar. 

Que yo no me he movido, que sigo aquí. Pero es cierto que hace tiempo que no siento tu mirada a siete centímetros de mi. Que ya no oigo tus te quieros al oído y querer en la distancia se me hizo eterno, infinito.

Me pregunto si sabrás entenderme. Si podrás perdonarme. Perdonar que mi corazón haya olvidado latir tan fuerte, que mis labios se hayan llenado de grietas y que el gris se haya convertido en mi color favorito. 

Me pregunto, por preguntar, si realmente me prefieres.


a M.