miércoles, 2 de octubre de 2013

Sólo sabe mirar al espejo en una realidad paralela.

El agua cae lo suficientemente rápido como para confundirse con sus lágrimas. En cuándo frenaba y le daba vueltas a la cabeza todo su mundo se venía abajo. Distaba mucho de ser perfecto aunque no podía negar lo afortunada que era.
Ya había acabado todo, nada volvería a ser lo mismo. Aquel maldito número aparecía en todas partes, cada sitio por el que pasaba le recordaba buenos momentos, y mejores. Todos vividos a su lado. No era justo decir la verdad, pero si se la decía para sus adentros no pasaba nada. Pensaba más y más y no se le ocurría ya el motivo por el que lo fastidió todo. Había sido extraño pero no puede decir que no lo quisiera, lo quería tanto...que a veces hasta dolía darse cuenta de lo que eran ahora, le faltaba el aire pero sabía disimularlo bien, sólo para no hacer que todo empezase de nuevo.
Pero ella aún llora, la ducha está demasiado caliente aunque no siente dolor, ya no, todo se ha ido y no es más que un precioso recuerdo.
Echa de menos su risa, su forma tímida de mirar cuando aún no eran nada, a él. Entonces se va dando cuenta de los cientos de detalles, de que en realidad si que le gusta frenar y percatarse de las cosas, aunque es cierto que ama la velocidad. Quiso ser mayor muy pronto sin saber que aún le quedaba mucho cariño por recorrer.
Ya se acaricia el pelo sola, ya no tiene a quien devolverle la sonrisa.



martes, 24 de septiembre de 2013

Quien quiera que seas

Que raro el destino ¿verdad? A veces, sólo a veces aparece para recordarnos su existencia. Tú estás tan atareado y concentrado en vivir tu vida, en intentar aprovecharla al máximo...y de repente aparece él.
Es demasiado enrevesado. Te lo puedes encontrar en los lugares más recónditos e insospechados, en cada calle, cada abrazo. La cuestión es que aparezca y que brille por estancia.
A veces pienso que el destino lo único que busca es liarnos aún más. Confundir nuestras ideas y mezclarlas con otras distintas. Estoy confusa. No se sí hacerle caso. Si hoy seguirá siendo mañana cuando me levanté. Se qué no tiene sentido, que todo esto seguramente lleva a una calle sin salida pero...si lo pienso será por algo ¿no?
Si pensamos en el destino como capitán de nuestro barco le damos más autoridad de la que se merece. Le dejamos que nos lleve el rumbo, que nos guíe y eso, estremece. Cambia cosas a su antojo, te las quita cuando se enfada, las devuelve si está en calma. Hace que todo parezca sencillo, que sea sencillo pero, ¿qué sentido tendría vivir una vida de la que no somos dueños?¿qué sería una vida sin sueños propios, sin adrenalina, sin experimentar? ¿Qué sería una vida sin amor, sin esperar algo de alguien, sin levantarte cada mañana queriendo sonreír porque has logrado tus metas? ¿Qué sería la vida sin cometer errores y tener que repetir experiencias para aprender? Por eso estoy hecha un lío. Tiene que existir algo, llamemoslo destino, llamemoslo como nos de la gana, porque somos dueños de nuestra vida. Puede que exista ese algo innombrable, intangible, que nos lleve a estar en ese lugar, en ese tiempo, esa misma vida. Muchos lo llaman casualidad, no creen en ello pero, seguramente a más de un incrédulo le han aparecido "señales" por todas partes. Por señales puedo referirme a encontrarte a esa persona, ver cuando te da por mirar ese número en cada esquina, pulsar el aleatorio y que salga la única canción de las dos mil que tienes que te recuerda a ese alguien. Aunque no puedes llorar, no dejes que te afecte el encontrarte meras realidades. Simplemente lucha por ellas. Por ellas y por tus sueños.
Por eso quiero intentar seguir adelante. Sí, creo en el destino, aunque también se que soy dueña de los cambios de mi vida. Quiero comprobar si esto es pasajero o si realmente llega para quedarse. Quiero deshacer la infinidad de madejas de lana que han ido a parar a mi cabeza para allí enrollarse a placer. Quiero vivir, y quiero hacerlo bien.
No creo que nos merezcamos sufrir, menos por alguien que no da lo mismo que nosotros. Las relaciones cambian, amigos que se van, acaban, pero la vida sigue y está en nuestra mano escribir historias mejores.
Si esa coca ya no te devuelve el cariño, si ha dejado de ser smerecedorade tu afecto busca a alguien que viva y muera por ti, sólo entonces podrás decir que eres feliz. Si ese chico ya ni te mira a los ojos, si ya los buenos días se han convertido en peores noches y la única emoción que causa en ti es una lágrima por cada ignorancia, dedícale una última sonrisa. Eso si, mirándole a los ojos. Quien quiera que seas como tu no hay igual. No lo habrá jamás.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Si no hay más remedio

Se comían a besos. Tenían sed, hambre uno del otro. Les gustaba jugar. Les gustaba quererse y ser los primeros de los últimos. No tenían prisa, se querían. Querían quererse. Por eso el tiempo pasaba tan rápido, las canciones significaban tanto y los dedos recorriendo un rostro hacían que todo pareciera sencillo


viernes, 20 de septiembre de 2013

Un adiós y un hasta luego.

Y al fin la he visto a ella. Porque la he visto. La he mirado a los ojos y he visto que te quería. Hasta ahora no estabas seguro, todo eran excusas cada día. La observabas y sonreías.
Quiero decir que me alegro, que he decidido que es mejor olvidar porque se que no hay marcha atrás. Fuiste el motor de mi vida, la sonrisa de mi alma y el sueño de mi corazón. Pero, ya no más. Ya basta. Tengo que parar de una vez porque esto no es sano. Sólo te deseó un feliz camino juntó a ella. Creo que realmente te merece y no podría entregarte a alguien que te mereciera menos. Siento haber sido una carga, siento haberlo sentido, todo y a la vez nada.
Sólo puedo decirte que un placer coincidir en esta vida y qué gracias por alegrar un poco más mis mañanas.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EVDE

No creo que quieras presumir ni mucho menos, aunque puedes hacerlo. Gracias por tener esa sonrisa tan bonita que ilusione corazones, gracias por regalarme pedacitos de cielo en cada acorde y por querer tenerme cerca con tantas otras melodías. Haces que quiera detenerme, hacer las cosas despacio y con buena letra, que me pare a soñar, a sonreír y a enamorarme de la vida.
Gracias porque, lo que me llega de ti a través de unos auriculares roídos, del sonido lejano de una radio y del bullicio de una inmensa tienda de CDs de la angosta calle sureña, es tremendamente grande. Tanto, que consigue colorear mis ojos, que se salten ciertas lágrimas y afloren sentimientos enterrados.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Save our night

Con el tiempo me había dado cuenta de que era inútil llevarle la contraria al mundo. Que para ser feliz debía ir con él, marcando el rumbo. Y todo lo conseguía gracias a ella. Era mi pequeña, mis ganas de vida. Conseguía sacarme siempre una jodida sonrisa y cada día la echaba más de menos. Pero era feliz así, interminables charlas de madrugada que no llegaban a más de un beso de buenas noches.
Y en realidad, tampoco hacía tanto que nos conocíamos cuando no me costaba nada quererla y ella se hacía querer. Se enfadaba cada vez que le hacía alguna broma y eso me hacía reír aún más.
Ella sabía cuándo estaba triste, cuándo raro, sabía calmarme y desesperarme pero, sobre todo, sabía escuchar. No es que yo contase nada especial, solo tonterías, aunque sabiendo que eran tonterías ella estaba allí. Para mí.
Veía normal la envidia en los ojos de otras, pero con ella me llevo tan bien que hasta yo me pregunto el cómo pudo pasar.
No me atrevo a decirle que la quiero, podría desmoronarla, es tan entera y a la vez tan frágil.


Y es así como decías que iba a ser

Y. Me gusta esa palabra, esa letra tan extraña. Sin ella todo esto no tendría sentido. Pienso que nos ayuda a expresarnos, quiere que sigamos, siempre hacia  adelante. Nos deja añadir muchas cosas más de las que realmente queremos. Nos deja ser imbéciles solos, repitiendo siempre la misma cosa, nos deja ser eternos.
Le gusta colarse en los cuentos, los hace mejores, más mágicos. Enumera las razones de nuestro mundo, de nuestro cielo.
Cansa repetirla pero, es ella la que quiere continuemos esa brisa.
Nos sueña, nos abandona nos enreda...Sonríe al hacerlo, como si valiera la pena.
Si te pones a pensar y darle vueltas, esto no lleva a nada, es pura tontería y solo sirve para decir que siento que me encanta esa letra, no sé ccómo ni el porqué de semejante estupidez pero me hace sentir tremendamente pequeña. Solo por ella no la he mencionado, para que no le piten los oídos, para que se sienta bien consigo misma y sepa que nunca hemos sido.

De cuando en cuando sigo caminando.

Y me preguntarás cuantas veces he querido un beso tuyo, cuántas me aprendí tu rostro, la línea de tu sonrisa.
Yo te diré la verdad. Si hay una cosa que soy, es sincera. Te diré que hace tiempo perdí la cuenta de los besos; esa y todas las cuentas que tenían que ver contigo, con tu nombre y tus apellidos.
Confesaré que me sé tu rostro mejor que el mío, que terminé por olvidar el color de mis ojos y mis mejillas para saberme los tuyos.
Que la única línea que cruzo cada mañana es la de tu sonrisa cuando atraviesas la puerta y me besas.
Te diré que soy más feliz contigo de lo que lo he sido en toda mi vida.
Y aún así seguiré siendo yo.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

6

Abuelo, sé que puedes escucharme. Me han dicho tantas cosas acerca de tu paradero, he intentado que vuelvas tantas veces que ahora con la mitad menos del pensamiento y un poco loca solo se me ocurre esta manera de hablarte, mediante palabras.
Sé que debería haber recordado aquel día, otro año más, ya quince. Quince en los que he crecido, once en los que deje de ser la niña que conociste. ¿Podrías perdonarme? No recordé que te fuiste, que o estarás más conmigo, solo bailaba y reía. No es para excusarme, pero sé también que eso es lo que tú hubieras querido, que no dejase de reír, que fuera feliz.
Te echo tanto de menos. En poco tiempo te convertiste en una de esas personas que sabes de son tuyas para toda la vida, toda la mía. Te guardo en mi cabeza, en el corazón y en millones de recuerdos más repartidos a lo largo de mi vida.

De todos mis sitios favoritos, me quedaba con tus brazos. Eran los únicos que me mecían hasta quedarme profundamente dormida.
Me gusta pensar que me ves, que me oyes, que diriges mi camino poco a poco para evitar tropiezos y aún así, alguna vez hay que caer.
Solo espero no tener que decirte que te quiero más, porque tu ya lo sepas y lo tengas grabado dentro.
Cada noche me acuesto con uno de tus regalos a los pies, un peluche que puede que aún huela a ti. Cuando miro a las estrellas siempre pienso que vosotros dos sois los más brillantes del cielo, no, no lo pienso, lo sé.
Y es que la vida es tan injusta, pretende quitarte a los que más quieres y solo sabe pasar haciendo daño y cosquillas.

No lo olvides nunca, te quiero.


Una pequeña parte de mi felicidad

Nada como aquella noche. Las vimos entrar entre el gentío. Estaban locas. Rebosaban juventud, marcha y el aspecto desenfadado las hacía más bonitas todavía. La música hacía retumbar las paredes improvisadas de aquel alegre lugar, la noche también era joven.
No se cómo ni por qué me encontré mirándola a los ojos. Ella estaba más apartada, más cohibida y por ello me pareció preciosa. Al igual que las otras, bailaba sin frenos dejándose la piel en cada paso tambaleante. Pero a ella no la observaban los demás, solo yo; ella, que parecía que no existía fue la que me animó a moverme lenta y cautelosamente a través de la pista.
Los altavoces hacían que me pitaran los oídos y de pronto de algún lugar comenzó a caer pintura de muchos colores. Ella sonreía, la pintura le manchó los labios, el pelo que movía ferviente y los largos pendientes dorados que llevaba.
Yo tenía una copa en la mano y lo único que me apetecía entonces era besarla.
Nos separaban diez centímetros, cinco, dos...
Juntamos los labios. Ibamos despacio porque ibamos lejos y nos habíamos estado buscando. Yo, el chaval mas inmaduro, niñato y feliz del universo y ella, mía.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Siempre veinte

Te he estado observando, niña. He visto que una de tus aficiones es sonreír, pero siempre con disimulo para no deslumbrar al monótono mundo con tu alegría. He visto que tu pelo daba vueltas con el viento, libre, que nunca frenaba. He visto tus sueños volar por la acera desierta de la madrugada; te he visto bien te he visto mal y quiero decirte que no es siempre igual.
Después te he visto recoger tu pelo, te molestaba, te agobiaba; recluido en una larga coleta que casi llegaba al suelo, morena.
Ahora si que me tienes que escuchar, voy a darte un consejo. No hagas con tu vida lo mismo que con tu melena. No la agarres, no seas tonta, déjala suelta. Deja que la vida vague sin rumbo hasta que te de por encontrarlo, sé libre, sé feliz y siempre, tú misma.
Quédate en veinte, veinte para siempre. Tira las gomillas y luce tus pendientes.


Ahora

Ahora quiero hablar de ese abrazo. No antes, ni en un rato, tampoco creo que mañana me sienta con fuerzas. Es el poder d la madrugada, el que te hace soltar verdades como puños y por eso quiero habla de ello ahora. El reloj marca las dos, las estrellas hace ya tiempo que salieron de fiesta y aquí estoy mirándolas con envidia y pensando en lo traicionera que es la vida.
Primero he de decir que no soy una persona de abrazos. Si que me considero cariñosa y efusiva pero, lo de pasar pegada a una persona compartiendo un sentimiento a menos de un milímetro durante un intervalo de tiempo es algo distinto. Más que nada porque tengo miedo. Sí, tengo miedo de que al abrazar a alguien, esa persona pueda transmitirme tanto y a la vez tan poco con un solo gesto y que esto deje huella en mí, que me siento incapaz.
Pero aquí digo que si todos los abrazos fuerancomo el de aquel día y con la misma persona me encancharía para no soltarlos. Me proclamaría abrazodependiente.
Iba sumida en mis pensamientos, saliendo, bastante taciturna. Me paré porque le dije que le esperaría y entonces entre el barullo de gente que tropezaba para llegar antes a casa, apareció él. Como mi mirada echaba un pulso con el suelo, a ver quién aguantaba más, no lo vi, pero se abalanzó sobre mí y me abrazó con una resplandeciente sonrisa. No fueron más que unos segundos en los que sus brazos me rodearon y mi cuerpo entero como respuesta tembló e intentó inclinarse hacia atrás acomodándose a su alta figura. Solo durante unos segundos fuimos nosotros. He aprobado- me susurró pletórico. Me alegré por él entonces. Y puedo asegurar que a pesar de que mi día no había sido del todo bueno, su abrazo me colocó una sonrisa en los labios para terminarlo feliz. Fue el mejor abrazo que me han dado en la vida: espontáneo, alegre, desentendido, amigo...
Después ha pasado mucho. Yo por lo pronto, solo puedo agradecerle entre otras cosas que me haya hecho ser más fuerte y que ahora a unas dos tardías le de la vuelta al hielo de mi vaso, mirando las estrellas y me cuestione todos mis porqués.


domingo, 25 de agosto de 2013

Ni tan ciega ni tan enamorada


¿Cómo se puede llegar a querer a alguien tanto hasta el punto de que aparezca de la manera más lastimera e inusual para alegrar tu vida en sueños? Sé qué siempre tendrá un hueco, un espacio que, aunque sea muy minúsculo siempre estará en mi corazón.
Hay distancia, hay años, hay desinterés de por medio, y aún me pregunto cómo me llegué a enamorar de un chico como él. Uno que está grabado a fuego en mi subconsciente y que las noches lúcidas aparece para, con un simple abrazo, mantener sereno mi ofuscado corazón. No hace nada más, a veces ya ni sonríe. Han sido muy pocas las veces que verdaderamente hayamos hablado y quizás muchas las que lo pensé. Soy incapaz de sacarlo, y no porque tenga miedo. Creo que hay cosas en la vida de las que se tiene certeza, y eso de que voy a quererte siempre es una de ellas.
Tengo muchos recuerdos a tu lado. Desde fotos de hace años guardadas en un cajón con ilusión de niña, regaladas en secreto por los cumpleaños, hasta un frío saludo con dos besos y una sonrisa que me hizo olvidar el porqué de mi existencia en aquella cálida noche que se acercaba a un verano en el que no te vería; muchos choques en los pasillos, muchas miradas cómplices y tantas cosas en común.
Cuántas veces bailamos cada uno en nuestro lado al compás de los mismos acordes de guitarra. Cuántas, nos enamoramos de la misma melodía taconeada, cuántos paseos a caballo mirando marcharse al sol y aparecer la luna, y cuánta pasión por los nuestros. Cuántas estrellas quisimos coger del cielo para hacer el mundo nuestro, tan jóvenes y cuántas vueltas nos dio la vida para marearnos. Cuántas veces deseé ser ella; cuántas, tu, ser él.
Cuántas veces habré soñado que por fin estas conmigo y Sevilla nos susurra sus canciones al oído.

martes, 13 de agosto de 2013

Líneas de luz que vienen y van

Adoré esa noche. Fue mágica y créeme cuando digo que la guardo para el recuerdo.
No estabamos juntos, pero ten por seguro que era lo único de lo que teníamos verdaderas ganas.
Tú con demasiado sueño, no yendote a dormir por mí, para no dejarme sola, para hacerme reír de nuevo.
Yo con frío, frío porque no te tenía todo lo cerca que quería, porque extrañaba tu cariño más allá de las palabras escritas a través de un desvencijado pero eficiente teléfono móvil.
Terminó mi serie y tu canción, entonces salí. Quería sentir aún más frío por si así volvías, quería ver las estrellas. En camisón y con una sudarera verde abrigada me abandoné en los brazos de la oscuridad. La noche era maravillosa. Tu intentabas otra vez que la sonrisa no se cayera de mis labios y yo mientras, miraba al cielo buscando algo. Muchas estrellas, muchos brillantes pegados en el firmamento impedían que alguien como yo sintiera miedo.
No miré el móvil, seguía buscando hasta que al fin la encontré. Larga, esbelta, impresionante; la estrella fugaz cruzó el cielo a gran velocidad en una milésima de segundo. El tiempo suficiente para pedir mi deseo y que fuera yo su única dueña hasta millones de años después.
Te lo dije, que la había visto. Tú solo quisiste saber mi deseo. Pero si te lo decía jamás se cumpliría...Intentaste sacármelo, convencerme. Te conformaste cuando te dije que siempre pedía imposibles ya que aquello que teníamos jamás lo sería. Insististe, diciendome que debía pedir cosas probables, que sí se llegaran a realizar.
Pero igualmente, ¿para qué malgastamos deseos pidiendo cosas que sí se puedan llevar a cabo con el tiempo? Por ello yo siempre pido imposibles porque se que si se cumplen, creeré aún más en ellas.
Los ojos se te cerraban y no querías quedarte dormido sin despedirte...Me dijiste adiós y en la distancia me mandaste un beso que llegó a mi frente como una ráfaga de aire gélido de verano. Mi sonrisa se encendió por última vez antes del nuevo amanecer.


Skyscrapers

Una vez conocí a una pequeña que vivía en los rascacielos más altos de la gran manzana. Nunca había salido de allí. De hecho, yo la encontré al visitar aquellos impertérritos edificios.
Para descubrir el mundo no necesitaba descender unos doscientos pisos de altura en una bestia inhumana de cristal y acero, ella tenía otro método, otra manera.
Cada mañana cuando el sol asomaba por el primero piso del edificio ella comenzaba a bajar escaleras hasta llegar a la mitad. En aquella planta siempre econtraba lo que quería, desde deliciosas bolas de chocolate recubiertas de una divertida película de colores, hasta papel y lápiz, su firma.

Era una pequeña extraña aunque risueña. No recuerdo haber visto desaparecer su sonrisa desde el día en que la conocí. Decía que no le gustaba el blanco, que contrastaba demasiado con aquellas chucherías de colores y nunca me atreví a preguntar por qué nunca había salido de aquellas inmensas pareces para conocer el mundo, aunque se podía intuir algo solo mirandola a los ojos. Esos ojos azul intenso como los de los océanos que jamás vería, cansados, felices de vivir aunque fuera con limitaciones.
Nunca usaba el ascensor. Decía que los polos iguales se repelían y ella no iba a ser menos.
El cabello le caía por encima de los hombras, suave y sedoso. Los dientes, inmaculados hacían un esfuerzo por alegrar la vida de todo aquel que se encontraba con ellos. Una de sus manos, demasiado cansada; la otra infinitamente fuerte. Era la que la guiaba.

Fue por casualidad. Aquel día yo estaba en la planta 100 de un gran rascacielos de Nueva York cuando buscando el móvil en el bolso se me derramaron todos los m&m's que escondía en el interior. De pronto vi a una chica curiosa que arrastraba cautelosa una silla de ruedas arrastrandose por el suelo para recuperar el último que quedaba por recoger el de color rosado.
-Es como yo. Se llama Rosa.- Me dijo devolviéndomelo.
La primera impresión mía fue que esa niña era maravillosa y me sorprendió ver que hablaba mi idioma.
Con rapidez la chica cogió folios de papel, lápiz. Escribió algo en uno de ellos y acercandose a una ventana abierta al final del pasillo lo tiró sonriendo. Así es como ella conocía el mundo. Cada mañana hacía una pregunta y dejaba que el viento se la llevara. Al llegar la tarde ella cansada, terminaba de arrastras la pequeña silla de ruedas por las escaleras hasta llegar a su habitación y en su mesa de noche encontraba la respuesta a cada una de las preguntas.
Confieso que aquel día la ayudé a subir, nos convertimos en amigas y me dejó leer aquella pregunta.
-"¿La chica de los m&m's será mi amiga?"- Rezaba el papel arrugado que ella misma había tirado.
En el reverso se encontraba la respuesta. "Mila será tu mejor amiga".

Me pareció algo sorprendente e inexplicable, algo mágico, aquella forma de vivir. Ella tenía todo lo que necesitaba y por supuesto, desde aquel día me tuvo a  mí.


Querido orgullo:

No pretendo que me lo devuelvas todo. Solo a él. Solo que dejes que se separe de ti; lo estás matando.
Vas a hacer que se quede solo, que no le quede nadie y no puedo permitirlo.
Prometí que no iba a dejar de quererlo nunca, y no voy a hacerlo, por muchos años que pasen, por mucho que llueva. Y de eso me di cuenta antes de perderle para siempre.
Es alguien por quien vale la pena luchar, levantarse cada mañana, sonreír...y tú me lo has quitado.
Has hecho que las risas se terminasen, que nos tirasemos las cosas a la cabeza, que nada de lo que pasó importe ahora. Has hecho que se fuera tan rápidamente como apareció.
Me dijo que quién era yo, que no era nadie; y tenía razón; sin él, no soy nadie.
He borrado todos sus mensajes, tirado otras tantas fotos y obviado los regalos.
Por tu culpa él ha decidido separarnos con un punto y final y sin explicación alguna.
Solo queda una cosa por quemar...todos nuestros recuerdos juntos que poco a poco irán saliendo del corazón y pasando por la cabeza hasta que ellos decidan por si solos volar legos y dejarme ser feliz a mi manera.

Carolina

i can't help falling in love with you

¿Te has dado cuenta? Solo hablamos bien cuando la ideamos, cuando decimos cómo será y que quieres que yo la busque. Si, al amor de tu vida. Como si no fuera bastante secar tus lágrimas demasiado avergonzadas y sanar las heridas de mi corazón.


Solo pasa la vida..

Pasa que cuando te acostumbras a algo y ese algo desaparece, lo extrañas, lo echas en falta.
Cuando poco a poco te vas abriendo a ese alguien entra tonterías y madrugadas alocadas, entre sueños demasiado perfectos; sientes que queires algo más, te das cuenta de que realmente lo necesitas.
Pasa que cuando le das a ese alguien la mano y él, se toma con cuidado todo el brazo sientes como si lo conocieras de toda la vida, sabes que le quieres.
Al menos estás tranquila, tienes la certeza de que esa persona que te acompaña en los momentos más locos seguirá junto a ti el resto del camino  que aún te queda por andar. Tienes miedo, esta claro, pero al menos es una de las pocas personas que cuando ve que una piedra se interpone en ese trayecto, te toma la mano, te aparta y te guía a través de un atajo para despues llegar al mismo lugar.


No sueltes mi mano

                                                      Indiana, 1972
 Jackie, Leah, Yung, Matt, Karen, Ollie riendo...

Miraba el colorido impreso esperando vislumbrar en esa foto algún vestigo de los chicos de aquel verano.
Únicamente el pie de foto era fiel a la historia que tanto la había hecho soñar durante las cálidas noches, querer esconderse en su lugar, apiadarse de ellos...
Decirle que no crecieran, que pararan el tiempo. Entonces todo eran risas. todo diversión. No se atisbaba ningún ápice de aburrimiento entre los rayos de sol que iluminaban sus rostros. Eran tiempos en los que el unico dolor era el de las rodillas por caer al suelo si corrías demasiado deprisa, tiempos para soñar en los que lo más importante era no soltarnos las manos.

Miles and years ago.

Aquella noche fue extraña. Ninguno de los dos tenía sueño, pero sí muchos sueños por cumplir.
Cada uno en un lugar distinto, tumbados en sus camas separados por miles de kilómetros y compartiendo un mismo sentimiento. La nostalgia. Eran ellos volviendo a hablar como antes, como siempre.
Destaparon sentimientos que ambos sabían desde años atrás y que nunca debieron ser dichos.
Ella lo había querido, quizá demasiado. Le había dolido tanto dejar atrás todo aquello...
Él igual, pero de otra forma, mucho más cariño, solo amigos.
Insistía en que necesitaba una chica como ella, que fuera capaz de entenderlo.
Ella mientras, con sonrisa amarga, dándose cuenta de que ya no era igual, que jamás sentiría lo mismo, lo animaba. Le decía que en poco tiempoaparecería aquella que le pararía el corazón, la que cortaría su aliento.
Ambos a oscuras, en las calurosas madrugadas de verano donde todos los secretos terminan siendo revelados.

lunes, 29 de julio de 2013

I believe in fairies. I do. I do.

  
Los echo de menos a todos, mucho.Con cada uno de ellos fui aprendiendo un poco más cada día. Peter me enseñó desde niña a perseguir mis sueños, a luchar contra piratas, a hacer el indio y a perseguir sirenas. Me enseñó a creer en las hadas y en mis cuentos. Me enseñó a volar con ayuda de polvos de hadas, me enseñó a dormir soñando, a coser mi sombra y yo a cambio le enseñé la importancia de un dedal.

Frodo me enseñó a cruzar tierras, a que los grandes perfumes vienen en frascos pequeños...Con el aprendí la importancia de aquel anillo, el que mi madre guardaba bajo llave en el segundo cajón de su tocador, el que nunca me dejaba tocar.
Edmund quería hacerme ver que no es más rico el que más tenía y que con poco se puede ser feliz, él y Lucy me enseñaron a viajar a dimensiones paralelas a través de las desvencijadas puertas de mi armario. Sabía distinguir el olor a naftalina, tapar el fondo del abismo con los abrigos más gruesos, correr por la alegre primavera en compañía de criaturas maravillosas.

Alicia quería que supiese preparar el té, soplar las velas todos los días de "no cumpleaños", perseguir al conejo del reloj y que no se me ocurriera bajo ningún concepto enfadar a la reina de corazones y, mucho menos, pintar sus rosas blancas de color carmín.
Campanilla me hacía cosquillas cuando susurraba algo en mi oído, Yasmín me enseñó el mundo ideal y a viajar por el lejano oriente...
Por último, Harry. Él me enseñó el valor de la amistad, me enseñó que los amigos de verdad se pueden contar con los dedos de una sola mano. Me enseñó a cruzar los dedos tras una promesa, a confiar en el destino, aluchar contra mis enemigos, a usar la escoba, la varita. Me enseñó nuevos deportes, nuevas inquietudes. Me enseñó eso de que quien algo quiere algo le cuesta, a amar la navidad, la nieve, los bailes y los secretos, me enseñó a llorar y a sonreír.

Un vodka con hielo, que me lleve al cielo

Era la reina. Su sonrisa cambiaba el mundo, todo era felicidad por donde ella pisaba.
En aquel entonces ella era la tentación, y vivía arriba. Decía que los caballeros las preferían rubias y por ello su pelo se volvió plateado, del color del sol.
Amaba cantar, lo llevaba en la sangre, era su esencia, su pequeña particularidad. Tanto era así que susurró al oído de uno de los más grandes un maravilloso feliz cumpleaños.
Era más grande aún que su tierra. modelaba pasarelas, cambiaba a menudo de ropa arguyendo que debía de estar perfecta.
Le gustaba posar, cambiar de sonrisa aunque nunca de mirada, siempre la misma mirada sensual bajo una capa negra de fino maquillaje. Siempre llevaba algún diamante entre sus joyas, estos, según ella, eran los mejores amigos de una chica.
Era una humilde chica que tras las cámaras siempre tenía un príncipe.
Irremediablemente sumida en una depresión profunda se hundió demasiado, ella no quería tocar fondo pero lo hizo. Demasiado alcohol cada noche, demasiados químicos.
Unas cuatro de la madrugada, casi cinco; tremendamente viejas para percatarse de lo que estaba sucediendo. M se fue, se marchó demasiado lejos.


domingo, 28 de julio de 2013

Un domingo cualquiera

Era lo típico que se podía hacer un día como aquel. No levantarse hasta tarde de la cama, tener apagado el móvil, llevar puesto el pijama durante todo el día. Desayunar tostadas, mojarlas en el café, abrir la ventana y mirar el transcurso del tiempo, el paso del tiempo. Encender la televisión, barrer el pasillo con ella puesta pero sin escucharla, solo para no sentirte sola. Ver películas antiguas, leer revistas viejas, buenos libros, bajar los escalones de dos en dos y salir a la calle con una sudadera a comprar el pan en el establecimiento pequeño de la esquina, siempre llevando botas, pisar charcos.
Era de esos días en los que nadie prestaba atención  y lo encontrabas realmente divertido, no porque te parecieran vidas vacías, sino porque te sentías como una mirona, una pequeña cotilla que entraba sin avisar en los domingos de aquellos que tenías cerca.
Cada domingo te gustaba imprimir una foto, lo considerabas como tu pequeño diario. Yo fui el único que llegué a verlas, cuadernos enteros llenos de memorias y recuerdos que habían marcado tus días, tus domingos.
Te veía desde la ventana del tercer piso, la del edificio de enfrente. Cada fin de semana te llegaba un girasol con una nota. Lo dejaba el cartero en tu portal y tu siempre lo recibías con una sonrisa, sabías quien lo enviaba y yo también. Te veía reir.
Hasta que uno de esos domingos, uno cualquiera decidí dejar de esconderme tras notas escritas deprisa, dejé de estar detrás de cada flor amarilla para ponerme delante, delante de tu portal, de ti, de tu ventana.
Eran tus domingos hasta que llegué yo para convertirlos en nuestros.

si te pasara algo, no me lo perdonaría


Por un momento se olvidaron del mundo, solo estaban ellos. Ellos abrazados, ellos respirando, ellos queriéndose; y el mar. Parecía mentira pero aunque la experiencia no les acompañaba, tenían la certeza del más sabio, el cariño más inocente y la vida mejor aprovechada que jamás nadie hubo soñado.
Dejaron atrás todo.
Se conformaban con mirarse cada mañana al despertar a los ojos. Los de ella intensamente azules, los de él, profindamente marrones.
Ella no recordaba la última vez que se había puesto un vestido, no se acordaba de cuantas fueron las velas que sopló durante su último cumpleaños junto a su familia.
Él no recordaba cuantos tebeos reposaban en su adusta biblioteca, no recordaba la última vez que había visitado la tumba de su madre, aunque si que la tenía muy presente.
Cada noche miraban al cielo, esperando una respuesta, un plan pero, este nunca llegaba.
Ellos solo recordaban aquel camino imposible, el que les llevaba al lago azul, el lago de las sorpresas, de los secretos.
Recordaban vagamente días anteriores como una vida pasada, una lancha, una fiesta que los condujo a los dos al mar, la borda de aquel barco y tantos que dejaron atrás que siempre estarían ahí.

¿qué más?

Y que me abraces lento...Que bailes conmigo todas las lunas llenas, que me susurres al oído que me quieres, que no tenga que cansarme de ti.
Me he dado cuenta de que siento algo por dentro, ese algo que hace que sea así contigo, con todos.
Quiero saber si tu sientes lo mismo, quiero que cuando entre en el mar de mis sueños tú estés cogiendo mi mano, que cuando cuelgue el teléfono suspires, que me quieras siempre, pero sobre todo, que me quieras cerca.
Que sonrías porque estas feliz...


sábado, 27 de julio de 2013

Te quiero con te de tequila, y cerca


Noche abierta, costa resuelta. Mucha música resonaba por encima de tantas risas. Eran cinco, cinco incomprendidos de la vida, cinco elementos, cinco sonrisas perdidas.
Jake estaba en el primer bar de la transitada calle. Ela intentaba abrir torpemente el pestillo de un ruidoso local al que había entrado. Mason, al final de la barra, miraba insinuándose a la guapa camarera, Anne, que se recogía el pelo en un voluminoso moño dejando algunos mechones traviesos bailar al son del ruido.
Por último, Charles.
Charles entraba por la puerta lentamente, con pesadez. No tenía ganas de nada, las cosas no le iban muy bien y quería perderse en aquel líquido fuerte con la única compañía de limón y sal. Te quiero, Tequila; se dijo mientras se sentaba en la barra dispuesto a pedir.
Jake miraba a todo el que se sentaba y en seguida Charles le cayó bien. Serían los hombros caídos que le comunicaban compasión o la mirada perdida la que hicieron que se acercara a él. Tendría unos veinte años igual que Jake. Vestido con camisa ligeramente abierta, el pelo despeinado, parecía alto, perdido, olvidado...
-Hola.-Saludó Jake.- Tienes pinta de necesitar un trago.
-Puede.
-¿Ella?- Quiso saber el joven refiriéndose a los desengaños amorosos.
-Bingo.
Jake pidió un par de chupitos de tequila para ambos.
Mientras tanto, una joven de mirada atigrada con el pelo por los hombros curiosamente rizado bajaba del baño y se acercó a donde los jóvenes.
-Anne, ponme uno de esos a mi. Lo necesito.- Le dijo a su mejor amiga.
-¿Los conoces?- Inquirió la joven camarera.
- Aún no.- Le susurró al oído la joven con un intento fallido de la única sonrisa de la noche.
-Hola chicos.- Saludó ella con el chupito en la mano izquierda.
-Hola...¿te importa?- Espetó Charles molesto.
-Soy Ela, encantada.- Ignoró con picardía al joven.
-Yo también necesito un trago, las malas rachas ¿sabéis?
Enseguida tres completos desconocidos se convirtieron en amigos, amigos de penas, de soluciones unidos por un vicio efímero.

Mason llamó la atención de la camarera.
-Perdona, puedo decirte algo.- Susurró a su oído cuando esta se acercó.
Ella asintió divertida con la cabeza, hacía tiempo que no sonreía con tanta espontaneidad.
-He intentado evitarlo, pero no puedo hacer más que decirte la verdad. Eres la chica más bonita que he visto en mucho tiempo y necesito saber tu nombre.
-Puedes llamarme Tequila, aunque mi nombre es Anne. El apodo viene del nombre del bar, yo soy la dueña.- Respondió.
Eran las tres de la mañana cuando, después de servirle una copa a aquel joven que le había preguntado su nombre, el bar se había ido vaciando y Anne comenzó a cerrarlo.
La madera crujía bajo los pies de la joven cuando comenzó a apilar las sillas. Ya solo quedaban su amiga, el joven del nombre y los dos que estaban con Ela.
Anne cambió la música, esta era lenta, melodiosa, le gustaba relajarse así antes de subir a su destartalado piso a dormir unas pocas horas.
Sin darse cuenta la joven balanceaba los pies y una mano se agarró a su cintura invitándola a bailar. Mason retiraba el pelo de los ojos de ella.
-Llevaba días viniendo a tu bar, siempre viéndote cansada, falta de felicidad y me lo he propuesto Anne, me he propuesto hacerte feliz...
-¿Cómo puedes estar tan seguro de que soy yo a la que buscas? ¿Cómo lo sabes si no has conocido ni a la mitad del mundo?- Preguntó ella mirándolo a los ojos. 
-¿Nunca has estado segura de nada?¿Ni has mirado a alguien a los ojos sabiendo que querías seguir mirando a esa persona cada mañana todos los días de tu vida?
-Nunca antes me había pasado...
-¿Antes?
-Antes de ahora, antes de estar delante tuya, antes de darme cuenta de que no te llamas Mason sino Matthew, antes de saber que eres el chico del que estuve enamorada hace tiempo y que ha vuelto después de unos interminables años fuera...
-Tenía que empezar de nuevo, Anne.
-Y yo dejarte intentarlo Matt.
Se unieron a los otros tres en la primera de tantas madrugadas de vivirían juntos aquel club de los incomprendidos. 

A veces la vida te da sorpresas, te une bajo una fina línea, bajo un momentáneo techo. Habrá muchas personas que estén de paso pero también, encontrarás a otras que sin razón aparente se unirán en lazo fuerte al camino de tu vida y no te dejaran caer. Aquella noche cinco personas comenzaron un mismo camino en el bar de la esquina sabiendo que serían uno de los pocos para siempre que realmente duran.

Ingenuidad ante el espejo

Y tú, tan ingenua, te calzas unos tacones, te pintas los labios de rojo, te despeinas el pelo, te subes la falda y sales de casa dispuesta a  tumbar el mundo.
Madrugada calurosa, y tú de bar en bar, apurando una copa tras otra sin apenas sacar una moneda de tu cursi, brillante y barato bolso del Blanco.
Todos te quieren, todos sonríen, todos te invitan, te incitan a probar distintos sabores para un mismo fin. Luego, no recuerdas nada. El alcohol y ellos te han jugado una mala pasada. "Mamá tenía razón cuando te dijo que tuvieras cuidado" La advertencia vaga por tu entumecida cabeza cuando ya es demasiado tarde.
Haces un intento de abrir los ojos, pegajosos.
Te los restriegas intentando en vano recordar y manchas sin querer de negro rimel unas inmaculadas sábanas que no te son conocidas. Asustada te palpas el cuerpo. No hay restos de aquel ceñido vestido azabache que llevabas la noche anterior. Poco a poco te vas dando cuenta de que un rayo de sol entra por la ventana cercana a la cama, y tienes miedo, miedo de haber perdido "tu noche", miedo de haber malgastado tu vida por un simple capricho de una estúpida niña mimada. Entonces te da por mirar tu espalda, desprovista de cualquier prenda que denote civilización y, al girar, lo ves. Un él que nunca has visto en tu vida yace tumbado boca arriba durmiendo a tu lado. Es guapo. Sus ojos dejan ver cansancio, las líneas de su rostro lo hacían parecer más mayor de lo que en realidad es; pero ahora después de tener un inesperado flashback de "tu noche" solo te apetece correr y llorar.

Ella

Ella sola se retiraba con cuidado y con ayuda de un trozo de papel los restos de la barra de labios. Se descalzó los kilométricos tacones nada más entrar por la puerta de casa y procuraba hacer el menor ruido posible. Se sentía bien. Estaba sudorosa,  cansada, incluso necesitaba unos pies nuevos; porque verdaderamente los pies la estaban matando; pero a pesar de todo estaba feliz.
Había bailado con muchos, visto a muchas amigas y el recuerdo de otra noche de verano se iba archivando en su cabeza mientras, dando traspiés, subía las escaleras.
De pronto se ruborizó al recordar lo más bonito de la noche. Aquel beso robado era el culpable de su sonrisa.


martes, 23 de julio de 2013

Si el tiempo me miente le diré que él no existe.

Todavía me siento volar, todavía siento que mis pies ni siquiera rozan el suelo y no sé explicar por qué. Todavía siento que me queda mucho por vivir y que nunca podré decidir si soy así del todo. Todavía no se porque te sigo echando de menos, porque cada noche recuerdo aquel verano, siempre juntos de la mano. Todavía quedan luces en el cielo, muchas estrellas y fuegos artificiales de esos.
Todavía recuerdo cuando me dijiste que ibas a quererme siempre, todavía sigo esperando a que desaparezca tu recuerdo. Todavía...tantas cosas a quemarropa, tantos nervios perdidos y un solo abrazo. Todavía sigo esperando tantas explicaciones que nunca llegaron y dolieron.


Pero...


-Pero para siempre es mucho tiempo ¿no?
-No lo sé. Es lo que oímos cada vez que las cosas duran.
-¿Y estaremos aquí para siempre?
-Tampoco sé eso...
-¡Joe! No sabes nada..
-Si que sé, se que el partido de esta noche lo ganará el madrid y que cuando estoy contigo me lo paso muy bien.
-Y yo, pero lo ganará el barcelona, eso seguro. Entonces, ¿para siempre?
-No digas para siempre, di para cuando decidamos ir al cielo, cuando dejemos de compartir risas, cuando los mayores ya no estén y solo quedemos nosotros, cuando queramos pasar una noche de locura, cuando encontremos novia, cuando crezcamos, cuando no permitamos dejar de ser amigos. Para cuando dejemos de creer que el para siempre nunca termina y que nunca jamás siempre estará en la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.
-¿Y eso como lo sabemos?
-Nunca lo sabremos, Toni.

Me dices que es absurdo, pero tu también sonríes

-Dime una cosa. ¿Crees que el sol se esconderá para no verte llorar?
-Pero si el sol no esta vivo.- Dijo él.
-Claro que si.
-Así no consigues animarme.-Susurró él con un vestigio de sonrisa secando sus lágrimas.
-Pues estás sonriendo. Soy tu mejor amiga desde hace años y creo que por eso me merezco un abrazo...
-Anda ven aquí.

Desde luego, desde entonces y para siempre.

Solo te digo que ojalá te enamores. Ojalá pierdas la cabeza por él. Que veas lo que se siente, lo que se pierde. Eres débil y tienes miedo. Que reconozcas cómo te sientes cuando literalmente no te importa nada más y el mundo se te viene encima, cuando ves que él te olvida, que no siente lo mismo, que ya ni siquiera te habla.
Dime que se siente cuando solo quedan recuerdos, cuando únicamente buscas ilusiones perdidas, explicaciones compartidas. Espera, no me lo digas, lo sé.
 

La ciudad se quedó dormida


Era algo mágico. Cómo se movían las aguas entre susurros y murmuros, cuántos secrtetos quedaron escondidos entre los ladrillos de aquellos longevos edificios. Todos los sueños que una vez fueron sin más. Solo quiso sentirse viva, viajar, reír. Sentía como si llevara toda la vida sentada en el mismo banco de la misma plaza inmensa viendo pasar sueños, viendo pasar sonrisas. Le encantaba perderse entre calles sin salida, ver miles de rosas por los suelos, ellas que una vez curaron tantas heridas.

Se sumergió en el canal, allí nadie la buscaría y solo entonces decidió que jamás se marcharía.

domingo, 21 de julio de 2013

Donde acaban los sueños

Quisiera saber donde quedaron los aquellos te quiero que nos decíamos a todas horas. Aquellas interminables charlas, aquellos abrazos.
Es difícil intentar olvidar lo que fuimos cuando cada día escucho aquella canción tan nuestra en todas partes, cuando cada rincón de mi estúpida habitación me recuerda a ti y a pesar de todo solo me salen buenos recuerdos de los labios; cuando todos y cada uno de los lunares de mi espalda llevan tu nombre y apellidos. 
Y aún me pregunto si llegará el día en que los dos digamos lo que sentimos realmente el uno por el otro, sin ataduras y con el corazón entre las manos. Me pregunto si llegará el día en que volvamos a ser nosotros.



Let her go

Entonces se le heló la sangre. Era de nuevo aquella canción, la que tanto le había gustado a ambos. Siguió su rastro, el rastro de una melodía de la mano de una guitarra, el rastro de una voz que intentaba expresar todos y cada uno de sus devastados sentimientos únicamente en unos cuantos acordes que resonaban en aquel angosto pub irlandés, el rastro de su voz.
Su nombre estaba bien elegido. Pasajero de la vida, pasajero de tantos barcos perdidos, de tantos trenes a los que no llegaría a subir y de aquellos que le quedaban por coger.
Las lágrimas brotaron desesperadas de los ojos de ella por ver al fin al autor de la ansiada melodía, después de los llantos y las despedidas que jamás serían una solución aceptada. La barba le daba un aspecto descuidado y los ojos entrecerrados dejaban ver los vestigios de su sufrimiento. Lo quería tanto.
Ella solo quería oír aquellas palabras de nuevo. Su vestido continuaba intacto tras el desesperante viaje en avión y la interminable carrera a contrarreloj para decirle que no, que no podía dejarla ir. Que había cometido un error y que ellos estaban hechos para estar juntos, siempre, el uno con el otro.
Él simplemente se fue.


domingo, 7 de julio de 2013

La vida se mide en momentos

Hay una cosa de a que sí que estoy segura. Estoy segura de que me vas a tener aquí siempre. Puede que pases malos momentos, que haya veces en las que lo único que necesitas es estar sola pero incluso en esos momentos, quiero que recuerdes que gracias a ti mi vida cambió. Gracias a tus sonrisas aprendí a ser un poco más optimista, a contar con las personas y a reír.
Quiero que sepas también que puede que a veces no sea todo lo que necesitas, que puedo resultar pesada. Si es así solo cállame. Porque tu con tus ganas de vivir la vida te has convertido en la persona más importante de la mía.
Gracias por todas y cada una de tus mañanas, gracias por tus ánimos, por tu cariño.
Es uno de esos momentos en los que necesito que estés conmigo pero también sé que cada persona es un mundo así que... ya sabes, si necesitas un abrazo, un levántate dormilona, una tarde de compras o mi silencio solo tienes que llamarme porque, te repito: Siempre estaré aquí.


a A.

¿Te quedas?

Aquella noche, tras la fiesta la gente que de verdad quiso se quedó en la enorme casa para más tarde contemplar el amanecer. Laura buscaba a Víctor con la mirada. Allí estaba. Deseaba que se le acercase y le hablara pero sabía que iba a ser imposible. Víctor por otro lado pensaba en su sonrisa. No había hablado con ella en toda la noche, no sabía si podrían arreglar las cosas. Tenía ganas de ella. Era demasiado orgulloso y cabezota pero supo que tendría que ser él quien diese el primer paso, o la perdería para siempre. Llevaban semanas sin hablarse por culpa de su ex novia, con la que cortó la noche anterior. Ella lo había liado todo y argumentó que pasaba más tiempo con Laura y en cierto modo sabía que tenía razón. Laura siempre fue su "ella", siempre había estado ahí y la primera vez que la vio se enamoró perdidamente de la que ahora solo era su mejor amiga, y aún no sabía si continuaría siéndolo tras aquella noche. Pero nunca había tenido el valor de decirle lo que sentía, era mucho lo que perdería si ella lo rechazaba. Aunque había llegado el momento. Se acercó a Laura aparentemente tranquilo con una sonrisa en los labios. "Todo saldrá bien..." Se dijo.
-Laura...
-Hola.-Susurró ella agradecida de que se hubiese acercado.
-¿Cómo estás?
Hubo un silencio incómodo.
-Víctor, ¿realmente crees que todo se va a arreglar con un "cómo estás" después de llevar un mes sin hablarme?- Preguntó Laura con la voz quebrada.
-Pequeña, déjame que te explique...-Quiso empezar.
Laura quería arreglar las cosas, pero en ocasiones hablaba demasiado y aquella fue una de esas ocasiones en las que no puedo contenerse.
-No quiero que me expliques nada. Es tarde ¿sabes? Tarde para hablar, he intentado por todos los medios que me perdones, fue un malentendido. Creo, incluso, que le he dado más importancia de la que realmente tenía y solo porque te quiero. Te has convertido en mi mejor amigo, hemos pasado muchos buenos momentos juntos pero esto ha sido la gota que colmó el vaso. No sé lo que somos ahora, ni siquiera sé si fuimos algo...
-No digas eso, nunca lo digas.- La interrumpió el joven.
Pudo ver que las lágrimas traicionaban a Laura atravesando furtivamente sus mejillas.
-Es que...no puedo más Víctor, no sabes cuanto te he echado de menos, cuanto he necesitado que estuvieras conmigo y bueno no voy a decir que no me hayas hecho daño porque sería mentir.
-Lo sé, y lo siento. De verdad. Debí venir nada más pelearnos porque ahora sé que no puedo perderte por nada del mundo. Fíjate que hasta perdí a Blanca por no perderte.
-¿Me estás echando la culpa?- Preguntó ella dolida.
-¡No! Al revés- Exclamó el joven desesperado.- Te lo estoy diciendo por... par darte las gracias, por estar a mi lado siempre, por abrirme los ojos...Mira, a lo mejor no debería decirte esto. Tengo miedo...
-¿Miedo?¿De qué?¿A qué te refieres?- Laura se estaba poniendo nerviosa y un escalofrío recorrió su espalda.
Víctor quería decirle que la quería. Quería confesar cuánto tiempo había estado enamorado de ella y cómo la había echado de menos. Víctor no quería perderla. "Ahora o nunca" Se dijo.
-Laura, Blanca tenía razón. No sé...he perdido la cuenta del tiempo que llevo loco por ti. De las veces que no me he atrevido a darte un simple beso en los labios. Sé que soy un egoista por querer romper así nuestra amistad, sé que fui tonto por enfadarme así contigo, por separarte un mes de mi pero, entiéndelo, no soportaba verte con él. Te quería solo para mí. Blanca intentó en vano sacarte de mi cabeza, ayudarme, por eso empezamos a salir. Y...eso es todo.
Víctor la miraba a los ojos mientras poco a poco sus palabras iban resquebrajando las finas pero intensas lineas de la amistad. Ya estaba, lo había fastidiado todo, pero lo que le dijo era completamente cierto. Miró hacia donde se encontraba la luna, reina de su cielo y esclava de miles de promesas versadas. Admiraba su silencio y su porte pero necesitaba respuestas. Bajó la vista esmeralda hasta sus pies, los que hacían que se cayese siempre, los que lo dirigían, siempre a traición. "Moveos" Les dijo, "Laura no va a contestar"

Se dio la vuelta dispuesto a marcharse, a observar otro de muchos amaneceres que contemplaría sin ella. Una sonrisa amarga rindió culto a tantos recuerdos demasiado valiosos.


Pero Víctor no se atrevió a marcharse, no de nuevo.

-Solo dime que quieres que salga de tu vida y lo haré, será la última promesa...
-Te quiero.-Susurró la chica.
Él se tomó unos segundos para procesar la información. ¿Habría entendido bien? No, seguro que no. No era la primera vez que su corazón le jugaba malas pasadas.
-No puedes irte ahora.- Continuó Laura.- Porque entonces si que sería egoista. No me dejarías decirte que estoy enamorada de ti y ni cuantas veces he necesitado un beso de esos que...
Demasiado tarde.
Los labios de Víctor ya habían encontrado los suyos y la estaba besando.
Al menos, la pelea les había servido para darse cuenta de hasta que punto se querían y para ser capaces de decirselo.
Ambos sabían que no durarían una vida pero intentaron que aquel amanecer juntos fuera el primero de muchos.




IF THEY...THEN YOU

Somos demasiado insignificantes para hablar de la vida, sin embargo, lo hacemos constantemente. Decimos que es dura, decimos que pasa, que no regresa, que se nos escapa de las manos inexpertas, que solo hay una; y tiene gracia.
No la conocemos de nada. No sabemos si es un él o una ella, si cada día tras un beso, se despierta. Si es tranquila, si es traviesa. No sabemos siquiera si pasa o si está quieta.
Solo sabemos caminar a ciegas, seguir un camino lleno de piedras y hacernos heridas. Solo sabemos intentar y fracasar, sabemos aprender de los errores, poco a poco hemos aprendido a querer, a confiar en nosotros mismos, aunque al final eso termine pasando factura.
Sabemos que si miras al cielo cada noche, suele salir la luna. Sabemos que una sonrisa vale su peso en oro, que no nos gusta estar tristes, pero nos pasamos la mitad de la vida de esa manera, sin saber hacer otra cosa que arrepentirnos por lo que nunca hicimos, por lo que quisimos ser y no fuimos.
Sabemos que hay personas que llegan para quedarse y otras que simplemente están de paso. Y ¡qué gracia! Otra vez la vida de por medio..Por saber, sabemos muy poco.